Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
Territorios del turismo. Paisaje
urbanizado de la costa mediterránea
Isabel Rodríguez Chumillas
El patrón de ocupación territorial,
básicamente,
expansionista y consumista de medio siglo de turistificación
agresiva de la
costa,
impone un orden urbano fragmentario a la franja costera que ha
dislocado un
buen funcionamiento del sistema natural y social, imponiendo
históricamente
barreras insalvables. La escasez de agua, la producción de
residuos sólidos de
diferente naturaleza no degradable, el descontrol de los vertidos
irregulares
de procedencia múltiple, o la falta de tratamiento adecuado de
la vegetación
natural, con reforestaciones alóctonas impropias de medio
costero, confirman la
inadecuación de las actuaciones, y las líneas generales
de la ordenación
territorial actual, combatiendo los efectos negativos dentro de
políticas de
recuperación y ordenación territorial de muy distinta
profundidad, según las
visiones políticas autonómicas (regionales).
En paralelo a las políticas nacionales y regionales
de
ordenación costera, casi la totalidad de las nuevas
intervenciones en los
municipios y localidades del litoral mediterráneo, muestran el
progreso de la
urbanización del territorio y la multiplicación de paisajes
del turismo que, en general, siguen representando unas intervenciones artificiales que
alteran el sistema natural de áreas tan sensibles y valiosas,
pues el
desarrollo territorial del turismo ha implicado la incorporación
de superficies
cada vez mayores, tanto de litoral cómo de ámbito
pre-litoral, desintegrando el
paisaje rural vivo y “fosilizado”.
El progreso de diversos usos y actividades nuevas ajenas
a los aprovechamientos históricos del lugar, incluso en los
espacios turísticos
creados durante los últimos cincuenta años, si cabe, se
ha reforzado desde los
años ochentas según confirma el vuelo
satelital de Corine Land Cover de 2006.
Se ha generalizado la producción de “ciudad difusa”,
una fórmula para extender la urbanización del territorio.
Entonces, el crecimiento rápido y mal
“previsto-planificado” de espacio turístico, sigue creando
paisajes turísticos
en la costa mediterránea aniquilado los elementos del medio,
alternando
territorios turísticos que han erradicado, con distinta
intensidad, los órdenes
previos, natural y rural, transformándolo con multitud de formas
de ocuparlo y
habitarlo constructoras del orden cultural mediterráneo
español.
Las
mayores áreas urbanas españolas están en la costa
mediterránea.
Los territorios turísticos de la costa
mediterránea se
encuentran entre los ámbitos geográficos que más
han aumentado su superficie
urbanizada, incluyéndose entre las áreas urbanas de
España de mayores
crecimientos relativos entre 1981 y 2006.

Figura 2. Grandes
áreas urbanas de España. Atlas 2007.
La progresión de las áreas urbanas de la costa
mediterránea incluye los crecimientos urbanos de diversos
grandes municipios
costeros, capitales históricas y actuales de las regiones
litorales, grandes
ciudades de más de medio millón de habitantes cómo
Barcelona (4,85 millones de
habitantes), Valencia (1,5 mill. hab.), Málaga (876.500),
Alicante (656.000),
Murcia y Palma de Mallorca (498.337), Tarragona (350.000) que forman un
continuo urbanizado con las nuevas áreas urbanas de localidades
eminentemente
turísticas
y otras áreas urbanas de ciudades medias de diversa
génesis.
Es el negocio inmobiliario entonces, igual que en otros
territorios urbanizados del mundo, el protagonista de la
construcción del
territorio que aplica los mecanismos tradicionales de producción
e inversión
inmobiliaria y, por consiguiente, asume y reinterpreta las demandas
actuales en
su afán de ofrecer continuamente nuevos productos exitosos y,
por tanto,
rentables. Se ha sostenido en España en un desarrollo
económico continuado desde
mediados de los noventa, más de un decenio, ¿una
década prodigiosa?.
Por ello, el boom inmobiliario ha sido sin precedentes, por su
extensión e
intensidad, y por consiguiente, los efectos de artificialización
del territorio
son desconocidos, tanto por el consumo
de nuevos espacios (paisajes naturales devorados) como por la
transformación de
los existentes con la destrucción del patrimonio (paisajes
humanizados
desaparecidos).
La
ruralidad más o menos naturalizada todavía
existente a mediados de los 50, con islas urbanas (en la costa,
marítimas,
comerciales) ha pasado a un mar turistizado, urbanizado, en el que
perviven
algunos islotes de ruralidad o naturaleza (protegida),
es decir, la marea urbanizadora que
provoca el aumento de la superficie artificial, que hoy es el 2,1% de
España
pero que en determinados lugares es superior al 5 y hasta el 11% como
en la
costa catalana y en Madrid. Se expanden pues paisajes urbanizados que
en la
costa podemos asimilar a turistizados, incluyen desde paisajes urbanos
compactos y continuos, a otros marcados por su falta de continuidad, y
en
muchos casos por su especialización funcional, industrial,
comercial, y
logístico como infraestructuras de transporte y otros. Son
formas de crecimiento
de la urbanización que construyen tejidos urbanos diferenciados
y, por
consiguiente, crean distintos tipos de paisajes urbanizados.
Esta
explosión urbana, en territorio de tardía
urbanización y metropolitanización reciente, y con una
ocupación dispersa del
territorio se confirma, aunque faltan estudios que analicen
pormenorizadamente
casos concretos, es decir, que sistematicen la caracterización
de este aumento
de áreas urbanas en España, dónde se comprueba que
nada se desmaterializa en la
etapa del terciario superior y de la informática, sino que se
devora más suelo
y energía que nunca. Además, se conquista fragmentando el
territorio,
a
pedazos como las etapas y partes de un proceso de
continuo avance a partir de las nuevas vías que son
también barreras para otras
circulaciones que necesitan ser medidas en cada caso para conocer la
disminución de accesibilidad a fragmentos de hábitat y de
territorios. Las
barreras y fragmentaciones territoriales aumentan y distinguen espacios
“servidos” de espacios “excluidos”.
Son
operaciones urbanísticas y de ingeniería, grandes
devoradoras de energía, pocas
veces reparadoras con los elementos naturales y, dañando
también las
agriculturas incapaces de resistir la competencia debido a las
plusvalías
expectantes de su recalificación.
Inermes,
territorio y actores públicos locales, a las
fuerzas que mueven al primero, o como dice Gómez Mendoza, “lo
que es peor, se
ponen a competir unos con otros” (Atlas 2007, 59) para atraer
población y
riqueza a sus municipios. En el caso de España el modelo
municipalista “tiene
el problema desde el punto de vista territorial por la
acumulación de visiones fragamentarias
e incrementalistas de agregados discretos” (Atlas 2007, 59), se
necesita por
tanto, la escala supramunicipal, un modelo territorial variable,
escalas de
geometría variables que integren, además, la variable
energética para no seguir
fabricando sistemas insostenibles. La idea
de “reconquista inmobiliaria” (Méndez-Rodríguez 2007),
puede entonces,
categorizar la acción que mejor define a los actores y
mecanismos que operan
para explicar esta nueva expansión territorial (Rodríguez
2007, 2008) con la
que se renuevan las variantes de modos y formas de vida que construyen
paisajes
del turismo, formas y expresiones que toma esta ciudad siempre joven,
por ser
voraz con todas las preexistencias, y que es más
explícitamente cerrada en la
primera década del siglo XXI, también en la costa
mediterránea española. El
aumento de riqueza se está pagando, en gran parte, con
incorporaciones
crecientes de suelo y fragmentación social.
Después de medio siglo de turismo de
masas de sol-playa, los paisajes urbanos de la costa
española, de las
Isalas Baleares y del litoral catalán en particular, yuxtaponen
un pasado local
con este presente sobre-especializado en funciones, morfologías
y dualidades
sociales. Los costos sociales de esta urbanización del
territorio se expresan
en los paisajes urbanos de edificaciones estandarizadas entre lo
vernáculo y el
“estilo internacional”, que sitúan el estudio de estos
territorios urbanizados,
a través de la arquitectura y el paisaje, en una posición
de interés preferente
dada la progresión imparable de las inversiones en la
construcción turística.
Las ciudades del turismo, como las de la costa
mediterránea, ejemplar por sus lecciones para el estudio
comparativo, son
territorios urbanizados que constituyen una porción
cuantitativamente cada vez
mayor de superficie y cualitativamente dominan los estilos de vida.
La
turistificación del territorio ó las lecciones de las
Baleares
En el
análisis del turismo han
faltado los estudios profundos desde el conocimiento de los agentes
implicados
privilegiándose, desde la órbita economicista,
los relativos a las muchas vertientes que genera su capacidad
dinamizadora de
la economía.
El protagonismo de los
estudios económicos es compartido con la preocupación
medioambiental cuyos
estudios eclosionan a la par que la evidencia de los efectos
devastadores del
turismo sobre su sociedad y su territorio desde los años
ochenta. El estallido
de estudios desde la óptica medioambiental en sus muchas
vertientes es pues
paralela a la incidencia que sobre numerosos recursos manifiesta el
monocultivo
turístico de las costas mediterráneas.
“Exportando
paraísos” de Joan Buades es, en este sentido, una excepción y una
modo sintético de señalar el estado del arte en los
estudios sobre el turismo
en la costa mediterránea.
Reseñó
su obra, que incluye una análisis histórico de la
irrupción y desarrollo del
turismo en las Islas Baleares, otro especialista de la geografía
urbana
española, especialmente conocedor de la dinámica
territorial de las ciudades
isleñas, y de ahí el interés de sus palabras,
porque al tiempo sirve para
indicar el salto cualitativo que representa el interés y
valorización del
estudio de Buades. La experiencia balear -dice Rullán
de Joan Buades- “representa al intelectual comprometido (intelectual en
mayúsculas)
que, desde el ecologismo político, quiere advertir a tantas
regiones que,
deslumbradas por el maná del turismo, desconocen o esconden los
“efectos
colaterales” del crecimiento turístico e inmobiliario“
(Rullán 2007).
Buades es tajante
en su balance:
el presente es el resultado de opciones hechas en el pasado que
hubieran podido
dar lugar a otro resultado Puede decirse que casi todas las decisiones
estratégicas sobre el futuro de las Baleares hasta la actualidad
se tomaron en
el quinquenio 1959-1964. (Buades 2006, 29-33). Lo mismo que opinaba en
plena
vorágine del desarrollismo turístico o
balearización el francés Jean Besson, es
más, “la transformación o “mutación” que sufren
las islas durante estos años a
raíz del turismo supone su claudicación en el desarrollo
de otros mecanismos económicos
e industriales”. Es posible que Jesús García Pastor, autor de las fotografías en blanco y negro (Figura 4
) aporte más que
ninguno de los estudios sobre las islas que la radiografiaban en estos
mismos
años, cómo dice de éste fotógrafo
contemporáneo a la década del auge del
turismo en las Baleares retratando la faz de la tierra (Freixa 2007)
que será desde entonces recuerdo, memoria y simulación.
Siempre hubo, y
hay, otras miradas,
incluso en paralelo al fenómeno de eclosión
turística. Dice Freixa, que recuerda
las imágenes de Mallorca registradas durante casi un cuarto de
siglo
(1958-1981) -la primera fase de balearización- por García
Pastor: “podemos
considerar que las caminatas por Mallorca buscan también ser un
contrapeso a la
transformación implacable que empieza a sufrir el conjunto de
las Baleares,
sobretodo Mallorca e Ibiza, a partir del boom
económico que supone la expansión masiva del turismo
durante los años sesenta. El
año 1964 no sólo arranca la publicación de las Rutas Escondidas de Mallorca, sino que también
es el año de la
inauguración del hotel 1.000 de las Baleares (Freixa 2007).
El texto de Freixa
es apropiado para ver cómo hoy se recupera una lectura del
paisaje
coetánea a su destrucción, del mismo modo que lo hicieran
otros viajeros cuya
gracia es

Figura
4. Mallorca. El orden territorial coetáneo a la irrupción
del turismo.
Fotos de J. García Pastor. Colección
Rutas escondidas (Freixa 2007).

la de cantar lo
que está a punto de
dejar de ser,
mientras la mayoría acumulaban fortuna con la compraventa de
tierras o se
deslumbraban por la irrupción de modos y modas de vida. Es
también oportuno
para otra reflexión más -complementaria sobre los
estudios del turismo-, dónde
en aquél horizonte marcado por estudios ortodoxos (Cela Conde,
Barceló) desde
la historia y las ciencias sociales, la visión de García
Pastor buscó en su
propuesta describir una manera distinta de acercarse al territorio y al
paisaje
que lo representa. Una manera que denota gran modernidad en la mirada.
El
fotógrafo recupera en sus imágenes
la lentitud de la observación minuciosa, capaz de transformar el
paisaje en
protagonista absoluto, y convertir al observador en personaje
ínfimo que lo
habita por unos instantes.
Desde la primera
persona narra cada
trayecto reforzando la singularidad del registro, reclamando la validez
de la
mirada como catalizador de significados (Freixa 2007): “Ya
no hay payeses en las casas del predio, ni ancestral vida campesina.
Por lo
menos, a nuestros ojos montañeros, la facilidad del actual
acceso sin esfuerzo
y la visión de automóviles estacionados en aquel
altiplano, ha hecho que el
sugerente y sugestivo rincón pierda su nostálgica
intimidad y gran parte de su
atractivo. La carretera, no hay duda, es un gran beneficio para todo
aquel
sector y sus parcelas rústicas. Felicitamos a los usuarios. Para
nosotros es
como si hubiéramos perdido un amigo entrañable. Uno
más” (Freixa 2007).
Las “Rutas Escondidas de Mallorca” son,
básicamente,
recorridos fotográficos por el paisaje de Mallorca. Desde la
innovación en la
presentación visual del contenido hasta la selección de
derroteros y recorridos
poco habituales, tanto para turistas como paisanos. Busca encontrar un
espacio
y un discurso del territorio que rehuya tanto el academicismo como el
tradicionalismo que representan sociedades como el Fomento de Turismo
de
Mallorca –institución oficial de los intereses económicos
del turismo-, con sus
grupos de caminatas y excursiones por la isla. García Pastor se
acomoda en el
excursionismo o senderismo deportivo para empezar a construir sus
crónicas
personales de la isla” (Freixa, 2007).
Miradas al
paisaje que van y
vienen, escritos fuera de la ortodoxia que replantean la historia del
territorio sometida a una intensa turistificación dónde
también aparecen
algunas claves para descifrar la globalización postfordista que
las políticas
neoliberales
han implementado en los
últimos 20 años.
El éxito
económico del archipiélago,
materializado a través de regímenes y circunstancias de
lo más diverso, es un
caso de
acceso rápido a la civilización post-industrial
desde la transformación de una sociedad agraria, que los
expertos locales dicen la han convertido

Figura
5. Medio siglo después, los campos son de ficción, nuevos
grafittis en los muros de la ciudad
socioagorafóbica y
las gentes ya no tienen que labrar. Composición
fotográfica de I. Rodríguez
sobre sus paisajes murales de campos yermos.

Figura
6. Ibiza,
Islas Baleares, 2006. Paisajes costeros sin la irrupción
turística.
Dibujo
de I. Rodríguez Chumillas
en una sociedad
tremendamente
moderna a costa de daños
ambientales, sociales y
culturales que socavan las bases de sostenibilidad del propio negocio
turístico
y de la “viabilidad de las islas como sociedades de bienestar
comunitario”
(Blázquez 2007).
“Las lecciones
Baleares” son
pues pertinentes a este volumen resultado del 1er Coloquio
Internacional de
Ciudades del turismo dónde se plantea cómo enfrentar el
estudio de territorios
y ciudades turísticas en la actualidad
y, lógicamente, la experiencia de casi medio siglo de
turistificación de las
costas mediterráneas se entiende adquiere un papel significativo
de cara a aprender
de otras trayectorias veteranas.
Un efecto colateral más de ser un "destino
turístico
maduro" –la principal lección balear-, es que las principales
empresas
turísticas del archipiélago han dirigido su
atención al resto del mundo con un
abandono progresivo de sus propiedades en las propias Baleares de los
grupos
Sol Meliá, Barceló, Riu, Iberostar o Fiesta que se han
convertido en poderosas
transnacionales.
La
expresión, las lecciones de
las Baleares, la utiliza Joan Buades en el libro referido dónde
demuestra, además,
que igual que en el sector
inmobiliario
general (Rodríguez 2001), también en el turístico
el proceso de configuración
remite a los años cincuenta del franquismo -con altos niveles de
concentración
del capital-.
Esto es, las acciones ejercidas
en el territorio dónde primó la falta de previsión
desde el punto de vista de
la racionalidad de las intervenciones, se sostienen sobre decisiones
territoriales y empresariales tempranamente tomadas. El territorio no
hace sino
mostrar la naturaleza dependiente de las estructuras
jurídico-económicas.
Entonces,
es también de gran interés en este sentido de la
comparación de experiencias, destacar
cómo se visiona desde España y desde la
configuración de un territorio
especializado en el turismo costero de sol y mar cómo el
mediterráneo, y en
particular sus islas, el desarrollo
turístico de un país vecino. Cómo en el caso
mexicano de las costas del Mar de Cortés,
las costas de Marruecos que eran hasta ahora sólo exportadoras
de migrantes inician
su gran despegue turístico resultado de concertaciones
público-privadas.
Por lo pronto, el vecino español utiliza el
territorio
adyacente cómo espacio de inversión:
“tal circunstancia revela como el proceso de turistización y
residencialización
marroquí lo que en realidad está haciendo es tejer el
territorio norteafricano
con el europeo con la sutura España-Marruecos y, en este caso,
el cosido lo
están llevando a cabo las inmobiliarias”
(Figura 7).

Figura
7. El capital inmobiliario español
conquista el norte de Marruecos.
2008

Figura
8. Menorca desde el Toro, Islas Baleares, 2006. La domesticación
del orden
natural por el rural aún contiene la presión de lo urbano. Dibujo de la autora a partir de
fotografía de
CD VIII Coloquio de Geografía Urbana, 2007.
Obviamente lo anterior pone de manifiesto que la fractura
histórica entre vecinos sólo se está suturando
vía políticas estratégicas
que abordan parcialmente las problemáticas locales y que,
confirman la
generalización de las tendencias urbano-territoriales globales
convergentes en
una próspera conquista y reconquista del territorio por los
intereses
económicos hegemónicos, en este caso de la región
rica vecina que es España. La
hibridación cultural tan vieja cómo compleja sigue
enquistada, y el capital
social está marcado por el inmovilismo que sólo se
combate políticamente para
canalizar flujos de inversiones de capital. Lo anterior, por supuesto,
crea
espacios y sociedades de exclusión. Son muchas, sí, las “Lecciones baleares” que pueden aprenderse de
estas islas turistizadas del Mediterráneo, pero no precisamente
ésta de
reconocer que las inversiones hoteleras están cosiendo ambos
territorios
otorgando una unión que es tan común a cualesquiera otras
operaciones
transnacionales.
Cómo señala el autor de “Exportando paraísos”: “si el cambio climático y la creciente ingobernabilidad
de amplias zonas
del Planeta no lo impiden, la industria aliada va a incrementar su peso
como
imán de la globalización capitalista en cada vez
más áreas del Sur de la Tierra
(Buades 2006, 121).
Sus
recomendaciones también interesan
porque, en efecto, señalan que “no hay
que dejarse adormecer por su maquinaria de propaganda, presta a evocar
la
satisfacción de necesidades de placer individual como “relax”,
“naturaleza” o
“desarrollo sostenible” (Rullán 2007 citando a Buades
2006, 121), pero
también a satisfacer, cómo de hecho
así ha sido, necesidades individuales y colectivas del
ámbito local, resultado
de una dinámica económica de crecimiento traducida en un
nivel de confort alto,
que incluso se explicita hasta en las toscas medias de la renta per
capita y
en la notable antelación del aumento general del nivel de vida
de las Islas
Baleares respecto a España.
Otra
lección balear es, entonces, aprender
del caso español la necesidad de examinar el estado de
conocimiento y los
efectos sociales provocados por el turismo, siendo cómo es el
turismo un “catalizador de la devastación
ambiental, la
urbanización y el consumismo y se convierte en un caballo de
Troya para el
crecimiento del foso entre el Norte y el Sur del Planeta y la
aculturación de
los últimos pueblos indígenas (Buades 2006, 122),
unos pueblos y amplias
regiones que, todavía, siguen ‘fuera del mercado’”
(Rullán 2007).
Incluso, no deja
de sorprender,
cómo al tiempo que se exportan paraísos también se
exportan lecturas
medioambientalistas, pareciera que el daño de la tierra
reconocido sobre una
cierta amnesia local sensibiliza sobre la meta de una alarma global
cargada de impotencia.
Medio
siglo de turismo de masas a las espaldas devasta, no sólo el
territorio por mucho que hoy se vista con nuevos y prudentes ropajes
con planes
para la reconducción del conjunto del territorio (Figura 8), sino
que también pesa en el imaginario balear que se ha construido en
acelerado, permanente
y también confortable –para muchos-, ajuste a los productos y
discursos
turísticos, o contra ellos, o mejor dicho, bajo la
fórmula del negocio local que ha marcado pasado y
presente.
Ahora
bien, el margen para la esperanza de un nuevo gobierno del territorio y
sus
gentes, cómo dice Buades, es
necesario y
“el futuro puede ser diferente en función de la actitud que
adopte la población
colonizada turísticamente
(Buades 2006, 29). Por lo pronto, en el
caso de las Baleares y después de cincuenta años, cabe
sostener que no ha
podido incidir. Hasta el punto, cómo reconoce otro experto local
involucrado y
comprometido, que un estudio cómo el de Buades se valora e
identifica por su
carácter de “diagnóstico, de reflexión, de
descripción crítica”, para reconocer
que con él “estamos empezando a aprender a leer y la receta no
puede ser otra
que “observar y pensar”, colectivamente” (Blázquez 2007).
La
lección de la experiencia de desprotección, en los
tiempos de la
sostenibilidad, para favorecer las inversiones inmobiliarias y
turísticas
sostenidas en la buena prensa del turismo, es por antonomasia otra
lección.
El retroceso ambiental de España, y en las Baleares, es
semejante al de EUA con
la desprotección de espacios naturales y los recortes en la
superficie
protegida, o en la misma protección de los parques naturales
(Blázquez 2007) y la asunción de las Directivas europeas
sin ningún compromiso
real de protección o gestión.
Con todo, las lecciones de las Baleares interesan en este
libro porque las inversiones en el sector bancario y en el
turístico en México
son muy importantes. México se ha convertido en el cuarto
país receptor de
inversiones españolas directas.
El nuevo desembarco es ya veterano pues desde mediados de los 80 la
industria
catalana, como “destino” turístico maduro, ha ido clonando su
modelo en nuevos
“paraísos”. Puertas abiertas a la nueva colonización con el despliegue de las ETN turísticas
catalano-españolas en América Latina
que se beneficia de un marco operativo que colma los sueños
ultraliberales.
El peso y la función de las empresas
turísticas transnacionales
españolas -mayoritariamente de origen balear- en la
jerarquía de empresas
transnacionales del mundo es muy significativo.

Figura
9. Costa ibicenca. Baleares, España.

Figura
10. Puerto Peñasco. Sonora, México.

Figura
11. Ibiza. Baleares.
Figura
11. Puerto Peñasco. Sonora.
Especialmente interesante, de cara a
la reflexión sobre el caso local son los
paralelismos entre las raíces y las formas de desarrollo del
modelo balear con
la actual presión turística en costas mexicanas. Las
inversiones españolas, al
igual que sucedió en las Baleares, son fuertemente criticadas
por su
depredación ambiental, efectuada al amparo de los gobiernos, con
modificaciones
legales a modo, la corrupción de funcionarios y la
polarización social. La
experiencia del caso balear según el balance de ambos expertos:
“el desarrollo
turístico de México se inscribe
en la política de ‘acoplamiento’ con Estados Unidos del
presidente Fox. Megaproyectos
como los de Cancún, Acapulco
o la Costa Maya están generando auténticas conurbaciones
turísticas gracias a
la presencia de ‘nuestras’ cadenas
y a la proximidad con EEUU”
(Rullán,
2007).
El nuevo sector
está
permitiendo a muchos de estos países aumentar sus cifras
macroeconómicas...
índices como el Producto Interior Bruto que no consideran si los
beneficios se han
distribuido equitativamente, cuyos índices de retorno son muy
elevados; es
decir, que la mayor parte del desembolso que realiza el turista acaba
engrosando las economías de los países ricos, y
sólo una parte marginal termina
en el país. Por contra, sus impactos en el nivel de vida de la
mayoría de la
población anfitriona y en su ecosistema suele ser negativo:
crecimiento del
índice de precios al consumo superior al de los ingresos;
aumento de las
diferencias socioeconómicas; pérdida de acceso a recursos
naturales como el
agua; incremento del precio del suelo; pauperización de las
condiciones
laborales; sustitución de sectores productivos tradicionales;
etc.
Menos visibles
quizás, pero igualmente
relevantes, son las crecientes tensiones entre comunidades populares y
autoridades por el uso de la tierra, la prioridad en el consumo del
agua o la
falta de capacidad de decisión democrática local. En un
desarrollo paralelo al
que experimentaron las Baleares hace 20 años, la próxima
frontera es la
transferencia de inversión del sector turístico al de la
construcción
residencial, donde la falta de control y la expectativa de beneficios
se
maximizan. Prueba de ello ha sido la modificación de la Ley
mexicana del
Impuesto sobre la Renta en 2004 para favorecer los llamados
“fideicomisos
inmobiliarios” cobijados en el atractivo turístico. La meta de
hacer visible el
turismo como modelo ultraliberal y antiecológico de
industrialización y, de
paso, proponer proyectos de desarrollo turístico transparentes,
atentos a la
sostenibilidad ambiental, las necesidades y derechos sociales
así como al
reforzamiento de la democracia y la economía locales (Ibidem).
La bahía de Roses a examen
Estudios valorativos del litoral catalán ofrecen un
balance negativo,
quizás por ello, la costa mediterránea tiene quince
planes de ordenación territorial aprobados
entre 1999 y 2006 en el litoral mediterráneo. En
Cataluña, uno de esos es El Plan Territorial del Ampurdán
que incluye la bahía
de Roses y establece una estrategia cuyos objetivos son
elocuentes del
anterior diagnóstico negativo. Se busca frenar el crecimiento de
la segunda
residencia de nueva planta que está “convirtiendo un espacio
turístico en un
espacio residencial-inmobiliario”, se propone al mismo tiempo,
potenciar el
turismo rural y los alojamientos turísticos que reutilicen el
patrimonio
construido, para desestacionalizar la oferta turística y
valorizar turísticamente
los espacios naturales.
Pero, precisamente, la bahía de Roses, destaca en
esos informes negativos
sobre el litoral mediterráneo. El Informe “Impactos
sobre el entorno, la economía y el empleo de los distintos
modelos de desarrollo turístico del litoral mediterráneo
español, Baleares y
Canarias” que EXCELTUR presentó en septiembre de 2005,
enfatiza la
necesidad de mayor liderazgo y compromisos recíprocos para
reforzar la
competitividad turística de los destinos del litoral
mediterráneo si se sigue
considerando que ocupe el principal motor de la economía y la
principal fuente de
generación de renta y empleo, cómo hasta el momento. La
sobrecarga de nuevas
ocupaciones, con 100.000 nuevas viviendas, tres campos de golf, 2
nuevos
puertos deportivos y 12 ampliaciones para 3.250 amarres y los peores
ejemplos
de actuaciones del Ministerio de Medio Ambiente en la costa, anulando
las
posibilidades de revertir las tendencias negativas y recuperar el
litoral
catalán contrarrestando la trayectoria histórica.
Del mismo modo, el Informe de la
Consellería de Medi Ambient i Habitatge de 2006, precisa el
balance negativo como
resultado de las obras realizadas en el borde costero, cuya intensidad
media de
la construcción
ha crecido mucho y, sobre
todo, es muy superior a las necesidades demográficas. La
corrupción urbanística
en la que una gran parte descansa, con investigaciones en curso por la
Fiscalía
a cargos públicos del ramo por compraventas de terreno
recalificados y convenios
urbanísticos inadecuados, agrava los problemas de erosión
que provocan el
retroceso de la línea de costa porque se traduce en un aumento
de la superficie
urbanizada.


Figura
12. Costa catalana sigue urbanizando
el litoralindependientemente de su naturaleza como en Tamarit
(Tarragona) y el
la Península del Cabo de Creus, en Roses (Girona).


Figura
13. En Altafulla (Tarragona) la
dispersión de usos urbanos en la franja interior determina una
nueva ordenación
del territorio y la difusión de las nuevas tendencias urbanas
bajo modelos más
privatizados y cerrados –Golf de Peralada (Ampurdán, Girona).

Figura
14. Roses. La urbanización se apodera
de los aiguamolls para puerto deportivo (Santa Margarida) y urbaniza
con
vivienda unifamiliara dispersa la ladera del Pirineo oriental.

Figura
15. Roses El proyecto de ciudad combina una acción
pública por
mejorar el espacio público al tiempo que asume –como declara un
responsable
político del Ayuntamiento de Roses- la evidencia de un proyecto
de territorio
en progresiva urbanización: “el Plan Director Costero
catalán no ha afectado a
Roses, porque ha afectado solo a lo que era suelo no urbanizable. Por
desgracia
no nos ha afectado. No teníamos suelo urbanizable. Por que el
limite del suelo urbano
se quedo en el limite del parque natural que si tiene un documento que
se ha
aprobado desde el año pasado (2006).
Además del aumento de superficie
construida, los 3,000 nuevos amarres en el litoral catalán y la
creciente contaminación,
particularmente de éste litoral dónde se incumple la
Directiva europea de
depuración de aguas residuales señala Castelló d’
Empuries y la bahía de Roses,
cómo “malas prácticas”.
En Informe de Greenpeace
considera que la situación del litoral es cada vez peor y que es
necesario
poner en marcha medidas puntuales para limitar el crecimiento desmedido
de la
urbanización, las segundas residencias, los campos de golf y los
puertos
deportivos, porque los efectos del cambio climático se van a
encargar de
culminar el proceso de deterioro, poniendo en peligro muchos
kilómetros de
playas catalanas, especialmente en las zonas de deltas y marismas.
Entre los puntos negros del
litoral catalán se encuentra, en efecto, la zona de estudio y su entorno
inmediato, una gran bahía dividida en dos por el Macizo de
Montgrí, cuenca
natural de varias cuencas hidrográficas y, obviamente,
ámbito privilegiado en
espacio de sedimentación arenoso y marismeño.
La ciudad turística de la bahía, Roses,
comparte protagonismo con la
veterana megaurbanización de Ampuriabrava (sector costero del
municipio
prelitoral de Castellò d’Empuries). Ambas han ocupado buena
parte de esta costa
baja y de sus aïguamolls a lo largo de las últimas décadas, y lo van a
seguir haciendo, pues está prevista la construcción de
262 amares en Port
Canadell, es decir, la ampliación del puerto deportivo. Y,
además, la recalificación
de 246 hectáreas para su urbanización, obviamente ya
colindando con el territorio
protegido del Parc Natural dels Aiguamolls de l'Empordà que, de
este modo, en
efecto, aumenta su vulnerabilidad a los impactos, o lo que es lo mismo,
experimenta una modalidad radical de desprotección. Por su
parte, los
desarrollos turísticos de segundas residencias sobre las
estribaciones de la
Sierra de la Albera, continúan ampliando la urbanización
del extremo más
oriental de la Cordillera alpina pirenaica. Particularmente, por la
ampliación
de la urbanización Puig Rom, además, sobre suelo
destinado a equipar los
importantes desarrollos residenciales de décadas anteriores.
Según el anterior informe, el mismo ladrillo que
sirvió
para convertir la Costa Brava en la Meca del turismo español se
revela varias
décadas después como un atentado al territorio. En suma, el norte del litoral catalán,
zona
pionera en la llegada de
turistas a España, se enfrenta a la propuesta de derribar varias
de las moles
de ladrillo y liberar las playas del cemento que resta espacio a los
bañistas. Así
lo señala el Informe del Ministerio de
Medio Ambiente
(siguiendo la Estrategia para la Sostenibilidad). Fija medidas
drásticas
consistentes en derribos y suspensión de algún plan
vigente todavía no
desarrollado. Complementa las medidas de la Generalitat que ya
decidió blindar
parte del litoral impidiendo o limitando nuevos planeamientos.
La reparación incide de
forma especial en la costa Brava y prevé el derribo, entre las
playas y la
línea del tren, de decenas de
construcciones turísticas levantadas durante las décadas
de los sesenta y
setenta -con anterioridad a la Ley de Costas de 1988-. Y
particularmente, aunque
se reconoce mayor valor paisajístico al norte de la Costa Brava
y,
concretamente, al ámbito de estudio, el Ministerio de Medio
Ambiente ha constatado
sectores urbanizables con planeamiento aprobado dentro del
límite de 500 metros
que pretende proteger y que permitirá medir qué parte de
los discursos y
medidas políticas son los realisatas. Además de anular estos
planeamientos, propone
operaciones ejemplares. El documento del
Ministerio sugiere que el Gobierno adquiera las fincas colindantes y
que
incorpore dentro de los espacios libres de ladrillo, a través de compras y
demoliciones, la Ciudad de Vacaciones de Cala Montjoi, en Roses, un complejo
con bungalós de obra, restaurantes, terrazas y pistas
deportivas..
El objetivo es recuperar
su paisaje original incluido el Camí de
Ronda, un sendero que discurre paralelo al mar. Con todo, es un tramo
muy urbanizado, y aunque apenas tiene nuevos desarrollos pendientes,
hay
ocupaciones del dominio público cuyo futuro es, por lo pronto
sólo en el
documento de Medio Ambiente, es tajante: deben caer casas y
aparcamientos en
las playas de Roses, y que se cierre
cámpings como en Castelló d'Empúries. Greenpeace, cómo cualquiera que
recorra este territorio, ha comprobado que los municipios siguen
urbanizando
sus costas y sus sierras tierra adentro, planificando ciudades del
turismo con transformaciones
masivas de suelo no urbanizable en urbanizable como norma general.
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La
densificación y especialización funcional de
ámbitos cada vez más extensos, ha
recargado con los misceláneos usos de la tendencia terciaria
imparable, el
espacio turístico más veterano. Ha implicando cada vez
más suelos netamente
interiores organizados especializada –sólo residenciales- y
aisladamente del
resto. Estas tendencias, junto a la falta de agua y, en general,
sobrecargas y
contaminaciones de los servicios, agrian en la actualidad las
deficiencias del
modelo de ciudad turística.
Valgan de
ejemplos las palabras de dos geógrafos, especialistas en temas
urbanos y
ambientales en las islas, sobre las relaciones inmobiliarias del
turismo que
les hace repensar el papel protagónico de los inversores. “El
turismo, entre
cierta intelectualidad fordista crecida al calor de la segunda
revolución
industrial, ha gozado y goza de cierta aceptación a la hora de
enjuiciar sus
actividades. Incluso una parte importante del movimiento ecologista
acepta
mejor la actividad turística clásica, la regulada por la
administración
turística, que la constructora e inmobiliaria. El razonamiento
es el siguiente:
mientras el hotel sigue “produciendo” sin consumir espacio, sin nueva
urbanización, la promoción inmobiliaria, para “producir”,
necesita expandirse
constantemente, consumir espacio sin cesar, urbanizar. La primera
actividad es
sostenible en el tiempo, la segunda no” (Rullán, 2007).
Además, por lo que
atañe a la demanda, está bien constatado como el
desarrollo inmobiliario
representa una especie de segunda fase del desarrollo turístico
más clásico. De
hecho, la visita vacacional del turista hotelero es la condición
necesaria para
que una vez conocida la región, al demandar estancias más
“reposadas” que las
del hotel, pueda plantearse la compra de una vivienda en el entorno de
su
destino turístico favorito. De “alquilar” una habitación
durante 10 días de
verano a “comprar” un chalet para los 365 días de todos los
años. En otras
palabras es el flujo turístico convencional el que actúa
como campana de
resonancia para el posterior negocio inmobiliario (Macià 2007).
Introduce la
perspectiva histórica de la importancia alcanzada por la
industria turística (El turismo, primera
industria del mundo,
p. 11-18), analiza la “cara oculta” de los indicadores
económicas de las Islas
Baleares el segundo capítulo (Baleares:
luces y sombras de un Paraíso, p. 19-28) y resume y
sintetiza, por
último, el libro del mismo autor de 2004 (“On
brilla el sol”), que analizaba hasta el año 1964 antes
del
boom, cómo tercer y último capítulo (Las
raíces: Baleares, globalización antes de la
globalización, p. 29-40)
(Rullán 2007).
En
1963 se
había publicado la primera edición del estudio
geográfico y económico de Barceló Pons y
Rosselló Verger sobre Las islas Baleares, entre
otros muchos como
los de . También
Mascaró Pasarius,
1963, Rey Pastor y Garcia Camarero, 1960 y García Pastor dice
Freixa, “en su
doble condición de Director de la Biblioteca Provincial y del
Archivo de
registro de Hacienda conocía la existencia de estas
publicaciones” (Freixa
2007).
“El abrupto
paisaje de la Sierra de Tramontana, los roquedales y las bruscas
torrenteras,
se convierten en el escenario que recorren la mayoría de las
rutas. García
Pastor construye su homenaje a la isla, a un paisaje que permite tanto
la
identificación como la salvación. Que ofrece la
posibilidad de establecer un
reencuentro con la naturaleza y el ser humano. Un paisaje que toma en
su
comprensión unitaria, en cuanto es visto como un todo,
dimensión trascendente.
El fotógrafo busca incesantemente las últimas
posibilidades de encuentro con el
paisaje redentor, paisaje que en su majestuosidad redimensiona la
condición
humana y reordena por unos instantes el orden cosmológico”
(Freixa, 2007).
Haciéndose
eco de cómo la industria turística es la vía
más rápida y amable de
entrada en el estilo de vida consumista para sociedades alejadas de los
centros
de decisión, por tanto, es de gran importancia
la turistización
en la conversión del mundo en un paraíso
liberal, siendo los impactos
en los valores
inmateriales de la comunidad colonizada los más
desconocidos
pero probablemente los más graves y trascendentales.
Buena parte de
esta turistización es de origen
transnacional. El dominio corresponde a las de origen español,
mayoritariamente
catalán. Hay que tener presente que las Cataluñas
española y francesa, el País
Valenciano, las Baleares y Andorra reciben el 4 por ciento del turismo
mundial
(unos 35 millones), y serían la quinta potencia mundial en
recepción y cuarta
en ingresos, si fueran consideradas independientemente (Ibidem).
En el
capítulo 6 se historia el crecimiento y se contextualiza la
posición de las
cinco multinacionales baleares más importantes en el mercado
turístico y
financiero. Esto es, Sol Meliá -nacida en 1956 como Hoteles
Mallorquines- con
328 hoteles en 27 estados y 1.165 millones de euros de ingresos anuales; Barceló que desde su primer hotel en
1962 hoy
suma 115 en 19 estados (y 1.342 millones de euros de ingresos anuales);
Riu
compra su primer hotel en 1953 y en la actualidad posee 109 hoteles en
18
estados, Fiesta del grupo Matutes irrumpe en la década de 1960 y dispone de 39 hoteles en 5 estados e
Iberostar que surge en 1956 por la compra de Viajes Iberia al entorno
de la
familia March y tiene 90 hoteles en 14
países (Rullán, 2007).
Las alianzas
de FADESA en Marruecos con las compañías
turísticas mallorquinas que nos describe
Joan Buades en su libro no hacen más que corroborar lo que
venimos diciendo. El
flujo turístico -regular y constante- publicitará la
región (creará destino en
terminología turística) y el negocio inmobiliario la
venderá (Macià 2007).
RETSE,
Red Transfronteriza de Servicios a las Empresas dependiente de la
Agencia de
Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), con
coordinaciones en las
provincias litorales de Andalucía, fomenta la celebración
de foros conjuntos
con los representantes de la cooperación internacional de
Marruecos,
representantes de la zona oriental y occidental, la Asociación
de
Copropietarios de la Zona Industrial de Tánger, Consejo Regional
Tánger-Tetuán,
representantes académicos para abordar específicamente
los problemas de la inmigración
en las relaciones transfronterizas (Universidad Internacional de
Andalucía), y
entidades financieras cómo el Banco Europeo de Inversiones, como
el
recientemente celebrado en Sevilla –junio 2008-.
El peso de
América Latina es muy importante, ya que alcanza unos 70
millones de
visitantes, aproximadamente un 9 por ciento del turismo mundial. Casi
el 45 por
ciento se localiza en México y América Central (donde
destaca Costa Rica). El
proceso de promoción de inversiones ibéricas se impulsa
desde los años 90 y
abarcó la desregularización fiscal, la
facilitación de importación de
capitales, la coparticipación de inversión extranjera y
el apoyo estatal a
través del Instituto Español de Cooperación
Exterior (ICEX) que tiene 9 planes
de desarrollo de mercados en México y otros países, casi
todos proyectos que se
desarrollarán en el ámbito turístico como una
prioridad estratégica para las
inversiones españolas en el exterior.
Según Macià
Blázquez el turismo es un agente más de la
globalización que abre “fronteras
para usos aparentemente “blandos”, sin la extracción evidente de
materiales,
por lo que se le supone un menor impacto ambiental y una menor
pérdida de la
soberanía local (comparado, por ejemplo, con la
extracción de minerales o
madera, o con la plantación de cultivos para la
exportación). Se da a entender que
es posible la complementariedad con otras actividades,
intentándose modalidades
respetuosas con la conservación de la naturaleza –ecoturismo,
turismo
comunitario-, o con la solidaridad y la autarquía alimentaria.
En la práctica, todas
puede contribuir a expropiar riquezas a los indígenas
(Blázquez 2007).
“El discurso
es turístico pero los resultados son inmobiliarios y financieros
que se
aposentan en paraísos fiscales; que se proclaman liberales pero
exigen a los
gobiernos del sur que corran con los gastos de las costosas
infraestructuras
(autopistas, aeropuertos, policía turística…); que son
responsables del
deterioro ecológico y social de las regiones que ocupan; y que,
instalados en
el marketing publicitario más postmoderno, devienen “invisibles”
como
responsables de los costes ambientales, sociales y democráticos
que generan.
Joan Buades sitúa el turismo en el mapa del poder ya
que, sin el poder y las
relaciones sociales que hay tras él, no se puede explicar el
fenómeno
turístico, un fenómeno que el autor identifica como
algo más
que la generación de valor (crematístico) añadido”
(Blázquez 2007 ).
Es la visión que
inspira la ordenación territorial y paisajística de
Menorca a la
Consejería de Urbanismo, O.T. y Medio Ambiente del Consejo
Insular de Menorca y el plan en que se ha
concretado (Plan Territorial
Insular de Menorca).
La
desregularización despeja el camino hacia el
paraíso turístico liberal. Las autoridades promueven
ingentes inversiones en
infraestructuras muy costosas para fomentar la expansión
turística
(aeropuertos, puertos, autopistas y carreteras, centrales
eléctricas y
potabilizadoras) a costa de inversiones en desarrollo social
(educación,
sanidad, servicios sociales, cultura, etc) (Blázquez
2007).
Informe
Greenpeace “Destrucción a toda costa 2007”. La
amenaza de la construcción, el aumento del número de
campos de golf asociados a
segundas residencias, corrupción urbanística, el
incremento de nuevos amarres
deportivos, los efectos del cambio climático y los problemas de
contaminación
debido a la escasa depuración de las aguas residuales y a los
vertidos de
buques en el mar. Constata el
inmovilismo de las administraciones para solucionar los principales
problemas
del litoral en Cataluña.
La meta
es cuidar espacios especiales como deltas y puertos que provocan
"alteraciones" en los sedimentos marítimos, incorporar dentro
del
dominio público los terrenos ocupados por construcciones y
establecimientos
–que dependiendo del oleaje pueden llegar a estar a menos de dos metros
de
distancia del mar- que están dentro del límite de los 500
metros que el
Ministerio de Medio Ambiente quiere preservar.
Destaca
Castelló de Empuries, que pretende recalificar
el 23% de su suelo y urbanizar 246 hectáreas.
Los planes
generales de ordenación urbana de los
municipios costeros añadirán 100.000 nuevas viviendas
durante los próximos años
al litoral catalán (el primer kilómetro de costa
más urbanizado de toda la
península, con un 39%).
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