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Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
Segregación y fragmentación en
las nuevas ciudades para el turismo. Caso Puerto Peñasco,
Sonora, México
Jesús Ángel Enríquez
Acosta
La actividad turística en las zonas
costeras es un proceso que tiene un peso muy significativo para muchos
países,
entre ellos México. El turismo de playa en el caso mexicano es
uno de los más
importantes en cuanto a la derrama económica
que
significa para las poblaciones y las regiones. Sin embargo, el turismo
tiene
efectos económicos, urbanos, sociales y ambientales, que
amenazan a las zonas
costeras, los lugares y ciudades que posibilitan la actividad.
En las ciudades costeras orientadas
al turismo los efectos más
notables de la actividad son: a) acelerada transformación de los
usos del suelo
y el consiguiente costo ambiental. Cortinas de Hoteles, marinas,
desarrollos
inmobiliarios, campos de golf, entre otros, inmediatamente sustituyen a
las
zonas de humedales, manglares, dunas y playa. El paisaje natural se
modifica en
beneficio de paisajes artificiales; b) rápido crecimiento
demográfico y urbano.
La actividad turística representa una derrama importante de
recursos económicos
que posibilitan los flujos migratorios y la ampliación de la
mancha urbana de
las ciudades. El caso de Cancún en el estado de Quintana Roo es
uno de los más
emblemáticos en nuestro país; c) el turismo facilita la
dualización espacial y
social de las ciudades costeras. Los enclaves turísticos no se
sustraen de la
imagen polarizada de las ciudades contemporáneas sino más
bien la intensifican.
La precarización social de los nuevos residentes no turistas es
relevante, así
como los crecientes problemas para la dotación de
infraestructura y
equipamiento urbano para los pobladores; d) en la dimensión
urbana, los
enclaves costeros para el turismo construyen paisajes segregados y
fragmentados
de las ciudades, inhibiendo la planeación y la
integración urbana.
Puerto Peñasco es una ciudad
sonorense ubicada en el noroeste del estado y vecina a Estados Unidos,
al norte
del Golfo de California o Mar de Cortés (Ver figura 1). En
años recientes el
turismo se constituyó en una actividad relevante que
afectó a la comunidad y a
la economía dedicada a la pesca, para constituirse en una de las
ciudades de
más rápido crecimiento en el noroeste de México.
Las políticas públicas
nacionales y estatales y la inversión privada en materia de
turismo se
orientaron a convertir a Puerto Peñasco en un enclave dirigido
principalmente a
los norteamericanos del suroeste de Estados Unidos.

Figura 1.
Ubicación de Puerto Peñasco. Fuente: Revista Rocky Point.
Real Estate Guide.
October 2007.
La derrama económica y la creciente
oferta de empleos ligados al turismo posibilitaron que Puerto
Peñasco aumentara
rápidamente su población y creciera la mancha urbana. Sin
embargo, los
problemas de tipo ambiental prosperaron. El turismo playero no
necesariamente
tiene un efecto positivo en cuanto a la sustentabilidad de la
actividad. El
turismo y el asentamiento urbano demandan altas cantidades de agua, por
consiguiente se abaten los escasos mantos acuíferos del desierto
y aumenta la
intrusión salina, las zonas de manglares son arrasadas para
levantar cortinas
de hoteles y condominios, los campos de golf sustituyen a las dunas de
arena y
el entretenimiento de tipo motorizado acaba con la flora
desértica.
El turismo también tiene un costo
social y urbano significativo, el crecimiento acelerado de la ciudad se
liga a
un progreso de la precarización de las condiciones de vida de
los nuevos
residentes, tenencia ilegal de suelo urbano, encarecimiento del suelo
urbano,
aumento de la inseguridad y la imposibilidad del gobierno local de
proveer de
equipamiento e infraestructura urbana, además de planear y
conducir el
crecimiento de la mancha urbana. Las nuevas zonas de turismo playero no
son
accesibles para la población más que en calidad de
trabajadores y empleados en
los servicios.
Las expectativas de desarrollo para
este puerto turístico de acuerdo a las políticas
públicas implementadas por el
Estado y los empresarios del turismo son por demás relevantes.
Así lo demuestra
la creciente inversión inmobiliaria, el aumento de la
plusvalía del suelo
urbano, el crecimiento poblacional y las transformaciones del paisaje
costero.
Esta situación plantea un escenario futuro con bastantes retos
en la forma como
se hace ciudad.
Puerto Peñasco representa la
creación de un nuevo centro turístico playero en nuestro
país. De allí ofrece
un escenario abierto a los estudios urbanos y territoriales, más
aún tratándose
de un caso fronterizo que se aleja del tradicional turismo
norteamericano de
fin de semana que consume “mexican curios”, diversión y
servicios médicos, como
en Tijuana, Ciudad Juárez o Nogales. Además, ofrece la
posibilidad de abundar
en el urbanismo de tipo defensivo que representa la oferta de
condominios para
norteamericanos a lo largo de la zona costera, incipiente aún en
Puerto
Peñasco, pero que apunta a la similitud con los casos de Playas
de Rosarito y
Ensenada en Baja California.
El objetivo del trabajo será
observar los procesos de segregación socio-espacial y de
fragmentación urbana
que en Puerto Peñasco trajo consigo el desarrollo de la
actividad turística,
observable en las franjas de playa urbanizadas, la ciudad y la
arquitectura
globalizada.
El
turismo como fenómeno contemporáneo
El turismo es un fenómeno de gran
trascendencia en la sociedad contemporánea. Hoy en día el
turismo de masas es
el ejemplo más claro de la sociedad de consumo (Bauman, 2001).
La capacidad de
movilización de los individuos expresado por el turismo es
resultado de los
cambios sociales y económicos ocurridos en el periodo posterior
a la segunda
guerra mundial, las mejoras en los medios de transporte y la
tecnología que
hicieron posible los traslados masivos y la reducción de los
costos de viaje
(Hernández 2008).
En la actualidad existe en las
ciencias sociales un acercamiento al turismo de masas a partir de las
consecuencias de la actividad en las ciudades, el medio ambiente y el
territorio. De ese modo, se observa el turismo y a la ciudad
contemporánea a
partir de la acentuación de la segregación social, la
fragmentación del espacio
y la privatización del espacio público.
Destaca el punto de vista que
considera a las ciudades del turismo como “burbujas estandarizadas y
producidas
en masa que crean islas de riqueza marcadamente diferenciadas y
segregadas del
paisaje urbano circundante” (Judd, 1999, p.53). Los enclaves para el
turismo,
donde puede ubicarse a las ciudades de playa y sol de México,
están diseñados
para regular al turista en cuatro aspectos: el deseo, el consumo, el
movimiento
y el tiempo. Aunque esta situación se reconoce que no debe
generalizarse,
sobretodo a la luz de los nuevos requerimientos del turista que procura
conocer
al otro y trascender los marcos regulados del turismo planeado y
estandarizado
(Judd, 2003, 52).
La ciudad
contemporánea encarna el espacio del deseo y la
adquisición de status al organizar
y jerarquizar el territorio de acuerdo a la construcción de
imágenes de la
simulación (Harvey 2001). La diferenciación social
está marcada por la
accesibilidad o inaccesibilidad al espacio urbano de acuerdo a la
capacidad del
individuo para allegarse de status. En el plano de la vida urbana la
maximización
del deseo se ajusta a la capacidad de los grupos sociales, de modo que
se
favorece la exclusión social precisamente por el criterio de
accesibilidad a
los recursos materiales, simbólicos y a la competencia por
mantener un estilo
de vida basado en el consumo de bienes. La ciudad contemporánea
la caracteriza
la polarización social, las clases pudientes pugnan por mantener
un estilo de
vida a tono con la sociedad de consumo, los espacios regulados y un
status
social alto, a costa de la exclusión de las otras clases
sociales (Amendola
2000).
La ciudad dual (Borja y Castells 1998) refiere la
configuración de la ciudad en términos de riqueza y
pobreza. La
reestructuración de la sociedad informacional indica el declive
y crecimiento
de empresas y grupos sociales, con la consiguiente polarización
y segmentación
social. El espacio también se reestructura para incluir ciertos
segmentos del
trabajo y excluir a otros. Hablar de dualización para el caso de
las ciudades
del turismo significa referir los enclaves donde se hace posible la
exaltación
del consumo y los deseos que conforman un estilo de vida para el
turista
norteamericano. En contrapartida, la exclusión y
segmentación del territorio y
la población local muestra la dureza de la desigualdad, la
segregación social y
la marginalización. El urbanismo defensivo expresado por las Resort cities en franjas de hoteles y
conjuntos urbanos para el turismo residencial, son resultado de esa
reorganización espacial que hace de la exclusión su
principal característica.
En defensa de la seguridad, el deseo y la tranquilidad, se erigen las
barreras
para separar físicamente a los otros grupos menos favorecidos.
En cuanto a la dimensión segregada y fragmentada de
las
ciudades encontrada en los estudios urbanos y que se retoman para esta
propuesta, Sassen (1999) observa que la ciudad contemporánea
tiene un rol mayor
al adquirir nuevas funciones vinculadas a la economía global.
Las ciudades
compiten por allegarse de la actividad financiera y los servicios
avanzados
principalmente, reorganizando el espacio urbano, volviéndolo
atractivo para el
capital global. En la
reorganización del
espacio se establece el carácter excluyente de la
globalización al
privilegiarse el desarrollo de ciertos espacios, la ciudad y los
sectores
sociales se fragmentan en zonas incluidas o excluidas del dinamismo
global. Las
ciudades del turismo despliegan mecanismos de promoción, marketing y disponen de infraestructura para crear
condiciones para
la competitividad. Se apuesta a la accesibilidad a los circuitos
globales del
turismo.
Asimismo, el ideal del espacio público que favorece
la
integración social y la participación de los ciudadanos,
tiende a replegarse
ante el nuevo modelo de ciudad que hace de los espacios privatizados su
principal signo distintivo. Lo que impera en la ciudad actual es la
aparición
de corredores urbanos que aglutinan las relaciones sociales en
ámbitos privados
regulados, “Es la ciudad del espectáculo, creada y dirigida por
la moderna
industria del ocio, la cultura y el consumo” (García 2004). Las
ciudades del
turismo juegan con la simulación para construir imágenes
de seducción y deseo,
la arquitectura para el turismo de masas incorpora ambientes
temáticos de
fantasía y consumo a costa de privatizar el litoral y la playa.
Pero estamos ubicando que la fragmentación espacial
es
acompañada de fragmentación social. El espacio urbano
más reciente es el
escenario de la polarización social, el aumento de pobreza e
inseguridad, el
rompimiento de lazos sociales entre las clases sociales expresados como
incentivación de las diferencias étnicas,
económicas, políticas, culturales y
reducción de la movilidad social. Las consecuencias de esta
fragmentación
social inherente a la globalización y a la ciudad, en su forma
más extrema
tiene como indicador espacial la segregación espacial en el
urbanismo
defensivo. El urbanismo defensivo en un contexto social y espacial
fragmentado
expresan el deseo de los grupos sociales más favorecidos por
mantener un estilo
de vida acorde a su condición social, vinculado a los espacios
privilegiados
por el desarrollo urbano y separado físicamente del contexto de
pobreza,
inseguro y caótico de la ciudad.
El modelo de turismo residencial ofrecido por el mercado
inmobiliario en las ciudades de playa y sol apuntan a favorecer el
urbanismo
defensivo. Los nuevos conjuntos urbanos creados para el turista
norteamericano
de segunda residencia refuerzan el fenómeno de dispersión
urbana y la creciente
segregación de los grupos sociales en el territorio.
El
turismo fronterizo
El fenómeno turístico en la
frontera noroeste de México tiene
su
carta de presentación con la aplicación de la Ley Seca en Estados
Unidos durante las tres
primeras décadas del siglo XX. Con ello se favoreció la
aparición de Tijuana,
contigua a California, y se consolidó Ciudad Juárez,
contigua a Texas, hoy en
día las ciudades más populosas en la frontera norte de
México. La prohibición
de la producción y consumo de alcohol en Estados Unidos,
permitió el establecimiento
en las ciudades todo tipo de instalaciones para el entretenimiento y el
placer
(legales e ilegales), dirigidas a los norteamericanos, así como
el advenimiento
de la cultura de las drogas hoy en día el gran azote de las
ciudades y de la
frontera norte de México.
En la actualidad el turismo
fronterizo practicado por los norteamericanos en el norte de
México asume
varias características que lo distinguen:
a) Turismo de fin de semana a la
ciudad fronteriza. Los norteamericanos cruzan la frontera para consumir
alcohol
y divertirse en las cantinas y antros existentes en las ciudades
fronterizas.
Existe una gran industria de servicios turísticos orientados a
la gastronomía,
cantinas y bares, venta de artesanías, hoteles y moteles, entre
otros. Tijuana, Nogales y Ciudad
Juárez, son
ejemplos de este tipo.
b) Turismo médico a la ciudad
fronteriza. Los norteamericanos acostumbran cruzar a las ciudades
fronterizas
para abastecerse de medicamentos, atenderse en los servicios
médicos y
odontológicos que pululan en la frontera, aprovechando los
costos menores de
esos servicios en México.
c) turismo de segunda residencia y
playa y sol. En los últimos años, los destinos
turísticos del corredor
Tijuana-Ensenada y Los Cabos en Baja California, Puerto Peñasco
y San Carlos en
Sonora, son ejemplos de este tipo. El modelo turístico
corresponde a la
creación de grandes construcciones hoteleras a pie del mar y la
edificación
masiva de segundas residencias principalmente para norteamericanos.
d) Otro tipo de turismo.
Emergentemente, comienzan a practicarse, sin ser algo todavía
significativo, el
ecoturismo, el turismo cinegético y el turismo cultural.
Lo común en el turismo fronterizo
del norte de México es su dedicación casi exclusiva al
público norteamericano,
el turismo nacional tiene poca relevancia en cuanto a la
participación
económica y el volumen de viajeros.
El turismo fronterizo
tradicionalmente es una actividad que se distingue por ser practicada
por
norteamericanos que tienen una estancia menor a un día en las
ciudades
fronterizas y un gasto promedio muy bajo en las actividades ligadas al
entretenimiento, el consumo de artículos artesanales y servicios
médicos. En
años recientes, el turismo fronterizo presenta una cara a tono
con el proceso
internacional y la masificación de la actividad. La
transformación de ciudades
como Ensenada, Los Cabos, Playas de Rosarito, Loreto y más
recientemente Puerto
Peñasco, son indicativas del proceso de turistificación.
Para esto se aprovecha
la localización fronteriza de las ciudades de playa y sol
cercanas al sudoeste
norteamericano y la preferencia de los turistas por viajar en
automóvil.
Sin embargo, el acelerado
crecimiento mostrado por las ciudades dedicadas al turismo ha
propiciado la
desatención de los gobiernos, en sus tres niveles, en cuanto a
proporcionar
servicios e infraestructura urbana a la par del desarrollo de la
actividad. Los
servicios turísticos todavía no son de gran calidad a
pesar de la magnitud del
crecimiento y las ciudades presentan serios problemas para resolver la
demanda
de servicios urbanos de los turistas y de la población local.
Como
consecuencia, las ciudades donde el turismo es una actividad
significativa presentan
inadecuados equipamientos turísticos, la imagen urbana se
encuentra
deteriorada, existen problemas de tenencia del suelo urbano,
encarecimiento de
la vivienda ante un aumento de nuevos residentes, un alto costo
ambiental por
la sustitución del paisaje natural y los problemas
ecológicos ligados al
crecimiento urbano, entre otros. El desarrollo de la actividad
turística se
circunscribe a enclaves alejados de la ciudad que no irradian sus
efectos
positivos integralmente.
Caso
Puerto Peñasco
El impulso del desarrollo turístico operado en Puerto
Peñasco en los
últimos años, es resultado de la inversión privada
en grandes hoteles y
condominios de segundas residencias y las políticas
públicas emprendidas por
los gobiernos federal y estatal, tendientes a la promoción del
destino y la
creación de infraestructura turística. Sus 110
kilómetros
de litoral lo hacen poseedor de un recurso muy valioso para la
explotación de
la actividad pesquera y la promoción del desarrollo
turístico.
El desarrollo turístico de Puerto
Peñasco se inicia con el declive de la actividad pesquera.
Durante décadas la
base económica y social para la ciudad y sus habitantes fue la
pesca. El puerto
que surgió en la segunda década del siglo XX a iniciativa
de algunos
norteamericanos y mexicanos aventureros, quienes descubrieron que
más allá del
agreste desierto se encontraba el mar y una abundante gama de especies
pesqueras susceptibles de ser aprovechadas. El fenómeno del
turismo en Puerto
Peñasco y la ciudad misma se inicia con los primeros
norteamericanos que se
establecen por temporadas para pescar. La pesca que inicio como
aventura y
entretenimiento se constituyó en una industria floreciente
durante buena parte
de la historia del pequeño puerto.
A fines de la década de los ochenta
se inició la decadencia para los pescadores. El Estado mexicano
envuelto en una
de las crisis económicas más fuertes y en plena
transición de un estado de
bienestar a uno de tipo neoliberal, disminuye los apoyos y subsidios
económicos
a las cooperativas pesqueras corporativizadas al gobierno, favorece la
intromisión de empresarios privados en la actividad, permite la
disolución de
las organizaciones de pescadores sumidos en abrumantes deudas y fomenta
la
venta de sus barcos. Más recientemente, la actividad pesquera
recibió un golpe
extra con la declaratoria de Reserva de la Biosfera del
Alto Golfo de California que incluye
a Puerto Peñasco, la cual restringe la pesca de arrastre,
altamente
depredatoria del medio ambiente marino, y la explotación de
especies protegidas.
Durante los 90, el tratado de libre
comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá impulsó el
acceso del capital
extranjero deseoso de aprovechar las particulares condiciones
turísticas que
facilita el desierto de Altar y la tranquilidad del Mar de
Cortés. La historia
a partir de ese momento toma un rumbo distinto para el puerto.
La actividad turística en Puerto
Peñasco en la década de los noventa se
circunscribía a las estancias de fin de
semana de los llamados “spring breakers”
en las zonas de playa y grupos de jubilados norteamericanos
provenientes del
norte de Estados Unidos y que llegaban a pasar los inviernos. La
infraestructura hotelera era incipiente y la actividad turística
no sería
importante hasta la aparición de las primeras cadenas hoteleras
a mediados de
la década y las primeras escuelas de educación media
superior especializadas en
la formación de personal para los servicios turísticos.
Actualmente, el desarrollo
turístico no ha tenido un efecto positivo para la actividad
pesquera
tradicional del puerto. Por el contrario, la participación de la
pesca en la
economía local ha disminuido su importancia progresivamente,
así como el número
de individuos dedicados a la actividad; los antiguos pescadores se
transforman
paulatinamente en comerciantes ambulantes o establecen pequeñas
fondas de
comida en las construcciones de playa. En general, el sector terciario
es el de
mayor crecimiento y fortaleza.
Puerto Peñasco es una ciudad en
rápido crecimiento urbano y del turismo. Los problemas
presentados impactan en
la atracción de visitantes y en las ventajas competitivas del
enclave que
ofrece playas, naturaleza desértica y entretenimiento. Algunos
de los problemas
que han inhibido el desarrollo del turismo son:
Deficiente
comunicación terrestre con Arizona y California y falta de
aeropuerto
internacional.
Saturación
del cruce fronterizo de Sonoyta. Principal punto de cruce a Puerto
Peñasco.
Poca
competencia y posicionamiento con respecto a otros sitios
turísticos como Los
Cabos, Playas de Rosarito y Ensenada.
Turismo
de
bajo impacto económico (spring breakers)
y saturación estacional de los escasos servicios
turísticos.
Más
recientemente, las políticas públicas y la iniciativa
privada se han encaminado
a fomentar el turismo con grandes inversiones privadas en hoteles de 3 a 5 estrellas y el
turismo de
segunda residencia basado en condominios. Además, las obras de
infraestructura
en proceso pretenden otorgar a la ciudad mejor competitividad y
conectividad
con los circuitos globales del turismo, actualmente se construye un
aeropuerto
internacional que conectará a las principales ciudades del
sudoeste
norteamericano como Los Ángeles, San Diego, Las vegas, Phoenix,
Denver, entre
otras. También se construye una carretera costera que comunica
el extremo
noroeste de Sonora con California y Arizona en Estados Unidos.
El
Programa Mar de Cortés implementado por FONATUR considera a
Puerto Peñasco uno
de sus principales polos de desarrollo turístico por lo cual
forma parte de los
Centros Turísticos Integralmente Planeados (CTIP). El Programa
Mar de Cortés
considera que Puerto Peñasco debe tener un desarrollo
turístico sustentable.
Por ese motivo, se impulsa el turismo y las inversiones favoreciendo el
equilibro entre la actividad turística y el medio ambiente, el
desarrollo
urbano y la aptitud territorial. Sin embargo, los planes
y programas públicos chocan con la
depredación ambiental de la franja urbana para el turismo, el
crecimiento
desbordado de la ciudad sin
regulación y
la ocupación del territorio sin medios redistributivos entre el
turismo y la
marginalización creciente de los pobladores locales.
El fenómeno del turismo tiende a intensificarse en
Puerto Peñasco. En el
año 2006 1, 751,810 turistas extranjeros visitaron el
pequeño puerto. Actualmente Puerto
Peñasco cuenta con una oferta de 10,924 cuartos, de
los cuales el 30% pertenecen a la modalidad de hoteles y tiempo
compartido (ver
figura 2) y el 70% restante se refiere a viviendas de segunda
residencia. Otra
modalidad importante del turismo es la oferta de espacios (trayler
park) con todos los servicios para los norteamericanos que
viajan en automóvil.

Figura 2. Franja
Hotelera de Sandy Beach. Fuente: Archivo personal.
Sin embargo,
mucho del desarrollo turístico todavía se encuentra en
proyecto, en 20 kilómetros
de playa de la zona de Sandy Beach existen 32
proyectos (ver figura 3) de condominios de lujo o viviendas de segunda
residencia que implican una inversión de 1200 millones de
dólares. Asimismo se
proyectan 35 hoteles de 3
a
5 Estrellas en las zonas de Sandy Beach, Las Conchas y La Pinta. Se prevé un incremento para el mediano
plazo con la
construcción de 45 nuevos desarrollos
turísticos-inmobiliarios. Se espera en el
corto plazo la construcción de más de 10,000 cuartos, de
los cuales alrededor
de 1000 son cuartos de hotel, el resto corresponde a segunda residencia
Esto
implicaría un crecimiento sustancial en la actividad
turística de la región,
pero a su vez una muy importante presión al desarrollo urbano
del puerto.
El objetivo
de impulsar el desarrollo turístico de Puerto Peñasco es
la supuesta derrama
económica que conlleva. Sin embargo, la derrama económica
turística se
encuentra muy por debajo de la que se produce en otros destinos
cercanos, en
los que predominan los alojamientos hoteleros convencionales y el
turismo de
segunda residencia. En Los Cabos, Baja
California Sur, el gasto promedio diario por tusita ronda los 450
dólares, en
Playas de Rosarito en Baja California es de 96 dólares y en
Puerto Peñasco sólo
de 50 dólares.

Figura 3.
Plan maestro de los proyectos residenciales y hoteleros en Sandy Beach.
Fuente:
Revista Rocky Point Real Estate Guide. September 2007.
El “boom” turístico permitió que
Puerto Peñasco se constituyera en poco tiempo en un enclave
atractivo para la
nueva población de residentes llegados de todo el país.
Las corrientes de
migración atraídas por las nuevas construcciones y la
posibilidad de empleos
ligados a los servicios turísticos posibilitaron que la ciudad
creciera a tasas
que cuadriplican el índice nacional y estatal.
Puerto Peñasco cuenta con 45,000 habitantes y crece a
una tasa anual del
7.4%, 6 veces más que el promedio estatal y nacional. Se calcula que el 40 % de la población
del
puerto proviene de otros estados del país, si se considera que
en Sonora el 16%
de los habitantes no son originarios, el porcentaje para Puerto
Peñasco es muy
alto. Sinaloa, Baja California y Jalisco son los estados
proporcionalmente más
importantes en el envío de inmigrantes a la ciudad. El
crecimiento explosivo de la población se deriva del impulso
económico que ha
tenido la localidad a partir de las políticas gubernamentales y
el flujo de la
inversión privada nacional y extranjera. En consecuencia, se
generan diversos
fenómenos paralelos tales como la demanda de espacios, servicios
públicos y
vivienda, así como calidad de los mismos.
En cuanto a la cobertura de servicios públicos Puerto
Peñasco presenta déficits muy fuertes. El 86% de las
viviendas cuentan con
energía eléctrica, solamente el 50% de las viviendas
cuentan con agua potable
al interior, el 50 % de las viviendas no cuenta con drenaje. Las calles
de la
ciudad tienen una cobertura del 18% en pavimento. El 53% de la
población
ocupada percibe ingresos menores a 5 salarios mínimos, alrededor
de 6000 pesos
mexicanos al mes (cerca de 545 dólares). La actividad
turística registra un
ingreso per cápita en su personal ocupado menor al promedio
municipal.
El perfil de los nuevos residentes
de Puerto Peñasco se caracteriza, en primer lugar, una
mayoría de trabajadores
de la construcción (baja calificación y salarios
reducidos), en segundo lugar, un
importante número de personal calificado (profesionistas
generalmente) del ramo de la
construcción y especializados
en los servicios turísticos; por último, un reducido
grupo de inversionistas en
servicios ligados a la construcción, el comercio, el turismo y
el ramo
inmobiliario.
Los nuevos residentes generan nuevos
fenómenos urbanos ligados a demandas de suelo y vivienda,
servicios y
equipamientos públicos, así como la transformación
paulatina del sentido de
comunidad y cultural local y su sustitución por la diversidad
social resultado
del rápido flujo de las corrientes de inmigrantes. Sobresale en
la modificación
de las culturas locales y regionales la construcción de lo
“mexicano” como un
artículo de consumo para el norteamericano. En adelante, las
artesanías y
productos locales se reconvierten en un producto folklórico,
souvenir de
consumo masivo, donde presuntamente se identifica en un mismo plano a
la
diversidad cultural mexicana. México y Sonora se identifica y
vende
simbólicamente como un producto decorativo; lo indígena,
el sombrero ancho, los
artículos de barro, el sarape, entre otros, estandarizan la
cultura mexicana.
El rápido crecimiento demográfico
facilitado por la actividad turística modificó
irremediablemente la estructura
de la ciudad en poco tiempo. Puerto Peñasco observa hoy en
día un marcado
proceso de transformación física del territorio y del
paisaje, estableciendo un
claro caso de dualidad espacial entre sectores “ganadores” y
“perdedores”:
1.- En primer lugar, la zona
costera estableció una imponente cortina de hoteles y
condominios de playa, con
servicios y equipamientos urbanos superiores, infraestructura para el
entretenimiento, campos de golf y spa. Se trata de una actividad
turística
dirigida esencialmente al público norteamericano. Como resultado
el litoral
vive una transformación drástica del paisaje conformado
por dunas de arena,
flora desértica, mangles y humedales, estableciendo en su lugar
paisajes
artificiales y exóticos. Pero también la alta densidad de
desarrollos hoteleros
y las torres de condominios sobre el litoral permitieron el cierre,
restringiendo el acceso a la playa para la población en general,
privatizándola
de hecho.
2.- En segundo lugar, la parte
propiamente de la ciudad de Puerto Peñasco observa un proceso de
transformación
acelerado. Las diferencias son resaltantes en cuanto a la
provisión de
servicios e infraestructura urbana claramente inferior con respecto a
la zona
hotelera. El viejo casco urbano donde aún permanecen los restos
de la actividad
pesquera en decadencia, es desplazado por la actividad comercial y de
servicios
relacionados con el turismo. Los espacios de venta de
artesanías, diversión
nocturna y de comida predominan. El sector contiguo al centro de la
ciudad, al
norte y este, es lugar de residencia de empleados en el comercio y los
servicios urbanos, con un nivel de urbanización bajo. Los nuevos
sectores de
ciudad recientemente creados por las corrientes de inmigrantes
empleados en la
construcción y los servicios turísticos (ubicados en la
periferia lejos del
litoral, hacia el noreste y noroeste de la ciudad), es contrastante con
respecto al litoral hotelero. La precariedad y la marginación
social (ver
figura 4) son comunes así como las carencias de agua potable,
energía eléctrica
y drenaje. Las colonias conforman un hábitat definido por las
penurias
materiales y sociales, los habitantes no resisten el clima extremoso
del verano
y el invierno en el desierto de Sonora. Los materiales de cartón
y lámina
galvanizada utilizados en la construcción de viviendas complican
más la
situación.

Figura 4.
Franja de viviendas en la periferia de la ciudad habitada por empleados
en los
servicios turísticos. Fuente: Archivo personal.
Una de las consecuencias urbanas
características del turismo en México es la
dualización de las ciudades,
Acapulco, Cancún y Los Cabos, ciudades ya tradicionales para el
turismo de sol
y playa, son ciudades emblemáticas del esquema dual. Puerto
Peñasco reproduce
la misma tendencia aunque a una escala menor dada la dimensión
de la ciudad;
pero las consecuencias son previsibles, apuntan a repetir la
experiencia de la
“fiebre” del turismo altamente depredatorio del medio ambiente y la
sociedad
que aquellas ciudades representan.
El modelo turístico, exclusivo para
el público norteamericano, seguido en Puerto peñasco
basado en grandes hoteles
de playa y la promoción inmobiliaria de condominios, si bien
tiene un efecto
importante como detonador de la economía y los negocios,
también tiene consigo
problemas fuertes para la ciudad.
Dentro de los problemas urbanos más
significativos se tiene el modelo de ciudad dispersa, expresado por la
fragmentación de la zona turística y la ciudad. El
desarrollo urbano del litoral
no mantiene relaciones de continuidad con la ciudad, por el contrario
inhibe la
accesibilidad y la movilidad entre la zona hotelera y la ciudad. Se
trata de un
urbanismo consumidor en exceso del suelo cercano a la playa para
construir
viviendas de segunda residencia, hoteles, campos de golf y equipamiento
para el
entretenimiento. Además, la actividad inmobiliaria orientada al
turismo
encarece el suelo urbano y permite la especulación, como
resultado amplias
áreas cercanas a los complejos turísticos se encuentran
vacías.
Los
problemas urbanos como consecuencia del desarrollo turístico que
definen la
composición y características de la ciudad segregada
pueden resumirse en lo
siguiente:
Especulación
inmobiliaria y revalorización del suelo urbano. En 7 años
el valor del suelo
aumentó un 953%.
Demanda
creciente de vivienda para los nuevos residentes inmigrantes ocupados
en la
construcción y los servicios turísticos y una oferta muy
limitada para esa
población.
Proliferación
de periferia como espacio para la ocupación ilegal y precaria de
los nuevos
residentes
Alta
demanda de servicios e infraestructura urbana:
agua, drenaje, energía
eléctrica, alumbrado público, seguridad,
pavimentación, entre otros.
Puerto
Peñasco se encuentra dividida en dos, por un lado la franja de
playa modificada
por las torres de hoteles y condominios residenciales, alto nivel de
equipamiento e infraestructura urbana y exclusividad social; por el
otro lado,
la ciudad en rápido crecimiento, calles de arena, falta de
drenaje y alta polarización
social.
El desarrollo urbano del corredor
costero turístico facilita el deterioro acelerado del entorno
natural, el
paisaje del desértico es sustituido por escenarios presuntamente
mexicanos o
coloniales. La arquitectura sustitutiva del medio ambiente
desértico es un
oasis de la representación estereotipada de México o de
la globalización
dirigida para el consumo norteamericano, en el mejor de los casos por
la
arquitectura internacional que monta escenarios para el gusto del
turista en
cuestión.
Lo
significativo es que el medio ambiente es utilizado por los empresarios
hoteleros e inmobiliarios como mera retórica de lo sustentable,
dada la
ubicación de Puerto Peñasco entre dos áreas de
reserva ecológica (Biosferas del
Alto Golfo de California y Pinacate). El discurso de lo sustentable y
el
cuidado del medio ambiente se enuncian como trasfondo de las
políticas públicas
y de la tramitología ecológica exigida a los empresarios,
pero los efectos más
visibles del discurso de lo “sustentable” son:
la
depredación
del paisaje del desierto y la aparición de campos de golf y
hoteles en su
lugar,
el
incremento del consumo per cápita de
agua del turista en relación al residente local a pesar del
abatimiento
progresivo de los escasos mantos acuíferos subterráneos
en una de las zonas con
menos porcentaje de lluvia anual en América del Norte,
el alto
consumo de energía eléctrica que implica el mantenimiento
de los ambientes
artificiales en una zona de las más extremosas de América
del Norte,
la
elevación de los costos de inversión y mantenimiento
relacionados con la
infraestructura y equipamiento urbano para el ocio y el placer lejanos
de la
zona urbana.
Turismo
de segunda residencia
El fenómeno del turismo de playa y
sol, se inscribe dentro de la tendencia regional de ocupación
del territorio
costero para el desarrollo de complejos turísticos de cinco
estrellas y la
creación de conjuntos de viviendas en condominio de segundas
residencias para
el mercado norteamericano (turismo residencial). El corredor
Tijuana-Rosarito-Ensenada
en Baja California, Los Cabos y Loreto en Baja California Sur, son
indicativos
de esa tendencia (Bringas 2003)
Baja
California expresa bastante bien la fórmula del turismo
residencial dirigida al
norteamericano del sudoeste de aquel país. El turismo
residencial es un
producto relacionado con la construcción de viviendas en
condominio en zonas de
vocación turística como Los Cabos, Playas de Rosarito o
Ensenada, para que sean
compradas principalmente por extranjeros como segunda residencia
(Davis, 2006).
Puerto Peñasco, a la oferta hotelera aúna la de viviendas
en condominio en la
franja costera, los recientes proyectos inmobiliarios autorizados a
pesar de la
crisis en Estados Unidos que inhiben la demanda de vivienda refieren su
importancia. En Puerto te Peñasco cerca del 70% de los cuartos
disponibles
corresponden al turismo residencial. El costo promedio por vivienda de
segunda
residencia es de medio millón de dólares, el 90% de las
viviendas son vendidas
a norteamericanos principalmente de Arizona y California.
La importancia del
turismo residencial tiene un doble sentido, como producto
turístico e
inmobiliario. Estas particularidades hacen del turismo residencial una
actividad relevante por su fuerte impacto en la capacidad de
generación de actividad
económica y de empleo, tanto en el sector servicios como en el
de la
construcción.
Sin embargo, el turismo residencial tiene un impacto en la
hechura de las ciudades. El modelo adoptado en Playas de Rosarito,
Ensenada,
Loreto y Los Cabos, expresa nítidamente un modelo urbano de tipo
defensivo. Los
conjuntos de condominios se cierran por motivos de seguridad y
tranquilidad de
los residentes al concurso de las ciudades y de los habitantes
originales. El
amurallamiento de las zonas costeras, la privatización del
espacio público y el
acceso restringido a las playas son los efectos de ese modelo. Puerto
Peñasco
aunque de modo incipiente apunta a repetir la experiencia.
El urbanismo de tipo defensivo expresado
por el turismo residencial se define por los siguientes elementos:
Se
orienta
a los grupos sociales de clase alta, en su mayoría
norteamericanos. Implica
exclusividad social y económica.
Se cierra
al exterior con mecanismos de seguridad y regulación.
Es un
urbanismo periférico y difuso. No mantiene relaciones de
continuidad con el
núcleo y la trama urbana.
Concentra
equipamientos e infraestructuras diferentes al tejido urbano.
El impacto físico del urbanismo
defensivo representado por los desarrollos hoteleros e inmobiliarios es
significativo. Afecta negativamente el medioambiente costero, conlleva
una
precaria y desarticulada urbanización de los asentamientos
populares, privatiza
el espacio público restringiéndose el acceso a la playa,
fragmenta el
territorio y segrega socialmente.
El desarrollo turístico orientado
primordialmente a un público norteamericano, refiere un nuevo
tipo de expansión
territorial como resultado de las transformaciones de tiempo y espacio
introducidas por la globalización. Ha propiciado formas de
ocupación del suelo
que involucran mucho territorio y nuevas formas de consumirlo, para lo
cual
confluyen dos procesos: en primer lugar, la permisividad de los poderes
públicos que omiten la racionalidad del ordenamiento territorial
y el uso
sustentable del medio natural, con respecto a los intereses privados
representados por las inmobiliarias y las cadenas hoteleras
internacionales; en
segundo lugar, los intereses privados tienen la capacidad de
reinterpretar la
demanda en boga de la exclusión social indicada por el urbanismo
defensivo.
La organización del territorio como
resultado de estos procesos se traduce como fragmentación
espacial y
segregación social, dualidad entre el espacio público y
privado, oferta de
nuevos modelos individuales exitoso y estilos de vida rentables, altos
costos
ambientales, sustitución del medio natural por ornato
decorativo, servicios e
infraestructuras urbanas deficientes o inexistentes y rompimiento con
la
continuidad física del espacio urbano.
El modelo urbano de tipo defensivo
expresado por el turismo residencial existente y
proyectado para Puerto Peñasco, está claramente separado
por bardas del resto
de la ciudad. Las bardas otorgan tranquilidad a los residentes y escasa
visibilidad
hacia el interior, restringen los
movimientos de personas y se privilegia el automóvil para la
circulación, las
entradas y salidas de cosas y personas son controladas en los puntos de
acceso.
Se genera la percepción de seguridad en los residentes por la
exclusividad que
tienen para el uso de los espacios para el entretenimiento colectivo,
al mismo
tiempo el espacio cerrado se aísla de los problemas de
contaminación ambiental,
desorden urbano, comercio informal y más que nada crea la
sensación de
protección. Son espacios privados, con calles que devienen
privadas por las
restricciones; parques y áreas de entretenimiento igualmente
devienen privados
y exclusivos a los moradores o invitados, la conservación y
mantenimiento del
espacio cerrado queda en manos usualmente de organizaciones de
residentes
agrupados en condóminos o bien en un administrador privado, el
sistema público
se hace a un lado.
En cuanto a los efectos del proceso
de fragmentación y segregación urbana en las nuevas
ciudades para el turismo,
como es el caso de Puerto Peñasco, se puede hacer la
comparación con ciudades
donde el modelo de turistificación basado en hoteles y turismo
residencial
tiene más tiempo de haberse implementado. Tal sería el
caso del corredor
Tijuana-Ensenada donde se ubica Playas de Rosarito.
Playas de Rosarito es una ciudad
ubicada en Baja California que mantiene una tradición
turística más antigua que
la existente en Puerto Peñasco, sin embargo, los efectos urbanos
de la
actividad hoy en día son muy claros. Algunos de esos efectos son
los
siguientes:
Alto
crecimiento
poblacional con fuertes rezagos en infraestructura y equipamiento
urbano.
Generalizado
proceso de invasión del suelo urbano por los nuevos habitantes
que llegan. La
ciudad mantiene cerca de 36 mil predios irregulares y carece de zonas
de
reserva.
La oferta
turística observa segregación espacial, basada en
viviendas en condominio,
hoteles de 3 a
5 estrellas para turistas de fin de semana, spring
breakers, trailer parks.
Hoteles y
condominios de playa privatizan el espacio público limitando el
acceso a la
playa y alterando irremediablemente el ecosistema local.
Los
desarrollos turísticos no se integran a la región. En
las
cercanías se establecen los trabajadores y empleados de los
hoteles y del
servicio doméstico, muchas veces invadiendo suelo ejidal
difícil de urbanizar.
El alto
desarrollo
turístico, el crecimiento poblacional y los precarios procesos
de urbanización
impactan la ecología costera de la región. Las
descargas de aguas negras sin tratar
al mar contaminan tanto en las playas como en la pesca.
Algunos de los procesos y problemas
observados en Playas de Rosarito tienden a ser repetidos para Puerto
Peñasco:
La
comunidad de pescadores ha sido desplazada y reducida en su presencia.
Fuerte
crecimiento poblacional y altos rezagos de infraestructura urbana
El
tejido
social local es tensionado por la especulación inmobiliaria y la
revaloración
del suelo.
Demanda
creciente de vivienda de los nuevos residentes empleados en la
industria
turística que son obligados a establecerse en la periferia en
condiciones
bastante precarias.
La
arquitectura y ocupación constructiva de hoteles y condominios
frente al mar
tiende a modificar el medio ambiente marítimo y desértico
circundantes
La
nueva
ciudad del turismo tiende a materializarse en el encierro residencial y
privatización de espacios públicos, restringiendo el
acceso a la playa.
La
expansión urbana sobre la costa configura paisajes
desarticulados y
artificiales ajenos a los patrones locales, no sustentables.
Conclusiones
El modelo de turismo masivo basado en hotelería y
turismo residencial establecido de forma intensiva sobre el litoral de
Puerto
Peñasco muestra que el turismo, como un sector muy importante de
la economía
mexicana, es altamente depredatorio del medio ambiente y de la sociedad
local. Los
costos sociales de la actividad son altos, aunque exista un dinamismo
de la
economía de los servicios y del sector inmobiliario, no se tiene
un efecto
redistributivo en la población local.
Las nuevas ciudades para el
turismo que el gobierno mexicano y los empresarios inmobiliarios vienen
impulsando en el noroeste de México, tienden a repetir una
experiencia de muy
corto plazo probada en otras regiones del país con consecuencias
urbanas y
sociales fuertes. La “fiebre del oro” del turismo puede agotarse muy
rápidamente, más en un contexto global de alta
competetencia, sin observar a modelos
alternativos de turismo más sustentables y de acercamiento al
“otro” como son
las comunidades locales.
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Ficha
bibliográfica:
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<http://topofilia.net/enriquez.html>
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