II Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo







Presentación   Directorio   Presentación de originales
Tesis
Volumen I, Numero 1, Septiembre de 2008
Topofilia: Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo



Ciudades del turismo. Hacia un catálogo del paisaje de Puerto Peñasco
+

 

Isabel Rodríguez Chumillas*

 

Ciudades del turismo

            Hoy Rosas y Puerto Peñasco son ciudades del turismo. Sus territorios marítimos y fronterizos una vez más median sus contrastadas historias territoriales. Pasados tan distantes frente a presentes tan uniformemente definidos. Espacios que permiten entonces aprender del tiempo. El caso de análisis pues, con proyectos de ciudad focalizados en el turismo costero, ofrece la oportunidad  del estudio comparativo cómo herramienta metodológica. Proyectos de territorios vertebrados por proyectos de ciudad (turística) sin proyecto de territorio, sin proyecto de ciudad, sólo ciudades por proyectos o de proyectos, en el caso de Puerto Peñasco, nítidamente, un proyecto de territorio turístico sin proyecto de ciudad.

            El proyecto de ciudad turística es por antonomasia una ciudad sin proyecto de ciudad ni de territorio puesto que desde hace más de medio siglo sólo se ocupa de urbanizar la costa sin otra finalidad que la de convertirla en espacio productivo de uso estacional (Rodríguez 2007). Rutilantes arquitecturas de edificios emblemáticos en conjuntos novedosos son nuevos recursos que, sin embargo, impactan sus playas prescindiéndose de la historia y de la naturaleza del lugar concreto que siempre deben ser materiales del proyecto, porque cómo dice Hernández León, “son el origen de una estrategia que cree haber escuchado la resonancia del lugar y, por tanto, puede activarlo mediante una arquitectura que no renuncia a un nuevo lenguaje” (Hernández 2007, 39). La ciudad por proyectos es, en definitiva, la ciudad de los promotores y sus prácticas privadas. Entonces, la dialéctica entre práctica y norma se establece en unos términos más explícitos que en las ciudades más completas, con materializaciones más contundentes de las visiones fragmentarias de los inversores y hacedores de ciudad.

            Las ciudades turísticas, las de estudio también, nacen o se rehacen respondiendo a la visión de la ciudad del ocio-negocio sin las cortapisas de la ciudad del habitar y cuestionan por eso más temprana y explícitamente las grandes interrogantes que tiene planteadas la sociedad contemporánea.

            Por lo que respecta al entendimiento sobre la ciudad y lo urbano, éste objeto de estudio (las ciudades del turismo) expone sin disimulo el rabioso desdén por el pasado de su frenético presente, y claro, cuestiona el sentido de los quehaceres disciplinares. De un lado, evidencia una deuda que se convierte en una de las principales cargas de la academia en su conjunto, su cuestionable contribución a guiar adecuadamente la inserción del pasado en el presente. De otro lado, nos plantea que ya no es posible el estudio de la ciudad capitalista desde su nacimiento en el siglo XIX, sus prácticas y sus normas, sin transferir sus resultados al todo social[1], a su presente, a la comprensión de la ciudad actual, más si ésta no es mas que un fragmento corto, desproporcionado  y reciente de la larga trayectoria de la evolución de la ciudad. Sobre todo porque el viejo puerto fronterizo del corazón del mundo mediterráneo apenas ha interferido ni para su conversión en una próspera localidad turística de la costa brava catalana, ni para exigir una respuesta especial y concreta en la expresión material de su organización y funcionamiento[2]. La Rodas griega, o la ciudadela militar del siglo XVI, menos aún, el puerto pesquero de frontera y contrabando, ha detenido ni singularizado un trato y una comprensión particular de la bahía y montaña alpina-pirenaica que envuelve la bahía de Roses como ciudad turística. Tampoco, menos aún, Puerto Peñasco, cuya conversión en ciudad del turismo se realiza sin éste extraordinario pero prescindible pasado[3]. Por el contrario, su excepcional naturaleza de desierto deshabitado repleto de playas en la singular longitud del Mar de Cortés, lejos de protegerla, ha atraído la voracidad de los promotores inmobiliarios.

            Tomar pues como ángulo de la mirada de la ciudad esta visión desde el presente, y con el pasado, requiere la tan necesaria cómo dificultosa transversalidad metodológica y disciplinar de los expertos sobre la ciudad, reajustando a lo necesario los registros y categorías analíticas ortodoxas.

Las ciudades del turismo explicitan los múltiples efectos del perverso entendimiento contemporáneo del pasado dónde éste se beneficia de su condición para convertirse en sujeto y objeto de la comprensión de la ciudad desde la evidencia de su presente, sin trasvasar a éste, y desde hace unos años con más fuerza si cabe, más que exigentes demandas patrimonialistas, siempre, finalmente, mercantilizadas. Pasado que, entonces, se desempeña en las prácticas públicas y privadas actuales cómo el yugo de un presente sin más pasado que esta dependencia de su caricatura.

            Por lo pronto, acercarse a la ciudad, pero particularmente a esta desde el presente, con nuevos recursos analíticos e interpretativos, como el paisaje y los imaginarios, es complicado, y no sólo por ser categorías polisémicas por excelencia, sino también por la línea específica con que se acometen. Pero al menos, a través del registro de paisajes e imaginarios se persigue un reequilibrio en la óptica de la ciudad objeto, entendiendo la opción de estos recursos metodológicos cómo el camino hacia la valorización y mayor protagonismo del sujeto y sus prácticas privadas porque sus interrelaciones hacen posibles las ciudades y dan sentido al lugar y a sus formas urbanas.  Pero además, por la imprescindible necesidad de más focos de irradiación informativa sobre la ciudad como objeto de estudio que, con los recursos metodológicos y documentales más ortodoxos, deja muy importantes interrogantes sobre la ciudad sin ni siquiera atisbar y menos enunciar.

            Por lo que respecta al resto social, por lo pronto, y en el caso comparativo metodológico que brindan estos escenarios reales, se busca hacer hablar a los sujetos de la ciudad, intentando que la ciudad cómo objeto de estudio comparta protagonismo con su razón de ser, los habitantes. Sobre todo, porque seguir amparando la comprensión de la ciudad –la actual y la de otros tiempos- en las normas coetáneas que cristalizaron sus estructuras sociopolíticas, en particular las que específicamente se han ido creando para poner a funcionar la ciudad, esto es las urbanísticas, llega a carecer de sentido.

            Hoy que la norma urbanística se ha perfeccionado y la práctica normativa ha alcanzado un nivel de rutina y tecnificación tal, sobre todo la gestión normativa de  las prácticas públicas y privadas actuales, se hace patente cuan frecuentemente accesorias son prácticas respecto a normas y viceversa. Ni siquiera, pueden en muchas ocasiones servir de señuelos de los comportamientos y pensamientos sociales contemporáneos, papel que sí han podido desempeñar en momentos del pasado y por eso tan trascendentes han resultado en la indagación científica para conocerlo.

            El estudio del pasado y el presente, en un diálogo con sentido, requieren intercambiar y compensar las fuentes y los registros habituales con el interés metodológico de otros, cómo por ejemplo, esta propuesta de combinar los señuelos normativos con las propias prácticas de los hacedores de  ciudad[4].

 

Hacer ciudad: paisajes e imaginarios

            Nos preguntamos cómo son y se hacen estas ciudades a principios del siglo XXI y qué paisajes conforman las prácticas privadas del y para el turismo. Concretamente, ¿Cómo servirse del paisaje y los imaginarios urbanos para revisarlos en ciudades nuevas moldeadas por el turismo?

            La más directa respuesta genérica es la hipotética especulación inmobiliaria, básicamente, que se hace ciudad a golpe de proyecto urbanístico, concebido, ejecutado y al servicio de los objetivos de rentabilidad económica de los inversores inmobiliarios y otras prácticas públicas y privadas consecuentes. Tantas alforjas para tan poca carga, además tan aparentemente banal por su cotidianidad cómo profunda en su naturaleza y complejidad, el nombre de la esencia de la apropiación, espacio, sociedad y poder. Así se ha hecho Roses desde que se subió al carro de habilitar su territorio y especializar sus habilidades hacia el uso y función prioritaria de balneario y paraíso temporal de sus vecinos del Norte, principalmente los franceses al otro lado de los Pirineos. Una trayectoria que sigue Puerto Peñasco treinta años después para convertirse, en sólo una década, en Rocky Point, principal destino de los norteamericanos de la fronteriza Arizona.

Sin embargo, son además tierras y comunidades con características peculiares y distintos elementos de similitud que, las convierten en lugares únicos para observar el muy diferente papel que juega  el medio natural y la historia territorial con sus grandes protagonistas: la tierra de frontera y el mar.

Por su parte, los paisajes creados son, básicamente, un repertorio acorde a la dualidad física y social consecuente al monopolio turístico del lugar. Responden, genéricamente, al imaginario de los paraísos literalmente ideados y construidos a la carta por los promotores, y entronca por ello, con el imaginario del “hacedor” más genuino, el visionario de ciudades del descanso y el ocio, de lo que podríamos denominar el paradigma de los “nuevos lugares” cómo alternativas de ciudad. Visionarios que en paralelo a la construcción de la ciudad liberal-capitalista proyectaron y ejecutaron ciudades del ocio y pensaron utopías de tan larga andadura como las de Tomás Moro.

            El paisaje materializa la más nítida y descarnada dualidad socio-espacial en su feroz segregación, pues el paraíso sin infierno no es tal, de modo, que Roses o Puerto Peñasco encierran de diferentes modos  sus infiernos, fácilmente reconocibles en el último caso en el precario núcleo de Puerto Peñasco -prácticamente la totalidad del núcleo propiamente dicho-.

            La inclinación de la posmodernidad por la simulación y la hiperrealidad, siempre con fuertes implicaciones en el territorio, se exacerba y concentra en ciudades tan marcadamente terciarizadas en las funciones recreativas. Estas ciudades que quieren ser imaginadas cómo paraísos de exclusividad y confort, necesariamente, requieren de una trastienda y una tramoya para su funcionamiento, precisamente, de la esencia del lugar que así, a su servicio, se disipa, se derrocha y se pierde.

            En general, los paisajes construidos vienen definidos por la desarticulación y la segregación de los componentes, mediante la conformación de espacios cerrados que se constituyen en la actualidad a través de tres imaginarios vertebradores: el consumo, la simulación y el miedo. Todos exponentes de diversas medios de obtener exclusión o diferencia y funcionan, obviamente, en el conjunto de las prácticas privadas y por tanto en el imaginario social[5]. La mayoría de la sociedad construye sus acciones a partir del imaginario del miedo y la inseguridad con simulaciones como el fomento del sentimiento de comunidad contradictoriamente fundamentada en el consumo, la búsqueda escasamente lograda de la armonía con la naturaleza, la creencia en la reducción de la delincuencia, la simulación del orden y la consideración aséptica del espacio público (Hernández 2008). Entonces, las localidades turísticas yuxtaponen diversos paisajes dónde son dominantes los resultantes de la conformación de conjuntos cerrados y desarticulados del resto de los asentamientos guiados por miedos e inseguridades de naturaleza diversa.

            Claro, lo anterior es por lo que respecta a los paraísos, los espacios diseñados por y para el turismo. Tanto en Roses como en Puerto Peñasco, el infierno es muy diferente, amplio y variado, y habrá de prestársele toda la atención a una distinción clara de lugares en cada lugar, clasificando los paisajes para entenderlos con los imaginarios actuantes, hoy o en el pasado, sobre el lugar, y por qué no, para pretender con ello incidir en su mejora, que es importante en la investigación y ayuda a comprender los requiebros metodológicos necesarios que se persiguen. Por lo pronto, el infierno en Peñasco es tan evidente que es imposible errar en su identificación, pues se expresa contundentemente en la  precariedad y déficit de elementos principales del bienestar social, cómo carencias y deficiencias en la vivienda, en la dotación de servicios e infraestructuras urbanas básicas, en los costes sociales y económicos de una gestión y gobierno a todas luces inadecuado por estos costes asociados a su pretendido y real desarrollo.

            No sólo, y todo, en Roses y Puerto Peñasco, son anchas y rectas calles en su mayoría de pura arena -unos días polvo, otros fango- propias de una colonización forzada por lo perentorio de un asentar el vivir al calor de la emergencia, bien de la vida y bien del negocio[6]. Hay más paisajes urbanos en los infiernos y purgatorios de estas poblaciones costeras y turistizadas, incluso están presentes los más y muy antiguos patrones de habitar[7] fundidos en las ciudades que hoy devienen turísticas. Sencillas y complejas arquitecturas (Figura 3 y 7) pues, han ido labrando fragmentos de esta totalidad en efervescente expansión que son las ciudades del turismo: las del puerto y los pescadores, también del resto de los marineros y otros especialistas del intercambio mar-tierra en cualquiera de sus mercancías, todos hechos en clara dependencia del rumbo en que se tornaron, la vecindad y naturaleza de la frontera política y cultural en la génesis y evolución de ambos lugares, claro en definitiva, su proximidad a la gran línea del límite de la apropiación. Por supuesto, otras modalidades de lugares, casas y calles de barrios y urbanizaciones -también con importantes déficit y especificidades en otro orden de perentoriedades-, componen los paisajes de estas ciudades, más completos y ricos en la vieja bahía fronteriza del Mediterráneo en coherencia a su dilatada trayectoria urbana.

            Entonces, lejos de considerar al espacio vivido-concebido el único modo de vincular los imaginarios con el punto de vista del sujeto, el lugar, incluso entendido como “acumulación de sentidos” y concepto esencial para comprender el espacio a través de la experiencia del sujeto y su entramado simbólico (Lindón-Aguilar-Hiernaux 2006 y Hernández 2008), se sigue expresando en el  paisaje del lugar y sus sentidos y, por tanto, ligan el imaginario y la forma urbana, y la necesidad de estudiar el sentido de las formas. Decir paisaje es decir forma es decir lugar, no solo importa el paisaje del recuerdo también el del sueño, sin duda, los paisajes construidos histórica y socialmente, todos formas que toma el imaginario deseado, pensado, vivido y soñado. La forma de la espacialidad presente en toda dimensión de la vida social, distinguiendo culturas, intentando concebir de modo comparativo las formas de ser urbanas (Silva 2007, 21)[8].

            A partir de los imaginarios constituidos por imágenes, informaciones, experiencias, simbolismos y fantasías, se reconstruyen visiones del mundo con efectos y propósitos de la acción cotidiana, tienen la capacidad de crear a cada momento lo real en el habitante de la ciudad y se traducen en sus paisajes, entendidos como formas de expresiones materiales de distinta naturaleza. Conducen sus prácticas, en este caso, las de promotores, gobernantes, turistas y residentes.

            Progresivamente las investigaciones urbanas se apoyan en los imaginarios urbanos y el lugar para realizar interpretaciones más completas de los fenómenos emergentes de las ciudades[9]. Interesa indicar que se explora en un campo indefinido -aún a conquistar- pero claramente híbrido e intermedio, campo de fuego entrecruzado de los análisis ortodoxos y heterodoxos desde el dentro y el afuera de varias disciplinas[10]. Se trata de aplicar, y ahí ya se están concretando distintas metodologías de abordaje[11], conceptos viejos reformulados desde las visiones del saber  actual supresoras de

            De hecho, estudiar las formas de hacer ciudad con análisis empíricos de perspectiva histórica y prestando atención a la dimensión imaginaria de los procesos de conformación de la ciudad para entenderla, es un intento de acercamiento. Y, sin embargo, a la inversa, aún no se han producido los suficientes intentos de un necesario requiebro desde lo cultural[12]. 

            Los hacedores del lugar pareciera que actúan como un ejército bien adiestrado, con una estructura tan rígida y permanente, jerárquica, a juzgar por cómo hoy lo evidencian en sus paisajes, exponente vivo de tal entretejido. Por eso, el estudio de las prácticas privadas cómo apropiación real y simbólica del espacio y del sujeto, cómo objeto de la constitución de los lugares a través de los imaginarios urbanos, permite en efecto, explorar al tiempo con el reconocimiento (identificación) y la recuperación (valorización) de la “experiencia espacial” del habitante urbano, y sobre todo por su incidencia, en la visión de los que como promotores del lugar, políticos o inversores, establecen la definición de los lugares. Las visiones que, probablemente, fijan el primer sentido del lugar.

            Las ciudades del turismo siembran de segundas residencias y de condominios los arenales, de hoteles y de miniciudades que, a partir de ellos en versiones siempre nuevas y más depuradas del imaginario del lujo, reconcentran en paraísos más selectos el rizoma imparable de la producción inmobiliaria del gusto. La idea es que a los imaginarios de sol y playa -“relax de vacaciones”- se unen los del lujo-elitista[13]  y la masividad de la expansión de las vacaciones reconocidas y pagadas desde dos siglos después (el relato de la evolución del turismo y el capitalismo que requiere de una producción específica de lugares).

            Desde el último cuarto del siglo XX los imaginarios sociales se han ido codificando en clave de encierro que es el modo que ha ido tomando la apropiación selectiva -el lujo- para combatir la masividad (popularización de las vacaciones veraniegas) y seguir distinguiéndose –entre la multiplicación de productos diversos de una gama amplia-, pero sobre todo, para resolver y facilitar la puesta en valor de amplios sectores de territorio con la mayor independencia de organización y funcionamiento respecto del resto. Obviamente, para seguir actuando en las mejores condiciones de producción y garantizar altos niveles de competitividad y rentabilidad, y por consiguiente, actuando al margen del lugar y sus particularidades.

            La generalización del urbanismo cerrado facilita la producción inmobiliaria turística y responde a los imaginarios con los que se fabrican y venden paraísos que pasa, inexorablemente, por la tendencia urbana de más importancia en la actualidad que es la del encierro.

 

El paisaje conocimiento para la acción

            Era Peñasco un pequeño puerto de pescadores en áridos confines y hoy es uno de los paraísos reales del repertorio de los lugares posibles, además, a un pié –el otro pié- de la frontera, de las muchas fronteras, de la Línea que separa de los Estados Unidos y de las del sujeto en su devenir y condición. Paraíso real  para muchos más de los que imaginamos y que las cifras confirman, pues debemos considerar que más de un millón y medio la visitan, muchos millones más la desean, casi todos la piensan, y algunos otros, sólo unos pocos la han elegido para habitar, habitan, de paso o permanentemente, la paradoja es que los que se quedaron, los que siguen quedándose, acusan las desventajas pese a que son el objeto preferente de la planeación local.

            Convivir con la cotidianidad de un mundo de ensueño hecho realidad para unos pocos, a la fuerza deja huella en las personas y sus espacios. Esta reflexión “Hacia un catálogo de paisaje de Puerto Peñasco” intenta fijar las primeras reflexiones y pautas metodológicas para conocer cabalmente la realidad construida, y tejida por las convergencias y divergencias de visiones y proyectos que se cruzan, a través de reconocer e identificar las singularidades de cada una y todas las partes de su territorio, las unidades de los paisajes que han construido proyectos tan heterogéneos.

            Puerto Peñasco ha cambiado mucho en pocos años. Se enfrenta a un problema común y general del territorio en tiempos actuales: la rapidez en los cambios en los vínculos económicos, sociales y medioambientales entre las ciudades y sus regiones circundantes. Y al tiempo, por el contrario, existe una considerable inercia de las estructuras institucionales.  En Puerto Peñasco, el pié más septentrional que Sonora tiene mirando a las cálidas aguas del Mar de Cortés, por lo pronto, se maneja un territorio al que le faltan dos terceras partes, otras dos ciudades, La Choya, o próximas a serlo, como La Pinta. La visión del poder público local aún no ha asimilado en sus cartas de planeamiento las ciudades del turismo que se han desarrollado sobre las dos grandes bahías que abrazan su peñón, repleto de pelícanos en los pocos viejos diques de su primera vida cómo núcleo de pescadores en el desierto.

            Esto ha abierto algunos importantes debates en el contexto actual de globalización sobre la importancia del territorio como un factor clave de desarrollo. Probablemente, el régimen de derechos sobre el suelo y su uso, individual y privado, tienen mucho que ver con esta situación de conflicto. En el ámbito urbano las profundas transformaciones acaecidas vienen acompañados de importantes metamorfosis de los comportamientos y actitudes sociales que han explicitado la necesidad de un amplio debate social, económico y político sobre la gestión de la proliferación de territorios urbanizados, que necesitan estructuras de gobierno en las que exista una mayor coordinación y cooperación entre los diferentes niveles administrativos y una más amplia participación social en la toma de decisiones, con el objeto de alcanzar modelos urbanos más habitables.

            El paisaje urbano y urbanizado de Puerto Peñasco constituye un ejemplo claro de territorio urbanizado, el de las áreas costero-turísticas -con fuertes dinámicas de nuevas ocupaciones territoriales: una metamorfosis completa de su naturaleza con pérdida de elementos patrimoniales y valores medioambientales, y con problemas de identidad social y de articulación territorial.

            Con todo, este destructor y monopolizador uso de usos, el turístico masivo de sol y mar sobre ámbitos costeros, los paisajes litorales resultado de la turistificación son también conocimiento[14]. El paisaje de Puerto Peñasco ciudad del turismo también es conocimiento.

            El núcleo, a resguardo en el cerro de mar -Cerro de la Ballena- del desierto frontera, pese a su papel nodal en el emplazamiento portuario[15], no ocupa un lugar significativo en las representaciones sobre este núcleo turístico. Sin embargo, son el primer paisaje a remarcar en la historia del lugar de Puerto Peñasco. Sus oscuras y redondeadas masas pétreas sobre la plataforma marina, naturalizan la tosca habilitación de sus acantilados y refuerzos artificiales. Un detalle del peñón (Figura 2) es, entonces, la primera imagen de la selección de los distintos acercamientos[16] a la naturaleza e historia territorial del lugar, a través de la forma y de sus paisajes[17].

            Los paisajes dibujados (Figuras 2 y 4) son otro lugar distinto al Puerto Peñasco ofertado de arena brillante y llanos horizontes luminosos (Figuras 3 y 9).  Son paisajes solitarios de desierto y mar propios de un territorio poco hospitalario con el hombre que, finalmente, se ve atravesado con los tendidos aéreos y terrestres del ferrocarril [18] (Figura 6) y la electricidad. Líneas tendidas desde el oriente de Sonora sobre el desierto (Figura 4) y que lo conectan con el mar en un resguardo de éste promontorio rocoso que se habilita para refugio y atraque de la navegación a mediados del siglo pasado (Figura 7)[19].

            Elementos que definen el paisaje de esta fase de la historia territorial al Norte del Mar de Cortés de modernización tardía y puesta en valor mediante la conexión de redes de infraestructura básicas[20].  En definitiva, distintivos de la historia del lugar que componen (Figura 8), junto al desierto y sus sierras y el mar, el origen y las señas de identidad del lugar en su más genuina conformación histórica y natural[21].

            La roca madre volcánica de la ladera del Cerro de la Ballena sufrió su primer gran envite –con demoliciones parciales para muelles y superficie edificable-[22] en la primera habilitación del pueblo pesquero[23] a localidad turística en la década de los setenta (Figura 8). La imagen del peñón tal cómo la observamos en esta pintura (Figura 2), en su contacto directo al mar, con una incidencia humana baja, y preferentemente utilizado como hábitat esporádico de pelícanos y otra fauna, será memoria. Porque en la puesta en valor del Cerro de la Ballena aún en proyecto media una nueva ordenación de todo el pequeño núcleo portuario (Figuras 7 y 8) originario de la localidad turística actual[24]. Durante la primera década del siglo XXI, en efecto, se acomete el segundo y definitivo envite con un esquema de

 

Figura 1. Contemplación de la bahía y el mar.
 Fuente. Dibujo de I. Rodríguez, 1989.

 

Figura 2. Pelícanos en la playa rocosa del frente acantilado del Cerro de la Ballena, Puerto Peñasco. Fuente. Dibujo de I. Rodríguez, 2007.

 

 

Intervención a tono con el patrón urbanístico internacional de renovaciones urbanas de frentes litorales[25].

            Conforme a la visión de Puerto Peñasco como destino turístico importante en sus distantes y largas playas de la costa baja de esteros, se han desarrollado otras visiones complementarias y estándares[26] cómo la de acaparar los lugares viejos –el puerto y la pequeña retícula de calles de la ladera norte del Cerro de la Ballena- para conectar por el frente litoral los nuevos lugares turísticos, eludiendo así el núcleo de residentes entre ambas y tras el cerro  entre 1994 y 2002[27]. Se trata de la remodelación de la trama más genuina del primer emplazamiento del lugar, demoliendo obsoletos edificios de funciones genéticas –pesca y puerto- y reordenarlos en función del nuevo proyecto de punto en una escala de lugares náuticos de ámbito regional[28]. El mar y sus costas de arenales, así como su puerto-cerro después, serán y están siendo engullidos por el turismo al final del siglo XX.

Figura 3. Núcleo viejo de Puerto Peñasco sobre la ladera del Cerro de la Ballena. Los primeros desarrollos hoteleros colindantes al resguardo portuario –fondo derecho- se suceden discontinuamente a lo largo de la costa hacia los resaltes rocosos de La Choya. Fuente: Fotografía de la autora, 2007.

 

Figura 4. Sierra Pinta en el Desierto de Altar, entre Caborca y Puerto Peñasco.
Fuente: Dibujo de I. Rodríguez, 2007.

Figura 5. La Proveedora, Caborca. La hediondilla, el palofierro, el mesquite  y las cactáceas, junto con ocotillos y paloverdes, cubren las laderas de los  cerros y las planicies.
Fuente: Dibujo de I. Rodríguez, 2007.

 

 

Figura 6 y 7. Fragmentos de historia de la ciudad: la Estación de ferrocarril infrautilizada y el puerto pesquero en plena transformación a náutico (postes de punta blanca y cilíndrica, icono de su condición de punto de la Escalera Náutica del Mar de Cortés).
Fuente: Fotografía de la autora. 2007.

 

 

 

 

 

Figuras 8 y 9. Malecón del puerto y Mayan Palace, dos nombres claves del lugar. Arriba, el restaurante Gran Capitán en el cerro que junto a otros establecimientos del primer desarrollo turístico y la propia traza, constituyen el paisaje más genuino de la ciudad portuaria-pesquera y,  sin embargo, están en remodelación actual (la renombrada en el evento interregional de Gobernadores fronterizos, Plaza de los Gobernadores –a la derecha, en torno a las columnas blancas-). Abajo, el hall del Mayan Palace construido sobre el Estero de Morua –a muchos kilómetros del Malecón-, concreta la diversidad de paisajes de las ciudades del turismo.
Fuente: Fotografía de la autora. 2007.

 

            Los cerros volcánicos aislados que salpican éste paisaje del Desierto de Altar -en el noroeste de México y el sur de Arizona-, cómo en el paisaje dibujado (Figuras 4 y 5), son el completo y continuo envoltorio de estos territorios y también la cuna de su poblamiento, en cuyas sierras los habitantes prehispánicos construyeron terrazas edificándolo hasta las cimas[29]. Sierra Pinta -en el dibujo (Figura 4)-, graciosa y monumental en la planicie homogénea del desierto, es el paisaje del entorno de Puerto Peñasco, rodea el Estero de La Pinta sobre el que ya crece la rutilante Ciudad La Pinta a partir del complejo hotelero del Mayan Palace (Figura 9), en el extremo oriental del municipio de Puerto Peñasco. Es un proyecto de fundación de ciudad nueva y nacida por y para el turismo de élite que está urbanizando el inigualable tesoro natural híbrido entre mar y tierra del último estero,  más allá del Estero de Morua, más cercano y conquistado por el turismo residencial de condominios americanos desde los setenta (urbanizando las playas al oriente de Peñasco en el lugar denominado La Concha)-, y el de San Jorge ya playa de Caborca, capital del Desierto de Altar y de la región fronteriza[30]

            Hoy se urbanizan los esteros, en el pasado, la discreta y prudente ocupación de las sierras, como “Los habitantes de Cerro Trincheras –que- privilegiaron la ubicación de las unidades familiares más que la elaboración arquitectónica de sus casas, para comunicar la posición social de las familias. Al construir terrazas en el cerro transformaron un elemento natural, de por sí sobresaliente, en una creación humana que expresó su organización social y creencias religiosas, logrando un grado de monumentalidad y distinción para su pueblo, que no hubiera sido posible sobre la planicie aluvial” (Villalpando 2004, 241).

            El paisaje también para la acción, porque conocer cómo se expresan los cambios, cómo se están concretando los hechos en Puerto Peñasco, sus profundos cambios, no sirve de nada sino se encamina a la acción. El conocimiento de un territorio en urbanización imparable, obliga a avanzar en las herramientas de planificación y en la búsqueda de metodologías innovadoras que permitan un mayor acercamiento a la realidad urbana y a las sociedades que las habitan, cada vez más cambiantes y complejas. Sobre todo, por la velocidad con la que acontecen las transformaciones que hace que sus paisajes sean sustituidos velozmente, desapareciendo a  la vez parte de las representaciones culturales del territorio[31].

            La búsqueda de nuevos métodos que compatibilicen la “investigación y la acción” orienta hacia metodologías que permitan un acercamiento al conocimiento de estos territorios incorporando la visión directa de los ciudadanos-usuarios del espacio urbano. La visión disciplinar, en este caso desde la Geografía[32], apuesta por un ejercicio -no exento de dificultad- de concentrarse en la necesidad y reto de combinar las partes y modos de funcionamiento del territorio para explicar la complejidad del territorio en tiempos de la globalización a partir del estudio de su paisaje que además de permitir su conocimiento, posibilita la acción.

            Es a través del recurso a las unidades de paisaje cómo se concreta el método del Catálogo del Paisaje urbano porque éstas –las unidades de paisaje- como elementos de identidad y valores compartidos, de participación, y también como indicador de la sostenibilidad de las opciones de desarrollo escogidas, puede resultar un método de gran utilidad, también para los paisajes urbanizados. En este sentido, los catálogos de paisaje urbano se perfilan como un eficaz instrumento para el conocimiento y comprensión de los territorios actuales, aún más si son explícitamente fragmentarios como las nuevas ciudades del turismo, unas piezas autónomas como macro-fragmentos urbanos costeros, así como, también una buena herramienta para la gestión. Introducir novedades en el trabajo de campo como el estudio del espacio subjetivo y utilizar fuentes cualitativas de alcance multidisciplinar. Los imaginarios pueden ayudar a avanzar hacia la gobernanza, contribuyendo a la clasificación en unidades de paisaje: espacios de “construcción social” para la gestión territorial.

            La identificación y caracterización de los paisajes de cada ámbito territorial crea unidades de paisaje en las ciudades del turismo, pieza territorial básica para una nueva política sostenible con el turismo como factor dinamizador. Las características internas, el estado  actual y las explicaciones de las dinámicas que la han construido y la van transformando, son catalogados por sus paisajes resultantes.

            A partir de las unidades de paisaje se recaba y coteja con la percepción de los residentes para conocer la ciudad imaginaria, la piensan, desean, sienten, reconocen, en suma, las aspiraciones de la colectividad y avanzar en el diseño de un proyecto de territorio y de ciudad. El diálogo entre el registro del usuario y la disección del especialista supone un logro en la búsqueda de un espacio de calidad, entendido como aquél que resulta de las acciones antagónicas de agentes múltiples.

            Un catálogo de paisajes de Puerto Peñasco no se concibe sólo como un útil instrumento de disección de la realidad territorial y, por tanto, un registro en sí mismo de la construcción territorial en un momento dado, sino como el material básico a partir del cual conocer el reto y el desafío de su futuro sostenible. Tampoco es menor su papel a la hora de suministrar registros nuevos para el conocimiento de la naturaleza de la ciudad en el momento presente (Choay 2007). Urge la catalogación de espacios con paisajes en formación, extraordinariamente homogéneos -además de tematizados- y extentidos en todo el mundo, precisametne por la proliferación de espacios y asentamientos especializados en un terciario heterogéneo que se sostiene en la promoción y construcción inmobiliaria[33].

            Es una primera respuesta a las interrogantes planteadas en esta primera aproximación que ofrece el libro. La principal pregunta sobre cómo evitar un tránsito trunmático del puerto pesquero a la ciudad turística erradicando la exclusión socioespacial actual, polarizada entre visitantes y residentes, cohesionando el tejido urbano trastornado por los efectos de aglomeración; también, equilibribrando la oferta de agua y la demanda de suelo habitable, conciliando los usos público y privado -de la playa y de otros recursos, infraestructuras y equipamientos-, es decir, siendo prudentes con el territorio y orientando el proyecto de futuro a la relación justa y amable entre los lugares que son espacios de consumo turístico de temporada y los de habitación permanente de los residentes.Todo ello, además, representa  el cuidado del solaz con la única meta de construir paisajes atractivos por su armonía con las cualidades naturales del lugar.

 

Hacia un catálogo de paisaje de Puerto Peñasco

            Conocer en profundidad a la ciudad a través de sus unidades de paisaje y la percepción que de ellas tienen sus ciudadanos debe guiar a la toma de decisiones en la creación de ciudad en su esfuerzo por un desarrollo más equilibrado, social y estético del espacio urbano y, por tanto, en lograr una ciudad más sostenible.

            La complejidad de los espacios urbanos y su fuerte dinamismo provoca incertidumbre sobre el futuro de los mismos. Se requieren nuevas herramientas de análisis territorial flexible para la comprensión del espacio urbano y su entorno. Instrumentos de prospectiva eficientes y manejables como los catálogos de paisaje que ofrecen información sobre las pautas de comportamiento e identifican los cambios que se pueden producir para poder anticiparse y buscar soluciones.

            El acercamiento al territorio y la presentación de los datos debe realizarse a diferentes escalas, llamando la atención sobre las diferentes problemáticas detectadas en cada ámbito territorial así como en el conjunto del territorio, pues debe permitir la puesta en marcha de políticas sectoriales y de carácter más amplio, a partir del asesoramiento y guía que desempeñará el catálogo de paisaje.

            El catálogo de paisaje urbano se presenta así como un eficaz instrumento para la ordenación territorial y para una nueva planificación estratégica urbana. A través de él, se ahonda en el conocimiento de la ciudad y su entorno por medio de su clasificación en unidades coherentes y con problemáticas distintas, lo que permite la acción política a diferentes escalas pero de forma integral, pues atiende al territorio como sistema, desde una concepción holística del mismo.

            Un catálogo de paisaje urbano debe ser una herramienta que permita a los expertos una nueva forma de acercarse al estudio de las ciudades, al incorporar elementos cualitativos para alcanzar una compresión más real de los espacios urbanos, de las transformaciones que sufren y de los procesos y dinámicas que las afectan. 

            La elaboración de este registro de conocimiento e instrumento de planificación requiere de la participación ciudadana, lo que lo convierte en un documento clave y muy valioso, al ofrece información relevante sobre las percepciones y prácticas sociales de los usuarios-ciudadanos. Esta información que arroja el catálogo de paisaje urbano es de suma importancia para lograr modelos territoriales más sostenibles y acordes con las necesidades de los ciudadanos.

            La metodología para la elaboración del catálogo de  paisaje urbano conjuga: a)información relevante sobre las características físicas del medio urbano, pero también sobre los procesos que lo han conformado históricamente y que le afectan en la actualidad y b)información cualitativa sobre el imaginario y las prácticas sociales de las personas que viven y usan ese territorio. El proceso de análisis y catalogación del territorio urbano[34] de Puerto Peñasco es una aproximación al territorio[35] en dos fases a diferente escala de una escala menor hacia una mayor, de fuera a dentro[36], identificando, en primer lugar, los elementos que estructuran el paisaje global[37].

Posteriormente, se realiza un proceso de obtención de información relevante sobre los imaginarios urbanos de los ciudadanos y los valores y reconocimientos del paisaje, a través de encuesta/entrevista[38]. Los datos resultantes en ambos procesos se cruzan con el fin de alcanzar una mayor compresión del espacio y las distintas problemáticas que lo afectan, corroborando o no parte de las conclusiones señaladas por el experto[39].

            Se trata de un proceso de acercamiento al territorio en tres fases[40] que, primero, identifica y caracteriza áreas con cierta coherencia interna y carácter propio, para crear piezas espaciales básicas (ámbitos territoriales[41]) mediante un análisis interno y comparativa entre los elementos naturales, socio-culturales y visuales[42]. Y después, clasifica en tres grandes áreas la estructura del territorio de Puerto Peñasco: la Ciudad, el Borde[43] y el Entorno urbano, atendiendo a un criterio de relaciones funcionales[44].

            El resultado alcanzado en esta fase[45], es la generación de una capa cartográfica en la que se identifican y catalogan unidades de paisaje diferenciado[46]. La identidad de una unidad de paisaje de cada uno de los ámbitos territoriales, requiere el tratamiento de una serie de indicadores objetivos y subjetivos, que permiten un conocimiento completo de las formas y contenidos visuales y valorativos de cada porción de territorio, tales como los elementos estructurantes, la función y lo visual, los procesos de incidencia histórica y actual, sus valores y recursos y los espacios singulares y principales recorridos para la percepción[47]. Se trata por tanto de un análisis interno pero que incorpora el método comparado para identificar semejanzas y diferencias con los paisajes adyacentes, y así poder marcar los límites de cada unidad. La estrategia empleada es la del método comparativo que permite vislumbrar las semejanzas y diferencias entre los espacios que forman la estructura urbana global, introduciendo a la historia como elemento explicativo de los fenómenos constituyentes. Por tanto, se conjugan elementos objetivables que facilitan el conocimiento de la diversidad formal del patrimonio construido, y elementos subjetivables, que permiten la comprensión de los procesos, pasados, presentes y futuros, y de los valores del paisaje urbano de Puerto Peñasco de cara a su gestión y puesta en valor. En definitiva, las unidades de paisaje, describen cada una de las porciones y permiten especificar las características internas, estado actual y dinámicas que la han construido y que la transforman. El diseño de las fichas[48] de cada unidad de paisaje urbano incluye: a) el nombre y la localización de la unidad dentro del conjunto urbano, su conectividad con el resto de la ciudad, y algunas características de la población que la habita; b) los aspectos descriptivos y organizadores del paisaje urbano detallando  1) su estructura, función y características visuales de la unidad de paisaje, atendiendo a cuestiones como la trama urbana, los usos del suelo, las tipologías y volúmenes, y la amplitud visual; 2) las actividades y procesos de incidencia histórica y actual que explican su conformación como unidad espacial urbana, y las dinámicas y tendencias que lo transforman; 3) los valores y recursos detectados en la unidad, tanto los de relevancia patrimonial como de practicas sociales, las posibles afecciones urbanísticas, el nivel de equipamientos y la calidad ambiental, y, por último, 4) describe espacios singulares y recorridos principales para su percepción.

            La información reflejada en las fichas, debe servir para la realización de propuestas de actuación, bien dirigidas a la conservación, bien a su transformación, tendente a la mejora de la calidad paisajística y, por tanto de vida de los ciudadanos que habitan en ese espacio urbano[49]. Entonces, el registro de las Unidades de Paisaje y las valoraciones de los ciudadanos ayudan a conocer los asuntos-temas-acciones que mejoran la vida teniendo en consideración tanto las premisas que impone su vocación de lugar (respetuoso con la trayectoria histórica y social del lugar) cómo su papel en el conjunto del territorio en función de su naturaleza y a su vez, y por ello, de la trayectoria del lugar. El desierto, sin vocación de lugar, y el mar, imponen las determinantes estructurales del lugar de Puerto Peñasco. Es a través de encuestas, entrevistas y mesas-taller que se registra la aportación de los vecinos y usuarios del lugar, las visiones ciudadanas, los  proyectos diversos y entrelazados de promotores heterogéneos sobre el lugar, sus valoraciones de la ciudad y del territorio que conflictúan y negocian para obtener la ciudad posible.

            Las visiones de los actores sociales tiene carácter transversal pues los datos obtenidos en este fase deben servir para concretar los resultados de las fases previas, cotejando los datos recogidos por el experto y corroborando o cuestionando las Unidades de Paisaje de Puerto Peñasco como nueva ordenación espacial de la ciudad dónde aterrizar los imaginarios sociales. Es una perspectiva fundamental para contar con las premisas del proyecto de sociedad local instituido ofreciendo opciones concretas de desarrollo mediante la propuesta de un Catálogo de paisajes urbanos que clasifica en unidades de paisaje el territroio urbanizado de la ciudad del turismo que hoy es Puerto Peñasco.

            En conclusión, el catálogo de paisajes en el que se trabaja ayuda a concretar el proyecto de territorio y ciudad y, por tanto, a cómo hacer ciudad y cómo replantearla ante los nuevos escenarios posibles.

 

 

Bibliografía

Almandoz, Arturo. 2001. Postales de viajeros olvidados a la Caracas de entre siglos (1880-1940). En Así nos vieron (cultura, ciencia y tecnología en Venezuela, 1830-1940), compilado por Martín Fresilla, J.J. y Y. Texera Arnal, 31-76. Caracas: Consejo de Desarrollo científico y Humanístico, Universidad Central de Venezuela.

-----. 2002. La ciudad en el imaginario venezolano I: del tiempo de Maricastaña a la masificación de los techos rojos. Caracas: Fundación para la cultura urbana.

----- .2004. La ciudad en el imaginario venezolano II: de 1936 a los pequeños seres. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana.

Boletín Oficial Del Estado. 2000. Ratificación del Convenio Europeo de Paisaje (176). Florencia: Consejo de Europa, BOE nº 31.

Boyer, M. Ch. 1994. The City of collective memory. Cambridge: MIT Press.

Fujita Kawade, H. 2004. El desierto rodeado del mar: condiciones favorables para la supervivencia de los indígenas de la Baja California Sur. En Desierto y frontera. El norte de México y otros contextos culturales, por Salas Quintanal, H. y R. Pérez-Taylor, 203-224. México: Universidad Nacional Autónoma de México-Plaza y Valdés.

Choay, Françoise. 2007. La utopía y el estatuto antropológico del espacio edificado. En La ciudad: paraíso y conflicto, editado por Calatrava, Juan y José Antonio González, 93. Madrid: Consejería de Obras Públicas y Transporte de la Junta de Andalucía-Abada.

Fundación Antoni Tapies. Imaginarios urbanos en América Latina: archivos, Barcelona. www.fundaciotapies.org (18 febrero 2008).

Gómez, Josefina y otros. 1999. Los paisajes de Madrid. Paisajes naturales y rurales. Madrid: Fundación Caja Madrid.

Gorelik, A. 2002. Imaginarios urbanos e imaginación urbana: Para un recorrido por los lugares comunes de los estudios culturales urbanos. EURE 28 (83) Revista en línea. http://almamater2.unet.edu.ve/cidarq/pdf/8%5B1%5D.%20Imaginarios%20Urbanos.pdf (12 de octubre de 2006).

Hernández Cordero, Adrián. 2007. Lugares e imaginarios en las metrópolis. Biblio 3W Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales XII (702) Revista en línea. http://www.ub.es/geocrit/b3w-702.htm (18 febrero 2008).

Hernández de León, Juan Miguel. 2007. La resonancia del lugar. Arquitectura contemporánea y contexto. En Arquitectura y ciudad. La tradición moderna entre la continuidad y la ruptura, por Hernández, J. M. y otros, 13-39. Madrid: Círculo de Bellas Artes.

Lindón, A. 2007. La ciudad y la vida urbana a través de los imaginarios urbanos. Revista EURE XXXIII (99): 7-16.

López, L., Eloy Méndez e Isabel Rodríguez. 2006. Fraccionamientos cerrados, mundos imaginarios. En Lugares e imaginarios en las metrópoli, coordinado por Lindón, A., Miguel Ángel Aguilar y Daniel Hiernaux, 161-169. Barcelona: Anthropos-Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa.

López, A., Joan Nogué y Nicolás Ortega,coords. 2006. Representaciones culturales del paisaje. Y una excursión por Doñana. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid Ediciones – Asociación de Geógrafos de España.

Magnaghi, Alberto. 2000. Il progetto locale. Turí: Bollati-Borringhieri.

Mata Olmo, R. 2006. Métodos de estudio del paisaje e instrumentos para su gestión. Consideraciones a partir de experiencias de planificación territorial. En El paisaje y la gestión del territorio. Criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo, editado por R. Mata y Alex Tarroja, 199-239. Barcelona: Diputación de Barcelona.

Muñoz, Françès. 2006. UrBANALización: la huella de los paisajes. En El Paisaje y la gestión del territorio. Criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo, coordinado por R. Mata y Álex Tarroja. Barcelona: Diputación de Barcelona.

Menéndez, J. R. 2005. El lenguaje de la construcción territorial. Ciudad y Territorio Estudios Territoriales  XXXVII (144): 321-342.

Montaner, J. M. 2002. Las formas del siglo XX. Barcelona: Gustavo Gili.

-----. 2007. Paisajes reciclados. Sistemas morfológicos para la condición posmoderna. En Paisaje y arte, director Maderuelo, J. Madrid: Abada Editores.

Muntañola Thornberg, Joaquín. 2008. Geógrafos y arquitectos: nuevos retos y viejos problemas. Actas del X Coloquio Internacional de Geocrítica, Universidad de Barcelona. http://www.ub.es/geocrit/-xcol/10.htm (26 de mayo de 2008).

Ortega Cantero, N., ed. 2002. Estudios sobre historia del paisaje español. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid – Fundación Duques de Soria.

Patiño Tovar, E. 2002. El pasado en el presente: pobreza, centro histórico y ciudad. Puebla: Universidad Autónoma de Puebla- Red Nacional de Investigaciones Urbanas.

Prada Llorente, E. I. 2005. El paisaje como archivo del territorio. CICR 40 Red de cuadernos de investigación urbanística. Madrid: Instituto Juan de Herrera.

Pujol I Hamelink, M. 1997. La vila de Roses (segles XIV-XVI), aproximació a l’urbanisme, la societat i l’economia a partir dels capbreus del monastir de Santa Maria de Roses (1304-1565). Figueres: Brau edicions- Ajuntament de Roses, Col.lecció Papers de Recerca.

Rodríguez Chumillas, I. 2007. La cultura del territorio de Javier García-Bellido. ACE 1 (3) Revista en línea. http://hdl.handle.net/2099/2448 (26 de mayo de 2008).

-----. 2007b. La ciudad socioagorafóbica. Entre la integración y el conflicto en las ciudades. En AGE. Aportación española al XXI Congreso Geográfico Internacional de la UGI, Túnez, del 12 al 15 de agosto.

Roger, A. 2007. Breve tratado del paisaje. Madrid: Éd. Gallimard.

Sabaté Bell, Joaquín, editor. 2008. Proyectar el territorio en tiempos de incertidumbre. Camp de Tarragona: proyectos para una nueva configuración territorial. Barcelona: Generalitat de Catalunya-Universitat Politècnica de Catalunya.

Silva, A. 2007. Centros imaginados de América Latina. En Lugares e imaginarios en las metrópolis, coordinado por Lindón, A., Miguel Ángel Aguilar y Daniel Hiernaux, 27-42. Barcelona: Anthropos-Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa.

Villalpando Canchola, E. y R. H. Mcguirre. 2004. Cerro DE Trincheras: sociedades complejas en el Desierto de Sonora. En El norte de México y otros contextos culturales, por Salas Quintanal, H. y  R. Pérez-Taylor, 225-247. México: Universidad Nacional Autónoma de México-Plaza y Valdés.

Ficha bibliográfica:
RODRÍGUEZ CHUMILLAS, I. Territorios del turismo. Paisaje urbanizado de la costa mediterránea. Topofilia. Revista de Arquitectónica, Urbanismo y Ciencias Sociales. Hermosillo: Centro de Estudios de América del Norte, El Colegio de Sonora, 1 de septiembre de 2008, vol. I, núm. 1 <http://topofilia.net/rchumillas.html>.

 



+ Proyecto Paisaje y gobierno del territorio SFJ2007-68102-C05-01/GEOG coordinado por Rafael Mata Olmo.

[1] Almandoz 2001, 2002 y 2004, Patiño 2002, Boyer 1994.

[2] Desde Silva 2007, Prada 2005, Menéndez 2005, Montaner 2002 y 2007, Mata 2006, Lindón 2006.

[3]Cuando los análisis de dimensiones subjetivos, y concretamente en sus expresiones y conceptos del paisaje no se aterriza en el territorio y muestra sus fricciones y concreciones.   Hernández Córdero 2007, Lindón 2007 y López-Nogué-Ortega 2006.

[4]¿Quiénes eran? o ¿Qué pensaban? son objetivos tradicionales de la línea analítica de la promoción urbana en la conformación y estructura de las ciudades, presuponiendo un proyecto de clase o de grupo en los representantes del bloque inmobiliario local que hoy es insuficiente por tautológico y cuestiona el abordaje por infructuoso, porque entre las muchas interrogantes sin respuesta sobre la ciudad objeto sin sujetos, además los deja desconectados de su ineludible vínculo con el proyecto de territorio visto en perspectiva histórica.

[5] Este tipo de urbanización, dirigido a las elites principalmente, se ha difundido –y masificado- para las clases medias y populares a través de los medios de comunicación.

[6] Las más de las veces sólo calle de arena de una localidad en el desierto, sobre todo por lo que respecta al núcleo mexicano. Pero también en Roses, veinte años después de que se crearan las calles de Mas Fumat, colonia de franceses separada del núcleo, aún sigue siendo de fango su suelo en determinadas épocas del año. La mejora de las infraestructuras generales y, en particular, la urbanización de sus espacios públicos, no sólo evidencia los lodazales de primavera de urbanizaciones mediterráneas sino la aplicación de prácticas públicas y privadas coherentes con unos discursos y normatividad que, sin embargo, estaban presentes desde el origen y desde entonces  manifiestamente incumplidas por el conjunto social.

[7] El arrabal del Carner, con su calle de L’Abat o de la Trinitat, es el origen del núcleo urbano actual de Roses. El papel del binomio capital-Castelló y puerto-Roses, es el mismo que encontramos en el vecino Rosellón, la fiscalidad ejercida por el abad, señor jurisdiccional de la villa y término de Roses,  registra desde la Peste Negra que llega, por vía marítima y terrestre, a Roses –igual que a Cataluña- en mayo o junio de 1348, a la llegada de genoveses a sus costas, o su conversión en plaza fuerte durante la guerra civil catalana. En el siglo XIV, entonces, en su primera mitad la población se mengua, las mujeres se hacen propietarias y, en general, la villa medieval ralentiza su trayectoria. En 1500 Roses recupera las dimensiones del 1300, lenta y dificultosamente acorde a la inestabilidad política del Mediterráneo y a los requerimientos que tal contexto impone, con la construcción de la Ciudadela (en 1565). Hasta mediados del siglo XVIII no se estabilizará este equilibrio del lugar materializando un núcleo fuera de la villa medieval contenida dentro de la fortaleza. Hablamos pues de un lugar portuario forjado desde mediados del siglo XVIII  (Pujol 1997).

[8] Observación hacia un campo estético de producción de imágenes y reconstruir sensibilidades colectivas.

[9] Y no sólo porque encuentren limitaciones en las visiones materiales y socioeconómicas (Hernández 2007) sino porque también suponen restricción la contemplación exclusiva de la dimensión subjetiva de dichos procesos.

[10] Desde luego desde la Geografía aún la dicotomía es muy fuerte y desde dentro de la disciplina aún no funciona fluidamente la comprensión y por tanto el intercambio de métodos y metodologías no sólo sobre el manejo diferencial del concepto paisaje sino, y más genérica y paradójicamente, entre el próspero y libre manejo de recursos y medios analíticos, según monopolicen dimensiones cuantitativas o cualitativas, pero es especialmente marcada, resultando una confrontación fuerte y explícita, tratándose de la valorización de las dimensiones objetivas y subjetivas del conocimiento. También desde fuera de la Geografía se reconoce una falta de entendimiento, quizás sólo de reconocimiento, de este escenario común de nuevas metodologías sobre el territorio. En él, escenario de nuevas metodologías sobre el territorio, confluyen los “Atlas de Identidad” de Muntañola (2008), los paisajes culturales de Sabaté (2008) y en general, las propuestas de actuación ya formuladas (Buenas prácticas de paisaje 2007), o las conceptualizaciones de patrimonio territorial de Menéndez (2005) y Prada (2005) en el caso español, todas contenidas y/o inspiradas en las propuestas teóricas formuladas por Magnaghi (2000) (Choay 2007). También formuladas ya para ciudades nuevas y territorios urbanos en construcción (Muñoz, 2006, Rodríguez 2008) desarrollando las versiones “urbanas” de los Catálogos de Paisaje que tienen una línea sólida de teorización y aplicación a los paisajes naturales y rurales (Gómez, 2002 y Mata 2006). 

[11] Por ejemplo, desde las disciplinas politécnicas, principalmente, arquitectura e ingenierías, en España se formulan distintas propuestas metodológicas convergentes en un entendimiento híbrido del territorio y el urbanismo a través del paisaje. Confiriendo a éste cualidades científico-técnicas y jurídico-normativas susceptibles de subjetivación. Los estudios de Valencia y Barcelona -en torno a trabajos y autores Menéndez (2005) o Joseph Muntañola (2008)-  teorizan en torno a esta concepción híbrida del paisaje como conocimiento para la acción. Y sobre la arquitectura y la forma urbana ver Montaner  2002 y 2007).

[12] Lo anterior, es difícil de comprender sin tender puentes con lo denominado “giro cultural” y “giro geográfico”, el primero con fuertes implicaciones en la subjetividad, lo simbólico y lo imaginado; mientras en el segundo redescubren el espacio con sus categorías analíticas (territorialidad, paisaje, lugar, etc.). (Hernández 2007) Reseña sobre Lugares e imaginarios (2006).

[13] El lujo del occidente del Grand Tour que realizan los jóvenes de la élite europea desde finales del siglo XVIII.

[14] Precisamente, en el caso de los estudios de paisaje y su aplicación al planeamiento actual, son tomados como ejemplo a trabajar en los primeros ensayos rigurosos sobre el entendimiento del paisaje para una nueva ordenación territorial, trabajando con la especificidad requerida cada uno de los tipos de paisaje que, por supuesto, incluye una modalidad cada vez más compleja de paisajes urbanizados. Buenas prácticas de paisaje (2007).

[15] Incluso para designar el nombre del lugar denominado Punta de Piedra.

[16] Dónde intervienen los imaginarios del investigador, de la población y de los ideados por promotores privados y públicos para su finalidad turística. Una combinación de imágenes de sus paisajes que se registra con diversos soportes y vehículos expresivos desde los dibujos, fotografías y planos, a las imágenes diseñadas para la publicidad y que, en este texto no se abordará.

[17] El concepto de paisaje manejado es el de la tradición geográfica. 

[18] La construcción del FFCC entre Sonora y Baja California es un buen ejemplo del sin sentido de las prácticas públicas. Una acción tan costosa desde el punto de vista económico y también medioambiental ha quedado en desuso. Las vías de tren ya se desmantelaron del núcleo viejo de pescadores a dónde llegó antes que el propio núcleo, y hoy está ya acordado su desmantelamiento. Atravesando Puerto Peñasco o la parte central del Desierto de Altar, éste ferrocarril dispone de dos estaciones, además de la visible en la Figura 4, otra estación muy cercana al Pinacate, también en desuso,

[19] En los años treinta desde Caborca, capital regional del noroeste fronterizo de México, se dota al asentamiento de menos de un centenar de pescadores de algunos servicios públicos como los de policía. En 1941 se instala una Comisaría para los 187 habitantes que a lo largo de la década se ocupan en las tres sociedades cooperativas pesqueras que funcionan y se construye el FFCC Sonora- Baja California con dos estaciones, una en el núcleo portuario, otra camino de Sonoyta, Benjamín Hill. Diez años después, en 1952, se declara municipio –Ley 136/1952-.

[20] El ferrocarril y el puerto sostienen un núcleo que en los años sesenta aumenta un 10% su población por efecto del cooperativismo pesquero y que determina la construcción de infraestructura portuaria en 1973, durante el mandato de Echevarría. Dará sus frutos en el crecimiento demográfico experimentado durante los años ochenta que se verá cortado, en pleno auge del núcleo, por la medida de López Portillo sobre el control cooperativo. El decaimiento socioeconómico consecuente difunde el topónimo de “Muerto Peñasco” y la población se estanca a principios de los noventa alcanzando los 26.141 habitantes en el primer censo del INEGI.

[21] El aprovechamiento eficiente de los recursos marinos desde hace 10.000 años y la diversificación del modo de subsistencia desde el cambio climático cuaternario a los biotopos áridos, con las prácticas nómadas, fueron los modos de sobrevivir en el desierto cercano al mar en toda la región. La ocupación de la costa del Golfo de California en muchos sitios datados dependió de la economía mixta que desarrollaron en función de la facilidad para obtener recursos alimenticios (mar, en mucha mayor proporción,-tierra) y la seguridad en la localización –al resguardo de huracanes y tormentas tropicales-, por ello, la localización costera es dominante por la riqueza del mar así como la búsqueda de sitios protegidos como bahías y ensenadas, y en menos ocasiones frente a mar abierto (Fujita 2004, 206-209).

[22] Construcción del complejo hotelero Hotel Viñas del Mar en los años sesenta y setentas con notable desarrollo horizontal sobre la base del propio cerro, colmatando la ocupación del pequeño rellano entre el puerto y el cerro (Ver Figura 3).

[23] Desde los años veinte se asientan pescadores de puertos cercanos por sus cualidades de refugio y la localización de la Totoaba. Desde finales de los años cincuenta que se crea la Cooperativa Pesquera y se autoriza por la Secretaria de Pesca su conversión en núcleo pesquero. Durante el curso del año 2007 se han derribado las construcciones y otras materializaciones que fueron creándose durante la segunda mitad del siglo XX para la conservación almacenamiento y distribución de la producción pesquera.

[24] Durante el año 2007 se ha comprobado una rápida transformación del núcleo portuario, especialmente la demolición de almacenes y naves del puerto y de curios y primeras construcciones ubicadas ente éste y el viejo núcleo de pescadores.  

[25] Espacios turístico-costeros marcados por la invención de centralidades terciarias de moda. Similitudes con los diseños arquitectónicos y la ordenación espacial de la reforma costera de Barcelona, entre la Villa Olímpica y el Forum, esto es la ordenación que desde finales del siglo XX se ha ido aplicando al sector norte y costero del ensanche de Barcelona hasta su límite natural y administrativo con el río Besós.

[26] Además de un megaproyecto urbano de la más nueva hornada en la producción de lugares de ocio -pauta común a nivel internacional en la cultura estratégica de promoción y competencia entre los lugares-, es también, un modo de valorización de los recursos locales y de los propios cerros en particular, como ya hiciera la tradición “trincheras” en estas sierras del desierto, al sur de la frontera internacional desde el siglo III.

[27] El crecimiento urbano alcanzado hasta 1994 queda reflejado en la carta Hoja H12A32 Topográfica del INEGI a 1:50.000. La imagen satelital que difunde Google Herat y la mayor parte de las reproducciones de Puerto Peñasco que desempeñan el papel de guías-callejeros urbanos de la localidad,  muestran la mancha de crecimiento alcanzada hasta 2002. El crecimiento experimentado entre 2002 y 2008 ha sido muy importante –tres campañas de trabajo de campo en 2007 y 2008 lo registran-, y ha definido la magnitud y el tipo de crecimiento de esta ciudad del turismo en expansión. Se ha complejizado su estructura urbana que explicita la irrupción de las tendencias del encierro, tanto en espacio de borde (entre la Colonia Ferrocarrilera y los desarrollos turísticos del Oeste, y también en el borde oriental entre la vía histórica -Blvd. Freemont- y los desarrollos turísticos de La Concha), y transición a los ámbitos turísticos cómo dentro del propio núcleo urbano (reestructurando el sector central de la periferia septentrional delimitada por Río Suchite, Blvd. Benito Juárez y Josefa O. de Dominguez por la accesibilidad de la nueva Avenida Las Conchas, en el extremo nororiental del núcleo).

[28] La Escalera náutica del Mar de Cortés.

[29] En formaciones geomorfológicos volcánicas aisladas, como en Cerro Trincheras en Trincheras, ente Caborca y Magadalena de Kino, la huella arqueológica de más de 900 terrazas edificadas sobre sus laderas, dan cuenta de un poblado semejante a otros muchos localizados y apenas excavados aún en la zona, la antropóloga Villalpando se plantea responder a la pregunta por qué escogieron vivir en estos cerros. Razones agrícolas, de ritual y defensivas se argumentan para explicarla este pueblo agrícola nativo de la tradición Trinchera, común también en territorios Hohocán al norte y sur del Pinacate, en la que es en la actualidad Área de Protección Natural y Reserva de la Biosfera, desde 1994. Visualmente monumentales fueron las ubicaciones más adecuadas para el ambiente caliente y seco del Desierto de Sonora (Villalpando-Mcguirre 2004).

[30] Otras sierras y cerros como Sierra de San Francisco (en torno a los 800 metros de altitud), o las más frecuentes entre los 100 y 300 metros de altura, cómo las de la Bahía La Choya, cercana a Peñasco, Cerro La Choya y Cerro Prieto -de 125 metros de altitud, definen el paisaje dominante en el territorio de estudio. Pronto, las pistas del aeropuerto y las nuevas vialidades arrasarán el horizonte arenoso que muestra la pintura.

[31] Proceso de aculturación que sufren muchos espacios geográficos actualmente, especialmente los “nuevos espacios urbanos”, como las ciudades de áreas metropolitanas o grandes ciudades o las turísticas, en especial las de la costa.

[32] En efecto, finalmente un núcleo a partir del que se construyen hasta las sensibilidades cómo sujetos instalados en la investigación (Ortega 2002).

[33] En este sentido, y a modo de ejemplo de sus especificidades, las localidades turísticas exhiben con más intensidad (en calles enteras o áreas más significativas) el que es el objeto principal de su razón de ser, la promoción inombiliaria del turismo, del alojamiento y la inversión inmobiliaria (Rodriguez 2007b).

[34]Se realizará el análisis y catalogación del territorio de estudio por parte del experto, por medio del uso de fuentes documentales, escritas y gráficas, y trabajo de campo.

[35] Cabrerizo, C. Ciudades de territorios metropolitanos. Hacia un catálogo de paisaje de Getafe, Diploma de Estudios Avanzados, Departamento de Geografía, UAM, 2007.

[36] El uso de fotografía oblicua permite la obtención de un amplio banco de imágenes en apoyo a la descripción y clasificación del espacio urbano, así como las fotografías aéreas e imágenes de satélite, facilitan el  análisis multi-temporal del crecimiento urbano y el análisis visual de las formas y estructuras urbanas sobre el plano. El uso de instrumentos de análisis y producción cartográfica más avanzado como los Sistemas de Información Geográfico son pertinentes en la elaboración de catálogos de paisaje, no sólo facilita la generación y actualización de los productos cartográficos, sino que puede incentivar su uso y diseño en la gestión municipal.

[37] La consulta de material de archivo, y textos relativos a la historia y a la gestación del territorio de estudio, constituye una condición previa al proceso de catalogación en unidades de paisaje. La necesidad de conocer la evolución histórica de  Puerto Peñasco, así como su estructura administrativa y social actual requiere el conocimiento de la documentación necesaria sobre la historia del municipio y las estadísticas y diagnósticos socio-económicos actuales.

[38] Fuente principal en la que se apoya el presente estudio como parte de un proyecto más amplio sobre los imaginarios concretado en diversos productos y actividades académicas y de investigación en torno a la coordinación desempeñada por Eloy Méndez, profesor-investigador del Colegio de Sonora.

[39] La propuesta metodológica se formuló y reflexiona en ella al objeto de servir de modelo de aplicación en otros territorios de similares características, aunque siempre adaptándola a las peculiaridades propias de cada lugar. Primera aplicación completa con la elaboración del catálogo de paisaje urbano de Getafe (Madrid) por Casilda Cabrerizo. (tesis de maestría) DEA, noviembre 2007.

[40] Las fases en las que se divide la metodología, requieren de un minucioso trabajo de campo y de uso de documentación de archivo y materiales cartográficos a diferente escala y cronología.

[41] Esta división en tres grandes ámbitos territoriales queda expresada gráficamente en el Mapa de Ámbitos Territoriales de Puerto Peñasco en elaboración. Al ámbito urbano propiamente dicho, “La Ciudad”, con una propuesta de siete grandes tipos de paisajes urbanos a corroborar con la valoración de los agentes y usuarios de Puerto Peñasco –entrevistas y otros recursos informativos de metodologías cualitativos para conocer dimensiones subjetivas de promotores, visitantes y residentes para comprender los imaginarios sociales actuantes-, se suma el Borde urbano, un gran ámbito territorial -nítidamente divido en dos ‘unidades territoriales’ desarrollados a ambos lados del núcleo histórico y de su peñón rocoso-, de esteros del oeste y del este encadenados por la costa baja y arenosa del mar interior de Cortés, que han conformado diversas unidades de paisaje de borde turístico en función de los tipos de alojamiento turístico, los patrones de ocupación del suelo y la propia naturaleza del frente costero a privatizar y explotar turísticamente.

[42] Puede ser de gran interés, y siempre que sea posible, el uso de atalayas que permitan panorámicas para la perfecta identificación de los elementos estructurales del paisaje. En el caso de Puerto Peñasco, el Cerro de la Ballena, y particularmente, el faro, y la cubierta aterrazada del Restaurante Gran Capitán, constituyen las principales atalayas locales.

[43] La escala adecuada para esta propuesta de clasificación de los ámbitos territoriales del Borde urbano es el 1:10.000, a partir del criterio del uso del suelo. El producto cartográfico resultantes de esta fase es el Mapa de Unidades Territoriales. El interés del Borde urbano como pieza básica en territorios urbanizados responde a su carácter periférico, construido o no, mal articulado y a menudo con funciones poco nítidas, plantea importantes problemáticas que, necesariamente, deben ser tenidas en cuenta a la hora de diseñar propuestas de actuación, entre ellas, la división en unidades territoriales, con vistas a permitir políticas de ordenación territorial local y supramunicipales.

[44] Para esta primera catalogación del territorio la escala 1:50.000 permite la comprensión del espacio urbano dentro de su marco. La ciudad con sus siete grandes tipos de paisaje, el Borde, radicalizado en la generación de espacios y paisajes exclusivamente para el turismo, y el Entorno, con la contundencia de su naturaleza de desierto y sólo moldeable entorno a la costosa incisión de las infraestructuras viarias (que permite fragmentar para su comprensión e intervención en cuatro grandes unidades condicionadas por las potencialidades de ocupación que confieren las infraestructuras, definiendo el sector occidental de la nueva autopista a EEUU, la que ha generado históricamente en el trazado viario histórico con la frontera y Sonoyta, y la que proporciona y crecerá en torno al nuevo aeropuerto ya en funcionamiento, tierra adentro del Mayan Palace y la detonación del sector costero de la futura Ciudad La Pinta).

[45] Mediante la ampliación de la escala. El producto cartográfico resultante de esta fase es el Mapa de Unidades de Paisaje Urbano, que muestra la clasificación del territorio de Puerto Peñasco.

[46] Se identifican y describen porciones del territorio (unidades de paisaje) mediante su diferenciación o semejanza con otros paisajes, que expresan las formas predominantes, los valores, las actividades y procesos que surgen de la organización del espacio urbano. En el caso de Puerto Peñasco, la propuesta de definición de un Catálogo de Paisajes diferencia tres ámbitos territoriales nítidos definidos por la función de habitar, la Ciudad, la del negocio inmobiliario-turístico, el Borde, y el desierto que delimita el tercer y último ámbito territorial, el Entorno. Hoja H12A32 Topográfica , escala 1:50.000 Puerto Peñasco del INEGI.

[47] Los criterios que permiten la identificación de las distintas unidades de paisaje urbano son históricos, morfológicos, funcionales, visuales, simbólicos, valorativos y prospectivos.

[48] La ficha de unidad de paisaje debe ser suficientemente flexible para incorporar sin dificultad los aspectos cualitativos que caracterizan a cada unidad.

[49] Unidades de paisaje urbano (para facilitar su manejo y comprensión pueden ser agrupadas en base diferentes criterios, cómo el cronológico que marca la evolución  histórica de crecimiento u otros).


Topofilia: Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales 2008
Bajo Licencia Creative Commons 2.5