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Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
Ciudades del turismo. Hacia un catálogo del paisaje de
Puerto Peñasco
Isabel Rodríguez Chumillas
Ciudades del turismo
Hoy Rosas y Puerto Peñasco son
ciudades del turismo. Sus territorios marítimos y fronterizos
una vez más
median sus contrastadas historias territoriales. Pasados tan distantes
frente a
presentes tan uniformemente definidos. Espacios que permiten entonces
aprender
del tiempo. El caso de análisis pues, con proyectos de ciudad
focalizados en el
turismo costero, ofrece la oportunidad del
estudio comparativo cómo herramienta
metodológica. Proyectos de
territorios vertebrados por proyectos de ciudad (turística) sin
proyecto de
territorio, sin proyecto de ciudad, sólo ciudades por proyectos
o de proyectos,
en el caso de Puerto Peñasco, nítidamente, un proyecto de
territorio turístico
sin proyecto de ciudad.
El proyecto de ciudad turística es
por antonomasia una ciudad sin proyecto de ciudad ni de territorio
puesto que
desde hace más de medio siglo sólo se ocupa de urbanizar
la costa sin otra
finalidad que la de convertirla en espacio productivo de uso estacional
(Rodríguez 2007). Rutilantes arquitecturas de edificios
emblemáticos en
conjuntos novedosos son nuevos recursos que, sin embargo, impactan sus
playas
prescindiéndose de la historia y de la naturaleza del lugar
concreto que
siempre deben ser materiales del proyecto, porque cómo dice
Hernández León,
“son el origen de una estrategia que cree haber escuchado la resonancia
del
lugar y, por tanto, puede activarlo mediante una arquitectura que no
renuncia a
un nuevo lenguaje” (Hernández 2007, 39). La ciudad por proyectos
es, en
definitiva, la ciudad de los promotores y sus prácticas
privadas. Entonces, la
dialéctica entre práctica y norma se establece en unos
términos más explícitos
que en las ciudades más completas, con materializaciones
más contundentes de
las visiones fragmentarias de los inversores y hacedores de ciudad.
Las ciudades turísticas, las de
estudio también, nacen o se rehacen respondiendo a la
visión de la ciudad del
ocio-negocio sin las cortapisas de la ciudad del habitar y cuestionan
por eso
más temprana y explícitamente las grandes interrogantes
que tiene planteadas la
sociedad contemporánea.
Por lo que respecta al entendimiento
sobre la ciudad y lo urbano, éste objeto de estudio (las
ciudades del turismo)
expone sin disimulo el rabioso desdén por el pasado de su
frenético presente, y
claro, cuestiona el sentido de los quehaceres disciplinares. De un
lado,
evidencia una deuda que se convierte en una de las principales cargas
de la
academia en su conjunto, su cuestionable contribución a guiar
adecuadamente la
inserción del pasado en el presente. De otro lado, nos plantea
que ya no es
posible el estudio de la ciudad capitalista desde su nacimiento en el
siglo
XIX, sus prácticas y sus normas, sin transferir sus resultados
al todo social,
a su presente, a la comprensión de la ciudad actual, más
si ésta no es mas que
un fragmento corto, desproporcionado y
reciente de la larga trayectoria de la evolución de la ciudad.
Sobre todo porque
el viejo puerto fronterizo del corazón del mundo
mediterráneo apenas ha
interferido ni para su conversión en una próspera
localidad turística de la
costa brava catalana, ni para exigir una respuesta especial y concreta
en la
expresión material de su organización y funcionamiento.
La Rodas griega, o la ciudadela militar del siglo XVI, menos
aún, el puerto
pesquero de frontera y contrabando, ha detenido ni singularizado un
trato y una
comprensión particular de la bahía y montaña
alpina-pirenaica que envuelve la
bahía de Roses como ciudad turística. Tampoco, menos
aún, Puerto Peñasco, cuya
conversión en ciudad del turismo se realiza sin éste
extraordinario pero
prescindible pasado. Por
el contrario, su excepcional naturaleza de desierto deshabitado repleto
de
playas en la singular longitud del Mar de Cortés, lejos de
protegerla, ha
atraído la voracidad de los promotores inmobiliarios.
Tomar pues como ángulo de la mirada
de la ciudad esta visión desde el presente, y con el pasado,
requiere la tan
necesaria cómo dificultosa transversalidad metodológica y
disciplinar de los
expertos sobre la ciudad, reajustando a lo necesario los registros y
categorías
analíticas ortodoxas.
Las
ciudades del turismo explicitan los múltiples efectos del
perverso
entendimiento contemporáneo del pasado dónde éste
se beneficia de su condición
para convertirse en sujeto y objeto de la comprensión de la
ciudad desde la
evidencia de su presente, sin trasvasar a éste, y desde hace
unos años con más
fuerza si cabe, más que exigentes demandas patrimonialistas,
siempre,
finalmente, mercantilizadas. Pasado que, entonces, se desempeña
en las
prácticas públicas y privadas actuales cómo el
yugo de un presente sin más
pasado que esta dependencia de su caricatura.
Por lo pronto, acercarse a la
ciudad, pero particularmente a esta desde el presente, con nuevos
recursos
analíticos e interpretativos, como el paisaje y los imaginarios,
es complicado,
y no sólo por ser categorías polisémicas por
excelencia, sino también por la
línea específica con que se acometen. Pero al menos, a
través del registro de
paisajes e imaginarios se persigue un reequilibrio en la óptica
de la ciudad
objeto, entendiendo la opción de estos recursos
metodológicos cómo el camino
hacia la valorización y mayor protagonismo del sujeto y sus
prácticas privadas
porque sus interrelaciones hacen posibles las ciudades y dan sentido al
lugar y
a sus formas urbanas. Pero además,
por
la imprescindible necesidad de más focos de irradiación
informativa sobre la
ciudad como objeto de estudio que, con los recursos
metodológicos y
documentales más ortodoxos, deja muy importantes interrogantes
sobre la ciudad
sin ni siquiera atisbar y menos enunciar.
Por lo que respecta al resto social,
por lo pronto, y en el caso comparativo metodológico que brindan
estos
escenarios reales, se busca hacer hablar a los sujetos de la ciudad,
intentando
que la ciudad cómo objeto de estudio comparta protagonismo con
su razón de ser,
los habitantes. Sobre todo, porque seguir amparando la
comprensión de la ciudad
–la actual y la de otros tiempos- en las normas coetáneas que
cristalizaron sus
estructuras sociopolíticas, en particular las que
específicamente se han ido
creando para poner a funcionar la ciudad, esto es las
urbanísticas, llega a
carecer de sentido.
Hoy que la norma urbanística se ha
perfeccionado y la práctica normativa ha alcanzado un nivel de
rutina y
tecnificación tal, sobre todo la gestión normativa de las prácticas públicas y
privadas actuales,
se hace patente cuan frecuentemente accesorias son prácticas
respecto a normas
y viceversa. Ni siquiera, pueden en muchas ocasiones servir de
señuelos de los
comportamientos y pensamientos sociales contemporáneos, papel
que sí han podido
desempeñar en momentos del pasado y por eso tan trascendentes
han resultado en
la indagación científica para conocerlo.
El estudio del pasado y el presente,
en un diálogo con sentido, requieren intercambiar y compensar
las fuentes y los
registros habituales con el interés metodológico de
otros, cómo por ejemplo,
esta propuesta de combinar los señuelos normativos con las
propias prácticas de
los hacedores de ciudad.
Hacer ciudad: paisajes e
imaginarios
Nos preguntamos cómo son y se hacen
estas ciudades a principios del siglo XXI y qué paisajes
conforman las
prácticas privadas del y para el turismo. Concretamente,
¿Cómo servirse del
paisaje y los imaginarios urbanos para revisarlos en ciudades nuevas
moldeadas
por el turismo?
La más directa respuesta genérica es
la hipotética especulación inmobiliaria,
básicamente, que se hace ciudad a
golpe de proyecto urbanístico, concebido, ejecutado y al
servicio de los
objetivos de rentabilidad económica de los inversores
inmobiliarios y otras
prácticas públicas y privadas consecuentes. Tantas
alforjas para tan poca
carga, además tan aparentemente banal por su cotidianidad
cómo profunda en su
naturaleza y complejidad, el nombre de la esencia de la
apropiación, espacio,
sociedad y poder. Así se ha hecho Roses desde que se
subió al carro de
habilitar su territorio y especializar sus habilidades hacia el uso y
función
prioritaria de balneario y paraíso temporal de sus vecinos del
Norte,
principalmente los franceses al otro lado de los Pirineos. Una
trayectoria que
sigue Puerto Peñasco treinta años después para
convertirse, en sólo una década,
en Rocky Point, principal destino de los norteamericanos de la
fronteriza
Arizona.
Sin embargo, son además tierras y comunidades con
características peculiares y distintos elementos de similitud
que, las
convierten en lugares únicos para observar el muy diferente
papel que
juega el medio natural y la historia
territorial con sus grandes protagonistas: la tierra de frontera y el
mar.
Por su parte, los paisajes creados son, básicamente,
un
repertorio acorde a la dualidad física y social consecuente al
monopolio
turístico del lugar. Responden, genéricamente, al
imaginario de los paraísos
literalmente ideados y construidos a la carta por los promotores, y
entronca
por ello, con el imaginario del “hacedor” más genuino, el
visionario de
ciudades del descanso y el ocio, de lo que podríamos denominar
el paradigma de
los “nuevos lugares” cómo alternativas de ciudad. Visionarios
que en paralelo a
la construcción de la ciudad liberal-capitalista proyectaron y
ejecutaron
ciudades del ocio y pensaron utopías de tan larga andadura como
las de Tomás
Moro.
El paisaje materializa la más nítida
y descarnada dualidad socio-espacial en su feroz segregación,
pues el paraíso
sin infierno no es tal, de modo, que Roses o Puerto Peñasco
encierran de
diferentes modos sus infiernos,
fácilmente reconocibles en el último caso en el precario
núcleo de Puerto
Peñasco -prácticamente la totalidad del núcleo
propiamente dicho-.
La inclinación de la
posmodernidad por la simulación y la hiperrealidad, siempre con
fuertes
implicaciones en el territorio, se exacerba y concentra en ciudades tan
marcadamente terciarizadas en las funciones recreativas. Estas ciudades
que
quieren ser imaginadas cómo paraísos de exclusividad y
confort, necesariamente,
requieren de una trastienda y una tramoya para su funcionamiento,
precisamente,
de la esencia del lugar que así, a su servicio, se disipa, se
derrocha y se
pierde.
En general, los
paisajes construidos vienen definidos por la desarticulación y
la segregación
de los componentes, mediante la conformación de espacios
cerrados que se
constituyen en la actualidad a través de tres imaginarios
vertebradores: el
consumo, la simulación y el miedo. Todos exponentes de diversas
medios de
obtener exclusión o diferencia y funcionan, obviamente, en el
conjunto de las
prácticas privadas y por tanto en el imaginario social.
La mayoría de la sociedad construye sus acciones a partir del
imaginario del
miedo y la inseguridad con simulaciones como el fomento del sentimiento
de
comunidad contradictoriamente fundamentada en el consumo, la
búsqueda
escasamente lograda de la armonía con la naturaleza, la creencia
en la
reducción de la delincuencia, la simulación del orden y
la consideración
aséptica del espacio público (Hernández 2008).
Entonces, las localidades
turísticas yuxtaponen diversos paisajes dónde son
dominantes los resultantes de
la conformación de conjuntos cerrados y desarticulados del resto
de los
asentamientos guiados por miedos e inseguridades de naturaleza diversa.
Claro, lo anterior es
por lo que respecta a los paraísos, los espacios
diseñados por y para el
turismo. Tanto en Roses como en Puerto Peñasco, el infierno es
muy diferente,
amplio y variado, y habrá de prestársele toda la
atención a una distinción
clara de lugares en cada lugar, clasificando los paisajes para
entenderlos con
los imaginarios actuantes, hoy o en el pasado, sobre el lugar, y por
qué no,
para pretender con ello incidir en su mejora, que es importante en la
investigación y ayuda a comprender los requiebros
metodológicos necesarios que
se persiguen. Por lo pronto, el infierno en Peñasco es tan
evidente que es
imposible errar en su identificación, pues se expresa
contundentemente en
la precariedad y déficit de
elementos
principales del bienestar social, cómo carencias y deficiencias
en la vivienda,
en la dotación de servicios e infraestructuras urbanas
básicas, en los costes
sociales y económicos de una gestión y gobierno a todas
luces inadecuado por
estos costes asociados a su pretendido y real desarrollo.
No sólo, y todo, en
Roses y Puerto Peñasco, son anchas y rectas calles en su
mayoría de pura arena
-unos días polvo, otros fango- propias de una
colonización forzada por lo
perentorio de un asentar el vivir al calor de la emergencia, bien de la
vida y
bien del negocio. Hay
más paisajes urbanos en los infiernos y purgatorios de estas
poblaciones
costeras y turistizadas, incluso están presentes los más
y muy antiguos
patrones de habitar
fundidos en las ciudades que hoy devienen turísticas. Sencillas
y complejas
arquitecturas (Figura 3 y 7) pues, han ido labrando fragmentos de esta
totalidad en efervescente expansión que son las ciudades del
turismo: las del
puerto y los pescadores, también del resto de los marineros y
otros
especialistas del intercambio mar-tierra en cualquiera de sus
mercancías, todos
hechos en clara dependencia del rumbo en que se tornaron, la vecindad y
naturaleza de la frontera política y cultural en la
génesis y evolución de
ambos lugares, claro en definitiva, su proximidad a la gran
línea del límite de
la apropiación. Por supuesto, otras modalidades de lugares,
casas y calles de
barrios y urbanizaciones -también con importantes déficit
y especificidades en
otro orden de perentoriedades-, componen los paisajes de estas
ciudades, más
completos y ricos en la vieja bahía fronteriza del
Mediterráneo en coherencia a
su dilatada trayectoria urbana.
Entonces, lejos de
considerar al espacio vivido-concebido el único modo de vincular
los
imaginarios con el punto de vista del sujeto, el lugar, incluso
entendido como
“acumulación de sentidos” y concepto esencial para comprender el
espacio a
través de la experiencia del sujeto y su entramado
simbólico
(Lindón-Aguilar-Hiernaux 2006 y Hernández 2008), se sigue
expresando en el paisaje del lugar y sus
sentidos y, por
tanto, ligan el imaginario y la forma urbana, y la necesidad de
estudiar el
sentido de las formas. Decir paisaje es decir forma es decir lugar, no
solo
importa el paisaje del recuerdo también el del sueño, sin
duda, los paisajes
construidos histórica y socialmente, todos formas que toma el
imaginario
deseado, pensado, vivido y soñado. La forma de la espacialidad
presente en toda
dimensión de la vida social, distinguiendo culturas, intentando
concebir de
modo comparativo las formas de ser urbanas (Silva 2007, 21).
A partir de los
imaginarios constituidos por imágenes, informaciones,
experiencias, simbolismos
y fantasías, se reconstruyen visiones del mundo con efectos y
propósitos de la
acción cotidiana, tienen la capacidad de crear a cada momento lo
real en el
habitante de la ciudad y se traducen en sus paisajes, entendidos como
formas de
expresiones materiales de distinta naturaleza. Conducen sus
prácticas, en este
caso, las de promotores, gobernantes, turistas y residentes.
Progresivamente las
investigaciones urbanas se apoyan en los imaginarios urbanos y el lugar
para
realizar interpretaciones más completas de los fenómenos
emergentes de las
ciudades.
Interesa indicar que se explora en un campo indefinido -aún a
conquistar- pero
claramente híbrido e intermedio, campo de fuego entrecruzado de
los análisis
ortodoxos y heterodoxos desde el dentro y el afuera de varias
disciplinas.
Se trata de aplicar, y ahí ya se están concretando
distintas metodologías de
abordaje,
conceptos viejos reformulados desde las visiones del saber
actual supresoras de
De hecho, estudiar las
formas de hacer ciudad con análisis empíricos de
perspectiva histórica y
prestando atención a la dimensión imaginaria de los
procesos de conformación de
la ciudad para entenderla, es un intento de acercamiento. Y, sin
embargo, a la
inversa, aún no se han producido los suficientes intentos de un
necesario
requiebro desde lo cultural.
Los hacedores del
lugar pareciera que actúan como un ejército bien
adiestrado, con una estructura
tan rígida y permanente, jerárquica, a juzgar por
cómo hoy lo evidencian en sus
paisajes, exponente vivo de tal entretejido. Por eso, el estudio de las
prácticas privadas cómo apropiación real y
simbólica del espacio y del sujeto,
cómo objeto de la constitución de los lugares a
través de los imaginarios
urbanos, permite en efecto, explorar al tiempo con el reconocimiento
(identificación) y la recuperación (valorización)
de la “experiencia espacial”
del habitante urbano, y sobre todo por su incidencia, en la
visión de los que como
promotores del lugar, políticos o inversores, establecen la
definición de los
lugares. Las visiones que, probablemente, fijan el primer sentido del
lugar.
Las ciudades del turismo siembran de
segundas residencias y de condominios los arenales, de hoteles y de
miniciudades que, a partir de ellos en versiones siempre nuevas y
más depuradas
del imaginario del lujo, reconcentran en paraísos más
selectos el rizoma
imparable de la producción inmobiliaria del gusto. La idea es
que a los
imaginarios de sol y playa -“relax de vacaciones”- se unen los del
lujo-elitista y la masividad de la expansión de las
vacaciones reconocidas y pagadas desde dos siglos después (el
relato de la
evolución del turismo y el capitalismo que requiere de una
producción
específica de lugares).
Desde el último cuarto del siglo XX los
imaginarios sociales se han ido codificando en clave de encierro que es
el modo
que ha ido tomando la apropiación selectiva -el lujo- para
combatir la
masividad (popularización de las vacaciones veraniegas) y seguir
distinguiéndose –entre la multiplicación de productos
diversos de una gama
amplia-, pero sobre todo, para resolver y facilitar la puesta en valor
de
amplios sectores de territorio con la mayor independencia de
organización y
funcionamiento respecto del resto. Obviamente, para seguir actuando en
las
mejores condiciones de producción y garantizar altos niveles de
competitividad
y rentabilidad, y por consiguiente, actuando al margen del lugar y sus
particularidades.
La generalización del urbanismo
cerrado facilita la producción inmobiliaria turística y
responde a los
imaginarios con los que se fabrican y venden paraísos que pasa,
inexorablemente,
por la tendencia urbana de más importancia en la actualidad que
es la del
encierro.
El paisaje conocimiento para la acción
Era Peñasco un
pequeño puerto de pescadores en áridos confines y hoy es
uno de los paraísos reales del repertorio de los lugares
posibles, además, a un
pié –el otro pié- de la frontera, de las muchas
fronteras, de la Línea que
separa de los Estados Unidos y de las del sujeto en su devenir y
condición.
Paraíso real para muchos más
de los que
imaginamos y que las cifras confirman, pues debemos considerar que
más de un
millón y medio la visitan, muchos millones más la desean,
casi todos la
piensan, y algunos otros, sólo unos pocos la han elegido para
habitar, habitan,
de paso o permanentemente, la paradoja es que los que se quedaron, los
que
siguen quedándose, acusan las desventajas pese a que son el
objeto preferente
de la planeación local.
Convivir
con la cotidianidad de un mundo de ensueño hecho realidad para
unos pocos, a la
fuerza deja huella en las personas y sus espacios. Esta
reflexión “Hacia un
catálogo de paisaje de Puerto Peñasco” intenta fijar las
primeras reflexiones y
pautas metodológicas para conocer cabalmente la realidad
construida, y tejida
por las convergencias y divergencias de visiones y proyectos que se
cruzan, a
través de reconocer e identificar las singularidades de cada una
y todas las
partes de su territorio, las unidades de los paisajes que han
construido
proyectos tan heterogéneos.
Puerto
Peñasco ha cambiado mucho en pocos años. Se enfrenta a un
problema común y
general del territorio en tiempos actuales: la rapidez en los cambios
en los
vínculos económicos, sociales y medioambientales entre
las ciudades y sus
regiones circundantes. Y al tiempo, por el contrario, existe una
considerable
inercia de las estructuras institucionales. En
Puerto Peñasco, el pié más
septentrional que Sonora tiene mirando a
las cálidas aguas del Mar de Cortés, por lo pronto, se
maneja un territorio al
que le faltan dos terceras partes, otras dos ciudades, La Choya, o
próximas a
serlo, como La Pinta. La visión del poder público local
aún no ha asimilado en
sus cartas de planeamiento las ciudades del turismo que se han
desarrollado
sobre las dos grandes bahías que abrazan su peñón,
repleto de pelícanos en los
pocos viejos diques de su primera vida cómo núcleo de
pescadores en el
desierto.
Esto ha abierto algunos importantes
debates en el contexto actual de globalización sobre la
importancia del
territorio como un factor clave de desarrollo. Probablemente, el
régimen de
derechos sobre el suelo y su uso, individual y privado, tienen mucho
que ver
con esta situación de conflicto. En el ámbito urbano las
profundas
transformaciones acaecidas vienen acompañados de importantes
metamorfosis de
los comportamientos y actitudes sociales que han explicitado la
necesidad de un
amplio debate social, económico y político sobre la
gestión de la proliferación
de territorios urbanizados, que necesitan estructuras de gobierno en
las que
exista una mayor coordinación y cooperación entre los
diferentes niveles
administrativos y una más amplia participación social en
la toma de decisiones,
con el objeto de alcanzar modelos urbanos más habitables.
El paisaje urbano y urbanizado de
Puerto Peñasco constituye un ejemplo claro de territorio
urbanizado, el de las
áreas costero-turísticas -con fuertes dinámicas de
nuevas ocupaciones
territoriales: una metamorfosis completa de su naturaleza con
pérdida de
elementos patrimoniales y valores medioambientales, y con problemas de
identidad social y de articulación territorial.
Con todo, este destructor y
monopolizador uso de usos, el turístico masivo de sol y mar
sobre ámbitos
costeros, los paisajes litorales resultado de la turistificación
son también
conocimiento. El
paisaje de Puerto Peñasco ciudad del turismo también es
conocimiento.
El núcleo, a resguardo en el cerro
de mar -Cerro de la Ballena- del desierto frontera, pese a su papel
nodal en el
emplazamiento portuario,
no ocupa un lugar significativo en las representaciones sobre este
núcleo
turístico. Sin embargo, son el primer paisaje a remarcar en la
historia del
lugar de Puerto Peñasco. Sus oscuras y redondeadas masas
pétreas sobre la
plataforma marina, naturalizan la tosca habilitación de sus
acantilados y
refuerzos artificiales. Un detalle del peñón (Figura 2)
es, entonces, la
primera imagen de la selección de los distintos acercamientos
a la naturaleza e historia territorial del lugar, a través de la
forma y de sus
paisajes.
Los paisajes dibujados (Figuras 2 y
4) son otro lugar distinto al Puerto Peñasco ofertado de arena
brillante y
llanos horizontes luminosos (Figuras 3 y 9). Son
paisajes solitarios de desierto y mar propios de
un territorio poco
hospitalario con el hombre que, finalmente, se ve atravesado con los
tendidos
aéreos y terrestres del ferrocarril
(Figura 6) y la electricidad. Líneas tendidas desde el oriente
de Sonora sobre
el desierto (Figura 4) y que lo conectan con el mar en un resguardo de
éste
promontorio rocoso que se habilita para refugio y atraque de la
navegación a
mediados del siglo pasado (Figura 7).
Elementos que definen el paisaje de
esta fase de la historia territorial al Norte del Mar de Cortés
de
modernización tardía y puesta en valor mediante la
conexión de redes de
infraestructura básicas. En definitiva, distintivos de la historia del
lugar que componen (Figura 8), junto al desierto y sus sierras y el
mar, el
origen y las señas de identidad del lugar en su más
genuina conformación
histórica y natural.
La roca madre volcánica de la ladera
del Cerro de la Ballena sufrió su primer gran envite –con
demoliciones
parciales para muelles y superficie edificable-
en la primera habilitación del pueblo pesquero
a localidad turística en la década de los setenta (Figura
8). La imagen del
peñón tal cómo la observamos en esta pintura
(Figura 2), en su contacto directo
al mar, con una incidencia humana baja, y preferentemente utilizado
como
hábitat esporádico de pelícanos y otra fauna,
será memoria. Porque en la puesta
en valor del Cerro de la Ballena aún en proyecto media una nueva
ordenación de
todo el pequeño núcleo portuario (Figuras 7 y 8)
originario de la localidad
turística actual.
Durante la primera década del siglo XXI, en efecto, se acomete
el segundo y
definitivo envite con un esquema de

Figura 1.
Contemplación de la bahía y
el mar.
Fuente. Dibujo de
I. Rodríguez, 1989.

Figura 2.
Pelícanos en la playa
rocosa del frente acantilado del Cerro de la Ballena, Puerto
Peñasco. Fuente.
Dibujo de I. Rodríguez, 2007.
Intervención
a tono con el patrón urbanístico internacional de
renovaciones urbanas de
frentes litorales.
Conforme a la visión de Puerto
Peñasco como destino turístico importante en sus
distantes y largas playas de
la costa baja de esteros, se han desarrollado otras visiones
complementarias y
estándares
cómo
la de acaparar los lugares viejos –el puerto y la pequeña
retícula de calles de
la ladera norte del Cerro de la Ballena- para conectar por el frente
litoral
los nuevos lugares turísticos, eludiendo así el
núcleo de residentes entre
ambas y tras el cerro
entre 1994 y 2002.
Se trata de la remodelación de la trama más genuina del
primer emplazamiento
del lugar, demoliendo obsoletos edificios de funciones genéticas
–pesca y
puerto- y reordenarlos en función del nuevo proyecto de punto en
una escala de
lugares náuticos de ámbito regional.
El mar y sus costas de arenales, así como
su puerto-cerro después, serán y están siendo
engullidos por el turismo al
final del siglo XX.

Figura 3.
Núcleo viejo de Puerto
Peñasco sobre la ladera del Cerro de la Ballena. Los primeros
desarrollos
hoteleros colindantes al resguardo portuario –fondo derecho- se suceden
discontinuamente a lo largo de la costa hacia los resaltes rocosos de
La Choya.
Fuente: Fotografía de la autora, 2007.

Figura 4. Sierra
Pinta en el Desierto
de Altar, entre Caborca y Puerto Peñasco.
Fuente: Dibujo de I. Rodríguez, 2007.

Figura 5. La
Proveedora, Caborca. La
hediondilla, el palofierro, el mesquite y
las cactáceas, junto con ocotillos y
paloverdes, cubren las laderas de los cerros
y las planicies.
Fuente: Dibujo de I. Rodríguez, 2007.

Figura 6 y 7.
Fragmentos de historia
de la ciudad: la Estación de ferrocarril infrautilizada y el
puerto pesquero en
plena transformación a náutico (postes de punta blanca y
cilíndrica, icono de
su condición de punto de la Escalera Náutica del Mar de
Cortés).
Fuente: Fotografía de la autora. 2007.


Figuras 8 y 9.
Malecón del puerto y
Mayan Palace, dos nombres claves del lugar. Arriba, el restaurante Gran
Capitán
en el cerro que junto a otros establecimientos del primer desarrollo
turístico
y la propia traza, constituyen el paisaje más genuino de la
ciudad
portuaria-pesquera y, sin embargo,
están
en remodelación actual (la renombrada en el evento interregional
de
Gobernadores fronterizos, Plaza de los Gobernadores –a la derecha, en
torno a
las columnas blancas-). Abajo, el hall
del Mayan Palace construido sobre el Estero de Morua –a muchos
kilómetros del
Malecón-, concreta la diversidad de paisajes de las ciudades del
turismo.
Fuente: Fotografía de la autora.
2007.
Los cerros volcánicos aislados que
salpican éste paisaje del Desierto de Altar -en el noroeste de
México y el sur
de Arizona-, cómo en el paisaje dibujado (Figuras 4 y 5), son el
completo y
continuo envoltorio de estos territorios y también la cuna de su
poblamiento,
en cuyas sierras los habitantes prehispánicos construyeron
terrazas
edificándolo hasta las cimas.
Sierra Pinta -en el dibujo (Figura 4)-, graciosa y monumental en la
planicie
homogénea del desierto, es el paisaje del entorno de Puerto
Peñasco, rodea el Estero
de La Pinta sobre el que ya crece la rutilante Ciudad La Pinta a partir
del
complejo hotelero del Mayan Palace (Figura 9), en el extremo oriental
del
municipio de Puerto Peñasco. Es un proyecto de fundación
de ciudad nueva y
nacida por y para el turismo de élite que está
urbanizando el inigualable
tesoro natural híbrido entre mar y tierra del último
estero, más allá del Estero
de Morua, más cercano y
conquistado por el turismo residencial de condominios americanos desde
los
setenta (urbanizando las playas al oriente de Peñasco en el
lugar denominado La
Concha)-, y el de San Jorge ya playa de Caborca, capital del Desierto
de Altar
y de la región fronteriza
Hoy se urbanizan los esteros, en el
pasado, la discreta y prudente ocupación de las sierras, como
“Los habitantes
de Cerro Trincheras –que- privilegiaron la ubicación de las
unidades familiares
más que la elaboración arquitectónica de sus
casas, para comunicar la posición
social de las familias. Al construir terrazas en el cerro transformaron
un
elemento natural, de por sí sobresaliente, en una
creación humana que expresó
su organización social y creencias religiosas, logrando un grado
de
monumentalidad y distinción para su pueblo, que no hubiera sido
posible sobre
la planicie aluvial” (Villalpando 2004, 241).
El paisaje también para la acción,
porque
conocer cómo se expresan los cambios, cómo se
están concretando los hechos en
Puerto Peñasco, sus profundos cambios, no sirve de nada sino se
encamina a la
acción. El conocimiento de un territorio en urbanización
imparable, obliga a
avanzar en las herramientas de planificación y en la
búsqueda de metodologías
innovadoras que permitan un mayor acercamiento a la realidad urbana y a
las
sociedades que las habitan, cada vez más cambiantes y complejas.
Sobre todo,
por la velocidad con la que acontecen las transformaciones que hace que
sus
paisajes sean sustituidos velozmente, desapareciendo a
la vez parte de las representaciones
culturales del territorio.
La
búsqueda de nuevos métodos que compatibilicen la
“investigación y la acción”
orienta hacia metodologías que permitan un acercamiento al
conocimiento de
estos territorios incorporando la visión directa de los
ciudadanos-usuarios del
espacio urbano. La visión disciplinar, en este caso desde la
Geografía,
apuesta por un ejercicio -no exento de dificultad- de concentrarse en
la
necesidad y reto de combinar las partes y modos de funcionamiento del
territorio para explicar la complejidad del territorio en tiempos de la
globalización a partir del estudio de su paisaje que
además de permitir su conocimiento,
posibilita la acción.
Es a
través del recurso a las unidades de paisaje cómo se
concreta el método del
Catálogo del Paisaje urbano porque éstas –las unidades de
paisaje- como
elementos de identidad y valores compartidos, de participación,
y también como
indicador de la sostenibilidad de las opciones de desarrollo escogidas,
puede
resultar un método de gran utilidad, también para los
paisajes urbanizados. En
este sentido, los catálogos de paisaje urbano se perfilan como
un eficaz instrumento
para el conocimiento y comprensión de los territorios actuales,
aún más si son explícitamente
fragmentarios como las nuevas ciudades del turismo, unas piezas
autónomas como macro-fragmentos
urbanos costeros, así como, también una buena herramienta
para la gestión.
Introducir novedades en el trabajo de campo como el estudio del espacio
subjetivo y utilizar fuentes cualitativas de alcance multidisciplinar.
Los
imaginarios pueden ayudar a avanzar hacia la gobernanza, contribuyendo
a la
clasificación en unidades de paisaje: espacios de
“construcción social” para la
gestión territorial.
La
identificación y caracterización de los paisajes de cada
ámbito territorial
crea unidades de paisaje en las ciudades del turismo, pieza territorial
básica
para una nueva política sostenible con el turismo como factor
dinamizador. Las
características internas, el estado actual
y las explicaciones de las dinámicas
que la han construido y la
van transformando, son catalogados por sus paisajes resultantes.
A
partir de las unidades de paisaje se recaba y coteja con la
percepción de los
residentes para conocer la ciudad imaginaria, la piensan, desean,
sienten,
reconocen, en suma, las aspiraciones de la colectividad y avanzar en el
diseño
de un proyecto de territorio y de ciudad. El diálogo entre el
registro del
usuario y la disección del especialista supone un logro en la
búsqueda de un
espacio de calidad, entendido como aquél que resulta de las
acciones
antagónicas de agentes múltiples.
Un
catálogo de paisajes de Puerto Peñasco no se concibe
sólo como un útil
instrumento de disección de la realidad territorial y, por
tanto, un registro
en sí mismo de la construcción territorial en un momento
dado, sino como el
material básico a partir del cual conocer el reto y el
desafío de su futuro
sostenible. Tampoco es menor su papel a la hora de suministrar
registros nuevos
para el conocimiento de la naturaleza de la ciudad en el momento
presente
(Choay 2007). Urge la catalogación de espacios con paisajes en
formación,
extraordinariamente homogéneos -además de tematizados- y
extentidos en todo el
mundo, precisametne por la proliferación de espacios y
asentamientos
especializados en un terciario heterogéneo que se sostiene en la
promoción y
construcción inmobiliaria.
Es
una primera respuesta a las interrogantes planteadas en esta primera
aproximación que ofrece el libro. La principal pregunta sobre
cómo evitar un
tránsito trunmático del puerto pesquero a la ciudad
turística erradicando la
exclusión socioespacial actual, polarizada entre visitantes y
residentes,
cohesionando el tejido urbano trastornado por los efectos de
aglomeración; también,
equilibribrando la oferta de agua y la demanda de suelo habitable,
conciliando
los usos público y privado -de la playa y de otros recursos,
infraestructuras y
equipamientos-, es decir, siendo prudentes con el territorio y
orientando el
proyecto de futuro a la relación justa y amable entre los
lugares que son espacios
de consumo turístico de temporada y los de habitación
permanente de los
residentes.Todo ello, además, representa el
cuidado del solaz con la única meta de
construir paisajes atractivos por su armonía con las cualidades
naturales del
lugar.
Hacia un catálogo de paisaje de Puerto
Peñasco
Conocer en profundidad a la ciudad a
través de sus unidades de paisaje y la percepción que de
ellas tienen sus
ciudadanos debe guiar a la toma de decisiones en la creación de
ciudad en su
esfuerzo por un desarrollo más equilibrado, social y
estético del espacio
urbano y, por tanto, en lograr una ciudad más sostenible.
La complejidad de los espacios
urbanos y su fuerte dinamismo provoca incertidumbre sobre el futuro de
los
mismos. Se requieren nuevas herramientas de análisis territorial
flexible para
la comprensión del espacio urbano y su entorno. Instrumentos de
prospectiva
eficientes y manejables como los catálogos de paisaje que
ofrecen información
sobre las pautas de comportamiento e identifican los cambios que se
pueden
producir para poder anticiparse y buscar soluciones.
El acercamiento al territorio y la
presentación de los datos debe realizarse a diferentes escalas,
llamando la
atención sobre las diferentes problemáticas detectadas en
cada ámbito
territorial así como en el conjunto del territorio, pues debe
permitir la
puesta en marcha de políticas sectoriales y de carácter
más amplio, a partir
del asesoramiento y guía que desempeñará el
catálogo de paisaje.
El catálogo de paisaje urbano se
presenta así como un eficaz instrumento para la
ordenación territorial y para
una nueva planificación estratégica urbana. A
través de él, se ahonda en el
conocimiento de la ciudad y su entorno por medio de su
clasificación en
unidades coherentes y con problemáticas distintas, lo que
permite la acción
política a diferentes escalas pero de forma integral, pues
atiende al
territorio como sistema, desde una concepción holística
del mismo.
Un catálogo de paisaje urbano debe
ser una herramienta que permita a los expertos una nueva forma de
acercarse al
estudio de las ciudades, al incorporar elementos cualitativos para
alcanzar una
compresión más real de los espacios urbanos, de las
transformaciones que sufren
y de los procesos y dinámicas que las afectan.
La elaboración de este registro de
conocimiento e instrumento de planificación requiere de la
participación ciudadana,
lo que lo convierte en un documento clave y muy valioso, al ofrece
información
relevante sobre las percepciones y prácticas sociales de los
usuarios-ciudadanos. Esta información que arroja el
catálogo de paisaje urbano
es de suma importancia para lograr modelos territoriales más
sostenibles y
acordes con las necesidades de los ciudadanos.
La metodología para la elaboración
del catálogo de paisaje urbano
conjuga:
a)información relevante sobre las características
físicas del medio urbano,
pero también sobre los procesos que lo han conformado
históricamente y que le
afectan en la actualidad y b)información cualitativa sobre el
imaginario y las
prácticas sociales de las personas que viven y usan ese
territorio. El proceso
de análisis y catalogación del territorio urbano
de Puerto Peñasco es una aproximación al territorio
en dos fases a diferente escala de una escala menor hacia una mayor, de
fuera a
dentro,
identificando, en primer lugar, los elementos que estructuran el
paisaje global.
Posteriormente,
se realiza un proceso de obtención de información
relevante sobre los
imaginarios urbanos de los ciudadanos y los valores y reconocimientos
del
paisaje, a través de encuesta/entrevista.
Los datos resultantes en ambos procesos se cruzan con el fin de
alcanzar una
mayor compresión del espacio y las distintas
problemáticas que lo afectan,
corroborando o no parte de las conclusiones señaladas por el
experto.
Se trata de un
proceso de acercamiento al territorio en
tres fases
que, primero, identifica
y caracteriza áreas con cierta coherencia interna y
carácter propio, para crear
piezas espaciales básicas (ámbitos territoriales)
mediante un análisis interno y comparativa entre los elementos
naturales,
socio-culturales y visuales.
Y después, clasifica en tres grandes áreas la estructura
del territorio de
Puerto Peñasco: la Ciudad,
el Borde y el
Entorno urbano, atendiendo a un criterio de relaciones funcionales.
El resultado alcanzado en esta fase,
es la generación de una capa cartográfica en la que se
identifican y catalogan
unidades de paisaje diferenciado.
La identidad de una unidad de paisaje de cada uno de los ámbitos
territoriales,
requiere el tratamiento de una serie de indicadores objetivos y
subjetivos, que
permiten un conocimiento completo de las formas y contenidos visuales y
valorativos de cada porción de territorio, tales como los
elementos
estructurantes, la función y lo visual, los procesos de
incidencia histórica y
actual, sus valores y recursos y los espacios singulares y principales
recorridos
para la percepción.
Se trata por tanto de un análisis interno pero que incorpora el
método
comparado para identificar semejanzas y diferencias con los paisajes
adyacentes, y así poder marcar los límites de cada
unidad. La estrategia
empleada es la del método comparativo que permite vislumbrar las
semejanzas y
diferencias entre los espacios que forman la estructura urbana global,
introduciendo a la historia como elemento explicativo de los
fenómenos
constituyentes. Por tanto, se conjugan elementos objetivables que
facilitan el
conocimiento de la diversidad formal del patrimonio construido, y
elementos
subjetivables, que permiten la comprensión de los procesos,
pasados, presentes
y futuros, y de los valores del paisaje urbano de Puerto Peñasco
de cara a su
gestión y puesta en valor. En definitiva, las unidades de
paisaje, describen
cada una de las porciones y permiten especificar las
características internas,
estado actual y dinámicas que la han construido y que la
transforman. El diseño
de las fichas de cada
unidad de paisaje urbano incluye: a) el nombre y la localización
de la unidad
dentro del conjunto urbano, su conectividad con el resto de la ciudad,
y
algunas características de la población que la habita; b)
los aspectos
descriptivos y organizadores del paisaje urbano detallando 1) su estructura, función y
características
visuales de la unidad de paisaje, atendiendo a cuestiones como la trama
urbana,
los usos del suelo, las tipologías y volúmenes, y la
amplitud visual; 2) las actividades
y procesos de incidencia histórica y actual que explican su
conformación como
unidad espacial urbana, y las dinámicas y tendencias que lo
transforman; 3) los
valores y recursos detectados en la unidad, tanto los de relevancia
patrimonial
como de practicas sociales, las posibles afecciones
urbanísticas, el nivel de
equipamientos y la calidad ambiental, y, por último, 4) describe
espacios
singulares y recorridos principales para su percepción.
La información reflejada en las
fichas, debe servir para la realización de propuestas de
actuación, bien
dirigidas a la conservación, bien a su transformación,
tendente a la mejora de
la calidad paisajística y, por tanto de vida de los ciudadanos
que habitan en
ese espacio urbano.
Entonces, el registro de las Unidades de Paisaje y las valoraciones de
los
ciudadanos ayudan a conocer los asuntos-temas-acciones que mejoran la
vida
teniendo en consideración tanto las premisas que impone su
vocación de lugar
(respetuoso con la trayectoria histórica y social del lugar)
cómo su papel en
el conjunto del territorio en función de su naturaleza y a su
vez, y por ello,
de la trayectoria del lugar. El desierto, sin vocación de lugar,
y el mar,
imponen las determinantes estructurales del lugar de Puerto
Peñasco. Es a
través de encuestas, entrevistas y mesas-taller que se registra
la aportación
de los vecinos y usuarios del lugar, las visiones ciudadanas, los proyectos
diversos y entrelazados de promotores heterogéneos sobre el
lugar, sus
valoraciones de la ciudad y del territorio que conflictúan y
negocian para
obtener la ciudad posible.
Las visiones de los actores sociales
tiene carácter transversal pues los datos obtenidos en este fase
deben servir
para concretar los resultados de las fases previas, cotejando los datos
recogidos por el experto y corroborando o cuestionando las Unidades de
Paisaje
de Puerto Peñasco como nueva ordenación
espacial
de la ciudad dónde aterrizar los imaginarios sociales. Es una perspectiva fundamental para contar con las
premisas del proyecto de sociedad local instituido ofreciendo opciones
concretas de desarrollo mediante la propuesta de un Catálogo de
paisajes
urbanos que clasifica en unidades de paisaje el territroio urbanizado
de la
ciudad del turismo que hoy es Puerto Peñasco.
En
conclusión, el catálogo de paisajes en el que se trabaja
ayuda a concretar el
proyecto de territorio y ciudad y, por tanto, a cómo hacer
ciudad y cómo
replantearla ante los nuevos escenarios posibles.
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Lo anterior, es difícil de
comprender sin
tender puentes con lo denominado “giro cultural” y “giro
geográfico”, el
primero con fuertes implicaciones en la subjetividad, lo
simbólico y lo
imaginado; mientras en el segundo redescubren el espacio con sus
categorías
analíticas (territorialidad, paisaje, lugar, etc.).
(Hernández 2007) Reseña
sobre Lugares e imaginarios (2006).
Dónde intervienen los imaginarios
del
investigador, de la población y de los ideados por promotores
privados y
públicos para su finalidad turística. Una
combinación de imágenes de sus
paisajes que se registra con diversos soportes y vehículos
expresivos desde los
dibujos, fotografías y planos, a las imágenes
diseñadas para la publicidad y
que, en este texto no se abordará.
Además de un megaproyecto urbano
de la más
nueva hornada en la producción de lugares de ocio -pauta
común a nivel
internacional en la cultura estratégica de promoción y
competencia entre los
lugares-, es también, un modo de valorización de los
recursos locales y de los
propios cerros en particular, como ya hiciera la tradición
“trincheras” en
estas sierras del desierto, al sur de la frontera internacional desde
el siglo
III.
Otras sierras y cerros como Sierra de San
Francisco (en torno a los 800 metros de altitud), o las más
frecuentes entre
los 100 y 300 metros de altura, cómo las de la Bahía La
Choya, cercana a
Peñasco, Cerro La Choya y Cerro Prieto -de 125 metros de altitud,
definen el paisaje dominante en el territorio de estudio. Pronto, las
pistas
del aeropuerto y las nuevas vialidades arrasarán el horizonte
arenoso que
muestra la pintura.
El uso de fotografía
oblicua permite la
obtención de un amplio banco de imágenes en apoyo a la
descripción y
clasificación del espacio urbano, así como las
fotografías aéreas e imágenes de
satélite, facilitan el análisis
multi-temporal del crecimiento urbano y el análisis visual de
las formas y
estructuras urbanas sobre el plano. El uso de instrumentos de
análisis y
producción cartográfica más avanzado como los
Sistemas de Información
Geográfico son pertinentes en la elaboración de
catálogos de paisaje, no sólo
facilita la generación y actualización de los productos
cartográficos, sino que
puede incentivar su uso y diseño en la gestión municipal.
La consulta de material de archivo, y
textos
relativos a la historia y a la gestación del territorio de
estudio, constituye
una condición previa al proceso de catalogación en
unidades de paisaje. La
necesidad de conocer la evolución histórica de
Puerto Peñasco, así como su estructura administrativa y
social actual
requiere el conocimiento de la documentación necesaria sobre la
historia del
municipio y las estadísticas y diagnósticos
socio-económicos actuales.
La propuesta
metodológica se formuló y
reflexiona en ella al objeto de servir de modelo de aplicación
en otros
territorios de similares características, aunque siempre
adaptándola a las
peculiaridades propias de cada lugar. Primera aplicación
completa con la
elaboración del catálogo de paisaje urbano de Getafe
(Madrid) por Casilda
Cabrerizo. (tesis de maestría) DEA, noviembre 2007.
Las fases en las que se
divide la
metodología, requieren de un minucioso trabajo de campo y de uso
de
documentación de archivo y materiales cartográficos a
diferente escala y
cronología.
Esta
división en tres grandes ámbitos territoriales queda
expresada gráficamente en
el Mapa de Ámbitos Territoriales de Puerto Peñasco en
elaboración. Al ámbito
urbano propiamente dicho, “La Ciudad”, con una propuesta de siete
grandes tipos
de paisajes urbanos a corroborar con la valoración de los
agentes y usuarios de
Puerto Peñasco –entrevistas y otros recursos informativos de
metodologías
cualitativos para conocer dimensiones subjetivas de promotores,
visitantes y
residentes para comprender los imaginarios sociales actuantes-, se suma
el
Borde urbano, un gran ámbito territorial -nítidamente
divido en dos ‘unidades
territoriales’ desarrollados a ambos lados del núcleo
histórico y de su peñón
rocoso-, de esteros del oeste y del este encadenados por la costa baja
y
arenosa del mar interior de Cortés, que han conformado diversas
unidades de paisaje
de borde turístico en función de los tipos de alojamiento
turístico, los
patrones de ocupación del suelo y la propia naturaleza del
frente costero a
privatizar y explotar turísticamente.
La
escala adecuada para esta propuesta de clasificación de los
ámbitos
territoriales del Borde urbano es el 1:10.000, a partir del criterio
del uso
del suelo. El producto cartográfico resultantes de esta fase es
el Mapa de
Unidades Territoriales. El interés del Borde urbano como pieza
básica en
territorios urbanizados responde a su carácter
periférico, construido o no, mal
articulado y a menudo con funciones poco nítidas, plantea
importantes
problemáticas que, necesariamente, deben ser tenidas en cuenta a
la hora de
diseñar propuestas de actuación, entre ellas, la
división en unidades
territoriales, con vistas a permitir políticas de
ordenación territorial local
y supramunicipales.
Para
esta primera catalogación del territorio la escala 1:50.000
permite la
comprensión del espacio urbano dentro de su marco. La ciudad con
sus siete
grandes tipos de paisaje, el Borde, radicalizado en la
generación de espacios y
paisajes exclusivamente para el turismo, y el Entorno, con la
contundencia de
su naturaleza de desierto y sólo moldeable entorno a la costosa
incisión de las
infraestructuras viarias (que permite fragmentar para su
comprensión e
intervención en cuatro grandes unidades condicionadas por las
potencialidades
de ocupación que confieren las infraestructuras, definiendo el
sector
occidental de la nueva autopista a EEUU, la que ha generado
históricamente en
el trazado viario histórico con la frontera y Sonoyta, y la que
proporciona y
crecerá en torno al nuevo aeropuerto ya en funcionamiento,
tierra adentro del
Mayan Palace y la detonación del sector costero de la futura
Ciudad La Pinta).
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