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Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
Lo que no se dice en los
Planes de Ordenación
Territorial: el caso de la Costa del Sol (España)
Eduardo Serrano
Alfredo Rubio
Nuestra contribución
se podría definir como estudio crítico de la
dimensión económica de los Planes
de Ordenación Territorial (o POT) vigentes en la Costa del Sol
andaluza, una
franja costera de unos 250 km de longitud de alto desarrollo urbano
siendo el
turismo su actividad económica principal. El análisis
atañe a los anticuados
instrumentos de planificación utilizados, que se intentan poner
al día
aplicando los métodos de la gobernanza territorial (Serrano y
Rubio, 2008).
Nominalmente se intenta enfrentar la crisis del
territorio, manifiesta ya desde hace muchos años; sin embargo el
instrumento
que debería resolver el problema se ha convertido él
mismo en problema;
probablemente estamos ante una “circularidad” de imposible salida en
los
términos en que oficialmente se enuncia la problemática.
La actual práctica de
la gestión de la ordenación urbanística y
territorial es, en no pocas
ocasiones, un dispositivo de captura parasitario de las rentas del
suelo, tanto
por parte de los agentes económicos como por parte de los
encargados de
administrar desde los aparatos de gobierno municipales y
supramunicipales la
aplicación de planes, programas y la legislación
correspondientes. Pero la
responsabilidad del órgano de gobierno regional no es menor: el
mismo hecho de
la decisión de dividir en tres ámbitos (Costa del Sol
Occidental, Málaga
metropolitana y Costa del Sol Oriental o Axarquía, cada uno con su
POT) lo que constituye un territorio unitario tiene nefastas
consecuencias
(Rubio y Serrano 2007, 290-296).
En cuanto al contenido de los planes, resulta que los
ciudadanos desaparecen en los casos estudiados, tan sólo se
esbozan generalidades;
y eso sucede justamente cuando lo que se exige por parte de un
número creciente
de ciudadanos es un protagonismo central en las decisiones que afectan
directamente a su vida. Siendo el factor más importante en el
devenir
territorial es llamativa la ignorancia sobre lo social y sus
tendencias. Esta
carencia es tal que por sí sola vacía de contenido y de
eficacia a cualquier
instrumento de planificación territorial hoy. Sobre el medio
físico puede
decirse algo parecido debido a la debilidad o incoherencia con que se
aborda el
crítico asunto de la sostenibilidad, ampliamente puesto de
relieve en el
acelerado deterioro en su paisaje, que es justamente su mayor atractivo
turístico.
Los planes estudiados divergen en la estrategia que ha de
seguirse para mejorar el territorio. Mientras que el de la Costa del
Sol
Occidental es intervencionista y apuesta por el city marketing
a gran
escala con la invención de una marca, “Ciudad
del Sol” (Ibid., 338-344), el de la Axarquía opta por la congelación
del paisaje
del interior de la comarca, al que atribuye una supuesta esencia
identitaria,
mismo criterio que el utilizado para la “puesta en valor” del
patrimonio, que
transforma los centros históricos en parques temáticos,
pulcros y confiables
escenarios para las mercancías experienciales.
Nuestro análisis se centra en el POT
Axarquía; para su exposición se manejan las relaciones de
este plan con el
territorio: en cuanto objeto de procesos económicos (Consejería
de Obras Públicas y Transportes [en adelante CTOPT-JA] 2006,
epígrafe 1); y también con los agentes de las
actividades económicas (Ibid., epígrafe 2). Pero sobre todo se comenta la relación
de este plan, tal como resulta de un tipo concreto del saber de los
especialistas en el territorio, con la economía como disciplina,
planteando una
insoslayable cuestión ética (Ibid., epígrafe 3).
1. El territorio como objeto
de los procesos económicos regulados por el POT Axarquía
Como
mínima introducción diremos que el documento relativo a
este Plan se ajusta al
esquema convencional en este tipo de instrumentos: a partir de los
datos de la
información elabora un diagnóstico para luego definir el
tratamiento que se
detalla en la Memoria de Ordenación y en la Normativa, a lo que
se añade el
Programa de Actuaciones que deberán llevar a cabo las
Administraciones
Públicas, con su correspondiente cuantificación
económica.
1.1 El problema es
económico. Pero lo económico se sitúa en la
exterioridad
La
Memoria de Ordenación es lo que justifica la Normativa y el
programa de
inversiones públicas. El encabezado (Ibid., 55) es explícito:
"El
ámbito de la Costa del Sol oriental-Axarquía es un
territorio de oportunidades.
Sus características climáticas, paisajísticas, de
litoralidad y de posición
territorial en el eje surmediterráneo de Andalucía
constituyen los elementos
básicos en los que se sustenta su potencial, basado en la
actualdad
principalmente en la agricultura y el turismo.
Este
territorio se encuentra en un momento crítico, un cambio
trascendental en sus
transformaciones territoriales protagonizado por las nuevas demandas
residenciales. El Plan debe orientar estos nuevos procesos y darles una
respuesta positiva, sin afectar a la conservación de los
recursos naturales no
renovables, a los ecosistemas valiosos y a la identidad territorial."
En esta declaración se identifica potencial con
actividad
económica, concretamente la agricultura y el turismo. Los
procesos económicos
se dan como inevitables productos de fuerzas “exteriores” en los varios
sentidos en que es posible declinar aquí esta palabra.
En primer lugar en relación con dinámicas por
completo
generales, las propias del capitalismo planetario, siendo los que nos
parecen
más pertinentes en relación con la problemática de
la ordenación territorial
los siguientes: obsolescencia de la agricultura no tecnificada,
movilidad sin
obstáculos de capitales y de ciudadanos solventes, migraciones
masivas desde el
tercer mundo, auge de las mercancías experienciales (como lo es
el propio
turismo), existencia de un mercado urbano mundial de ciudades y lugares
(donde
se aspira a atraer a los capitales flotantes), lógica
mercantilista que domina
las relaciones sociales, predominio de los modos urbanos en los
asentamientos en el
territorio, crisis medioambiental y energética generalizadas,
etc.
Respecto esta exterioridad, a la que se concede sin
más
la definición de las reglas del juego, aparentemente caben dos
opciones,
representadas por la que en su momento fue la elegida como la
más apropiada
para la Costa del Sol Occidental (invención de una marca que
aseguraría su
éxito competitivo en el mercado urbano mundial, aceptando con
entusiasmo jugar
con dicha reglas) y la que se asume en el POT Axarquía
(aceptándolas una vez
domesticadas).
En segundo lugar la mayor parte de los factores
económicos
se presentan como procedentes de ámbitos geográficos
exteriores. Es el caso
evidente de los futuros residentes y turistas que harán gasto en
el lugar, así
como la creciente participación de trabajadores inmigrantes. Lo
mismo pasa con
las inversiones empresariales de medio y gran tamaño y una
porción no pequeña
proveniente de la Administración Pública. Y por
último también exterior es la
instancia reguladora de este mismo instrumento, la Junta de
Andalucía.
En relación con este aspecto geográfico
destacamos el
hecho de que una gran parte de las inversiones de las empresas,
así como de la
masa de población de segunda y, cada vez más, de primera
residencia, provienen
de la vecina aglomeración de Málaga, resultando que la
decisión administrativa
de repartir la Costa del Sol en tres ámbitos para tres Planes
Territoriales
diferentes, es el motivo de que tanto este Plan como sus gestores se
vean
privados de manejar un conjunto de factores que tienen consecuencias
decisivas
en el futuro de la comarca.
El trabajo no dispone de un estudio sobre el origen y
circulación de los capitales implicados en la
transformación que se augura
inevitable en el territorio, asumiéndose lo que ya ahora se da,
una inversión
difusa de los agentes autóctonos (promotores, constructores,
pequeños
empresarios del comercio y la hostelería, etc.) de
pequeño tamaño (salvo SALSA,
empresa del grupo Larios, propietaria de grandes fincas que se
benefician
claramente de la ordenación propuesta) y una creciente presencia
de agentes
exteriores de mayor escala que probablemente tenderán a dominar
la economía
local, imponiendo las reglas del juego, con una menor
reinversión de las
ganancias en la comarca. En resumen, se acepta que el papel de los
factores
autóctonos se reduce a lo meramente receptivo, con un reducido
protagonismo en
las decisiones estratégicas que afectan al futuro
económico y social de la
comarca.
El tercero de los sentidos en que pensamos se puede
hablar aquí de exterioridad del hecho económico es que,
tanto el territorio,
con sus grandes valores, como la población autóctona son
considerados, en
concordancia con la teoría económica dominante, como
factores pasivos, simples
recursos carentes de autonomía. La población
foránea (del tipo “climático”) residente
o turística es
considerada tan sólo como consumidores y no como productores. No
llega a
plantearse el futuro papel productivo de la nueva población,
como en cambio si
lo hacen ya las políticas metropolitanas de Bilbao y Barcelona
(González
Ceballos 2007, 9-10), por ejemplo, que procuran atraer ciertos grupos
sociales
muy seleccionados (clases creativas, empresarios, etc.).
Sin embargo el asentamiento de esta masa de población
tiene la contrapartida de ciertos efectos negativos:
"El
principal problema que presenta el crecimiento residencial
protagonizado por la
demanda de segunda residencia y la de los inmigrantes climáticos
es la
naturaleza y dimensión de los costes territoriales." (CTOPT-JA 2006, 65).
La particular reducción de lo cultural a las
señas de
identidad paisajística (incluida la arquitectura) es lo que
sirve a los
redactores para justificar posteriormente las medidas de
protección que se
arbitran en las normas para proteger lo que denominan (Ibid., 66-67) “capital
territorial”. Igualmente cuando se examinan los costes sociales
sólo se
contempla la incidencia en el empleo. Quedan fuera de
consideración importantes
potencialidades propias de la población dado que no son
traducibles
directamente a términos económicos. Del conjunto de
ésta, tanto la autóctona
como la que viene de fuera, no se espera nada, salvo su capacidad de
trabajar
en un caso o de consumir en el otro; tan sólo cabe encauzar su
comportamiento
para que no acabe destruyendo aquello que es la principal riqueza
(económica)
de su hábitat ¿Cómo? Pues mediante un control
eficaz desde las instituciones.
Los responsables de éstas, junto con los técnicos y
empresarios son los agentes
"activos". De hecho es predicable una "exterioridad" de
estos agentes cualificados respecto el resto de la población.
Podemos afirmar que estos supuestos implícitos,
asumidos
de modo inconsciente por sus autores, se derivan de una premisa
epistémica
fundamental, a saber, que territorio y población son entidades
separadas; en el
interior de esta dicotomía se repite la misma presunción
que hace un momento se
ha comentado al hablar de agentes cualificados por un lado y de la
población en
general por otro, correspondiendo a los primeros la iniciativa, las
decisiones,
el protagonismo político, la posesión del conocimiento
y/o el espíritu emprendedor
económico; y al segundo, al conjunto de los ciudadanos
corrientes, la actividad
dirigida, siempre según los mismos ciegos mecanismos
input-output, de
consumo-producción. Del mismo modo el territorio, tal como es
concebido, se
considera como un simple contenedor pasivo a moldear por "el hombre",
sin autonomía, puro recurso (aunque sepamos ya que es agotable).
Por el contrario nosotros sostenemos que la población
es
parte constituyente del territorio (porque
ambos
coevolucionan) y que esa comprensión exige discutir muy
seriamente el carácter
de variable dependiente que la economía académica les
asigna y que es asumido
sistemática y acríticamente por los expertos cuyas
disciplinas ocupan nichos
diferenciados respecto al saber económico. Una percepción
menos apegada a la
inmediatez de los procesos económicos descubriría en esa
población el principal
agente de la reinvención de su propio medio territorial,
justamente porque es
parte integrante del territorio, no una cosa separada de éste.
1.2 El territorio como
cultura y como capital económico
No obstante el propósito declarado del Plan no se
limita
a objetivos exclusivamente económicos. Al principio del
epígrafe 3. de la
Memoria de Ordenación se afirma que esta “marcada
y valiosa identidad comarcal tiene dos dimensiones territoriales de
gran
trascendencia: la competitividad del destino turístico y la
cohesión social
comarcal” (Ibid., 63).
Dualidad programática en que lo social no tienemenos importancia que lo económico; y
ciertamente muchas de las determinaciones contenidas en el documento se
sostienen perfectamente sin recurrir a argumentos de utilidad o
beneficio
económico. Esto no basta, sin embargo, para que sean
motivaciones económicas
las que presidan su estrategia central. Mientras que la cohesión
social, de la
cual apenas se dice en qué consiste, queda fuera del discurso,
la temática
económica surge con frecuencia:
"Los
productos turísticos basados en la ´experiencia´ y
en los ingredientes
singulares del destino tienen una aceptación creciente. En este
contexto la
Axarquía debe obtener el mejor aprovechamiento de sus bondades
climáticas y de
la marcada identidad de su territorio.
Para obtener el
máximo beneficio territorial y social de la dinámica
urbanística de la Axarquía
es preciso modular las tendencias propias del mercado, aprovechando la
energía
que proporciona la demanda con el fin de lograr los objetivos fijados
en este
Plan de Ordenación del Territorio. El modelo que se propugna
pretende que,
junto a un aprovechamiento ordenado de la oportunidad de crecimiento,
se
conserve y se incremente el capital del territorio, tanto el de
carácter
natural, como el cultural e identitario" (Ibid., 64).
"Para la
ordenación y adecuación del espacio turístico se
propone una estrategia general
basada en la competitividad, en la identidad y en la capacidad de
ofrecer una
experiencia diferente. Este planteamiento general goza de respaldo
generalizado
en la estructura social y productiva del ámbito.
Para lograr un
objetivo de estas características es preciso fomentar y
facilitar el desarrollo
e implantación de establecimientos empresariales (alojamiento,
ocio, comercial,
actividades deportivas y recreativas...) y crear condiciones para que
la
ordenación urbanística configure espacios bien ordenados
y de calidad urbana y
ambiental" (Ibid.,
80).
A continuación se hace un recuento exhaustivo de los
diversos elementos que deben ordenarse de acuerdo con esa
intención (que en
conjunto integran lo que se define como "espacio turístico
comarcal");
sólo quedan al margen de dicho ámbito lo ocupado por la
actividad industrial y
logística, las infraestructuras, las áreas de
regadío y los asentamientos de
primera residencia no afectados por protecciones de carácter
histórico,
cultural o paisajístico, es decir una superficie que no llega al
10% de la
total.
Evidentemente mucho de lo anterior tiene un destino como
fondo de escenario estático y fundamentalmente no-urbano, pero
eso no deja de
suponer un encauzamiento de la mayor parte del territorio hacia la
economía del
turismo. De todos los usos contemplados sólo se promueve el
crecimiento de los
que afectan al turismo (Ibid., artículos 39.2 a, 39.2 c y 39.2 d). Es de suponer que
como consecuencia de ello se consiga el objetivo de generar “empleo
estable y de calidad" (Ibid., artículo 39.2 b).
Por otro lado entre los objetivos deseados para los usos
agrarios figura la protección de "[...] la cultura vinculada
al uso
agrario del olivar". A primera vista podría interpretarse
esta
prescripción como encaminada al mantenimiento de todo ese
conjunto de saberes,
técnicas, costumbres, creencias y entramado de relaciones
sociales que son a la
vez la condición y el resultado de dicha actividad agraria;
aunque si lo que se
pretende es que siga siendo interesante para la población que
vive de ello el
mantenimiento de tal cultivo lo lógico sería
también proponer medidas de
carácter económico, así como aquellas con
incidencia ambiental en las
infraestructuras, etc. o que se propusiera su estudio en otro tipo de
documentos como sí se hace para los regadíos. Sin embargo
en el "Artículo
56. Protección de la agricultura del Olivar" las medidas
(con nivel de
recomendación) que supuestamente están encaminadas al
mencionado objetivo se
reducen a las "[...] de protección y paisajísticas
para la salvaguarda
del cultivo del olivar y de las edificaciones tradicionales vinculadas
a la
producción de aceite." (Ibid., 120).
Si la identidad territorial es el principal recurso de la
comarca, entonces el mantenimiento del olivar (Ibid., artículo 39.3 c) es fundamental para ese
propósito (casi el 60% de los terrenos de secano está
dedicado a olivar y
almendral (Ibid., 30),
constituyendo la pieza maestra para propiciar el radical cambio que
supone la
sustitución de la base económica de la comarca, es decir
el paso de la agricultura
tradicional al turismo y los servicios; pero eso es muy difícil
de lograr sin
una mínima rentabilidad económica. En otras palabras, se
pretende que continúe
el olivar, no por su productividad intrínseca (ahora poco
atractiva para sus
propietarios), si no por su contribución a la
conservación de las señas de
identidad del territorio. Se produce, en nuestra opinión, una
grave
equivocación conceptual y metodológica al tratar de poner
“en valor” la llamada
identidad (comarcal, territorial, cultural, paisajística)
mediante la
conservación de los aspectos más superficiales (en el
sentido de que conforman
su apariencia visual) del medio físico, natural o artificial.
Si no interpretamos mal, la identidad, tal como aquí
se
usa la palabra, tiene que ver con lo que diferencia este lugar de
otros;
también con lo que es permanente, y con el singular resultado de
una
decantación histórica, pero siempre entendido como “lo
dado”. Esto se confirma
al examinar el contenido del artículo 86.2 (Ibid., 130) que trata sobre los
"criterios para la determinación de los bienes inmuebles
protegidos",
especialmente los dos primeros:
“a) Ser manifestación de
modos de ocupación y explotación del territorio de la
Axarquía ya en desuso.
b) Su antigüedad y/o su
valor testimonial de hechos históricos.
c) Su valor
arquitectónico y/o artístico.
d) Su
valor singular o diferencial."
El cuarto de los criterios se refiere simplemente a una
característica genérica, el valor del objeto singular;
recordemos que la misma
escasez que dota de un valor digno de consideración y
protección es la que
fundamenta la condición de mercancía y su correspondiente
valor monetario.
Actualmente ya no hay dudas de que la valoración que
inicialmente puedan
atribuir los juicios de los expertos (artísticos,
científicos, historiadores,
etc.) es con gran generalidad lo que abre la puerta a su
consideración como
mercancía particularmente valiosa. Y ese valor de singularidad
es lo que
permite al POT Axarquía proponer una
estrategia basada en la "[...] capacidad de ofrecer una experiencia
diferente" (Ibid., 80).
Pero así como el territorio no puede ser explicado
sin
considerarlo también como proceso (y de ahí lo decisivo
de comprender que la
población es parte integrante del territorio), ni la cultura
puede ser reducida
a sus manifestaciones materiales, tampoco la belleza y la singularidad
de un
paisaje pueden ser mantenidas con simples disposiciones de un control
puramente
defensivo por parte de las instituciones. El paisaje está vivo y
tratar de
congelarlo es prácticamente la misma operación que la museificación
de
ciertos espacios de la ciudad histórica. Pero es que en este
caso al hacer
abstracción de los procesos culturales y sociales, ya no
solamente acumulativos
(y previsibles) sino mutantes (es decir, no previsibles), y al no
contar con la
necesaria financiación de esa conservación lo
único que se consigue es mantener
el espejismo de un determinismo impuesto desde fuera y desde arriba.
Razonamientos parecidos pueden exponerse en relación
con
la segunda de las dimensiones territoriales, la "cohesión
social
comarcal" la cual se presenta como uno de los objetivos principales
(Ibid., 63-64). Una manera de
contribuir a ello por parte del Plan es mediante la creación o
conservación de
un cierto "sentimiento de pertenencia" (Ibid., 63); y también la
articulación territorial interna que se confía a la
mejora "[...] de
las infraestructuras viarias y de transportes y dotaciones de
equipamientos",
según el objetivo 2 de la ordenación (Ibid., 56).
No obstante la experiencia de lo que ha sucedido en la
Costa del Sol occidental y en otros lugares nos hacen dudar seriamente
de que
esto se pueda alcanzar con los medios expuestos; el proceso de
transformación
económica que con tanto ahínco quiere estimularse desde
el POT Axarquía, a
través de la introducción de un turismo profesional o
empresarial, capaz de
crear empleo (aunque de escasa cualificación y muy precarizado).
La sustitución
de la economía agrícola por el turismo ha provocado por
lo general abandono del
trabajo en el campo, con la consecuencia de que éste ya no se
cuida, además de
otros muchos efectos entre los que destaca la pérdida de esas
pautas de
relación hombre-naturaleza que son precisamente las que explican
muchos de los
valores paisajísticos que conforman la llamada identidad
territorial de la
Axarquía, aparte del aflojamiento de los lazos familiares y
comunitarios
(Gemeinschaft), base de esa cohesión social que pensamos asume
el POT Axarquía.
La preservación de las construcciones y demás
elementos
ligados al cultivo tradicional poco contribuye a la cohesión
social; más bien
sucederá lo contrario, la radical transformación de las relaciones sociales y de las subjetividades
provocada por el cambio económico redundará en el
deterioro de tales elementos
y del paisaje rural si lo único que se arbitran son meras
limitaciones.
1.3 La mercancía
suelo
En este mismo sentido el olvido de otro factor
fundamental, el suelo entendido como mercancía, probablemente
hará inútiles
todas las medidas previstas para contener la desordenada
ocupación de lo que
todavía es suelo rústico; ello se debe a la falta de
capacidad controladora por
parte de muchos de los municipios y sobre todo de un deseo sentido como
auténtica necesidad por parte de un gran número de
ciudadanos, que a su vez es
correspondido en el lado de la oferta por los propietarios de terrenos
que
convenientemente parcelados proporcionan rápidas ganancias, muy
superiores a
las derivadas de las explotaciones agrarias tradicionales; y eso sin
contar con
el interés añadido de otros agentes en quitar
obstáculos a dicho proceso o
favorecerlo.
Desbordando ahora un poco el propósito de esta parte
del trabajo diremos que esta dinámica carece
probablemente de solución desde los instrumentos típicos
de los planes
territoriales y urbanísticos; es más, que la
segmentación territorial inherente
a la clasificación jurídica del suelo (que define en
donde se puede o podrá
edificar y donde no), lejos de ser un freno, lo ha estimulado debido a
los
brutales diferenciales de precios que se inducen y a la facilidad con
que es
posible conseguir espectaculares ganancias influyendo en las
autoridades
municipales, que son las encargadas de decidir y aprobar sobre planos
la
“clasificación urbanística”, es decir por donde pasa el
límite entre suelo
urbano o urbanizable y suelo no urbanizable.
Creación de escasez mediante la abundancia
¿Cómo? Pues
forzando la circulación monetaria y desencadenando procesos de
una velocidad
tal que el territorio heredado no puede asimilar y, por lo tanto,
colapsa. Lo
cual se manifiesta en lo visible por drásticos cambios
topográficos, fuerte
incremento de la erosión, destrucción del tapiz vegetal,
segmentación y
fraccionamiento debido al cruce de infraestructuras, y sobre todo por
la
aparición dispersa -sprawl- de todo tipo de edificios
(viviendas, cobertizos,
naves industriales o almacenes, invernaderos, etcétera). Y en lo
social o
invisible por lo que deja fuera de juego: gran cantidad de los antiguos
agentes
(propietarios, productores, empresarios, etc.), especialmente los que
menos
capital poseen, más el entramado social que garantizaba su
existencia,
produciéndose un nuevo episodio de lo que desde Marx se entiende
por
"acumulación primitiva".
El Plan prevé, entre otras novedades, las “zonas
de
oportunidad para actividades comerciales y de ocio", en el
artículo 42
(Ibid., 116),
y con una intencionalidad más clara las "zonas de
dinamización
turística " en los artículos 45 y 46 (Ibid., 117). En la memoria de
ordenación se explica en qué consisten estas operaciones (Ibid., 81):
"[...] la prioridad de la ordenación del espacio
turístico en la franja costera
reside en la identificación de áreas de oportunidad para
el turismo productivo
que reserven este suelo para un objetivo estratégico territorial
y
supramunicipal, con empleo y con tendencia a operar un periodo amplio
del año.
Estas
áreas de oportunidad, o Zonas de Dinamización
Turística, como se las denomina
en este Plan, proceden, en su mayor parte, de reservas territoriales
que se
realizaron a mediados de los años 80 por protección
paisajista del espacio
productivo agrario y que en el momento presente han perdido su sentido
y su
justificación [...] debido [...] al abandono de las actividades
agrícolas [...],
conformando espacios sin valores paisajísticos de interés."
Aparte de la dudosa legalidad de esta previsión (los
POT
no pueden realizar cambios en la “clasificación
urbanística”), y de que
contribuye a la saturación urbana de la franja litoral, el hecho de que
el POT Axarquía juzgue estos terrenos (muchos pertenecen a la
mayor empresa de
la comarca) como de escaso valor paisajístico, no quiere decir
que no puedan
adquirirlo mediante su declaración como espacios libres (por
ejemplo) y un
tratamiento adecuado. Sin embargo esa posibilidad ha cedido ante la que
se ha juzgado
como de mayor interés, el destino al servicio del lucro privado
frente a lo que
podría haber sido parte muy interesante de ese capital
territorial de carácter
público (Ibid., 67
y 68), justificando la decisión adoptada por la necesidad de
prever espacios
para cubrir ese déficit de oferta turística empresarial
tantas veces esgrimido;
pero reduciendo los frentes de playa no ocupados por suelos urbanos o
urbanizables (y descontando la parte de los acantilados de Maro en el
extremo
oriental de la comarca), desde el 17,5% al 5%.
De esta manera se ha perdido la ocasión para
configurar
espacios libres de conexión del interior con el litoral en los
dos mejores
huecos que quedaban, piezas muy importantes en lo que podrían
haber sido
conjuntos de ámbitos no urbanizables conectados entre sí,
de gran interés
paisajístico y conformando redes para la circulación de
los flujos bióticos
entre los diversos ecosistemas.
Esta falta de sensibilidad "topológica" ante el
territorio se percibe igualmente en la disposición del mayor
conjunto de áreas
no urbanizables (al margen de los espacios naturales protegidos en los
límites
norte y este de la comarca), el que forman los suelos afectados por
riesgos
naturales, los susceptibles de ser inundados y los terrenos con una
pendiente
superior al 50%; en estos casos el criterio puramente geométrico
de la
configuración de las curvas de nivel o el de la
caracterización geotécnica ha
determinado ciegamente la (in)vertebración del llamado "capital público" comarcal al
desaprovechar unas posibilidades muy interesantes de
interconexión entre las
diversas zonas que se declaran libres de asentamientos urbanos.
2. Los
sujetos de los
procesos económicos regulados por el
POT Axarquía
La creciente importancia de la dimensión
económica de todo
el devenir social y territorial, y, por otro lado, las persistentes
dificultades de encauzar dicha actividad para que no destruya ese medio
territorial (más todavía, que no arruine, como es este
caso, la mismísima base
de la prosperidad económica local) obligan a cuestionar en toda
su crudeza la
aptitud de los planes urbanísticos y territoriales (y en
concreto el de la
Axarquía) para responder con eficacia a esa supuesta
funcionalidad regulatoria
que se les supone.
Esta pregunta no tendrá respuesta, por nuestra parte,
hasta que abordemos el tercero de los epígrafes que ya se
enunciaron, hasta que
no expongamos, bien que sintéticamente, la totalidad del
problema y su
complejidad. Pero como tránsito imprescindible es preciso
plantear el tema del
poder, y por la índole de este trabajo, esto será a
través de una mínima
exploración sobre qué agentes son relevantes en la
actividad económica sobre el
territorio.
Ya hemos visto cómo el Plan asume, aunque no se diga
explícitamente, que tanto el medio físico como la
población no son agentes
activos, en el sentido de lo que verdaderamente cuenta, es decir, en
cuanto
actores con capacidad de decidir. Porque lo importante no son las
fuerzas, sino
cómo se aplican y componen esas fuerzas; no quien posee la
energía, sino su
control. Y en esta distribución que la economía
académica hace de acciones y
decisiones, éstas últimas sólo se atribuye a los
que ostentan alguna capacidad
de decisión concentrada e importante, los llamados poderes
económico y
político, y en alguna medida también el poder
técnico.
Admitido esto no habrá inconveniente en preguntar
sobre
el papel de los agentes activos en el POT Axarquía. Pero, ya se
ha dicho,
apenas hay referencias a ello en el documento. Suponemos que es debido
a la
adopción del criterio de neutralidad y objetividad que debe
presidir la
elaboración de instrumentos
jurídico-administrativos como es este y que se juzga que deben
abstenerse de tomar medidas directamente económicas o de tipo
poblacional.
2.1 Los agentes
cualificados
Pero una mirada más detenida e informada no
sólo descubre
el funcionamiento de la lógica económica que
tácitamente se asume en el
documento (parcialmente expuesto en el anterior epígrafe al
analizar cuál es el
objeto de los procesos económicos considerados en este Plan),
sino que también
podría revelar qué agentes económicos importantes
se han tenido en cuenta, qué
postura se adopta en relación con ellos, cómo han
influido en el resultado,
etc. Todo un entramado de relaciones entre los diversos agentes con
intereses
en la Axarquía, incluyendo las instituciones que lo han
formulado.
Desde un punto de vista desapegado y distante (es decir
ingenuo) es un misterio por qué este entramado nunca aparece
descrito o al
menos referenciado en los planes urbanísticos y territoriales.
Por descontado
que ahora, en este trabajo, resulta bastante indiferente cómo es
este mapa del
poder que se oculta tras el POT Axarquía. Sólo nos
interesa destacar que el
contenido de ese mapa existeaunque nadie lo haya elaborado como tal y
que la ordenación del territorio implica siempre una muy
concreta política
económica, aunque de eso no se hable en los documentos oficiales
y se evite
cuidadosamente desbordar el ámbito estrictamente técnico
de las disciplinas
expertas en el territorio (por lo menos en el caso que nos ocupa).
2.2 La población
Las referencias del Plan a la población son
mínimas; hay,
creemos, un doble motivo: por un lado por su escaso
papel en la confección de los planes urbanísticos y
territoriales, cada vez más
irrelevante por voluntad de los mismos responsables de su
formulación; y por
otro porque no se considera a la población en general como un
agente económico
con autonomía.
A esa población ni siquiera se le concede la
posibilidad
de ser tratada como "capital humano", que en este caso tendría
la
cualidad diferenciadora respecto lo que si se trata como “capital
territorial", de una cada vez más valorada capacidad
de innovación, y en cierta manera de inventar nuevas
mercancías, nuevas formas
de riqueza (según las doctrinas más actuales sobre la
gestión de los factores
económicos). En cierto modo la población sigue siendo
para este documento la
mercancía "fuerza de trabajo (y de consumo)"; con lo cual no
salimos
de la economía política clásica ni tampoco de su
respectiva crítica marxista,
donde las relaciones de poder se reducen a las que mantienen los dos
grandes
polos que agrupan capital y trabajo (Lazzarato 2007, 85).
Incapacidad para tratar a la población como algo que
sea
irreductible al hecho económico. Del tema que podríamos
titular
"habitantes de la Axarquía (presentes o futuros)" tan
sólo se nos
dice que se distribuyen entre los autóctonos, los turistas y los
residentes
foráneos (y éstos entre los inmigrantes laborales y
climáticos); también
sabemos que existe un nuevo tipo de colonización del espacio
rural, que puede
acabar por destruir el paisaje, principal activo de la comarca, su
capital
territorial; asimismo que se plantea como objetivo lograr la
cohesión social a
través de la creación de un tipo de empleo asalariado
(que estimamos es
sumamente precario y descualificado), la conservación de la
identidad
territorial y mediante la articulación de los núcleos de
población mediante
infraestructuras viarias y dotación de equipamientos.
Es sintomático que se consideren preferibles los
ingresos
de la explotación turística profesionalizada y reglada
antes que los derivados
del microturismo informal y difuso, al alcance de muchas familias, pero
difícil
de cuantificar y sobre todo de fiscalizar, habiendo en esto una
convergencia
objetiva de los intereses de los empresarios y de la Hacienda
Pública, que se
manifiesta por la necesidad imperiosa de que el flujo económico
que aparece
como difuso e indiferenciado sea segmentado e identificado
--según la
"imputación separada" (Castoriadis 1999, 76), operación
fundamental
para su capitalización.
A fin de cuentas la población sólo parece ser
un agente
delegado, una correa de transmisión entre los agentes
cualificados y ese
denominado "capital territorial"
que es preciso explotar de la manera pretendidamente más
racional.
2.3 El medio
territorial o geográfico
Es fácil rechazar estas críticas aduciendo que
el objeto
del Plan es el medio geográfico, que no debe confundirse con la
población que
en él habita. Y justamente es así como se entiende en el
documento, como un
espacio especialmente atractivo en el caso de la Axarquía, pero
también
susceptible de ser enriquecido o arruinado, pero igualmente valioso en
la
medida en que está al servicio de los habitantes a través
de su capitalización
económica.
Llegamos así a lo que se considera el objeto del
Plan, el
medio geográfico que se presenta como totalmente
desposeído de cualquier
potencia propia, salvo la puramente destructiva de la obra humana. En
su faceta
más valiosa, lo hemos visto, se reduce a "lo dado", cosa cerrada
que
conviene conservar en su estado actual o, mejor aún, devolverle
la apariencia
que pudo tener antes de que se iniciara el actual proceso degenerativo;
por eso
las actuaciones nuevas se permiten en cuanto se ajusten a las
fórmulas de los
asentamientos rurales tradicionales. Excepción notable es el
tratamiento de la
franja costera de playa donde no hay inconveniente en macizarla casi
por
entero.
En la normativa hay una cierta consideración de los
espacios no urbanizables, especificando qué lugares se
consideran integrantes
de la Red de Espacios libres de carácter Comarcal en los
artículos 30 a 38 (CTOPT-JA
2006, 111-114) y las cautelas
previstas para preservarlos; contribuyendo así al desarrollo
turístico del
interior y a la correcta inserción paisajística y
medioambiental de los
asentamientos urbanos y de las infraestructuras.
Todas estas medidas defensivas son absolutamente
genéricas, es decir, lo mismo se podría haber dicho de
cualquier otro lugar con
valores paisajísticos notables. En parte eso es así
porque el principal soporte
comunicativo de lo propuesto en el documento es el lenguaje escrito (en
la
normativa), resultando la descripción cartográfica muy
escueta en planos de
escala muy menuda.
En resumen, el medio físico, principal objeto del
Plan,
no se entiende en su singularidad irreductible, en su potencia propia
de ser
alguna otra cosa que sea distinta a lo heredado o al resultado
degradado de
esto; tan sólo como recurso valioso al servicio de la
población y sobre todo
como materia prima para la transformación económica de la
comarca y para la
generación de empleo.
2.4 Supuestos tácitos
sobre los agentes económicos
No hay una reflexión o referencia explicita alguna en
el
POT Axarquía sobre quiénes son los agentes
económicos; pero sí que hay un
posicionamiento implícito muy claro y operativo sobre esta
cuestión, igual que
lo hay respecto la política económica a cuyo servicio se
pone este documento.
Así, se dispone toda una jerarquía de factores a los que
se les confiere
funciones bien precisas.
En el nivel inferior se situaría el medio
físico, puro
recurso inerte y mudo en cuanto que sus valores están ya
establecidos,
catalogados y dispuestos para su aprovechamiento (bueno o malo). Posee
identidad, pero ésta es cerrada. Es sólo un medio para
una finalidad que es
definida desde su exterioridad.
En una posición intermedia está la
población. Sobre su
evolución sólo se aportan unas mínimas previsiones
de tipo meramente
cuantitativo, sin que se diga nada sobre los procesos cualitativos o
autotransformativos. Su papel económico se reduce a la
producción y el consumo.
Y su espontaneidad debe vigilarse y encauzarse igualmente desde el
exterior. En
cuanto a sus deseos y aspiraciones se considera que sus representantes
políticos ya hablan por ellos.
Y en el nivel más alto están los que deciden,
los cuales
en un instrumento de esta clase no se reducen a los redactores
(técnicos), ni
siquiera a los cargos políticos de las instituciones
involucradas. Son los
verdaderos actores de los procesos económicos, actuando mediante
motivaciones
singulares aunque en gran medida observen ciertas regularidades propias
del
modelo económico dominante. En el documento no se les nombra,
quedando sus
intervenciones, algunas de ellas presumiblemente muy intensas y
decisivas,
completamente ocultas. La excepción atañe a los
técnicos redactores como
autores de cuanto aparece en el documento. Es este peculiar factor al
que hemos
denominado en algún momento como "poder técnico",
supeditado a
los poderes político y económico, pero que gozan de
ciertos privilegios de
intermediación entre estos poderes y el resto de agentes ya
mencionados, a los
que prestaremos atención en el siguiente epígrafe al
comentar ese saber-poder
que todavía detentan.
3. La economía y las
disciplinas del territorio en el caso del POT Axarquía
3.1 Sobre la gestión
del Plan
Tal vez el mayor problema con que se enfrentan los Planes
de Ordenación Territorial sea el relativo a su capacidad de
incidir
precisamente en el territorio, es decir, conseguir un aceptable logro
de las
finalidades que justifican su existencia como instrumentos de gobierno.
Este
problema no es en absoluto nuevo pues el planeamiento de ámbito
municipal tiene
una dilatada historia de dificultades y en no pocos casos de fracasos
sin
paliativos. Estos problemas se multiplican ahora debido
a su inadecuación a unas dinámicas sociales,
económicas y territoriales que ya
no son propias de la época histórica en que surgieron
estos instrumentos
(Reinoso, Romero y Serrano 2003).
Sin duda una de las principales rémoras estriba en su
estilo marcadamente teoremático (así sucede cuando la
teoría precede claramente
a la práctica, y por lo tanto la realidad de las cosas debe ser
reconducida a
lo que dicen leyes, reglamentos y normas), de acuerdo con el
carácter
trascendente de la tradición jurídica española
(Salas Vara de Rey, 2005) por el que la ley se elabora, aprueba y aplica desde
instituciones fuertemente centralizadas y exteriores a la realidad
social que
es el objeto de la correspondiente acción de gobierno.
Por tanto lo primero es definir unos objetivos,
después
se elaboran las medidas encaminadas a conseguirlos,
traduciéndose esto en el
cuerpo propiamente normativo del Plan. Completo el instrumento, hay que
aplicarlo; de ello se encargan otras instancias administrativas, los
ayuntamientos y demás Administraciones Públicas en lo que
sean competentes.
Finalmente el proceso de in-formación de la realidad culmina en
la acción sobre
la materia física a cargo de agentes ejecutores, la
mayoría de las veces
privados.
El POT Axarquía se pronuncia muy escasamente sobre el
proceso que se acaba de describir. En los artículos 7 al 12 se
trata
someramente la "entidad de gestión y ejecución del plan";
en
otros artículos lo mismo se hace respecto el seguimiento y
cambios que podrían
efectuarse en el documento del Plan.
Salvo esas recomendaciones no hay en el documento medidas
encaminadas a resolver esa perpetua distancia, al parecer ya
insalvable, entre
los objetivos y prescripciones normativas de los planes y su posterior
gestión.
Por su parte la citada entidad de gestión del Plan tiene ante
sí la tremenda
tarea de obligar a los ayuntamientos que refuercen el control sobre la
gran
cantidad de actuaciones que hoy se dan de la manera más
contraria a lo previsto
en la normativa; convenciéndoles, además, de que deben
olvidarse de relajar su
rigor en la permanente tentación de ofertar facilidades para
captar recursos,
inversiones, asentamientos de todo tipo, etc. en ese mercado urbano
donde todos
ellos compiten. En fin, teniendo que hacer frente a esa
conjugación de
extendidísimos deseos de una supuesta calidad de vida en un
entorno pseudorural
por el lado la demanda y de igualmente deseos de grandes y
fáciles ganancias
mediante la oferta de parcelas de pequeño o mediano
tamaño y carentes de los
servicios urbanos mínimos.
En el POT Axarquía se dispone de una cuidadosa y
meritoria normativa para evitar los más perniciosos efectos de
una ocupación
del medio rural ahora descontrolada; pero se tratan de prohibiciones o
limitaciones sin el acompañamiento de otro tipo de soluciones.
Son medidas
“formales” en ambos sentidos de esta palabra: que atañen a la
apariencia de lo
que se construye y de la consecuente afectación del entorno
territorial; y por
otro lado formal en el sentido de reglado, de lo que por su naturaleza
jurídica
sólo incide sobre los efectos de conductas sobre cuyas causas o
motivaciones
bien poco se considera. No inciden en la dinámica profunda de
los fenómenos que
se pretenden reconducir y su eficacia depende de multitud de otros
agentes,
institucionales o no, cuyos responsables deben asumir la carga que a
cada uno
le competa para que lo prescrito se cumpla en el plano de los hechos,
pues el
Plan carece de previsiones sobre su propia gestión y
aplicación, más allá de
algunas elementales recomendaciones.
3.2 Sobre su relación
con otros saberes y con la economía
Sin embargo, más allá de las concretas
disposiciones del
Plan hay que examinar cómo se ha elaborado y como se articula la
parte
programática donde aparecen los objetivos principales y se
define el modelo de
territorio que se propugna. Todavía vivimos una época en
la que los saberes se
circunscriben a compartimentos estancos. En temas tan complejos como lo
es el
territorio el resultado sincrético no debe confundirse con lo
que puede ser el
producto propio de cada una de esas disciplinas en particular.
No obstante esa intención de ajustarse a una supuesta
disciplina propia (la que entendería de la disposición de
las actividades
sociales en el medio territorial) puede haber conducido a excluir
algunas
categorías de datos que habrían arrojado más luz
sobre bloques de información
que aparentemente se aceptan en el desarrollo del texto de un modo
bastante
apriorístico. Nos referimos a esos agentes que en el anterior
epígrafe se han
mencionado, y en especial a los que se consideran poco relevantes en
cuanto a
su autonomía de comportamiento y a la posibilidad de jugar un
papel diferente
al previamente conferido; tal vez deberían haberse realizado
ciertas
aproximaciones sociológicas, culturales,
antropológicas,... no sólo sobre la
población autóctona, sino también acerca de los
inmigrantes laborales y
climáticos; y también sobre los visitantes más
fugaces, esos que se califican
de un modo genérico como turistas. Si lo que se considera
relevante de su
contribución a la comarca es la capacidad de gasto de esta
población foránea no
habría estado de más algún estudio sobre las
tendencias sociales ya reseñadas,
así como sobre las nuevas subjetividades y demás factores
que parecen apuntar a
una crisis importante en la drástica diferenciación
conceptual que el Plan
acepta entre residentes y turistas, con unas pautas de comportamiento
que
apuntan a una creciente diversidad y complejidad en cuanto su
relación con el
medio físico, a sus hábitos de consumo, a su movilidad
física, a las formas
establecidas o emergentes de sociabilidad, etc.
Siguiendo con otro ejemplo de información relevante
(que
desconocemos si se ha manejado, aunque no aparecen referencias ciertas
en el
documento), el conocimiento de la situación económica,
administrativa, de la
capacidad técnica, o incluso de las aspiraciones de los
ayuntamientos, resulta
esencial para decidir multitud de aspectos, tanto de contenido como
instrumentales. Puede que esta falta de información en el Plan
se deba a la
aplicación del criterio que parece seguirse en cuanto a tratar
exclusivamente
ese objeto al que se aplican las versiones más reductivas de los
saberes
territoriales, haciendo abstracción de los agentes activos que
sobre el
territorio así entendido operan y que ya hemos mencionado
repetidamente.
Pero el problema con la economía es de otro tipo; no
se
trata de una dimensión más de la cuestión
territorial, sino que por su misma
posición de dominio como referente privilegiado en la
práctica política
convencional y por su centralidad metodológica en las tareas
encaminadas a la
administración de las cosas hay muy poco margen para operar de
otra manera,
hasta el punto de que la única alternativa sería
renunciar por completo a
elaborar y aplicar estos instrumentos
técnico-jurídico-administrativos, tal
como hoy en día se entienden.
Si en una posición maximalista se afirma que el fin
último de un plan de este tipo es algo así como
contribuir a que sus habitantes
disfruten de una cierta calidad de vida, se responderá
inmediatamente que eso
es sólo posible conseguirlo por el conducto de un alto nivel
adquisitivo (lo
cual, por otra parte, parece más bien difícil que se
extienda a la mayoría de
la población, dado el a priori ontológico y operativo de
la economía
capitalista que no es otro que la producción de escasez, a
menudo conseguida
paradójicamente mediante la abundancia). Si lo que se intentara
lograr fuera
una auténtica sostenibilidad del territorio (es decir,
sencillamente su no
destrucción) el desacuerdo es total debido a que los economistas
académicos no
conciben otra economía que la que está en perpetua
expansión y crecimiento, lo
cual contradice frontalmente la médula de la teoría de la
sostenibilidad.
Es de este tipo la premisa fundamental del POT
Axarquía,
la que guía su estrategia. Y por esto sucede que en ciertos
ámbitos de la
ordenación propuesta se produzcan verdaderos contrasentidos,
como declarar como
objetivo la cohesión social y luego favorecer dinámicas
económicas cuyo efecto
consiste en la marginación social de los que no tengan solvencia
económica. Lo
mismo puede decirse de las diversas declinaciones de la palabra
identidad que
en el documento se manejan, con la mirada siempre dirigida a un pasado
que sin
duda es un invento más o menos afortunado para consumo de
turistas.
Lo que con esto queremos señalar es un hiato
semejante al
que observamos, no sólo en este documento sino en un gran
número de planes de
ordenación, entre la parte jurídica de estos documentos y
su gestión concreta:
ahora la contradicción se da en el seno del mismo documento
entre los objetivos
declarados y los medios ofrecidos para conseguirlos, de modo que
aquellos
arriesguen a tener una utilidad exclusivamente retórica.
3.3 Sobre la temporalidad
no lineal de los actuales procesos históricos
Una característica propia de los instrumentos de
planeamiento derivados del ciclo legislativo al que pertenecen las
leyes del
Suelo de 1956 y sucesivas es el dominio de las imágenes
finalistas. La insistencia
en los objetivos, tal vez la obsesión por el aspecto visual del
territorio, y
en cambio la escasa atención a los procesos creemos que hacen
que este Plan sea
demasiado frágil en los momentos históricos actuales en
los que se dan con
frecuencia cada vez mayor procesos no lineales, crisis y
transformaciones para
las que están mal preparados los instrumentos basados en la
temporalidad
secuencial y acumulativa de las dinámicas propias de un tiempo
histórico
(algunos le llamamos capitalismo fordista) ya sobrepasado.
Y como muestra de
este tipo de procesos rupturistas no hay que ir muy lejos, pues la
misma
desordenada y agresiva colonización del entorno rural por parte
de primeras y
segundas residencias es un buen ejemplo; y lo mismo se puede decir
respecto el
fenómeno de los cultivos en invernadero o la creciente movilidad
residencial de
muchos de los que empiezan a establecerse (aunque sea a tiempo parcial)
en la
Axarquía. Violentos movimientos de desterritorialización
son también, a un
nivel global, los propios de los flujos financieros o, en el otro
extremo, pero
íntimamente conectado con el anterior, las crisis
medioambientales que no han
hecho más que empezar.
Todo esto, ya fue dicho en el primer epígrafe, tiene
relación directa con lo que ocurre y ocurrirá en la
Axarquía y plantea una
impugnación mayúscula a todos los saberes fundados en el
criterio de la
linealidad simple, como lo es el que se ha usado en este Plan y como
también lo
es el del sustrato economicista que en él se acepta.
3.4 Sobre la
complejidad del territorio y la no exterioridad de los agentes
Aquí puede ser oportuno recuperar un asunto comentado
en
el primer epígrafe, el de la exterioridad múltiple: la de
los agentes
económicos activos respecto los mecanismos y elementos
implicados en los
procesos económicos de producción y consumo en la comarca
de la Axarquía; la de
los que decidiendo gobiernan al resto del cuerpo social; la de los
expertos en
relación con la materia que es objeto de su investigación
y proyecto (y también
en relación con los legos, el resto de ciudadanos que
supuestamente "no
saben"). Todas estas situaciones se pueden calificar como modalidades
de
un principio muy caro a la ciencia clásica, el de la
separación entre el
observador (a veces denominado “científico”) y lo observado, y
de un modo más
general, la separación de sujeto y objeto.
Se ha mencionado de manera fugaz a la economía
política
clásica que claramente sigue este mismo patrón
epistémico en cuanto reduce las
relaciones de poder o relaciones de fuerza sociales a las que se
establecen a
la manera dicotómica entre capital y trabajo (Lazzarato 2007,
85). Sin embargo
pensamos que es urgente tener en cuenta nuevos sujetos de poder,
humanos y no
humanos, hasta ahora no manifestados (o mejor dicho, "no escuchados").
Las consecuencias de este cambio de actitud,
consustancial a un correlativo cambio de modo de pensar, son radicales,
afectando directamente al tipo de instrumentos al que pertenece el POT
Axarquía. Nosotros nos limitaremos
en
este caso a glosar tres aspectos, tratando de mostrar ciertas
alternativas al
modo en que se abordan actualmente algunas de estas temáticas; y
también con el
fin de proporcionar al lector pistas sobre nuestras propias posiciones.
El primero de ellos recupera la discusión del
epígrafe 2
sobre los agentes relevantes en la actividad económica sobre el
territorio. La
actividad humana está llegando tan lejos y tan profundo que los
anteriores
equilibrios sobre cuya permanencia podríamos trazar proyectos y
programas más
menos fiables, se perturban, desencadenando procesos retroactivos cada
vez más
potentes que ponen en riesgo la consecución de los objetivos
prefijados (o al
menos empiezan a encarecer desproporcionadamente el coste de tales
intentos)
así como la adecuación o pertinencia de estos modos de
actuar.
De nuevo no hay que ir muy lejos para comprobar estos
efectos bumerán que amenazan con hacerse incontrolables y muy
destructivos: ahí
está de nuevo ese éxito del paisaje de la
Axarquía, sobre el cual se pronuncia
lúcidamente el Plan, pues "[...] es precisamente la belleza
de este
paisaje el factor principal de su deterioro" (CTOPT-JA
2006, 12). Y sin embargo, como ya
se ha argumentado, mal se remediará la situación si
además de las medidas
cosméticas en el documento se arbitran disposiciones para
exacerbar la dinámica
económica actual, cuyos efectos sociales van justo en sentido
contrario de
mejorar la cohesión social, repercutiendo inevitablemente en el
abandono del
medio rural y en su descontrolada ocupación.
Hay, pues, la urgencia de actuar sobre las causas y para
conseguir realmente lo que este Plan se propone se deberían
considerar esas dos
categorías de agentes (población y medio territorial) que
se definieron en el
epígrafe 2. La propuesta es coherente con la definición
que hemos propuesto de
“territorio”, es decir ese compuesto de medio físico "natural" y
de
habitantes. Ya no hay exterioridad posible, la separación de
medios
territoriales y población (y por tanto la operación
mental que aparta de
nuestra consideración la población cuando se está
tratando la ordenación del
territorio) pierde toda pertinencia desde el momento en que reconocemos
una
coevolución, con multitud de flujos materiales,
energéticos e informacionales
que cruzan esas supuestas fronteras entre naturaleza y sociedad humana.
Aunque
es obvio que cada componente tiene su propia entidad, expresada por los
fenómenos de autoorganización propios y por sus
respectivas capacidades o
"poderes".
Esta complejidad fantástica que caracteriza a todo
territorio es lo que explica su irreductible “singularidad”. Preferimos
esta
palabra a la de identidad dado que lo idéntico remite a una
condición de
clausura y acabamiento, mientras que lo singular, así pensamos,
está siempre
abierto y es creativo. Esa la razón por la que juzgamos muy
insuficiente el
tratamiento que le procura el POT Axarquía, que si bien se
esfuerza por
proteger los valores de la comarca, éstos no dejan de ser
superficiales, con
medidas, además, de tipo defensivo.
Con estas reflexiones entramos en el segundo aspecto que
quisiéramos exponer. Si aceptamos que la cosa a la que nos
enfrentamos es
singular y además reconocemos la penosa insuficiencia de los
saberes que
presuntamente son los adecuados para el tipo de tarea encomendada
(elaborar el
POT) sólo nos queda una salida, aunque bien difícil y el
reto produce vértigo.
Dicho claramente: tenemos que inventar, tenemos que idear nuevas
herramientas,
algunas modificando las que ya tenemos, unas más prestadas de
saberes ajenos;
otras, en fin, por completo inéditas.
Pero este trabajo en absoluto se hace en el vacío. Y
de
nuevo puede ayudar el sentido de la palabra "territorio" que hemos
propuesto; porque si territorio en realidad somos todos, lo
único que podemos
hacer es escuchar qué dice el territorio, cómo puede este
particular territorio
de la Axarquía responder a las nuevas condiciones que
están apareciendo en el
territorio global (no sólo el que abarca el planeta entero, sino
el que también
incluye esa parte, más reciente y a la vez más interior
de todas, que llamamos
noosfera, el mundo de las ideas, pensamientos y demás cuerpos
inmateriales).
Una empresa de tal calibre no tendría sentido si
nuestro
referente, el territorio, no fuera a su vez creativo. Y eso es
fácil de
reconocer simplemente comparando territorios, antropizados o no, en sus
diversas épocas o fases históricas. La Axarquía
que tenemos a la vista es
sumamente diferente a la que existía hace 100 o 150 años,
y no sólo por los
cambios más lamentables. Conjuntamente, medio territorial y
población humana,
se han autoinventado, lo cual puede perfectamente datarse dando cuenta
de las
emergencias de nuevos modos organizativos, de estratos cada vez
más
desterritorializados. Siendo justamente el factor humano el componente
territorial decisivo en este proceso histórico hasta ahora
mismo, entendemos
que es obligada la consideración de una especie de
metaeconomía cuya función es
integrar en un solo saber lo relativo a la economía capitalista
clásica y a las
condiciones para que la correspondiente práctica
económica se produzca,
incluyendo lo que se pueden considerar como protomercancías, las
territoriales
de un modo muy destacado.
Si lo anterior supone un cambio radical en el interior de
la disciplina que "sabe" de la ordenación del territorio, pues
supone
situarse en la periferia de la misma, (único lugar desde el que
es posible
intercambiar ideas, información, experiencias con otras
disciplinas, único
lugar también, como frontera temporal, desde el que es posible
reconocer el
mundo de lo posible), lo que ahora se dirá afecta de lleno a su
contexto
institucional y político y sin duda a su misma razón de
ser. Y lo haremos
mediante la formulación de tres hipótesis:
1) La actual práctica
de
la gestión de la
ordenación urbanística y territorial está
deviniendo con mucha frecuencia en un
dispositivo de captura parasitario de las rentas del suelo, pero no
sólo por
parte de los agentes económicos sino por los encargados de
administrar desde
los aparatos de gobierno municipales y supramunicipales la
aplicación de los
planes, los programas y la legislación correspondientes. De esta
manera el
conjunto de agentes que tuvieron su origen en los aparatos del Estado
burgués
surgido en el siglo XIX (clase política, grandes conjuntos de
funcionarios
públicos, los cuerpos profesionales clásicos) tratan de
frenar la decadencia de
su propio poder, justo en el momento histórico en el que muchas
funciones de la
intermediación social que les eran propias pueden ser ahora
resueltas
directamente por el propio capital (lo cual, a su vez, explica
parcialmente el
abandono paulatino del Estado-providencia).
2) La perpetuación de
fórmulas inadecuadas
basadas en el modelo legislativo centralista, trascendente y deductivo
se
explica en cierta medida porque el espacio donde se dan los
procedimientos
administrativos derivados del modelo legislativo comentado oculta y
beneficia
otro espacio, un ámbito de negociación que funciona en
paralelo en el interior
de los órganos directivos institucionales, donde ciertos agentes
tienen la
oportunidad de beneficiarse, hasta hace muy poco impunemente, a costa
del bien
común.
3) No obstante el modelo
aparentemente
alternativo que se ofrece al ya declarado en gran parte obsoleto,
regido
fundamentalmente por el juego del libre mercado, no es satisfactorio en
nuestra
opinión desde el momento en que supone la sustitución de
una fórmula de
heterogobierno por otra, la llamada gobernanza, que proclama que la
participación se extienda a todos los ciudadanos, pero a
través de cauces de
antemano diseñados por una emergente tecno-burocracia de corte
gerencial
(Serrano y Rubio, 2008). Sólo la vigorosa y exitosa defensa de lo
que es común, de lo que es de todos podrá neutralizar
este novísimo proyecto de
dominación.
Bibliografía
Castoriadis, Cornelius.
1999. Figuras de lo pensable. Madrid:
Cátedra y Universitat de Valencia.
Consejería de Obras
Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía,
editores. 2006. Plan de
Ordenación del Territorio Costa del Sol
Oriental-Axarquía. http://www.juntadeandalucia.es/obraspublicasytransportes/www/estaticas/ordenacion_territorio/litoral_malaga/pdfs/01_IN.pdf
(9 de enero de 2007).
Ficha
bibliográfica:
SERRANO, E. y RUBIO, A. Lo que no se dice en los Planes de
Ordenación
Territorial: el caso de la
Costa
del Sol (España). Topofilia.
Revista de Arquitectónica, Urbanismo y Ciencias Sociales.
Hermosillo: Centro de Estudios de América del Norte, El Colegio
de Sonora, 1 de
septiembre de 2008, vol. I, núm. 1 <http://topofilia.net/serrano-rubio.html>.
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