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Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
La posición social y espacial en una ciudad turística.
Las luchas simbólicas de Álamos, Sonora
Helene
Balslev Clausen
Mario
Velázquez García
El artículo busca
analizar el
siguiente problema: ¿Qué tipo de sociedad se genera en
una localidad que cambia
su actividad primaria por el turismo? Las repercusiones sociales que
tiene en
poblaciones pequeñas y medianas de México el desarrollo
de esta actividad han
sido poco estudiadas. Esto a pesar de que instituciones como el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) consideran al turismo como uno de
los
fenómenos sociales y económicos más
destacables del siglo pasado, y México es uno de los lugares con
mayor
crecimiento en esta actividad dentro del continente americano
(Altés 2006). Los
estudios que se producen sobre el tema, generalmente se concentran en
analizar
la parte económica, ambiental, cultural o arquitectónica,
son pocos los trabajos
que analizan los cambios en las relaciones sociales, las instituciones
y las
organizaciones.
Este
trabajo busca explorar la parte social,
lo no siempre visible en las zonas turísticas; si lo perceptible
son los
restaurantes, hoteles, plazas. Esto tiene relevancia, si consideramos
que la
promoción de este tipo de actividades económicas ha
despertado gran interés en diversos
países en vías de desarrollo como México. El
turismo es considerado un impulsor
del desarrollo económico, generador de divisas, inversiones,
empleos y
empresas. Sin embargo, con el paso de los años, los grandes
complejos
turísticos como Acapulco y Cancún mostraron que como
asentamientos humanos
ejercían una gran presión sobre el territorio y los
recursos naturales; pero
también hacia la estructura social y las personas (Altés
2006). Entonces, las
siguientes líneas buscan hacer evidente, que detrás de la
construcción hoteles,
restaurantes, plazas o comercios existen individuos, grupos sociales,
formas de
organización social que sufren una profunda
transformación al construirse una
zona turística.
Uno de los factores
más
significativos en la producción de cambios sociales en zonas
turísticas es la
llegada de nuevos grupos de personas. Este tipo de localidades, por la
misma
lógica de este tipo de actividad productiva, se convierten en
zonas
especialmente abiertas tanto a la llegada de nuevos usuarios (los
visitantes)
como los que serán los prestadores de diversos servicios. Pero
no sólo esto, la
gran mayoría de las zonas turísticas se convierte en
zonas atractivas para
nuevos residentes. Este es el caso de algunos consumidores que
después de pasar
unas vacaciones en la zona deciden que ese es un mejor sitio para vivir
que el
que actualmente ocupan. Estos nuevos habitantes significan para la
comunidad
originaria un crecimiento demográfico adicional. En el aspecto
social, si el
grupo de habitantes recién llegados es muy grande (tanto los
turistas, los
prestadores de servicios como los redientes), esto puede significar una
presión
adicional a los comportamientos, creencias y la misma
organización social de la
localidad.
Los estudios tradicionales
sobre migración, consideraban que la llegada de nuevos
habitantes a una
localidad, pasaba, toda, por un periodo más o menos continuo de
integración;
los migrantes con el paso de los años y las generaciones
terminarían por
integrarse a la nueva sociedad (Portes, Guarnizo
y Landolt 1999).
Esto implicaba que el grupo nuevos
de individuos terminaban adoptando los patrones culturales y sociales
de la
comunidad receptora. Sin embargo, los estudios empíricos de las
dos últimas
décadas demostraron que este proceso no siempre sucedía
así. Las comunidades de
migrantes conservaban y reafirmaban la identidad de su país
original, su idioma
y formas sociales de convivencia (Balslev Clausen 2007). Este proceso
social de
conservación de los lazos sociales con las comunidades de origen
es parte del
planteamiento central del concepto de transnacionalismo. Con el cual,
se buscan
analizar las redes, prácticas e instituciones sociales mediante
las cuales los
individuos mantienen contacto tanto individual como cultural con sus
comunidades de origen. Esto implica que la integración a la
nueva comunidad, no
necesariamente se produce en los términos anteriores, sino a
partir de sus
propios marcos culturales, prácticas y recursos.
Nuestro caso de
análisis
es una comunidad que reúne las características antes
descritas: una pequeña
localidad, que ha comenzado a tener un incremento significativo en las
actividades turísticas desarrolladas en su cabecera municipal
debido a la
construcción de hoteles, restaurantes y otros servicios. Al
mismo tiempo, un
nuevo grupo social ha establecido una comunidad. De hecho, la presencia
de este
nuevo grupo se explica en buena parte el crecimiento de las actividades
turísticas. La presencia de la comunidad (norteamericana) he
generado la
transformación visible de un pueblo que no hace muchos
años (en los años
cuarenta) estaba prácticamente abandonado, pero su presencia
también ha
significado un cambio en las estructuras sociales, las instituciones y
la
cultura local.
Una manera de analizar lo
que sucede en esta comunidad es la siguiente: reconocer que un grupo
que llega
a una comunidad cultural diferente no lo hace en blanco, trae consigo
una serie
de creencias y medios con los que negociará su posición
en la nueva sociedad. Este
ajuste o acoplamiento en la comunidad receptora sucede, al
menos, en dos sentidos: primero respecto al
lugar que el nuevo grupo ocuparán dentro del espacio
económico (poseedores de
negocios, empleados, negociantes, dueños de conocimientos
expertos, pobres,
etcétera), pero también dentro del espacio cultural (los
estatus sociales, los comportamientos,
las prácticas cotidianas). Estos dos elementos otorgarán
a sus miembros un
determinado grado de poder (o no) dentro de la nueva sociedad (Balslev
Clausen
2007).
El trabajo analizara,
utilizando a Borudieu, el cómo el estilo de vida, las creencias
e ideas (los
habitus) de la comunidad de norteamericanos, pero también los
recursos con los
que cuentan, les permite construir una espacio social dentro de la
comunidad
mexicana. Este “lugar social”, no sólo constituye una identidad
para los
miembros, sino una forma de diferenciación –una distancia
social, simbólica y física–,
entre ellos y los
mexicanos.
Dado que la
interacción
entre dos grupos sucede al mismo tiempo en diferentes niveles y
áreas de interacción,
es necesario seleccionar un referente específico. En este caso,
nos enfocaremos
en una de las formas sociales más visibles de
intervención de esta nuevo grupo
en la comunidad receptora: nos referimos a las Organizaciones
No-Gubernamentales (ONG) creadas por los norteamericanos. Aunque cada
uno de
estas ONG tienen un objetivo específico, en general, su
finalidad es auxiliar a
algunos de los grupos más vulnerables dentro de la comunidad,
como las madres
solteras o los estudiantes de bajos recursos. Al ser creadas para
interactuar
directamente con la comunidad mexicana bajo esquemas de
organización propios de
la comunidad norteamericana, estos agrupaciones son ejemplos visibles
de la
construcción de los espacios sociales antes descritos; la manera
en que las
recursos económicos y simbólicos interactúan entre
ambas comunidades puede ser
ejemplificado en el análisis de estos grupos. Las organizaciones
que
consideraremos son Los Amigos de
Educación, Las Comadres, the History Club y la
biblioteca
municipal
El artículo en la
primera
parte desarrollará los componentes teóricos de la
propuesta de Bourdieu sobre
campos, habitus y capital cultural. Con ellos es posible analizar el
cómo la
sociedad se produce, las formas y consecuencias de la elección
de determinadas
prácticas y su efecto en las formas de diferenciación
social. El análisis
inicia con los tipos de capital presente en la comunidad
norteamericana. La
posterior descripción general de las organizaciones
norteamericanas nos
permitirá ver los habitus y campos.
La teoría de la
reproducción de Pierre Bourdieu
Uno de los temas
recurrentes
en los estudios de Pierre Bourdieu son las clases pobres y sus
estrategias de
sobrevivencia. El trabajo de este sociólogo francés busca
hacer evidente los
mecanismos sociales que permitían sostener las desigualdades
económicas, que
para él, se sostienen por las de tipo cultural. Para este autor
una de las
características de las sociedades contemporáneas es la
transformación en los
mecanismos de diferenciación y creación de
jerarquías legalmente
institucionalizadas. Las leyes que garantizaban a la nobleza y al clero
conservar privilegios económicos, políticos y culturales
han dejado de tener
sentido en la sociedad moderna.
Para Bourdieu las actuales
formas de diferenciación social se construyen mediante dos
mecanismos
generales. El primero es una complejización de la idea marxista
de la lucha de
clases; no sólo existe una apropiación de los medios de
producción sino de
prácticas, saberes, creencias y preferencias relacionadas a la
pertenencia a
uno u otro grupo. El segundo, es la aplicación de la idea
weberiana de los
estratos sociales, mismos que separan, clasifican y subordinan a los
individuos
de acuerdo al poder, el prestigio y la riqueza. El resultado, es lo que
Bourdieu
llama los espacios sociales de los grupos y la reproducción del
orden social. De
está manera el análisis sobre la construcción de
jerarquías sociales se realiza
por medio de un análisis de la distribución de capitales,
prácticas y creencias
sociales.
La intención de
Bourdieu
al no utilizar como punto de anclaje de su teoría las clases
sociales es
renovar el estudio del conflicto social, ahora, desde una perspectiva
relacional. Esto es posible mediante el espacio social; este concepto
permite
enfatizar que el papel ocupado por los sujetos en la sociedad no
está “dado”,
sino es producto de su constante interacción. Es decir, los
lugares que ocupan
los sujetos no resultan en categorías fijas como son los roles y
estatus de las
teorías estructurales convencionales, sino que están
siendo continuamente
redefinidos y negociados por sus ocupantes y el resto del grupo. Es
decir, la
realidad social pasa por una constante reconstrucción más
que por el
funcionamiento de estructura o pirámides jerarquías
fijas.
“En un primer tiempo,
la sociología se presenta como topología social. Uno
puede así representar el
mundo social bajo la forma de un espacio (a varias dimensiones)
construido
sobre la base de principios de diferenciación o de
distribución constituidas
por el conjunto de propiedades accionantes en el universo social
considerado.
(...) Los agentes y los grupos de agentes están así
definidos por sus
posiciones relativas en este espacio. Cada uno de ellos está
cantonado en una
posición o en una clase precisa de posiciones vecinas (es decir
en una región
determinada del espacio) y uno no puede ocupar realmente, incluso si
uno lo
puede hacer por el pensamiento, dos regiones opuestas del espacio. (...)
Uno
puede describir el espacio social como un espacio multidimensional de
posiciones de manera a que toda posición actual pueda ser
definida en función
de un sistema multidimensional de coordenadas en las cuales los valores
corresponden a los valores de diferentes variables pertinentes: los
agentes se
distribuyen así, en la primera dimensión, según el
volumen global del capital
que ellos poseen y, en el segundo, según la composición
de su capital –es decir
según el peso relativo de las diferentes especies en el conjunto
de sus
posesiones” (Bourdieu 2003b, 3).
Como dijimos, Bourdieu
conserva del marxismo la idea de que la posesión de capital es
uno de los
factores determinantes en la construcción de categorías.
No obstante Bourdieu
considera que la necesidad de ampliar este concepto y darle nuevos
significados
que expliquen mejor el mantenimiento de los espacios sociales. La idea
de
capital únicamente en términos monetarios mostró
ser insuficiente para explicar
la construcción, el sostenimiento y la transformación del
orden social; la
posesión de un acervo (capital)
existe en otros ámbitos de la vida social.
En Bourdieu este concepto
es
utilizado en cuatro dimensiones: 1) el
capital económico que se
compone de los diferentes factores de producción (tierras,
fabricas, trabajo) y
el conjunto de bienes económicos: ingreso, patrimonio, bienes
materiales; 2) el
capital cultural son las habilidades intelectuales
socialmente
calificadas.
Este capital, a su vez, puede
existir bajo tres formas. Primero, como
dispositivos durables del cuerpo (formas de hablar, moverse, sentarse,
caminar
o la facilidad para expresarse); segundo, bienes culturales adquiridos
y
presentes en la vida cotidiana (muebles, pinturas, música
esculturas) y;
Tercero, bienes institucionalizados, esto es, los que son sancionados
por organizaciones
con estatus y reconocimiento (legal y cultural) social (títulos
universitarios,
premios de escritura, reconocimientos, nombramientos, etcétera);
3) el
capital social son las relaciones sociales y redes dentro de
las que
actúa cada individuo. La pertenecía a estos grupos, le
confiere a los
individuos bienes sociales (reconocimiento, solidaridad,
autoafirmación) como de
otro tipo (información, menores costos de transacción
etcétera); 4) el
capital simbólico son los rituales
(religiosos, modales, etcétera) ligados al honor y al “bueno
comportamiento”.
Entonces, el lugar que
ocupan los individuos en este espacio social está determinado
por la cantidad y
volumen de capital social que poseen y la manera en que está
estructurado
(compuesto) este capital total. En el esquema de Bourdieu son el
capital
económico y el capital cultural los que proporcionan los
criterios de
diferenciación que caracterizan la construcción del
espacio social. Es decir, a
diferencia del esquema marxista donde la parte económica era el
elemento
principal, en esta propuesta existe una doble forma de
clasificación: la
material pero también la cultural (Bourdieu, 2003b). Con ello,
en la primera
son colocados en una dimensión (vertical) por la cantidad de
capital económico
(ingreso, patrimonio y bienes materiales) y en una segunda (horizontal)
por el
capital cultural (capacidades culturales). En sus extremos,
estarán aquellos
con muchos bienes no sólo materiales sino títulos
universitarios, conocimientos
de artes y relaciones sociales (empresarios, altos funcionarios
públicos
etcétera) y debajo los obreros no calificados, los campesinos y,
en nuestro
caso, los indígenas. El partir de espacios, que no de roles o
clases
determinadas, permite ver la movilidad de los individuos y las
tensiones que
existen, por ejemplo, entre personas con importantes niveles de capital
cultural pero con poco capital económico como podrían ser
los universitarios.
La sociedad es entonces un
conjunto de campos sociales,
más o menos autónomos, cruzados por una lucha entre
fuerzas sociales (humanas y
simbólicas) distintas. Detrás de esta propuesta de
campos, existe una teoría
sobre el conflicto social, pero también un estudio sobre el
orden y la
diferenciación social. Las sociedades son posibles por la
institucionalización
de diferenciaciones constituidas a partir de la división social
del trabajo y
ciertas ideologías o creencias. Este proceso, nunca terminado,
está presente en
toda actividad social y reorganiza las acciones y los actores
“En
términos analíticos, un campo puede
estar definido como una red, o una configuración de relaciones
objetivas entre
las posiciones [...] En las sociedades altamente diferenciadas, el
cosmos
social está constituido por el conjunto de esos microcosmos
sociales
relativamente autónomos, espacios de relaciones objetivas que
son el lugar de
una lógica y de una necesidad especificas e irreductibles a
aquellas que
reaccionan con los otros campos, como el campo artístico, el
campo religioso o
el campo económico obedeciendo a lógicas diferentes”.
(Bourdieu, 2005, 150)
En este esquema, al igual
que en la teoría marxista, los capitales funcionan como los
medios por medio de
los cuales los diferentes grupos (pero también cada uno de los
ciudadanos) luchan
o negocian su posición social. Sin embargo, Bourdieu reconoce
que este uso
termina creando estructuras que se pueden volver contra sus creadores.
Entonces,
como Simmel demostró en su libro La
filosofía del dinero, el capital se convierte en un medio y
un fin. En cada
campo, existe una lucha por la apropiación de los recursos, que
a su vez
justifica el lugar que los participantes ocupan. En la geografía
de los campos
sociales, nuestra participación es parte de nuestra misma vida
en sociedad. Es
claro que no todos los participantes cuentan con los mismos
volúmenes de capital
y también que no todos tienen los mismos objetivos. Algunos, los
que ocupan
posturas privilegiadas, buscarán la conservación de estos
espacios en la manera
en que ahora existen, mientras otros buscarán su
transformación desacreditando
las normas que regulan al campo o buscando restarle fuerza a su
adversario.
Esto lo denomina Bourdieu como estrategias de subversión.
Cada uno de los campos no
deben
ser considerados espacios con fronteras cerradas y
totalmente autónomas. Entre ellos, existen
articulaciones significativas; es decir la posición de capital
económico
determina y está establecida por la posición de capital
social. Pero también el
funcionamiento de un campo puede influir en la interpretación de
otros. Por
ejemplo, la pintura (parte del espacio cultural), aunque tiene una
lógica
propia que explica su desarrollo, es influida fuertemente por su
conversión en
mercancía; el valor de las obras, ahora parece sólo
tazarse por su precio
comercial.
Reproducción social
y cambio social
Desde la perspectiva de
este autor, la
sociedad contemporánea muestra una tendencia a que predominen
los mecanismos de
orden social sobre los de cambio o revolución. Esto
podría explicarse por las
estrategias utilizadas por determinados agentes sociales a la
conservación de
los mecanismos básicos de la sociedad capitalista (como la
propiedad privada,
las leyes y la plusvalía). A diferencia de lo que sucedía
en otras épocas,
Bourdieu considera que incluso los agentes que antes buscaban la
transformación
de la sociedad (como los obreros) ahora intentan mantener o aumentar su
posición dentro del espacio social predominante; la
reproducción y el orden
social se amparan mutuamente. En la sociedad actual, la búsqueda
de
transformación se ha visto opacada por una estrategia general de
acumulación y
transmisión de capitales; de padres a hijos, de
compañeros a compañeros. Al
mismo tiempo se produce mecanismos que garantizan la sucesión,
es decir, el
heredero(s) indicado de lo hecho antes. La educación y sobre
todo las
instituciones educativas ocupan un papel predominante en todo este
proceso de
conservación.
Esto no significa que
Bordieu describiera un mundo sin cambios, por el contrario, las
modificaciones
en las estructura de capital son una de las estrategias de
reproducción. La eficacia
de estas estrategias depende de que los agentes sociales cuenten con
instrumentos (materiales, sociales, culturales y simbólicos) que
se modifiquen
al ritmo que evoluciona la estructura de la sociedad. Por ejemplo, el
poder que
antes se depositaba en un individuo como rey o soberano “escogido por
Dios”
ahora se transmite a las personas que cuentan con capital
económico (dueños de
empresas) o cuentan con títulos académicos de
reconocimiento (premios Nobel). La
existencia de una serie de aparatos burocráticos, con las
características que
Weber ya describió, garantiza que ciertos capitales, como los ya
mencionados,
reciban un notable reconocimiento. El papel que ocupan las escuelas, en
la
legitimización de las jerarquías no tiene parangón
en la historia de occidente.
Esto no sólo tiene consecuencias sustanciales en la
conservación de las
jerarquías: la distinción entre obreros y capitalistas,
sino que toma un nuevo
sentido de educado/no educados, cultos/inculto; el espacio social
ocupado por
las clases se ve modificado por la evolución estructural de la
sociedad.
En resumen, el modelo de
sociedad de Bourdieu es al mismo tiempo dinámico y
estático. Es fijo en tanto existen
jerarquías nucleadas
en una distribución desigual de los distintos tipos de capital;
es móvil en
tanto cada grupo o agente individual desarrolla trayectorias sociales
diferenciadas que los pueden re-ubicar en el espacio social. Al mismo
tiempo,
la sociedad no es un lugar único de conflicto o estabilidad,
sino una
diversidad de campos sociales donde los agentes desarrollan estrategias
determinadas, objetivos y cuentan con recursos diferentes para actuar.
El habitus
El habitus es el concepto
mediador de Bourdieu
entre la macro-sociología y la micro-sociología, es decir
entre las estructuras
sociales y la agencia individual. Este concepto permite al autor
explicar dos
mecanismos fundamentales en todo modelo sociológico: 1)
cómo es que la sociedad
se reproduce en cada uno de los individuos y, 2) cómo esto se
traduce en
lógicas específicas de acción. Es decir la
sociedad es posible porque todos los
individuos, grupos, clases o elites comparten y reproducen habitus.
Como explicábamos,
el
habitus es el concepto usado por Bourdieu para referirse a la
socialización; es
decir, los mecanismos sociales que le enseñan a los individuos
normas, valores,
creencias y formas de actuación en su contacto con los
demás. El concepto de
habitus es definido como:
“Los condicionamientos
asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen
habitus,
sistemas de disposición durables y transportables, estructuras
estructuradas
dispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir en
tanto que
principios generadores y organizadores de practicas y de
representaciones que
pueden ser objetivamente adaptadas a su fin sin suponer el objetivo
consciente
de fines y del control expreso de las operaciones necesarias para
alcanzarlos,
objetivamente reguladas” (Bourdieu 1991, 88-89).
En este sentido los habitus
son
equivalentes a las instituciones de los planteamientos neo-
institucionales. Es
decir, ambos son un conjunto de tendencias (inclinaciones) perdurables
que son
adquiridas durante los procesos de socialización. Estas,
condicionan o
determinan las conductas, las formas de percibir, de sentir, de hacer y
de pensar.
Los habitus funcionan porque han sido internalizados por los
individuos,
convirtiéndose en preceptos inconscientes que son percibidos por
los mismos
sujetos como realidades “objetivas”. La idea de interiorización
de las normas
de comportamiento no es un planteamiento original de Bourdieu, sino uno
de los
fundamentos de la sociología de Durkheim: el orden social (la
sociedad misma)
es imposible si las personas no convierten en algo propio y natural las normas sociales.
Pero a diferencia de
Durkheim, que consideraba estos
mecanismos como generales, la interiorización de las normas (los
habitus) en Bourdieu
presentan dos formas generales: 1) los ethos
que son los principios, reglas morales o valores que sirven de
guía (pauta) en
las decisiones y actividades cotidianas; y 2) los hexis
son las disposiciones del cuerpo, la relación
históricamente
desarrollada que los individuos tienen con su cuerpo. Aunque en
términos
analíticos es posible separarlas en la realidad están
unidas.
Como dijimos, estos habitus
son la base que da coherencia
a lo que percibimos, la manera en que lo juzgamos y las decisiones
sobre el
curso de acción que tomaremos. Para
Bourdieu todas las decisiones, desde las más triviales como
elegir el tipo de
calzado, música o comida, hasta la elección del tipo de
amistades o trabajo
están relacionadas al habitus; los comportamientos de cada
individuo están
relacionados a su posición en el campo social, pero
también a la trayectoria
que cada uno desarrolla. En otras palabras, la posición de clase
determina un
cierto tipo de habitus aunque esto no sea necesariamente determinante
si el
sujeto busca intencionalmente cambiarlo.
“Las representaciones
de los agentes varían según su posición y
según su habitus, como sistema de esquemas
de percepción y de apreciación, como estructuras
cognitivas y evaluativas que
ellos adquieren a través de la experiencia durable de una
posición en el mundo
social”. (Bourdieu,
1988: 134).
Al igual que Durkheim en
Bourdieu la adquisición de habitus
(de tipo primario) inician en la familia; estas resultan ser las
más durables.
Como grupo, la familia ocupa una posición en el espacio social y
las clases,
esto conferirá determinadas disposiciones, formas de pensar, de
actuar y de
hablar a los sujetos. Es decir, los sujetos adquieren condicionantes
sociales
diferentes dependiendo de su lugar de procedencia.
Este
habitus
primario está directamente relacionado a la escuela (habitus
secundario), pues
generalmente se refuerzan mutuamente. Las nuevas adquisiciones de
comportamiento hechas por los individuos (por ejemplo los
comportamientos
aprendidos en la escuela) van adaptándose a lo que existe con
anterioridad,
formando un todo que constantemente se adapta frente al medio y los
cambios que
este presenta. Como dijimos, los habitus no son estructuras fijas sino
guías en
continua reestructuración. Estos comportamientos entonces,
aunque están
relacionados al pasado, también tienen que responder a las
situaciones
presentes y las expectativas del futuro. Es decir, el sujeto de
Bourdieu tiene
capacidad de agencia; es decir, en
nuestra actuación tenemos la capacidad de elección
(aunque sea en un grupo
determinado de opciones). Las distintas personalidades, son entonces
variantes
posibles de un conjunto de habitus posibles en una determinada clase
social.
La teoría del
habtius es una forma de romper con la
dicotomía entre teorías holistas y del individualismo
metodológico; la teoría
de Bourdieu propone una mediación entre las estructuras
(relaciones objetivas)
y la agencia individual. Así,
aunque nuestro comportamiento es la
ejecución de normas, creencias y prácticas, la manera en
que elegimos y damos
sentido al uso de estas estructuras resulta una elección
individual. Los
individuos actúan hacia afuera, pero también tienen una
vida interna.
Los efectos de los habtius
en la
creación de campos
En la teoría de
Bourdieu el concepto
de habitus permite explicar la lógica de funcionamiento de la
sociedad. En este
sentido, los habitus dentro de un mismo grupo se encuentren dentro de
un margen
de igualdad (homogeneidad). Esto es fundamental para la creación
de los estilos
de vida en las sociedades. Dichas “corrientes” de comportamientos pueden ser
entendidos como las modas en el sentido de las formas de actuar y
pensar. Por
ejemplo, en su país Bourdieu distingue tres estilos de vida: los
de la clase dominante,
la pequeña burguesía, y las clases populares. Entonces
los campus están, por
decirlo así, delimitados por los agentes que tienen habitus
idénticos. El campo
artístico, está compuesto por los agentes que coinciden
en determinadas
prácticas, normas, (formas de vestir, de comportarse, lugares de
reunión
etcétera), que diferirán de aquellos que están en
el campo de la economía, como
los empresarios. Cada campo funciona como “educador” de sus agentes, lo
que le
permite a estos adquirir los saberes necesarios para actuar en sus
contactos
sociales.
Los habitus son entonces un
factor determinante en el
orden social. Los actores poseedores de habitus semejantes no necesitan
concertar en sus contactos; ambas partes conocen lo que la otra parte
espera,
prefiere o le interesa. El habitus constituye una serie de principios
es un
principio establecidos que regula la actuación sin que se
requiera recordar las
reglas de juego o las normas que existen detrás. Una
práctica colectiva debe su
coherencia y unidad al habitus. Al mismo tiempo, al tratarse de un
espacio
donde existen márgenes de elección, el habitus permite
ajustar las
posibilidades existentes dentro del campo con las motivaciones
subjetivas de
los agentes; esto permite que estos últimos, tengan la
sensación de ser ellos
mismos los que eligen las prácticas (y/o representaciones);
aunque en realidad
están poniendo en funcionamiento los habitus que existen dentro
de un
determinado campus.
El campus de lo público y los habitus
norteamericanos: las organizaciones fundadas por los migrantes norteamericanos.
En esta
parte analizaremos las organizaciones civiles creadas por los
norteamericanos
en Álamos. Nos centraremos en las formas específicas de
acción y socialización
(habitus). En este caso específico, los métodos
utilizados por esta comunidad
para participar en la solución de problemas públicos. En
ello, decidieron
utilizar formas específicas de organización y de
participación. Las ONG que
estos grupos crearon, reflejan una serie de valores respecto a lo que
es
importante de resolver dentro de una sociedad. Para entender mejor lo
que
representan las organizaciones fundadas por los inmigrantes
norteamericanos,
tenemos que dar una muy breve historia de este grupo.
En el siglo
veinte, son dos las principales corrientes de
migración de norteamericanos hacia el pueblo. La primera ola
migratoria estuvo
compuesta principalmente por individuos interesados en tener casas de
verano.
Por ello, su relación con el entorno (la comunidad mexicana) se
limitaba a lo
más indispensable: contactar a los empleados que realizaban
labores domésticas,
a las personas que les vendían
algunas
mercancías y las autoridades con las que tenían que
realizar trámites sobre
servicios públicos (Balslev
Clausen 2007). En resumen, se trataba de una colectividad que
entendía
su relación con la comunidad mexicana como un intercambio
mercantil, o de
turismo; las personas y casas son parte del escenario que el visitante
busca
disfrutar sin involucrarse o preocuparse por sus problemas.
Por su parte, la
segunda ola de migrantes, se diferencia
notablemente de la anterior por el interés de varios de sus
miembros para intervenir
en la vida socio-cultural de la comunidad de destino. Esto está
relacionado a
un cambio en los periodos de estancia de este grupo en la comunidad;
mientras
la primera únicamente permanecía en el pueblo por
periodos cortos, esta nueva
ola migratoria estaba instalada ahí la mayor parte del
año; ya no se trataba de
una comunidad de turistas sino de nuevos residentes (Ibid.). Esta
última
corriente buscaba entonces, no sólo cumplir con su sueño
de lo mexicano
auténtico, sino que buscaba generar cambios y desarrollo en su
nuevo domicilio.
Es de mencionar
la alta participación de la comunidad
norteamericana en las labores de asistencia. Sin embargo, como ya
mencionamos
antes, el que este grupo se decida por crear organizaciones de caridad
tiene
que contextualizarse dentro de los habitus de la sociedad
norteamericana, donde
la conformación de este tipo de organizaciones es una
tradición cultural, junto al trabajo
voluntario (Putnam
2000). Con esto, sólo queremos señal que no se trata de
una innovación aislada
de un grupo, sino parte de los habitus de esta comunidad.
Las
organizaciones civiles
La comunidad
norteamericana de Álamos se ha caracterizado
por su interés en ayudar a los sectores más pobres del
pueblo. Las ONG creadas
por ellos están dedicadas, en su mayoría, a la
atención de grupos vulnerables.
No obstante, como lo menciona Bourdieu en su idea de capital
simbólico, el
funcionamiento de un grupo no sólo cumple funciones manifiestas,
sino también
permite el sostenimiento del orden social y las jerarquías. En este caso, las ONG permiten consolidar
la posición de social del grupo de
norteamericanos y darle un espacio social a sus formas de vivir y
actuar.
En este
sentido, las ONG norteamericanas tienen como misión expresa
disminuir o aliviar
problemas de pobreza como la atención a madres solteras o
estudiantes de bajos
ingresos. No obstante, los grupos vulnerables no son los únicos
que se ven
influidos por la actividad de estos grupos, Las ONG le confieren a los
norteamericanos una plataforma cultural y política para incidir
y re-construir
sus vínculos con su comunidad de destino, pero también
con la de origen
(Balslev Clausen 2007). En esto, las ONG que aquí analizamos se
diferencian por
ejemplo de las organizaciones de ayuda fundadas por los latinos en los
Estados
Unidos. Estas últimas buscan, principalmente, mejorar la
situación de sus
comunidades de origen y son creadas por miembros de una misma
región (Guarnizo
2003). Mientras los inmigrantes estadounidenses no crean estos grupos
con el
objetivo de ayudar a sus comunidades de origen o familiares y la
participación
de los miembros no esta circunscrita por regiones. Los grupos creados
por los
latinos se orientan principalmente a proyectos de desarrollo
comunitario dentro
de la sociedad de destino, fundamentalmente en las áreas social
y cultural.
Las ONG en las
que enfocamos nuestro análisis son las
siguientes:
Dos
organizaciones de desarrollo comunitario (Amigos
de Educación y Las Comadres), que
tienen como objetivo principal atender a personas en situaciones de
pobreza
dentro de la comunidad de destino.
Una
organización
cultural (the History Club), la que no
tiene el propósito de ayudar a población.
Los
Amigos de Educación
Una de las
organizaciones creadas por los
norteamericanos, Amigos de Educación (AE),
es resultado de anteriores proyectos sociales. El primero tuvo lugar en
1975
cuando dos inmigrantes iniciaron una colecta de fondos para fundar una
biblioteca pública. En 1976 la organización fundada para
este fin fue registra
ante el gobierno de los Estados Unidos como una asociación
voluntaria bajo el
nombre de Fundación para el desarrollo de
la comunidad. En 1977 la organización cambiar su nombre por Save the Children Federation (SCF). Esta
permuta en el titulo, fue parte de una restructuración
organizativa que buscaba
el registro del grupo ante las autoridades norteamericanas fiscales, lo
que
permitiría que los posibles donantes pudieran deducir sus
aportaciones al pagar
impuestos. Durante
una década, esta institución constituyó la
única biblioteca pública funcionando
en Álamos, además de constituir un espacio para que los
estudiantes de la
ciudad pudieran realizar en sus instalaciones sus tareas y recibieran
cursos
extras.
Sin
embargo, en
1985 la asociación SCF determinó terminar con su apoyo a
la biblioteca. La
explicación de SCF para detener su apoyo fueron dos: 1) el
gobierno federal
mexicano decidió asumió la administración de esta
instalación para integrarla a
una red federal de bibliotecas (por lo que recursos públicos
comenzaron a ser
destinados a su operación); y 2) Existió un cambio en el
administrador de la
biblioteca ordenado por las autoridades federales (hasta este momento,
las
instalaciones habían sido dirigidas por un mexicano llamado
Nieto. Esta persona
había sido contratada por la organización SFC,
la que también pagó cursos para su instrucción
como bibliotecario en los
Estados Unidos) (Balslev
Clausen 2007).
En 1990 la SCF vuelve a cambiar
su nombre por Amigos de Educación (AE). El grupo
cambia también su objetivo
central para dedicarse ahora a otorgar becas escolares a los
niños más pobres
del pueblo. Muchas familias mexicanas se interesan por obtener este
apoyo, al
punto que los directores de la ONG
buscaron obtener más donaciones en los Estados Unidos. Para
aumentar las formas
de promoción de la organización, sus dirigentes
comenzaron a incluir
información sobre AE en las páginas de promoción
turística del pueblo.
Argumentando que existía una creciente demanda por las becas, el
grupo AE
decidió agregar un requisito extra para otorgar la beca:
sólo la obtendrían los
alumnos que mantuvieran calificaciones altas.
El crecimiento en
el número de solicitudes y la creación
de nuevos requisitos, llevaron a AE a crear definiciones más
precisas sobre el quiénes
serían los beneficiados. Así, se decidió
establecer un índice para medir la
pobreza entre la población que solicitaba la beca, buscando con
ello que los
beneficiador fueran siempre los más necesitados.
Para la operación de AE, cada año es
nombrado un comité formado por cinco personas, entre las que se
incluye el
director de una primaria y la única secundaria del pueblo.
Este grupo es el encargado de elegir a los niños que
obtendrán una nueva beca y
las renovaciones del año anterior. Los miembros del
comité, salvo los
directores de las escuelas, son elegidos únicamente entre
miembros de la
comunidad norteamericana; no se trata de una elección abierta a
la
participación pública.
El funcionamiento
de AE es posible por los fondos
recaudados, para ello este grupo desarrolla diferentes estrategias que
son
comunes entre las ONG de Norteamérica. Una parte de sus recursos
los obtiene
por medio de la organización de visitas guiadas a las casas de
los
norteamericanos. Estos paseos turísticos son denominados housetours (paseos en las casas). Otras actividades son
el cobro
por membrecía a AE, donaciones y una subasta anual.
Estas actividades
son realizadas anualmente y significan
un cambio a los mecanismos anteriormente utilizados para obtener
dinero,
principalmente donaciones hechas por sus miembros, amigos y familiares
en los
Estados Unidos. Actualmente, una tercera parte de su propuesto es
resultado de
los paseos en las casas y dinero por las membresías. Es de
mencionar que dichas
membrecías están, en su mayoría, en manos de
miembros de la comunidad
norteamericana que vive en el pueblo, o familiares y amigos de los
Estados
Unidos (Ibid.).
Otra forma que
utiliza la AE
para
recaudar dinero es organizar una subasta. Los productos ofrecidos
(ropa,
muebles y adornos) son reunidos por medio de donaciones.
Estos
eventos sólo se anuncian por el newsgroup
(del que hablaremos después) de la comunidad norteamericana.
Desde su fundación
solamente tres familias mexicanas han asistido a estos eventos.
Al final de las
subastas AE ofrece una fiesta temática,
lo que significa que los invitados deben usar un tipo de vestimenta
específica.
Por ejemplo la de 2005 tuvo el motivo ‘country’, por lo que los
asistentes
tenían que usar botas y sombreros. La entrada tuvo un costo de
150 dólares. A
pesar de ello, las localidades se agotan rápidamente entre los
miembros de la
comunidad norteamericana. La fiesta tiene lugar en uno de los ranchos
más
grandes del pueblo, cuyo dueño es otro miembro de esta comunidad
y propietario también
del hotel más lujoso, no sólo del pueblo sino de la
región. La fiesta inicia
con un discurso de bienvenida de parte de los organizadores, el reparto
de
bebidas y una cena. En este año la comida incluyó puercos
enteros a la
parrilla. La celebración termina con un baile que se prolonga
hasta las dos de
la madrugada. Todos los que trabajan en la organización de estos
eventos no
cobran por ello, por lo que las ganancias son todas para AE. En la
última
fiesta estuvieron presentes 210 personas; la gran mayoría
norteamericanos,
incluidos algunos turistas y una pareja mexicanos. Casi todos fueron
disfrazados (Ibid.).
Housetours
Como un ejemplo
de los habitus
de las ONG norteamericanas describiremos una de las principales fuentes
de
recaudación ya mencionado de AE, las visitas guiadas. Estos paseos guiados ya no son sólo un
eficaz mecanismo de recaudación de fondos para una
organización, se ha
convertido en uno de los principales atractivos turísticos del
pueblo.
El funcionamiento
de estos housetours es el siguiente: cada
sábado, entre los meses de abril y
octubre, una de las voluntarias de AE
muestra tres casas restauradas a los turistas. Los interesados en
realizar el
recorrido se congregan a las diez de la mañana en la plaza
central del pueblo,
lugar en el que inicia el recorrido.
Dado que la plaza
central está rodeada por el barrio que
habitan los norteamericanos el recorrido se realiza a pie. Durante todo
el
camino, la guía da información relativa al pueblo o
responde preguntas sobre
historia, atractivos turísticos o recomendaciones sobre
restaurantes u otros
servicios. El llegar a las casas sólo toma un par de minutos. El
número de
visitantes generalmente se encuentra entre las ocho y veinte personas.
Uno de los datos
mencionado en todos los recorridos es la
llegada de Alcorn al pueblo, y su papel
fundamental en la creación de una colonia norteamericana
mediante la
restauración de las casas. Al llegar a cada una de las
viviendas, los
visitantes son recibidos por la (el) misma dueña(o). Esta
persona es la que
abre la puerta y da la bienvenida. El recorrido al interior, es
dirigido por el
morador, quien da datos sobre la restauración, lo que se sabe de
los dueños
originales (antes de la Revolución Mexicana) y sobre el
estilo de los muebles o autor
de las pinturas en las paredes (muchas de ellos son cuadros originales
de
artistas norteamericanos o mexicanos). La mayoría de los datos
históricos
mencionados durante los housetours
son proporcionados por la organización norteamericana the History Club. Las
primeras visitas guiadas costaban siete dólares, para el
año 2006 su costo
llegó a diez (Ibid.).
Al iniciar los housetours,
la totalidad de los interesados eran norteamericanos. Sin embargo, en
años
recientes, ha crecido el número de mexicanos. Es por ello, que
ahora los
recorridos son conducidos por dos personas: una hispanohablante
(generalmente
una voluntaria que es mexicana) y una norteamericana. El trabajo de
todas las
personas que colaboran en la asociación AE
es voluntario, ello permite que todo el dinero sea destinado al
objetivo del
grupo, es decir las becas.
Como dijimos, las
visitas se han convertido en uno de los
principales atractivos turísticos del pueblo. Al punto que, en
años recientes,
los turistas piden a sus hoteles o agencias turísticas que
incluyan una vista
guiada especial en su vista al pueblo. La información sobre los housetours está en todos los cafés y
restaurantes manejados por norteamericanos.
Las
Comadres
La
organización Las Comadres tiene 15
años de existencia. Esta organización reúne dinero
para ofrecer comida, ropa y
cubrir algunas otras necesidades básicas a las mujeres
más necesitadas del pueblo.
Esta asociación es dirigida por cinco mujeres estadounidenses.
Entre ellas se
turnan los puestos de presidente, tesorero, una ‘organizadora’ y dos
secretarias. Una de estas mujeres es uno de los miembros más
activos dentro de
los negocios de la comunidad norteamericana (Ibid.). El comité
se reúne cada
mes para organizar los eventos. Adicionalmente, el grupo Las
Comadres tiene, dos veces al año, un encuentro con el
regidor encargado
de la vivienda. En esta última junta se decide a quiénes
se les van a dar algunos
de los productos reunidos por este grupo para regalarlo en dos de las
fiestas
religiosas más importantes (las mencionaremos más
adelante).
El
criterio básico seguido por el grupo Las
Comadres para decidir quiénes serán las mujeres que
recibirán ayuda, es
seleccionar a aquellas que sean mas “vulnerables”, esto significa las
que sean
madres solteras, con hijos sin esposo (por cualquier otro motivo) o las
que
tienen muy pocos recursos (a pesar de tener pareja). Como dijimos, en
las
fiestas de Navidad y Semana Santa, la organización regala
canastas con
diferentes productos para que las familias más pobres puedan
celebrar; esto
recuerda a lo que la historia norteamericana celebra en el día
de Acción de
gracias, donde los Indios Norteamericanos regalaron alimentos a los
primeros
colonos.
El
grupo registra el haber atendido a 120 mujeres solteras de
Álamos a lo largo de
sus 15 años de existencia. Este grupo ha buscado en diferentes
momentos
coordinar sus acciones con los Amigos de
Educación, principalmente
para evitar que la misma familia reciba
ambas ayudas al mismo tiempo. La explicación de ambos grupos dan
sobre esto, es
que de esta forma buscan atender al mayor número de familias y
que no sean sólo
unos cuantos los que reciban los recursos.
Para reunir
recursos, Las Comadres realizan dos
subastas al año. En ella se ofrece tanto ropa, como muebles o
artículos para la
cocina. Los objetos subastados son donados por miembros de la comunidad
norteamericana. Al igual que la subasta anual de AE, las organizadas
por Las Comadres incluyen una fiesta con
cena, baile y actuación de artistas. El precio de los boletos
fue en el 2005 de 250
dólares.
Al igual que
sucede con los eventos organizados por AE, los organizados por Las Comadres sólo se anuncian por el
newsgroup de la comunidad norteamericana. En el 2005 año
asistieron 230
personas, la mayoría inmigrantes norteamericanos y unas familias
mexicanas que
son funcionarios del gobierno estatal que habían adquirido una
casa en el pueblo.
Una de las
actividades más representativa de Las Comadres es organizar una venta de garaje cada sábado y domingo en un local cercano a
la plaza central. En este establecimiento se ofrecen objetos de
segunda
mano donados por norteamericanos.
La
mayoría de estos artículos son adquiridos por turistas o
los miembros de la
comunidad de estadounidenses. En el local siempre están
presentes al menos dos
personas: una empleada mexicana (que recibe un sueldo por las horas en
que
trabaja) y una de las norteamericanas miembro de la
organización. Esta última
no recibe ninguna renumeración por su labor. Muchos de los
norteamericanos,
aunque no compren cada semana, pasan un tiempo en el establecimiento
para platicar
con la norteamericana que se encuentre ahí en ese momento.
The History Club
Otra
organización presente en
el pueblo, pero con fines muy distintos a las de las anteriores, es the History
Club. Este grupo también fue fundado y es conducido por inmigrantes
norteamericanos. El fin de esta organización es conservar el
pueblo, en el
sentido histórico, arquitectónico y de paisajes. Esta
organización cuenta con
una presidente (que lleva ya ocho años en el puesto), un
tesorero y secretario.
Todos ellos, miembros de la comunidad estadounidense, son elegidos por
un periodo
de dos años y su labor es voluntaria; es decir no reciben
sueldo. Este grupo
realiza reuniones semanales dentro del hotel de Tesoros. Generalmente
los
encuentros sirven para compartir o mostrar los materiales encontrados
sobre la
historia del pueblo (fotografías, libros, historias
recolectadas, u otro tipo
de documentos), así como organizar los eventos a realizar (Balslev Clausen 2007).
La organización The History Club
fue fundada en 1995 por una mujer inmigrante
norteamericana. En
sus inicios,
el grupo se enfocaba en la recolección de materiales
significativos sobre la
historia de Álamos. Sin embargo, la información reunida
no era de cualquier
tipo, sino principalmente narraciones y cuentos (de las casas,
mansiones y
calles que están ubicadas en el centro), aunque también
buscaron tener
materiales históricos como diarios o publicaciones de personas
“ilustres” que
vivieron o estuvieron en el pueblo. Para recopilar la
información relativa a
las narraciones y cuentos, miembros del club realizan entrevistas con
las personas
más viejas, ya fueran estas norteamericanas o mexicanas. Debido
a que pocos de
los norteamericanos que forman parte de este grupo hablan
español, contrataron a
una de las mujeres de la misma comunidad norteamericana como
interprete.
La
recopilación de historias no sólo ha tenido una finalidad
“histórica”, sino como
ya dijimos, son usados como los datos históricos que se
mencionan durante las housetours.
En los últimos años, la actividad del club sobre historia
ha crecido pasando de
la exclusiva recolección de cuentos, a incluir la
recopilación de fotografías
(principalmente de las casas del centro histórico) y la
organización de eventos
académicos. Los investigadores invitados a dichas actividades
son norteamericanos
que viven en su país de origen. La comunidad norteamericana del
pueblo es
invitada por medio de los newsgroup, lo que de nuevo, lo convierte en
actividades únicamente conocidas por miembros de esta
colectividad.
El
grupo de the History Club
organiza dos veces al año una excursión. En el 2005 uno
de estos viajes tenía
como objetivo visitar la catedral de la ciudad de Hermosillo, capital
del
Estado de Sonora. Durante el viaje los asistentes cuentan con la
presencia de
un historiador norteamericano, experto en el tema, que funge como
guía. Entre
los meses de octubre a abril, los miembros de the History
Club
realizan reuniones semanales; usualmente cada jueves en el hotel Tesoros.
Esta organización no busca reunir fondos para ninguna obra de
calidad, aunque todos
sus miembros contribuyen con las obras realizadas por los otros grupos.
El
material colectado por the History Club es considerado, en
palabras de los mismos miembros, como
parte de la historia del pueblo. Sin embargo, la presidenta conserva
todos los
materiales en su casa, es decir no esta a la disposición de todo
el público o
las autoridades mexicanas competentes, como sería el Instituto
Nacional de
Historia.
En
todo el tiempo que ha existido The
History Club ningún mexicano o ha sido invitado a participar
como miembro.
La invitación para formar parte de esta organización es
anunciada únicamente en
los eventos de bienvenida, los Thank God
it’s Friday (TGF) o a través del
newsgroup, es decir en aquellos espacios donde la comunidad mexicana
está
excluida.
Los capitales sociales en la comunidad
norteamericana
Para objeto de su
análisis,
estudiaremos por separado los tipos de capital de las ONG. Esta primera
parte,
busca hacer evidente cuáles son los “recursos”, preferencias y
prácticas
(habitus) que tiene la comunidad de norteamericanos al entra en
contacto con la
población mexicana de Álamos. Este “patrimonio”
económico pero también
cultural, simbólico y cultural es el punto de partida para
entender la interrelación
de los miembros de ambos grupos y la forma en que funcionan las
organizaciones
civiles.
Como se desprende de lo
expuesto antes, la posesión de ciertos capitales no puede ser
vista en términos
absolutos, sino relativos. Es decir, los capitales de la comunidad
norteamericana cobran cierto valor, importancia o desventaja cuando son
utilizados en intercambios con otro grupo que cuentan con diferentes
recursos;
en este caso la comunidad mexicana. Esta primera parte entonces, nos
permitirá
entender las “bases sociales” en las que se produce la
interacción entre ambos
grupos, lo que nos permitirá comenzar a comprender algunas de
los
comportamientos y prácticas.
El capital económico
La comunidad norteamericana
arribó en
los cuarenta a Álamos (en un primer momento el único que
llega es H. Alcorn) en
un momento de severa crisis económica. La principal actividad
productiva de la zona,
la minería, tenía ya varias décadas de cerrada
debido a inundaciones, falta de
inversión y conflictos políticos (la Revolución
Mexicana).
El centro de la localidad, antes habitado por los dueños de las
minas y que
llegó a ser capital del estado, había sido parcialmente
abandonada. Los
antiguos dueños de las minas, dejaron sus lujosas residencias
ante la crisis
económica y la guerra.
El primer residente de la
comunidad Norteamérica, H. Alcorn, fue el que “descubrió”
Álamos para los
norteamericanos. Su llega fue a finales de la década de los
cuarenta. La
localidad le pareció un hermoso lugar para vivir, pero
también una posible
oportunidad para hacer un negocio. Para cumplir ambos objetivos, Alcorn
compró
una parte considerable de las casas abandonadas del centro del pueblo.
Los
próximos años los dedicó a restaurar algunas de
ellas. En el proceso de
restauración este norteamericano decidió respetar algunos
de los rasgos
arquitectónicos originales como las fachadas, y los jardines.
Las casas
restauradas conservaron su condición original de residencias,
por lo que su
valor era alto en el mercado mexicano, pero más asequible en
Estados Unidos
gracias al precio del dólar (Ibid.).
La
comunidad norteamericana que habita Álamos, desde su
fundación, estaba
compuesta por personas de clases medias con un poder adquisitivo mucho
mayor
que su contraparte mexicana. Esto se refleja en datos sobre la
comunidad
actual: dos terceras partes pertenecen a la clase media de los Estados
Unidos (Ibid.).
La misma decisión de migrar es resultado, en parte, de una
elección racional
relacionada al capital económico: los norteamericanos que
llegaban a vivir a
México, lograban con este hecho que sus recursos
económicos tuvieran un poder
adquisitivo mucho mayor al que tendrían en su propio
país. En
la encuesta realizada a los 375 inmigrantes, 302 de ellos respondieron
a
la pregunta de por qué emigrar a México
diciendo que la economía era un fuerte indicador para tomar esa
decisión
(Spradley 1980). Igualmente
en las entrevistas cualitativas
contestaron:
“...I felt that
this specific place could offer me an alternative…everything is so
cheap here
…and peaceful” (Entrevista 23).
Y,
“I could realize some
of my dreams here (…) this place has a certain magic …” (Entrevista
34).
Estos datos en
conjunto, junto al hecho de que la mayoría de los
inmigrantes estadounidenses proviene de la región llamada Sun
Belt,
corresponden a las características que detectó Frey
(2006) en su estudio
migratorio doméstico. En este trabajo el autor mostró que
en las dos últimas
décadas existe una salida creciente de anglosajones
jóvenes que ya no pueden o
quieren pagar los costos acelerados de vivir en la región
llamada Sun Belt.
Los recursos financieros
que históricamente han tenido los habitantes de esta comunidad
desde su
fundación a fines de los cuarenta, resulta más
significativo, si consideramos
el hecho de que arribaron a un pueblo que no atravesaba su momento de
mayor
desarrollo, por el contrario, había sido parcialmente abandonado
por sus clases
medias y altas. En otras palabras, la clase media norteamericana que
llegó al
pueblo, entró en contacto con una clase baja mexicana que
había perdido su
principal fuente de trabajo. Esta diferencia económica explica
en parte el
porqué la comunidad norteamericana pudo adquirir buena parte del
centro de
Álamos.
El crecimiento de la
comunidad, pronto hizo rentable la operación de negocios
dedicados a prestar
servicios a los norteamericanos interesados en visitar o vivir en el
pueblo.
Algunos de los norteamericanos decidieron invertir sus pensiones o
recursos en
comprar residencias para convertirlas en hoteles, restaurantes u otros
negocios. La apertura de negocios no sólo respondía a la
demanda, sino a la
misma necesidad de algunos de estos nuevos residentes por tener una
fuente de
ingresos, al no tener el suficiente capital para vivir sin trabajar.
Estas nuevas actividades
productivas pronto crearon un círculo virtuoso entre sí;
la operación de los hoteles,
era complementaria con la operación de restaurantes, agencias de
negocios o la
organización de excursiones. Al mismo tiempo, las casas y
actividades de los
norteamericanos se convirtieron en una fuente de trabajo para los
mexicanos; la
gran mayoría de las casas contrata el servicio de personas para
la limpieza,
jardinería y la restauración de las casas. Por su parte,
las actividades de
servicios requieren también de empleados, meseros, mucamas entre
otros.
Los
norteamericanos contratan gente del pueblo para los
trabajos manuales y domésticos bajo el argumento de que:
“...it’s as
paying back [to the community] (...) they [the Mexicans] let me live
here and
take part in this marvellous place...” (Entrevista
28).
Entonces
presentan este uso de personas
locales en las tareas domésticas como parte de su “pago” y
muestra de agradecimiento
hacia los habitantes del pueblo. Sin embargo, este agradecimiento no
implica su
total compromiso por sacar a los mexicanos de su situación de
pobreza; los
sueldos que los norteamericanos pagan a los mexicanos sólo son
suficientes para
mantenerlos en su misma situación.
“While you may well afford to pay your way even on a
modest income the unhappy fact is that many Mexicans are very poor”
(Entrevista 47).
Y,
“In spite of cultural
differences, the same socioeconomic problems confronting the people
north of
the border are confronting the people south of the border. On some
levels the
differences between us may not be as great as they appear, but in many
respects
Mexico is still playing catch-up. They look to achieving quickly here
what took
many generations to accomplish in the U.S and Canada” (Entrevista
4)
Las
citas muestran la actitud ambivalente de los estadounidenses hacia los
mexicanos, pero al mismo tiempo dan señales de la existencia de
una relación
íntima entre las dos comunidades. Los norteamericanos se crean y
se excluyen
frente al otro a quien definen como ineficiente y poco apegado al
trabajo duro.
No obstante, este otro resulta necesario y le permite a la comunidad
norteamericana la construcción de su propia y particular
identidad. Así, aunque
los norteamericanos dicen admirar la visión “tranquila” con la
que los
mexicanos asumen la vida, esto mismo les refuerza su visión de
que los
mexicanos trabajan exiguamente.
El resultado de lo
anterior es que en la actualidad, el capital económico de la
comunidad
norteamericana es fundamental en la economía local. Este grupo,
no sólo es
dueña de la mayoría de los restaurantes, cafés y
hoteles del centro, sino que
posee una buena parte de las casas localizadas en esta misma zona. La
adquisición de los inmuebles ubicados en la zona
histórica del pueblo, es por
sí mismo una fuente importante de recursos, pues el precio de
las casas
ubicadas en esta zona se ha visto incrementado significativamente en
los años
recientes.
En
resumen, la comunidad norteamericana cuenta
con un capital económico (concretizado en dinero, negocios y
bienes), mayor que
el de la gran mayoría de los mexicanos que habitan el mismo
pueblo. Esto los convierte
en una clase altamente significativa en la toma de decisiones sobre la
economía
local. Un ejemplo de ellos, fue la influencia que este grupo tuvo para
impedir
la instalación de cadenas norteamericanas de autoservicios en el
centro del
pueblo, por considerar que ello constituiría un daño
más que un beneficio.
El capital cultural
La
migración
Los norteamericanos que
viven en
Álamos comparten, primero, una serie de preferencias culturales
relacionadas a
su experiencia migratoria y la elección del destino de la misma.
Todos ellos
decidieron dejar su país natal para trasladarse a otro. Aunque
todos ellos
cuentan con diversas razones para haberse desplazado, entre ellas las
económicas previamente mencionadas, es de mencionar que esta
migración es motivada
al parecer por razones diferentes a la migración que realizan
tradicionalmente
los mexicanos hacia los Estados Unidos. Es decir, mientras los
mexicanos migran al país del norte
buscando un trabajo
que les permita una fuente de ingresos mayor a la que tenían en
su localidad,
los norteamericanos lo hacen para mejorar lo que podemos denominar su
“calidad
de vida”; no buscan, -al menos no principalmente- un mejor trabajo,
sino una
mayor comodidad y bienestar (Balslev Clausen 2008).
En este sentido, la emigración
a México podría ser explicada entonces como una especie
de acto contra cultural;
cuando el resto de la sociedad norteamericana ve con
preocupación el aumento de
migración mexicana hacia su país, la situación de
violencia por el narcotráfico
y los secuestros que suceden en México este grupo decide hacer
el viaje en
dirección contraria.
Otra
dimensión de esta elección de emigrar está
relacionada a la tradición
norteamericana que podríamos denominar la “conquista del lejano
Oeste”. Uno de
los referentes culturales del pueblo norteamericano fue el
“espíritu
explorador” de muchos de sus habitantes que se decidieron a emigrar a
zonas
poco exploradas. En este sentido, al haber sido ya explorado todo el
territorio
actual de los Estados Unidos, el imaginario de la conquista del oeste
puede
desplazarse a nuevos escenarios. Es posible considerar que esta zona de
México
reúne, frente a este imaginario norteamericano, algunas de las
características
míticas de esa vieja exploración. México es
considerado como un lugar salvaje
primitivo, fuera de la ley. Esta búsqueda del viejo Oeste por
supuesto, ya no
puede ser nombrada así, porque este lugar ya pertenece a alguien
más. Ahora lo
llaman la búsqueda de “lo mexicano auténtico” que es una
idea compuesta de las
características: comodidad, paisajes, arquitectura colonial,
tranquilidad,
amabilidad de los mexicanos y seguridad. En este grupo la experiencia
migratoria está íntimamente vinculada con un estereotipo
creado alrededor de lo
que significa lo mexicano.
Bienes
culturales adquiridos
Al preguntar a los miembros
de la
comunidad sus motivos de migrar, resultó reiterativa la idea de
que habían decidido
cambiar su residencia buscando realizar lo que ellos mismos denominaban
como su
sueño de “lo mexicano auténtico”. Esto estaba vinculado a
preferencias sobre bienes culturales adquiridos sobre
lo
que significa un escenario ideal para vivir: el pueblo
está
ubicado al pie de montañas fértiles, con un clima
agradable la mayor parte del
año y alejado de toda zona urbana grande. El centro del pueblo,
(la zona donde
vive la comunidad norteamericana), tiene calles de terracería,
bordeadas por
árboles y palmeras. Las casas, como dijimos, fueron restauradas
conservando un estilo
colonial con patios internos, albercas y fuentes de agua. Los cuartos
tienen pisos
de azuelo y paredes blancas. Los muebles al “estilo mexicano” son de
maderas
finas y obscuras, que contrastan con bordados de colores fuertes. Las casas otorgan una sensación de
privacidad
y exclusividad.
Estos bienes
culturales representados por las casas y los muebles, como
Bourdieu explica, no son retomados por los agentes sociales como una
reproducción completa de moldes fijos, como sería en este
caso la idea de “lo
mexicano auténtico”. Así, aunque las casas fueron
reconstruidas buscaban
respetar las fachadas originales, existen innovaciones, sobre todo en
la parte
interna de la edificación. Es posible
reconocer en el estilo de la mayoría de las
casas un toque francés combinado con lo construido por los moros
en España.
Entonces, la idea
de “lo mexicano auténtico” se concretiza en un conjunto
de bienes culturales adquiridos, que
tienen como finalidad una mejora significativa en su calidad de vida. Como se ve
expresado
en esa cita:
“It
[the village]
has magic, nature and fabulous people (…) I felt that
this specific place could offer me an alternative…” (1)
Por
su parte la mayoría de los inmigrantes
norteamericanos dicen que tienen un interés por la comunidad
mexicana y
sostienen que:
”…it’s like old Mexico (…) yet the place [pueblo] can lay
claim to its
own special qualities, which we hope to impart”
(Entrevista 1).
Y,
“Mexicans are
extraordinarily courteous and patient with gringos. They’ll quietly
correct
your Spanish (…) and return money you didn’t know you’d dropped at the
market”
(Entrevista 35).
Las
entrevistas muestran que los inmigrantes
norteamericanos se sienten bien recibidos en el pueblo y no perciben
hostilidad
hacia ellos en su interacción con los mexicanos (a pesar de que
casi no hablan
el idioma). Sin embargo también ponen énfasis en la
honestidad como si fuera
algo que no esperaban, encontrar entre los mexicanos y que no
corresponda con
su idea sobre ellos (entrevista 35). Es importante
notar que esta idea
sobre lo mexicano fue construida en Estados Unidos, pero no
podía ser realizada
allí sino únicamente en ciertos lugares de México.
Por ejemplo, el sitio donde
ahora se ubican una de las comunidades de migrantes norteamericanos
más
grandes, San Miguel Allende en el Estado de Guanajuato (Balslev Clausen
2008).
La
construcción de pueblo como capital cultural
Como Bourdieu
explicó, los bienes culturales son las
preferencias por adquirir determinados bienes; no sólo aquellos
necesarios para
vivir (como el tipo de comida) sino los que se usan para el adorno.
Cuando esta
decisión sobre capitales se aplica en la construcción de
un pueblo, esto se
relaciona al tipo de imagen (edificios, plazas, avenidas) que se
construirán.
Como ya analizamos, la preferencia de la comunidad norteamericana
está
relacionada a la idea de “lo mexicano auténtico”, lo que
incluía vivir en una
forma idealizada de una comunidad pequeña.
Esto
significó, para los migrantes norteamericanos,
conservar la imagen del pueblo que daba sentido a su idea de lo
mexicano
auténtico evitando su “invasión” por parte de las grandes
tiendas
transnacionales norteamericanas como “Seven-Eleven” o “Wal-Mart”. Es
necesario
mencionar que esto no quiere decir que este grupo busque mantener a
esta
comunidad una situación de atraso económico, por el
contrario, desde su llegada
han buscado mejorar la situación económica, mejorar la
infraestructura urbana y
elevar el nivel cultural de los habitantes. Lo que su oposición
a la
construcción de grandes tiendas significa, es su negativa a
romper la a la imagen
del pueblo; esa imagen que los
estadounidenses intentan reconstruir En esta perspectiva, tiene sentido
su
oposición a la apertura de un Mac-Donald.
Bienes
institucionales
Como ya
dijimos, los bienes institucionales son los conocimientos o practicas
que son
sancionadas por organizaciones con estatus y reconocimiento. En el caso
de la
preparación académica, existe una diferencia considerable
entre la comunidad
norteamericana y la mexicana del pueblo de Álamos. Una parte
considerable de la
primera cuentan con estudios equivalentes a la licenciatura. Por su
parte, la
comunidad mexicana que habita la ciudad, tiene un promedio de
educación por
debajo de la formación primaria (Balslev
Clausen 2007).
Aunque esta
diferencia en formación ya constituye un dato
notable. Una de las prácticas que han tomado estos bienes
culturales merece ser
mencionada, en este caso la organización de eventos culturales y
artísticos. La
instalación de la comunidad norteamericana generó con el
tiempo el festival
cultural más importante no sólo del pueblo, sino de todo
el estado de Sonora y
posiblemente de la región noreste de México: el “Festival
Ortiz Tirado”.
Un importante
sector de los norteamericanos que vivían en
Álamos tenía predilección por actividades
culturales tales como la música
clásica o la opera. Dado su medio social de procedencia y sus
profesiones
algunos tenían contacto con personas de los medios
artísticos “cultos” de los
Estados Unidos. Año con año la comunidad norteamericana
organizó un evento
artístico donde invitaban a diferentes músicos o
cantantes de ópera a realizar
una actuación en el pueblo. La belleza del lugar, la comodidad
de las mansiones
y la amistad, entre otras razones, fueron motivos suficientes para
atraer a un
selecto grupo de artistas.
Con el paso del
tiempo, el festival fue creciendo tanto
en el número de artistas invitados como en el de los que estaban
interesados en
escucharlo. Dadas las magnitudes del evento, las autoridades
municipales
decidieron participa. Esto a pesar de que era la comunidad de migrantes
los que
tenían los contactos necesarios para invitar a músicos de
música “culta”
famosos en su país.
En años
recientes el festival es organizado conjuntamente
por las autoridades de cultura del estado de Sonora, el municipio del
pueblo y
la comunidad norteamericana. El evento ahora recibe una importante
cobertura no
sólo dentro del estado sino en estados vecinos incluyendo la
zona de Arizona
en los Estados Unidos.
La
institucionalización de las prácticas culturales de la
comunidad norteamericana del pueblo, mediante un “objeto” como el
festival, es
un claro ejemplo de influencia que tiene
esta comunidad en el desarrollo de la región.
La
organización del festival también constituye un
importante símbolo de status para la comunidad norteamericana,
no solo frente a
los mexicanos sin frente a las otras comunidades de norteamericanos que
viven
en México, pero también hacia las mismas comunidades que
permanecen en los
Estados Unidos.
La
organización del festival les otorga una importante
legitimidad, en el sentido de que les permite demostrar frente a los
otros, que
continúan reproduciendo las pautas culturales del grupo al que
pertenecen (las
clases educadas de los Estados Unidos), además de que los ubica
como una de las
más activas, culturalmente hablando.
El Capital social
En
el modelo de Bourdieu los individuos no son
entes aislados, sino integrantes de conexiones familiares, personales y
de
clase que les proporcionan acceso a ciertos tipos de capital
económico, social
y simbólico. Es decir, este tipo de capital proporciona bienes
sociales como recomendaciones
para puestos de trabajo, la asistencia a eventos que no son
públicos, pero
también un familiar dispuesto a cuidar a los hijos, que
proporcione apoyo en
caso de algún accidente o una mala situación
económica. Una característica
importante de este tipo de recursos es que no están
homogéneamente distribuidos
entre la población. La posición de los individuos dentro
del espacio social y
de clases determinará su acceso a
ellos.
Un primer punto a
considerar sobre el capital
social de la comunidad norteamericana, es que este grupo, como el
resto,
reproduce prácticas historias de sus antecesores. En este caso,
esto resulta
significativo debido a que las clases medias y altas de norteamericana
tienen
una tradición importante respecto al asociacionismo (Putnam,
1999). Desde su
fundación como nación la población de Estados
Unidos mostró una tendencia
general a crear organizaciones dedicadas a distintos asuntos. Esto
quedó
plasmado en trabajos como el de Tocqueville
La democracia en América. Este estudio, fue uno de los
primeros en resaltar
las funciones sociales que cumple para la democracia y el crecimiento
económico
estas formas de cooperación colectiva. Pero este autor
también demostró que el
asociacionismo tenía un efecto positivo en la creación de
redes de solidaridad
y el orden social (Tocqueville (1835), 1996).
El trabajo
de Tocqueville enfatizó principalmente la importancia que tienen
los contactos
más visibles entre los miembros de las redes. Sin embargo,
trabajos posteriores
como el de Granovetter (1973), demostraron la importancia que tienen
las
relaciones menos visibles (“ligas débiles”) como las relaciones
de parentesco,
los amigos y las relaciones de barrio en la circulación de
bienes sociales,
información, y en la disminución de los llamados “costos
de transacción”.
En este sentido,
la comunidad de norteamericanos
que viene en Álamos ha desarrollado importantes formas de
capital social, tanto
en forma de organizaciones civiles, como dentro de las llamadas ligas
débiles,
las últimas son, sin duda, la base para la creación y
funcionamiento de las
primeras.
Es de mencionar
que este grupo no ha construido sus
redes a partir de lazos de parentesco, religiosos, o
ideológicos. Es decir, el
capital social construido no se explica por la coincidencia de sus
miembros en
creencias sino en coincidencia en las prácticas comunes
relacionadas a su país
de origen y su concomitancia en valores generales relacionados a “ser
norteamericano”. Eso resulta significativo, porque una de las
explicaciones
teóricas generales del porqué la gente participa en redes
o grupos, es la
coincidencia en valores. El papel central que tienen la identidad
norteamericana para la conformación de este grupo, lo
analizaremos más
adelante.
Dado que la
posesión de capital social no es
posible objetivarla en bienes como el dinero o la posesión de
una casa. Es
necesario tratar de observarla de otra forma. En este caso resulta
más
ilustrativo mostrar estas redes mientras operan. Es por ello que en los
párrafos siguientes analizaremos este “bien” de la comunidad
norteamericana (el
capital social) mediante las prácticas que lo construyen y
mantienen.
Como dijimos, la
identificación básica entre los miembros
de esta comunidad se basa en su identidad de norteamericanos. La
integración de
nuevos miembros se produce a partir de este primer criterio de
diferenciación
(con esto no queremos decir que se trate de una comunidad especialmente
excluyente, todo lo contrario. Sin embargo su interés por
integrar no es
generalizado. Por ejemplo, los mexicanos que
regresan al pueblo después de haber pasado años
trabajando en los Estados
Unidos no son contactados para formar parte de estas redes y
tampoco han sido incluidos australianos
que ha llegado a vivir al pueblo para trabajar en la mina (Balslev
Clausen, 2008).
Analicemos como
ejemplo el caso
de un nuevo residente. Dado que son miembros del mismo grupo los que
operan las
agencias de bienes raíces de la zona donde habitan, la comunidad
está en
posibilidades de saber cuándo llegará un nuevo morador
norteamericano. Una vez
que este se instala, la comunidad organiza un “comité de
recepción” que acude a
su casa para obsequiarle una canasta con presentes (esta
práctica de la
bienvenida, no es una innovación de este grupo, sino una
costumbre dentro de
las clases medias y altas norteamericanas).
Además de
productos comestibles, la canasta de
recibimiento incluye una agenda que contiene no sólo los
números “básicos” de los
servicios municipales (emergencias, municipio, luz, agua
etcétera) sino también,
todos los teléfonos de los miembros de la comunidad
norteamericana. Es decir,
el nuevo miembro es invitado a entrar en contacto con todos.
La
integración del nuevo miembro no sólo se produce
mediante una agenda, la bienvenida incluye la organización de
una fiesta (Thank God it is Friday). Esta le permite
a los recién llegados conocer
personalmente a todos los residentes norteamericanos. El nuevo morador,
tiene
la posibilidad de integrarse a las redes débiles desde su mismo
arribo.
Pasado el momento
inicial de la llegada, el
contacto entre los miembros de la comunidad norteamericana guarda una
constate
y regular cotidianeidad. Las redes sociales, que no son bienes que se
puedan
almacenar, dependen de su uso regular y su continuación
afirmación. En el caso
de este grupo, este se produce por medio de constantes visitas entre
sí, llamadas
por teléfonos,
(correos para ayudar o conseguir asistencia
en cosas diarias), y otras formas
de cortesía
social. Algunos de los lugares más importantes para el constante
contacto entre
los miembros son los restaurantes, cafés y galerías que
existen dentro de su
barrio. Este contacto constante es en parte posible gracias a la
condición de
jubilados de muchos de sus miembros, que al no tener que cubrir
horarios de
trabajo pueden ocupar su tiempo en otro tipo de actividades. Así
aunque muchas de estas personas se dedican a realizar actividades
relacionadas al retiro (pintar, leer, deportes, fotografías) dedican una
parte significativa de su cotidianeidad
al contacto con otros (Balslev Clausen,
2008).
Este continuo
trato no sólo se produce por medio de
canales tradicionales de comunicación como el acercamiento cara
a cara o el
teléfono sino utilizando las nuevas tecnologías como el
Internet. De hecho,
este medio se ha convertido en un medio muy funcional y
simbólico. Lo primero,
por construir un canal que permite una simultánea
comunicación y el segundo
porque crea un sentimiento de pertenencia (Castell
1996; Calhoun 1998).
Incluso, podemos
decir que la
“objetivación” más clara sobre el capital social con el
que cuentan los
norteamericanos, es el de red virtual denominada “noticias del grupo” (newsgroup). Dentro de este sistema de
comunicación se informa a sus miembros sobre eventos realizados
en el pueblo
(conciertos, fiestas, colectas, excursiones, reuniones). Pero no
sólo ello,
este sitio de Internet funciona como un canal de ayuda mutua: por
ejemplo, si uno
de los miembros de la comunidad informa sobre su intención de
viajar a Estados
Unidos en una fecha determinada, los otros integrantes pueden
aprovechar este
viaje para solicitar la compra de ciertas mercancías, recoger
cartas u otro
tipo de recados. Pero no sólo ello, en el caso de que
algún miembro de la
comunidad requiera de ayuda, un favor o
consejo sobre cosas concretos como quién en el
pueblo puede repara ventanas, los otros
miembros lo
asesorarán. De esta forma, existe un ahorro altamente
significativo en costos
de transacción para los miembros de la comunidad en su contacto
con los servicios
que requieren, pero incluso en sus contactos con las autoridades
mexicanas y la
población en general.
Finalmente, es
necesario
mencionar que este grupo de Internet no es un lugar abierto, su uso
sólo está
disponible a los miembros de la comunidad de (norteamericanos) en
Álamos: cada
uno de ellos (así como cada nuevo miembro) recibe una clave que
le permite
ingresar. No obstante, esta comunidad virtual no excluye a otras formas
de
asociacionismo norteamericano a las que pertenecen los mismos miembros
de la
comunidad.
Sin
embargo, es necesario mencionar que los códigos de ayuda no
sólo son aplicados
hacia el interior de la comunidad. La mayoría de ellos
están interesados en
realizar esfuerzos que permitan mejorar la situación de la
comunidad mexicana.
Para ellos, los norteamericanos han fundado distintas organizaciones
dedicadas
específicamente a la asistencia de grupos vulnerables como
niños de pocos
recursos y mujeres embarazadas de escasos recursos. Como dijimos,
analizaremos
estos grupos en otra parte de este documento.
El Capital simbólico
Como ya
mencionamos, el capital simbólico fue definido por Bourdieu como
los rituales y
formas de comportamiento que una comunidad practica y le permite
distinguir
entre comportamientos “honorables” o reprobables. Pero también
entre aquellos
que tienen “educación” para comportarse en situaciones
cotidianas (uso de
determinados cubiertos o vinos para determinadas comidas) de los que
no. Es
decir, son conductas que delimitan el honor, el buen proceder, la moral
pero
también las jerarquías o posiciones sociales.
Al igual
que sucedía con el capital económico, podemos decir que
el capital simbólico
puede tener manifestaciones visibles fácilmente reconocibles. En
este caso
estas son las condiciones generales del barrio donde viven los
norteamericanos y
donde vive el resto de la población. Esto es así, porque
las reglas sobre “buenos
modales” se concretizan en comportamientos sobre el mantenimiento que
se le da
a las casas y calles. Es decir, más allá de la
preferencia por determinadas
estéticas (que también es un habitus para Bourdieu) el
capital simbólico existe
en las prácticas cotidianas sobre convivencia en las zonas
urbanas.
En este
sentido, el grupo norteamericano ha buscado distinguirse por la forma
en que
conservan o mantienen sus espacios. En la zona habitada por este grupo
existe un
cuidado notable por la limpieza y la buena apariencia de las casas. En
las
calles de esta zona, es difícil encontrar basura tirada o
visible, las fachadas
son pintadas o reparadas regularmente y los árboles y
demás plantas han sido regados
y podados frecuentemente. Esto contrasta notablemente con lo que
encontramos en
las colinas habitadas por los mexicanos. Dejando de lado las
diferencias
estéticas y de capital económico el poco interés
por la limpieza del espacio público
es notable en la zona mexicana. Incluso las personas que llegan a
realizar
algún tipo de aseo lo hacen estrictamente en las la zona que
consideran su
“pedazo de calle”.
Así
entonces, en la zona mexicana el arroyo vehicular está lleno de
botellas,
envolturas o montones de basura al lado de las alcantarillas. En frente
de
muchas de las casas son visibles grandes manchas negras de aceite o
carros
descompuestos. Las fachadas de las casas y las puertas presentan una
perspectiva
similar. Algunas, pocas, han sido pintadas recientemente. La
mayoría, parece
tener mucho tiempo de haber sido arregladas. Esto en parte se explica
porque
varias casas están en proceso de construcción, por lo que
varillas, montones de
escombro o de arena son visibles desde
afuera o están bloqueando las banquetas. Pocos árboles se
encuentran en la
calle, ninguno de ellos parece recibir ningún tipo de corte o
poda.
Otro
código de comportamiento normalmente resaltado por la comunidad
norteamericana es
el que ellos describen como la tranquilidad. Esto hace referencia a que
en
estas calles es difícil percibir ruidos altisonantes
provenientes de las casas;
si existe una televisión o un radio encendido no es perceptible
desde la calle.
De nuevo el contraste es notable, en la zona de los mexicanos las
tiendas
normalmente tienen radios o televisores encendidos a todo volumen sobre
todo
por las tardes. Los fines de semanas, son frecuentes los carros o las
fiestas
donde se escucha música estruendosamente. No son pocas las veces
que en la zona
mexicana los carros atraviesan con sus estéreos
La tranquilidad también es relacionada
al tamaño del pueblo, incluso es mencionada como uno de los
motivos que lo
convierten en una zona atractiva para vivir. Esto último cuando
los mismos
norteamericanos comparan Álamos con otras comunidades de
norteamericanos en
México como la de Cuernavaca (la más vieja) en el Estado
de Morelos, o una de que
más ha crecido recientemente, la de San Miguel Allende en el
Estado de
Guanajuato. La respuesta de la gran mayoría de ellos concuerda
en ello:
“I
could realize some of my dreams here (…) this place has a certain magic
…”
y,
“What
I like
about [the village] is that people know you its not like a big city but
more as
a small city (...) it’s a good thing and it’s a bad thing [about the
village
being a small city] because they also know your business ...” (18).
Entonces, a
ninguno de estos norteamericanos les interesa
vivir dentro de las grandes comunidades de compatriotas que se han
establecido
en otras zonas de México. Para ellos, estas grandes
congregaciones no son el lugar
ideal para cumplir su sueño de “lo mexicano”;
el valor simbólico de conocer personalmente a
todos los miembros de la
comunidad les resulta altamente significativo. Sin duda, esto
está relacionado
con códigos morales; el vivir en un pueblo donde todos te
conocen y saludas,
está relacionado con reglas de comportamiento (Balslev Clausen,
2008).
En el
análisis del capital simbólico resulta revelador que
la comunidad norteamericana mencione como un valor importante el
tamaño de la
localidad. Primero, como ya lo mencionamos, esto está
relacionándolo al
contacto directo con los demás. Pero también relacionado
a lo anterior es el
vivir dentro de límites simbólicos manejables. En este
caso, los norteamericanos mencionaron que
les
gustaba habitar un lugar donde todo es accesible a píe. Sin
embargo, eso no
significa que los norteamericanos caminan a todas partes, al contrario
siempre
van al centro, a los cafés, a las ganchas de tenis, o a visitar
a los demás en
sus camionetas. Pero el sólo hecho de tener la posibilidad de
caminar tiene
mucha importancia aunque no corresponde a las actuaciones de ellos en
la
realidad; como apunta Barth (1969) no siempre hay correspondencia entre
lo
dicho y las actuaciones. El pueblo se considera más tranquilo
tanto por el sólo
hecho de ser pueblo que por el tamaño de la comunidad
norteamericana, en
contraste a las demás comunidades expatriadas. Esto está
relacionado a un rechazo
hacia la vida moderna y rápida en los Estados Unidos, donde, la
vista de estas
personas, se ha perdido la oportunidad de disfrutarla y divertirse.
En este sentido,
los pueblos pequeños son relacionados
con una serie de valores. Uno de ellos son los niveles de seguridad.
Esto, que
es cierto en el caso de Álamos (la tranquilidad y poca
incidencia delictiva),
contrasta con la percepción de la comunidad norteamericana de lo
que sucede en
sus ciudades de origen; en Estados Unidos la gente ya no se siente
segura ni en
su casa. Otros valores relacionados a las comunidades es el
espíritu de
comunidad de los habitantes; la gente de un pueblo está
más dispuesta a ayudar
a otros. En el caso de la comunidad norteamericana, como hemos visto ya
en el
capital social, esto se convierte en una profecía auto-cumplida.
Finalmente,
otro valor relaciona las comunidades son los principios bajo los que
las
personas entran en contacto con los demás, en este caso la
“amabilidad”. Para
los norteamericanos que habitan aquí, la percepción de
que existe este
comportamiento en la mayoría de la población es un factor
primordial en sueño
de lo México auténtico (Balslev Clausen
2008). En general los
migrantes consideran que:
“Here [the village] the respect for women and
elder people still exists…” (23)
Conclusiones
La
migración de los norteamericanos al pueblo mexicano
sucede con una serie de capitales a su favor:
capital cultural: 1) es una corriente migratoria que no ha sido
sancionada
como negativa en su país y en la sociedad receptora); 2) los
motivos generales
para esta migración son socialmente reconocidos como validos no
sólo en
términos generales sino por ser realizados dentro de las
vías institucionales
(todos buscan mejorar su bienestar pero una cosa es hacerlo robando que
migrando a otro país); capital social:
1) las redes familiares y de relaciones de amistad que apoyan esta
migración no
son clandestinas y confieren a los nuevos miembros una serie de
conocimientos
que diminuyen el costo de aprender a vivir en una nueva sociedad
incluso eliminan
la diferencia del lenguaje como un problema por que los miembros de la
comunidad que habla español siempre están dispuestos a
servir como interpretes
en caso de que alguien necesite hablar con una autoridad o persona
nativa de la
comunidad mexicana; capital simbólico;
1) en el caso que analizamos las organizaciones civiles son
precisamente los
códigos de conducta que los diferencian de la otra comunidad.
Uno de los
habitus que crea más claramente un espacio
social entre la comunidad norteamericana y la mexicana es la
migración. Aunque
se trata en términos generales de la misma práctica
humana, el cambiar de lugar
de domicilio para vivir en otro, los motivos y las prácticas
están claramente
diferenciadas. En primer lugar, la migración de los
norteamericanos no es en
búsqueda de trabajo o una mejora de la situación
económica. La motivación está
en la calidad de vida, por encima de la que podrían obtener como
miembros de la
clase media norteamericana. En términos de Bourdieu no se busca
una mejora en
el capital económico, sino en el simbólico y social.
Segundo, aunque en su
desarrollo ambas migraciones buscan desarrollarse por redes que
aseguren la
llegada, estas redes y el medio que rodea ambos fenómenos (la
migración de
norteamericanos a México y la de estos a los Estados Unidos) son
radicalmente
distintas. La diferencia en gran parte inicia en las condiciones
legales que
tiene cada tipo de migración, mientras la que realizan los
mexicanos hacia
Estados Unidos enfrenta leyes cada vez más restrictivas y que
crea nuevas
restricciones para impedirla (incentivando entre otras cosas la
migración sin
registro oficial), la que realizan los norteamericanos a México
prácticamente
no enfrenta ningún tipo de restricción o control legal.
Esto permite, que
aunque ambas migraciones aprovechan el Capital Social de los que migran
(las
redes de familiares o amigos) la norteamericana ha podido instituciones
legalmente constituidas (empresas que ofrecen información legal
sobre adquirir
casas en México, guías para nuevos residentes,
páginas de Internet entre otras)
de facilitar la migración.
La
creación de organizaciones que tienen como finalidad
ayudar a la gente pobre está dentro de las prácticas del
pueblo norteamericano.
Sin embargo, esto no significa que todas las comunidades fuera de su
territorio
lo hayan hecho. Por el contrario, resulta un caso significativo que
merece ser
mencionado. Los objetivos de estos grupos están claramente
relacionados al
desarrollo de la comunidad, sin embargo, no se han resultado estudios
que demuestren
cuál ha sido su impacto en términos de desarrollo.
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