II Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo







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Tesis 
Volumen I, Numero 1, Septiembre de 2008
Topofilia: Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo




La posición social y espacial en una ciudad turística. Las luchas simbólicas de Álamos, Sonora

                                                           Helene Balslev Clausen[1]

                                                           Mario Velázquez García[2]

 

El artículo busca analizar el siguiente problema: ¿Qué tipo de sociedad se genera en una localidad que cambia su actividad primaria por el turismo? Las repercusiones sociales que tiene en poblaciones pequeñas y medianas de México el desarrollo de esta actividad han sido poco estudiadas. Esto a pesar de que instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) consideran al turismo como uno de los fenómenos sociales y económicos  más destacables del siglo pasado, y México es uno de los lugares con mayor crecimiento en esta actividad dentro del continente americano (Altés 2006). Los estudios que se producen sobre el tema, generalmente se concentran en analizar la parte económica, ambiental, cultural o arquitectónica, son pocos los trabajos que analizan los cambios en las relaciones sociales, las instituciones y las organizaciones.

 Este trabajo busca explorar la parte social, lo no siempre visible en las zonas turísticas; si lo perceptible son los restaurantes, hoteles, plazas. Esto tiene relevancia, si consideramos que la promoción de este tipo de actividades económicas ha despertado gran interés en diversos países en vías de desarrollo como México. El turismo es considerado un impulsor del desarrollo económico, generador de divisas, inversiones, empleos y empresas. Sin embargo, con el paso de los años, los grandes complejos turísticos como Acapulco y Cancún mostraron que como asentamientos humanos ejercían una gran presión sobre el territorio y los recursos naturales; pero también hacia la estructura social y las personas (Altés 2006). Entonces, las siguientes líneas buscan hacer evidente, que detrás de la construcción hoteles, restaurantes, plazas o comercios existen individuos, grupos sociales, formas de organización social que sufren una profunda transformación al construirse una zona turística.

Uno de los factores más significativos en la producción de cambios sociales en zonas turísticas es la llegada de nuevos grupos de personas. Este tipo de localidades, por la misma lógica de este tipo de actividad productiva, se convierten en zonas especialmente abiertas tanto a la llegada de nuevos usuarios (los visitantes) como los que serán los prestadores de diversos servicios. Pero no sólo esto, la gran mayoría de las zonas turísticas se convierte en zonas atractivas para nuevos residentes. Este es el caso de algunos consumidores que después de pasar unas vacaciones en la zona deciden que ese es un mejor sitio para vivir que el que actualmente ocupan. Estos nuevos habitantes significan para la comunidad originaria un crecimiento demográfico adicional. En el aspecto social, si el grupo de habitantes recién llegados es muy grande (tanto los turistas, los prestadores de servicios como los redientes), esto puede significar una presión adicional a los comportamientos, creencias y la misma organización social de la localidad.

Los estudios tradicionales sobre migración, consideraban que la llegada de nuevos habitantes a una localidad, pasaba, toda, por un periodo más o menos continuo de integración; los migrantes con el paso de los años y las generaciones terminarían por integrarse a la nueva sociedad (Portes, Guarnizo y Landolt 1999). Esto implicaba que el grupo nuevos de individuos terminaban adoptando los patrones culturales y sociales de la comunidad receptora. Sin embargo, los estudios empíricos de las dos últimas décadas demostraron que este proceso no siempre sucedía así. Las comunidades de migrantes conservaban y reafirmaban la identidad de su país original, su idioma y formas sociales de convivencia (Balslev Clausen 2007). Este proceso social de conservación de los lazos sociales con las comunidades de origen es parte del planteamiento central del concepto de transnacionalismo. Con el cual, se buscan analizar las redes, prácticas e instituciones sociales mediante las cuales los individuos mantienen contacto tanto individual como cultural con sus comunidades de origen. Esto implica que la integración a la nueva comunidad, no necesariamente se produce en los términos anteriores, sino a partir de sus propios marcos culturales, prácticas y recursos.

Nuestro caso de análisis es una comunidad que reúne las características antes descritas: una pequeña localidad, que ha comenzado a tener un incremento significativo en las actividades turísticas desarrolladas en su cabecera municipal debido a la construcción de hoteles, restaurantes y otros servicios. Al mismo tiempo, un nuevo grupo social ha establecido una comunidad. De hecho, la presencia de este nuevo grupo se explica en buena parte el crecimiento de las actividades turísticas. La presencia de la comunidad (norteamericana) he generado la transformación visible de un pueblo que no hace muchos años (en los años cuarenta) estaba prácticamente abandonado, pero su presencia también ha significado un cambio en las estructuras sociales, las instituciones y la cultura local.

Una manera de analizar lo que sucede en esta comunidad es la siguiente: reconocer que un grupo que llega a una comunidad cultural diferente no lo hace en blanco, trae consigo una serie de creencias y medios con los que negociará su posición en la nueva sociedad. Este ajuste o acoplamiento en la comunidad receptora sucede,  al menos, en dos sentidos: primero respecto al lugar que el nuevo grupo ocuparán dentro del espacio económico (poseedores de negocios, empleados, negociantes, dueños de conocimientos expertos, pobres, etcétera), pero también dentro del espacio cultural (los estatus sociales, los comportamientos, las prácticas cotidianas). Estos dos elementos otorgarán a sus miembros un determinado grado de poder (o no) dentro de la nueva sociedad (Balslev Clausen 2007).

El trabajo analizara, utilizando a Borudieu, el cómo el estilo de vida, las creencias e ideas (los habitus) de la comunidad de norteamericanos, pero también los recursos con los que cuentan, les permite construir una espacio social dentro de la comunidad mexicana. Este “lugar social”, no sólo constituye una identidad para los miembros, sino una forma de diferenciación –una distancia social,  simbólica y física–, entre ellos y los mexicanos.

Dado que la interacción entre dos grupos sucede al mismo tiempo en diferentes niveles y áreas de interacción, es necesario seleccionar un referente específico. En este caso, nos enfocaremos en una de las formas sociales más visibles de intervención de esta nuevo grupo en la comunidad receptora: nos referimos a las Organizaciones No-Gubernamentales (ONG) creadas por los norteamericanos. Aunque cada uno de estas ONG tienen un objetivo específico, en general, su finalidad es auxiliar a algunos de los grupos más vulnerables dentro de la comunidad, como las madres solteras o los estudiantes de bajos recursos. Al ser creadas para interactuar directamente con la comunidad mexicana bajo esquemas de organización propios de la comunidad norteamericana, estos agrupaciones son ejemplos visibles de la construcción de los espacios sociales antes descritos; la manera en que las recursos económicos y simbólicos interactúan entre ambas comunidades puede ser ejemplificado en el análisis de estos grupos. Las organizaciones que consideraremos son Los Amigos de Educación, Las Comadres, the History Club y la biblioteca municipal

El artículo en la primera parte desarrollará los componentes teóricos de la propuesta de Bourdieu sobre campos, habitus y capital cultural. Con ellos es posible analizar el cómo la sociedad se produce, las formas y consecuencias de la elección de determinadas prácticas y su efecto en las formas de diferenciación social. El análisis inicia con los tipos de capital presente en la comunidad norteamericana. La posterior descripción general de las organizaciones norteamericanas nos permitirá ver los habitus y campos.


 

La teoría de la reproducción de Pierre Bourdieu

 

Uno de los temas recurrentes en los estudios de Pierre Bourdieu son las clases pobres y sus estrategias de sobrevivencia. El trabajo de este sociólogo francés busca hacer evidente los mecanismos sociales que permitían sostener las desigualdades económicas, que para él, se sostienen por las de tipo cultural. Para este autor una de las características de las sociedades contemporáneas es la transformación en los mecanismos de diferenciación y creación de jerarquías legalmente institucionalizadas. Las leyes que garantizaban a la nobleza y al clero conservar privilegios económicos, políticos y culturales han dejado de tener sentido en la sociedad moderna.

Para Bourdieu las actuales formas de diferenciación social se construyen mediante dos mecanismos generales. El primero es una complejización de la idea marxista de la lucha de clases; no sólo existe una apropiación de los medios de producción sino de prácticas, saberes, creencias y preferencias relacionadas a la pertenencia a uno u otro grupo. El segundo, es la aplicación de la idea weberiana de los estratos sociales, mismos que separan, clasifican y subordinan a los individuos de acuerdo al poder, el prestigio y la riqueza. El resultado, es lo que Bourdieu llama los espacios sociales de los grupos y la reproducción del orden social. De está manera el análisis sobre la construcción de jerarquías sociales se realiza por medio de un análisis de la distribución de capitales, prácticas y creencias sociales.

La intención de Bourdieu al no utilizar como punto de anclaje de su teoría las clases sociales es renovar el estudio del conflicto social, ahora, desde una perspectiva relacional. Esto es posible mediante el espacio social; este concepto permite enfatizar que el papel ocupado por los sujetos en la sociedad no está “dado”, sino es producto de su constante interacción. Es decir, los lugares que ocupan los sujetos no resultan en categorías fijas como son los roles y estatus de las teorías estructurales convencionales, sino que están siendo continuamente redefinidos y negociados por sus ocupantes y el resto del grupo. Es decir, la realidad social pasa por una constante reconstrucción más que por el funcionamiento de estructura o pirámides jerarquías fijas.

En un primer tiempo, la sociología se presenta como topología social. Uno puede así representar el mundo social bajo la forma de un espacio (a varias dimensiones) construido sobre la base de principios de diferenciación o de distribución constituidas por el conjunto de propiedades accionantes en el universo social considerado. (...) Los agentes y los grupos de agentes están así definidos por sus posiciones relativas en este espacio. Cada uno de ellos está cantonado en una posición o en una clase precisa de posiciones vecinas (es decir en una región determinada del espacio) y uno no puede ocupar realmente, incluso si uno lo puede hacer por el pensamiento, dos regiones opuestas del espacio. (...) Uno puede describir el espacio social como un espacio multidimensional de posiciones de manera a que toda posición actual pueda ser definida en función de un sistema multidimensional de coordenadas en las cuales los valores corresponden a los valores de diferentes variables pertinentes: los agentes se distribuyen así, en la primera dimensión, según el volumen global del capital que ellos poseen y, en el segundo, según la composición de su capital –es decir según el peso relativo de las diferentes especies en el conjunto de sus posesiones” (Bourdieu 2003b, 3).

 

Como dijimos, Bourdieu conserva del marxismo la idea de que la posesión de capital es uno de los factores determinantes en la construcción de categorías. No obstante Bourdieu considera que la necesidad de ampliar este concepto y darle nuevos significados que expliquen mejor el mantenimiento de los espacios sociales. La idea de capital únicamente en términos monetarios mostró ser insuficiente para explicar la construcción, el sostenimiento y la transformación del orden social; la posesión de un acervo (capital) existe en otros ámbitos de la vida social.

En Bourdieu este concepto es utilizado en cuatro dimensiones: 1) el capital económico que se compone de los diferentes factores de producción (tierras, fabricas, trabajo) y el conjunto de bienes económicos: ingreso, patrimonio, bienes materiales; 2) el capital cultural son las habilidades intelectuales socialmente calificadas.[3] Este capital, a su vez, puede existir bajo tres formas. Primero,  como dispositivos durables del cuerpo (formas de hablar, moverse, sentarse, caminar o la facilidad para expresarse); segundo, bienes culturales adquiridos y presentes en la vida cotidiana (muebles, pinturas, música esculturas) y; Tercero, bienes institucionalizados, esto es, los que son sancionados por organizaciones con estatus y reconocimiento (legal y cultural) social (títulos universitarios, premios de escritura, reconocimientos, nombramientos, etcétera); 3) el capital social son las relaciones sociales y redes dentro de las que actúa cada individuo. La pertenecía a estos grupos, le confiere a los individuos bienes sociales (reconocimiento, solidaridad, autoafirmación) como de otro tipo (información, menores costos de transacción etcétera); 4) el capital simbólico son los rituales (religiosos, modales, etcétera) ligados al honor y al “bueno comportamiento”.

Entonces, el lugar que ocupan los individuos en este espacio social está determinado por la cantidad y volumen de capital social que poseen y la manera en que está estructurado (compuesto) este capital total. En el esquema de Bourdieu son el capital económico y el capital cultural los que proporcionan los criterios de diferenciación que caracterizan la construcción del espacio social. Es decir, a diferencia del esquema marxista donde la parte económica era el elemento principal, en esta propuesta existe una doble forma de clasificación: la material pero también la cultural (Bourdieu, 2003b). Con ello, en la primera son colocados en una dimensión (vertical) por la cantidad de capital económico (ingreso, patrimonio y bienes materiales) y en una segunda (horizontal) por el capital cultural (capacidades culturales). En sus extremos, estarán aquellos con muchos bienes no sólo materiales sino títulos universitarios, conocimientos de artes y relaciones sociales (empresarios, altos funcionarios públicos etcétera) y debajo los obreros no calificados, los campesinos y, en nuestro caso, los indígenas. El partir de espacios, que no de roles o clases determinadas, permite ver la movilidad de los individuos y las tensiones que existen, por ejemplo, entre personas con importantes niveles de capital cultural pero con poco capital económico como podrían ser los universitarios.

La sociedad es entonces un conjunto de campos sociales, más o menos autónomos, cruzados por una lucha entre fuerzas sociales (humanas y simbólicas) distintas. Detrás de esta propuesta de campos, existe una teoría sobre el conflicto social, pero también un estudio sobre el orden y la diferenciación social. Las sociedades son posibles por la institucionalización de diferenciaciones constituidas a partir de la división social del trabajo y ciertas ideologías o creencias. Este proceso, nunca terminado, está presente en toda actividad social y reorganiza las acciones y los actores

 En términos analíticos, un campo puede estar definido como una red, o una configuración de relaciones objetivas entre las posiciones [...] En las sociedades altamente diferenciadas, el cosmos social está constituido por el conjunto de esos microcosmos sociales relativamente autónomos, espacios de relaciones objetivas que son el lugar de una lógica y de una necesidad especificas e irreductibles a aquellas que reaccionan con los otros campos, como el campo artístico, el campo religioso o el campo económico obedeciendo a lógicas diferentes”. (Bourdieu, 2005, 150)

 

En este esquema, al igual que en la teoría marxista, los capitales funcionan como los medios por medio de los cuales los diferentes grupos (pero también cada uno de los ciudadanos) luchan o negocian su posición social. Sin embargo, Bourdieu reconoce que este uso termina creando estructuras que se pueden volver contra sus creadores. Entonces, como Simmel demostró en su libro La filosofía del dinero, el capital se convierte en un medio y un fin. En cada campo, existe una lucha por la apropiación de los recursos, que a su vez justifica el lugar que los participantes ocupan. En la geografía de los campos sociales, nuestra participación es parte de nuestra misma vida en sociedad. Es claro que no todos los participantes cuentan con los mismos volúmenes de capital y también que no todos tienen los mismos objetivos. Algunos, los que ocupan posturas privilegiadas, buscarán la conservación de estos espacios en la manera en que ahora existen, mientras otros buscarán su transformación desacreditando las normas que regulan al campo o buscando restarle fuerza a su adversario. Esto lo denomina Bourdieu como estrategias de subversión.

Cada uno de los campos no deben ser considerados espacios con fronteras cerradas y  totalmente autónomas. Entre ellos, existen articulaciones significativas; es decir la posición de capital económico determina y está establecida por la posición de capital social. Pero también el funcionamiento de un campo puede influir en la interpretación de otros. Por ejemplo, la pintura (parte del espacio cultural), aunque tiene una lógica propia que explica su desarrollo, es influida fuertemente por su conversión en mercancía; el valor de las obras, ahora parece sólo tazarse por su precio comercial. 

 

Reproducción social y cambio social

 

Desde la perspectiva de este autor, la sociedad contemporánea muestra una tendencia a que predominen los mecanismos de orden social sobre los de cambio o revolución. Esto podría explicarse por las estrategias utilizadas por determinados agentes sociales a la conservación de los mecanismos básicos de la sociedad capitalista (como la propiedad privada, las leyes y la plusvalía). A diferencia de lo que sucedía en otras épocas, Bourdieu considera que incluso los agentes que antes buscaban la transformación de la sociedad (como los obreros) ahora intentan mantener o aumentar su posición dentro del espacio social predominante; la reproducción y el orden social se amparan mutuamente. En la sociedad actual, la búsqueda de transformación se ha visto opacada por una estrategia general de acumulación y transmisión de capitales; de padres a hijos, de compañeros a compañeros. Al mismo tiempo se produce mecanismos que garantizan la sucesión, es decir, el heredero(s) indicado de lo hecho antes. La educación y sobre todo las instituciones educativas ocupan un papel predominante en todo este proceso de conservación.

Esto no significa que Bordieu describiera un mundo sin cambios, por el contrario, las modificaciones en las estructura de capital son una de las estrategias de reproducción. La eficacia de estas estrategias depende de que los agentes sociales cuenten con instrumentos (materiales, sociales, culturales y simbólicos) que se modifiquen al ritmo que evoluciona la estructura de la sociedad. Por ejemplo, el poder que antes se depositaba en un individuo como rey o soberano “escogido por Dios” ahora se transmite a las personas que cuentan con capital económico (dueños de empresas) o cuentan con títulos académicos de reconocimiento (premios Nobel). La existencia de una serie de aparatos burocráticos, con las características que Weber ya describió, garantiza que ciertos capitales, como los ya mencionados, reciban un notable reconocimiento. El papel que ocupan las escuelas, en la legitimización de las jerarquías no tiene parangón en la historia de occidente. Esto no sólo tiene consecuencias sustanciales en la conservación de las jerarquías: la distinción entre obreros y capitalistas, sino que toma un nuevo sentido de educado/no educados, cultos/inculto; el espacio social ocupado por las clases se ve modificado por la evolución estructural de la sociedad.

En resumen, el modelo de sociedad de Bourdieu es al mismo tiempo dinámico y estático.  Es fijo en tanto existen jerarquías nucleadas en una distribución desigual de los distintos tipos de capital; es móvil en tanto cada grupo o agente individual desarrolla trayectorias sociales diferenciadas que los pueden re-ubicar en el espacio social. Al mismo tiempo, la sociedad no es un lugar único de conflicto o estabilidad, sino una diversidad de campos sociales donde los agentes desarrollan estrategias determinadas, objetivos y cuentan con recursos diferentes para actuar.

 

El habitus

El habitus es el concepto mediador de Bourdieu entre la macro-sociología y la micro-sociología, es decir entre las estructuras sociales y la agencia individual. Este concepto permite al autor explicar dos mecanismos fundamentales en todo modelo sociológico: 1) cómo es que la sociedad se reproduce en cada uno de los individuos y, 2) cómo esto se traduce en lógicas específicas de acción. Es decir la sociedad es posible porque todos los individuos, grupos, clases o elites comparten y reproducen habitus.

Como explicábamos, el habitus es el concepto usado por Bourdieu para referirse a la socialización; es decir, los mecanismos sociales que le enseñan a los individuos normas, valores, creencias y formas de actuación en su contacto con los demás. El concepto de habitus es definido como:

Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposición durables y transportables, estructuras estructuradas dispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir en tanto que principios generadores y organizadores de practicas y de representaciones que pueden ser objetivamente adaptadas a su fin sin suponer el objetivo consciente de fines y del control expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente reguladas” (Bourdieu 1991, 88-89).

 

En este sentido los habitus son equivalentes a las instituciones de los planteamientos neo- institucionales. Es decir, ambos son un conjunto de tendencias (inclinaciones) perdurables que son adquiridas durante los procesos de socialización. Estas, condicionan o determinan las conductas, las formas de percibir, de sentir, de hacer y de pensar. Los habitus funcionan porque han sido internalizados por los individuos, convirtiéndose en preceptos inconscientes que son percibidos por los mismos sujetos como realidades “objetivas”. La idea de interiorización de las normas de comportamiento no es un planteamiento original de Bourdieu, sino uno de los fundamentos de la sociología de Durkheim: el orden social (la sociedad misma) es imposible si las personas no convierten en algo propio y natural  las normas sociales.

Pero a diferencia de Durkheim, que consideraba estos mecanismos como generales, la interiorización de las normas (los habitus) en Bourdieu presentan dos formas generales: 1) los ethos que son los principios, reglas morales o valores que sirven de guía (pauta) en las decisiones y actividades cotidianas; y 2) los hexis son las disposiciones del cuerpo, la relación históricamente desarrollada que los individuos tienen con su cuerpo. Aunque en términos analíticos es posible separarlas en la realidad están unidas.

Como dijimos, estos habitus son la base que da coherencia a lo que percibimos, la manera en que lo juzgamos y las decisiones sobre el curso de acción que tomaremos.  Para Bourdieu todas las decisiones, desde las más triviales como elegir el tipo de calzado, música o comida, hasta la elección del tipo de amistades o trabajo están relacionadas al habitus; los comportamientos de cada individuo están relacionados a su posición en el campo social, pero también a la trayectoria que cada uno desarrolla. En otras palabras, la posición de clase determina un cierto tipo de habitus aunque esto no sea necesariamente determinante si el sujeto busca intencionalmente cambiarlo.

Las representaciones de los agentes varían según su posición y según su habitus, como sistema de esquemas de percepción y de apreciación, como estructuras cognitivas y evaluativas que ellos adquieren a través de la experiencia durable de una posición en el mundo social”. (Bourdieu, 1988: 134).

 

Al igual que Durkheim en Bourdieu la adquisición de habitus (de tipo primario) inician en la familia; estas resultan ser las más durables. Como grupo, la familia ocupa una posición en el espacio social y las clases, esto conferirá determinadas disposiciones, formas de pensar, de actuar y de hablar a los sujetos. Es decir, los sujetos adquieren condicionantes sociales diferentes dependiendo de su lugar de procedencia.

 Este habitus primario está directamente relacionado a la escuela (habitus secundario), pues generalmente se refuerzan mutuamente. Las nuevas adquisiciones de comportamiento hechas por los individuos (por ejemplo los comportamientos aprendidos en la escuela) van adaptándose a lo que existe con anterioridad, formando un todo que constantemente se adapta frente al medio y los cambios que este presenta. Como dijimos, los habitus no son estructuras fijas sino guías en continua reestructuración. Estos comportamientos entonces, aunque están relacionados al pasado, también tienen que responder a las situaciones presentes y las expectativas del futuro. Es decir, el sujeto de Bourdieu tiene capacidad de agencia; es decir, en nuestra actuación tenemos la capacidad de elección (aunque sea en un grupo determinado de opciones). Las distintas personalidades, son entonces variantes posibles de un conjunto de habitus posibles en una determinada clase social.

La teoría del habtius es una forma de romper con la dicotomía entre teorías holistas y del individualismo metodológico; la teoría de Bourdieu propone una mediación entre las estructuras (relaciones objetivas) y la agencia individual.  Así, aunque nuestro comportamiento es la ejecución de normas, creencias y prácticas, la manera en que elegimos y damos sentido al uso de estas estructuras resulta una elección individual. Los individuos actúan hacia afuera, pero también tienen una vida interna.

 


Los efectos de los habtius en la creación de campos

En la teoría de Bourdieu el concepto de habitus permite explicar la lógica de funcionamiento de la sociedad. En este sentido, los habitus dentro de un mismo grupo se encuentren dentro de un margen de igualdad (homogeneidad). Esto es fundamental para la creación de los estilos de vida en las sociedades.  Dichas  “corrientes” de comportamientos pueden ser entendidos como las modas en el sentido de las formas de actuar y pensar. Por ejemplo, en su país Bourdieu distingue tres estilos de vida: los de la clase dominante, la pequeña burguesía, y las clases populares. Entonces los campus están, por decirlo así, delimitados por los agentes que tienen habitus idénticos. El campo artístico, está compuesto por los agentes que coinciden en determinadas prácticas, normas, (formas de vestir, de comportarse, lugares de reunión etcétera), que diferirán de aquellos que están en el campo de la economía, como los empresarios. Cada campo funciona como “educador” de sus agentes, lo que le permite a estos adquirir los saberes necesarios para actuar en sus contactos sociales.

Los habitus son entonces un factor determinante en el orden social. Los actores poseedores de habitus semejantes no necesitan concertar en sus contactos; ambas partes conocen lo que la otra parte espera, prefiere o le interesa. El habitus constituye una serie de principios es un principio establecidos que regula la actuación sin que se requiera recordar las reglas de juego o las normas que existen detrás. Una práctica colectiva debe su coherencia y unidad al habitus. Al mismo tiempo, al tratarse de un espacio donde existen márgenes de elección, el habitus permite ajustar las posibilidades existentes dentro del campo con las motivaciones subjetivas de los agentes; esto permite que estos últimos, tengan la sensación de ser ellos mismos los que eligen las prácticas (y/o representaciones); aunque en realidad están poniendo en funcionamiento los habitus que existen dentro de un determinado campus.

 

El campus de lo público y los habitus norteamericanos: las organizaciones fundadas por los migrantes norteamericanos.

 

En esta parte analizaremos las organizaciones civiles creadas por los norteamericanos en Álamos. Nos centraremos en las formas específicas de acción y socialización (habitus). En este caso específico, los métodos utilizados por esta comunidad para participar en la solución de problemas públicos. En ello, decidieron utilizar formas específicas de organización y de participación. Las ONG que estos grupos crearon, reflejan una serie de valores respecto a lo que es importante de resolver dentro de una sociedad. Para entender mejor lo que representan las organizaciones fundadas por los inmigrantes norteamericanos, tenemos que dar una muy breve historia de este grupo.

En el siglo veinte, son dos las principales corrientes de migración de norteamericanos hacia el pueblo. La primera ola migratoria estuvo compuesta principalmente por individuos interesados en tener casas de verano. Por ello, su relación con el entorno (la comunidad mexicana) se limitaba a lo más indispensable: contactar a los empleados que realizaban labores domésticas, a las personas  que les vendían algunas mercancías y las autoridades con las que tenían que realizar trámites sobre servicios públicos (Balslev Clausen 2007). En resumen, se trataba de una colectividad que entendía su relación con la comunidad mexicana como un intercambio mercantil, o de turismo; las personas y casas son parte del escenario que el visitante busca disfrutar sin involucrarse o preocuparse por sus problemas.

Por su parte, la segunda ola de migrantes, se diferencia notablemente de la anterior por el interés de varios de sus miembros para intervenir en la vida socio-cultural de la comunidad de destino. Esto está relacionado a un cambio en los periodos de estancia de este grupo en la comunidad; mientras la primera únicamente permanecía en el pueblo por periodos cortos, esta nueva ola migratoria estaba instalada ahí la mayor parte del año; ya no se trataba de una comunidad de turistas sino de nuevos residentes (Ibid.). Esta última corriente buscaba entonces, no sólo cumplir con su sueño de lo mexicano auténtico, sino que buscaba generar cambios y desarrollo en su nuevo domicilio.

Es de mencionar la alta participación de la comunidad norteamericana en las labores de asistencia. Sin embargo, como ya mencionamos antes, el que este grupo se decida por crear organizaciones de caridad tiene que contextualizarse dentro de los habitus de la sociedad norteamericana, donde la conformación de este tipo de organizaciones es una tradición cultural,[4] junto al trabajo voluntario (Putnam 2000). Con esto, sólo queremos señal que no se trata de una innovación aislada de un grupo, sino parte de los habitus de esta comunidad.

 

Las organizaciones civiles

La comunidad norteamericana de Álamos se ha caracterizado por su interés en ayudar a los sectores más pobres del pueblo. Las ONG creadas por ellos están dedicadas, en su mayoría, a la atención de grupos vulnerables. No obstante, como lo menciona Bourdieu en su idea de capital simbólico, el funcionamiento de un grupo no sólo cumple funciones manifiestas, sino también permite el sostenimiento del orden social y las jerarquías.  En este caso, las ONG permiten  consolidar la posición de social del grupo de norteamericanos y darle un espacio social a sus formas de vivir y actuar.

En este sentido, las ONG norteamericanas tienen como misión expresa disminuir o aliviar problemas de pobreza como la atención a madres solteras o estudiantes de bajos ingresos. No obstante, los grupos vulnerables no son los únicos que se ven influidos por la actividad de estos grupos, Las ONG le confieren a los norteamericanos una plataforma cultural y política para incidir y re-construir sus vínculos con su comunidad de destino, pero también con la de origen (Balslev Clausen 2007). En esto, las ONG que aquí analizamos se diferencian por ejemplo de las organizaciones de ayuda fundadas por los latinos en los Estados Unidos. Estas últimas buscan, principalmente, mejorar la situación de sus comunidades de origen y son creadas por miembros de una misma región (Guarnizo 2003). Mientras los inmigrantes estadounidenses no crean estos grupos con el objetivo de ayudar a sus comunidades de origen o familiares y la participación de los miembros no esta circunscrita por regiones. Los grupos creados por los latinos se orientan principalmente a proyectos de desarrollo comunitario dentro de la sociedad de destino, fundamentalmente en las áreas social y cultural[5].

Las ONG en las que enfocamos nuestro análisis son las siguientes:

   Dos organizaciones de desarrollo comunitario (Amigos de Educación y Las Comadres), que tienen como objetivo principal atender a personas en situaciones de pobreza dentro de la comunidad de destino.[6]

Una organización cultural (the History Club), la que no tiene el propósito de ayudar a población.

 

Los Amigos de Educación

Una de las organizaciones creadas por los norteamericanos, Amigos de Educación (AE), es resultado de anteriores proyectos sociales. El primero tuvo lugar en 1975 cuando dos inmigrantes iniciaron una colecta de fondos para fundar una biblioteca pública. En 1976 la organización fundada para este fin fue registra ante el gobierno de los Estados Unidos como una asociación voluntaria bajo el nombre de Fundación para el desarrollo de la comunidad. En 1977 la organización cambiar su nombre por Save the Children Federation (SCF). Esta permuta en el titulo, fue parte de una restructuración organizativa que buscaba el registro del grupo ante las autoridades norteamericanas fiscales, lo que permitiría que los posibles donantes pudieran deducir sus aportaciones al pagar impuestos.[7] Durante una década, esta institución constituyó la única biblioteca pública funcionando en Álamos, además de constituir un espacio para que los estudiantes de la ciudad pudieran realizar en sus instalaciones sus tareas y recibieran cursos extras.

 Sin embargo, en 1985 la asociación SCF determinó terminar con su apoyo a la biblioteca. La explicación de SCF para detener su apoyo fueron dos: 1) el gobierno federal mexicano decidió asumió la administración de esta instalación para integrarla a una red federal de bibliotecas (por lo que recursos públicos comenzaron a ser destinados a su operación); y 2) Existió un cambio en el administrador de la biblioteca ordenado por las autoridades federales (hasta este momento, las instalaciones habían sido dirigidas por un mexicano llamado Nieto. Esta persona había sido contratada por la organización SFC, la que también pagó cursos para su instrucción como bibliotecario en los Estados Unidos) (Balslev Clausen 2007)[8].

En 1990 la SCF vuelve a cambiar su nombre por Amigos de Educación (AE). El grupo cambia también su objetivo central para dedicarse ahora a otorgar becas escolares a los niños más pobres del pueblo. Muchas familias mexicanas se interesan por obtener este apoyo, al punto que los directores de la ONG buscaron obtener más donaciones en los Estados Unidos. Para aumentar las formas de promoción de la organización, sus dirigentes comenzaron a incluir información sobre AE en las páginas de promoción turística del pueblo. Argumentando que existía una creciente demanda por las becas, el grupo AE decidió agregar un requisito extra para otorgar la beca: sólo la obtendrían los alumnos que mantuvieran calificaciones altas.

El crecimiento en el número de solicitudes y la creación de nuevos requisitos, llevaron a AE a crear definiciones más precisas sobre el quiénes serían los beneficiados. Así, se decidió establecer un índice para medir la pobreza entre la población que solicitaba la beca, buscando con ello que los beneficiador fueran siempre los más necesitados.

         Para la operación de AE, cada año es nombrado un comité formado por cinco personas, entre las que se incluye el director de una primaria y la única secundaria del pueblo[9]. Este grupo es el encargado de elegir a los niños que obtendrán una nueva beca y las renovaciones del año anterior. Los miembros del comité, salvo los directores de las escuelas, son elegidos únicamente entre miembros de la comunidad norteamericana; no se trata de una elección abierta a la participación pública.

El funcionamiento de AE es posible por los fondos recaudados, para ello este grupo desarrolla diferentes estrategias que son comunes entre las ONG de Norteamérica. Una parte de sus recursos los obtiene por medio de la organización de visitas guiadas a las casas de los norteamericanos. Estos paseos turísticos son denominados housetours (paseos en las casas). Otras actividades son el cobro por membrecía a AE, donaciones y una subasta anual.

Estas actividades son realizadas anualmente y significan un cambio a los mecanismos anteriormente utilizados para obtener dinero, principalmente donaciones hechas por sus miembros, amigos y familiares en los Estados Unidos. Actualmente, una tercera parte de su propuesto es resultado de los paseos en las casas y dinero por las membresías. Es de mencionar que dichas membrecías están, en su mayoría, en manos de miembros de la comunidad norteamericana que vive en el pueblo, o familiares y amigos de los Estados Unidos (Ibid.).

Otra forma que utiliza la AE para recaudar dinero es organizar una subasta. Los productos ofrecidos (ropa, muebles y adornos) son reunidos por medio de donaciones.  Estos eventos sólo se anuncian por el newsgroup (del que hablaremos después) de la comunidad norteamericana. Desde su fundación solamente tres familias mexicanas han asistido a estos eventos.

Al final de las subastas AE ofrece una fiesta temática, lo que significa que los invitados deben usar un tipo de vestimenta específica. Por ejemplo la de 2005 tuvo el motivo ‘country’, por lo que los asistentes tenían que usar botas y sombreros. La entrada tuvo un costo de 150 dólares. A pesar de ello, las localidades se agotan rápidamente entre los miembros de la comunidad norteamericana. La fiesta tiene lugar en uno de los ranchos más grandes del pueblo, cuyo dueño es otro miembro de esta comunidad y propietario también del hotel más lujoso, no sólo del pueblo sino de la región. La fiesta inicia con un discurso de bienvenida de parte de los organizadores, el reparto de bebidas y una cena. En este año la comida incluyó puercos enteros a la parrilla. La celebración termina con un baile que se prolonga hasta las dos de la madrugada. Todos los que trabajan en la organización de estos eventos no cobran por ello, por lo que las ganancias son todas para AE. En la última fiesta estuvieron presentes 210 personas; la gran mayoría norteamericanos, incluidos algunos turistas y una pareja mexicanos. Casi todos fueron disfrazados (Ibid.).

 

Housetours

Como un ejemplo de los habitus de las ONG norteamericanas describiremos una de las principales fuentes de recaudación ya mencionado de AE, las visitas guiadas. Estos paseos guiados ya no son sólo un eficaz mecanismo de recaudación de fondos para una organización, se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos del pueblo.

El funcionamiento de estos housetours es el siguiente: cada sábado, entre los meses de abril y octubre, una de las voluntarias de AE[10] muestra tres casas restauradas a los turistas. Los interesados en realizar el recorrido se congregan a las diez de la mañana en la plaza central del pueblo, lugar en el que inicia el recorrido.

Dado que la plaza central está rodeada por el barrio que habitan los norteamericanos el recorrido se realiza a pie. Durante todo el camino, la guía da información relativa al pueblo o responde preguntas sobre historia, atractivos turísticos o recomendaciones sobre restaurantes u otros servicios. El llegar a las casas sólo toma un par de minutos. El número de visitantes generalmente se encuentra entre las ocho y veinte personas.

Uno de los datos mencionado en todos los recorridos es la llegada de Alcorn  al pueblo, y su papel fundamental en la creación de una colonia norteamericana mediante la restauración de las casas. Al llegar a cada una de las viviendas, los visitantes son recibidos por la (el) misma dueña(o). Esta persona es la que abre la puerta y da la bienvenida. El recorrido al interior, es dirigido por el morador, quien da datos sobre la restauración, lo que se sabe de los dueños originales (antes de la Revolución Mexicana) y sobre el estilo de los muebles o autor de las pinturas en las paredes (muchas de ellos son cuadros originales de artistas norteamericanos o mexicanos). La mayoría de los datos históricos mencionados durante los housetours son proporcionados por la organización norteamericana the History Club. Las primeras visitas guiadas costaban siete dólares, para el año 2006 su costo llegó a  diez (Ibid.).

Al iniciar los housetours, la totalidad de los interesados eran norteamericanos. Sin embargo, en años recientes, ha crecido el número de mexicanos. Es por ello, que ahora los recorridos son conducidos por dos personas: una hispanohablante (generalmente una voluntaria que es mexicana) y una norteamericana. El trabajo de todas las personas que colaboran en la asociación AE es voluntario, ello permite que todo el dinero sea destinado al objetivo del grupo, es decir las becas.

Como dijimos, las visitas se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos del pueblo. Al punto que, en años recientes, los turistas piden a sus hoteles o agencias turísticas que incluyan una vista guiada especial en su vista al pueblo. La información sobre los housetours está en todos los cafés y restaurantes manejados por norteamericanos.

          

Las Comadres

La organización Las Comadres tiene 15 años de existencia. Esta organización reúne dinero para ofrecer comida, ropa y cubrir algunas otras necesidades básicas a las mujeres más necesitadas del pueblo. Esta asociación es dirigida por cinco mujeres estadounidenses. Entre ellas se turnan los puestos de presidente, tesorero, una ‘organizadora’ y dos secretarias. Una de estas mujeres es uno de los miembros más activos dentro de los negocios de la comunidad norteamericana (Ibid.). El comité se reúne cada mes para organizar los eventos. Adicionalmente, el grupo Las Comadres tiene, dos veces al año, un encuentro con el regidor encargado de la vivienda. En esta última junta se decide a quiénes se les van a dar algunos de los productos reunidos por este grupo para regalarlo en dos de las fiestas religiosas más importantes (las mencionaremos más adelante).

El criterio básico seguido por el grupo Las Comadres para decidir quiénes serán las mujeres que recibirán ayuda, es seleccionar a aquellas que sean mas “vulnerables”, esto significa las que sean madres solteras, con hijos sin esposo (por cualquier otro motivo) o las que tienen muy pocos recursos (a pesar de tener pareja). Como dijimos, en las fiestas de Navidad y Semana Santa, la organización regala canastas con diferentes productos para que las familias más pobres puedan celebrar; esto recuerda a lo que la historia norteamericana celebra en el día de Acción de gracias, donde los Indios Norteamericanos regalaron alimentos a los primeros colonos.

El grupo registra el haber atendido a 120 mujeres solteras de Álamos a lo largo de sus 15 años de existencia. Este grupo ha buscado en diferentes momentos coordinar sus acciones con los Amigos de Educación, principalmente para evitar que la misma familia reciba ambas ayudas al mismo tiempo. La explicación de ambos grupos dan sobre esto, es que de esta forma buscan atender al mayor número de familias y que no sean sólo unos cuantos los que reciban los recursos.

Para reunir recursos, Las Comadres realizan dos subastas al año. En ella se ofrece tanto ropa, como muebles o artículos para la cocina. Los objetos subastados son donados por miembros de la comunidad norteamericana. Al igual que la subasta anual de AE, las organizadas por Las Comadres incluyen una fiesta con cena, baile y actuación de artistas. El precio de los boletos fue en el 2005 de   250 dólares.

Al igual que sucede con los eventos organizados por AE, los organizados por Las Comadres sólo se anuncian por el newsgroup de la comunidad norteamericana. En el 2005 año asistieron 230 personas, la mayoría inmigrantes norteamericanos y unas familias mexicanas que son funcionarios del gobierno estatal que habían adquirido una casa en el pueblo.

         Una de las actividades más representativa de Las Comadres es organizar una venta de garaje cada sábado y domingo en un local cercano a la plaza central. En este establecimiento se ofrecen objetos de segunda mano donados por norteamericanos.[11] La mayoría de estos artículos son adquiridos por turistas o los miembros de la comunidad de estadounidenses. En el local siempre están presentes al menos dos personas: una empleada mexicana (que recibe un sueldo por las horas en que trabaja) y una de las norteamericanas miembro de la organización. Esta última no recibe ninguna renumeración por su labor. Muchos de los norteamericanos, aunque no compren cada semana, pasan un tiempo en el establecimiento para platicar con la norteamericana que se encuentre ahí en ese momento.

        

The History Club

Otra organización presente en el pueblo, pero con fines muy distintos a las de las anteriores, es the History Club. Este grupo también fue fundado y es conducido por inmigrantes norteamericanos. El fin de esta organización es conservar el pueblo, en el sentido histórico, arquitectónico y de paisajes. Esta organización cuenta con una presidente (que lleva ya ocho años en el puesto), un tesorero y secretario. Todos ellos, miembros de la comunidad estadounidense, son elegidos por un periodo de dos años y su labor es voluntaria; es decir no reciben sueldo. Este grupo realiza reuniones semanales dentro del hotel de Tesoros. Generalmente los encuentros sirven para compartir o mostrar los materiales encontrados sobre la historia del pueblo (fotografías, libros, historias recolectadas, u otro tipo de documentos), así como organizar los eventos a realizar (Balslev Clausen 2007).

         La organización The History Club fue fundada en 1995 por una mujer inmigrante norteamericana. En sus inicios, el grupo se enfocaba en la recolección de materiales significativos sobre la historia de Álamos. Sin embargo, la información reunida no era de cualquier tipo, sino principalmente narraciones y cuentos (de las casas, mansiones y calles que están ubicadas en el centro), aunque también buscaron tener materiales históricos como diarios o publicaciones de personas “ilustres” que vivieron o estuvieron en el pueblo. Para recopilar la información relativa a las narraciones y cuentos, miembros del club realizan entrevistas con las personas más viejas, ya fueran estas norteamericanas o mexicanas. Debido a que pocos de los norteamericanos que forman parte de este grupo hablan español, contrataron a una de las mujeres de la misma comunidad norteamericana como interprete.

         La recopilación de historias no sólo ha tenido una finalidad “histórica”, sino como ya dijimos, son usados como los datos históricos que se mencionan durante las housetours. En los últimos años, la actividad del club sobre historia ha crecido pasando de la exclusiva recolección de cuentos, a incluir la recopilación de fotografías (principalmente de las casas del centro histórico) y la organización de eventos académicos. Los investigadores invitados a dichas actividades son norteamericanos que viven en su país de origen. La comunidad norteamericana del pueblo es invitada por medio de los newsgroup, lo que de nuevo, lo convierte en actividades únicamente conocidas por miembros de esta colectividad.  

         El grupo de the History Club organiza dos veces al año una excursión. En el 2005 uno de estos viajes tenía como objetivo visitar la catedral de la ciudad de Hermosillo, capital del Estado de Sonora. Durante el viaje los asistentes cuentan con la presencia de un historiador norteamericano, experto en el tema, que funge como guía. Entre los meses de octubre a abril, los miembros de the History Club realizan reuniones semanales; usualmente cada jueves en el hotel Tesoros[12]. Esta organización no busca reunir fondos para ninguna obra de calidad, aunque todos sus miembros contribuyen con las obras realizadas por los otros grupos.

         El material colectado por the History Club es considerado, en palabras de los mismos miembros, como parte de la historia del pueblo. Sin embargo, la presidenta conserva todos los materiales en su casa, es decir no esta a la disposición de todo el público o las autoridades mexicanas competentes, como sería el Instituto Nacional de Historia.

En todo el tiempo que ha existido The History Club ningún mexicano o ha sido invitado a participar como miembro. La invitación para formar parte de esta organización es anunciada únicamente en los eventos de bienvenida, los Thank God it’s Friday (TGF) o a través del newsgroup, es decir en aquellos espacios donde la comunidad mexicana está excluida.

 

Los capitales sociales en la comunidad norteamericana

Para objeto de su análisis, estudiaremos por separado los tipos de capital de las ONG. Esta primera parte, busca hacer evidente cuáles son los “recursos”, preferencias y prácticas (habitus) que tiene la comunidad de norteamericanos al entra en contacto con la población mexicana de Álamos. Este “patrimonio” económico pero también cultural, simbólico y cultural es el punto de partida para entender la interrelación de los miembros de ambos grupos y la forma en que funcionan las organizaciones civiles.

Como se desprende de lo expuesto antes, la posesión de ciertos capitales no puede ser vista en términos absolutos, sino relativos. Es decir, los capitales de la comunidad norteamericana cobran cierto valor, importancia o desventaja cuando son utilizados en intercambios con otro grupo que cuentan con diferentes recursos; en este caso la comunidad mexicana. Esta primera parte entonces, nos permitirá entender las “bases sociales” en las que se produce la interacción entre ambos grupos, lo que nos permitirá comenzar a comprender algunas de los comportamientos y prácticas. 

 

El capital económico

 

La comunidad norteamericana arribó en los cuarenta a Álamos (en un primer momento el único que llega es H. Alcorn) en un momento de severa crisis económica. La principal actividad productiva de la zona, la minería, tenía ya varias décadas de cerrada debido a inundaciones, falta de inversión y conflictos políticos (la Revolución Mexicana). El centro de la localidad, antes habitado por los dueños de las minas y que llegó a ser capital del estado, había sido parcialmente abandonada. Los antiguos dueños de las minas, dejaron sus lujosas residencias ante la crisis económica y la guerra.

El primer residente de la comunidad Norteamérica, H. Alcorn, fue el que “descubrió” Álamos para los norteamericanos. Su llega fue a finales de la década de los cuarenta. La localidad le pareció un hermoso lugar para vivir, pero también una posible oportunidad para hacer un negocio. Para cumplir ambos objetivos, Alcorn compró una parte considerable de las casas abandonadas del centro del pueblo. Los próximos años los dedicó a restaurar algunas de ellas. En el proceso de restauración este norteamericano decidió respetar algunos de los rasgos arquitectónicos originales como las fachadas, y los jardines. Las casas restauradas conservaron su condición original de residencias, por lo que su valor era alto en el mercado mexicano, pero más asequible en Estados Unidos gracias al precio del dólar (Ibid.).

La comunidad norteamericana que habita Álamos, desde su fundación, estaba compuesta por personas de clases medias con un poder adquisitivo mucho mayor que su contraparte mexicana. Esto se refleja en datos sobre la comunidad actual: dos terceras partes pertenecen a la clase media de los Estados Unidos (Ibid.). La misma decisión de migrar es resultado, en parte, de una elección racional relacionada al capital económico: los norteamericanos que llegaban a vivir a México, lograban con este hecho que sus recursos económicos tuvieran un poder adquisitivo mucho mayor al que tendrían en su propio país. En la encuesta realizada a los 375 inmigrantes, 302 de ellos respondieron a la pregunta de por qué emigrar a México[13] diciendo que la economía era un fuerte indicador para tomar esa decisión (Spradley 1980). Igualmente en las entrevistas cualitativas contestaron:

 

...I felt that this specific place could offer me an alternative…everything is so cheap here …and peaceful” (Entrevista 23).

 

Y,

“I could realize some of my dreams here (…) this place has a certain magic …” (Entrevista 34).

Estos datos en conjunto, junto al hecho de que la mayoría de los inmigrantes estadounidenses proviene de la región llamada Sun Belt, corresponden a las características que detectó Frey (2006) en su estudio migratorio doméstico. En este trabajo el autor mostró que en las dos últimas décadas existe una salida creciente de anglosajones jóvenes que ya no pueden o quieren pagar los costos acelerados de vivir en la región llamada Sun Belt.

Los recursos financieros que históricamente han tenido los habitantes de esta comunidad desde su fundación a fines de los cuarenta, resulta más significativo, si consideramos el hecho de que arribaron a un pueblo que no atravesaba su momento de mayor desarrollo, por el contrario, había sido parcialmente abandonado por sus clases medias y altas. En otras palabras, la clase media norteamericana que llegó al pueblo, entró en contacto con una clase baja mexicana que había perdido su principal fuente de trabajo. Esta diferencia económica explica en parte el porqué la comunidad norteamericana pudo adquirir buena parte del centro de Álamos.

El crecimiento de la comunidad, pronto hizo rentable la operación de negocios dedicados a prestar servicios a los norteamericanos interesados en visitar o vivir en el pueblo. Algunos de los norteamericanos decidieron invertir sus pensiones o recursos en comprar residencias para convertirlas en hoteles, restaurantes u otros negocios. La apertura de negocios no sólo respondía a la demanda, sino a la misma necesidad de algunos de estos nuevos residentes por tener una fuente de ingresos, al no tener el suficiente capital para vivir sin trabajar.

Estas nuevas actividades productivas pronto crearon un círculo virtuoso entre sí; la operación de los hoteles, era complementaria con la operación de restaurantes, agencias de negocios o la organización de excursiones. Al mismo tiempo, las casas y actividades de los norteamericanos se convirtieron en una fuente de trabajo para los mexicanos; la gran mayoría de las casas contrata el servicio de personas para la limpieza, jardinería y la restauración de las casas. Por su parte, las actividades de servicios requieren también de empleados, meseros, mucamas entre otros.

Los norteamericanos contratan gente del pueblo para los trabajos manuales y domésticos bajo el argumento de que: 

...it’s as paying back [to the community] (...) they [the Mexicans] let me live here and take part in this marvellous place...” (Entrevista 28).

 

Entonces presentan este uso de personas locales en las tareas domésticas como parte de su “pago” y muestra de agradecimiento hacia los habitantes del pueblo. Sin embargo, este agradecimiento no implica su total compromiso por sacar a los mexicanos de su situación de pobreza; los sueldos que los norteamericanos pagan a los mexicanos sólo son suficientes para mantenerlos en su misma situación.

“While you may well afford to pay your way even on a modest income the unhappy fact is that many Mexicans are very poor” (Entrevista 47).

 

Y,

“In spite of cultural differences, the same socioeconomic problems confronting the people north of the border are confronting the people south of the border. On some levels the differences between us may not be as great as they appear, but in many respects Mexico is still playing catch-up. They look to achieving quickly here what took many generations to accomplish in the U.S and Canada” (Entrevista 4)

 

Las citas muestran la actitud ambivalente de los estadounidenses hacia los mexicanos, pero al mismo tiempo dan señales de la existencia de una relación íntima entre las dos comunidades. Los norteamericanos se crean y se excluyen frente al otro a quien definen como ineficiente y poco apegado al trabajo duro. No obstante, este otro resulta necesario y le permite a la comunidad norteamericana la construcción de su propia y particular identidad. Así, aunque los norteamericanos dicen admirar la visión “tranquila” con la que los mexicanos asumen la vida, esto mismo les refuerza su visión de que los mexicanos trabajan exiguamente.

El resultado de lo anterior es que en la actualidad, el capital económico de la comunidad norteamericana es fundamental en la economía local. Este grupo, no sólo es dueña de la mayoría de los restaurantes, cafés y hoteles del centro, sino que posee una buena parte de las casas localizadas en esta misma zona. La adquisición de los inmuebles ubicados en la zona histórica del pueblo, es por sí mismo una fuente importante de recursos, pues el precio de las casas ubicadas en esta zona se ha visto incrementado significativamente en los años recientes.  

 En resumen, la comunidad norteamericana cuenta con un capital económico (concretizado en dinero, negocios y bienes), mayor que el de la gran mayoría de los mexicanos que habitan el mismo pueblo. Esto los convierte en una clase altamente significativa en la toma de decisiones sobre la economía local. Un ejemplo de ellos, fue la influencia que este grupo tuvo para impedir la instalación de cadenas norteamericanas de autoservicios en el centro del pueblo, por considerar que ello constituiría un daño más que un beneficio.

 

 

El capital cultural

La migración

Los norteamericanos que viven en Álamos comparten, primero, una serie de preferencias culturales relacionadas a su experiencia migratoria y la elección del destino de la misma. Todos ellos decidieron dejar su país natal para trasladarse a otro. Aunque todos ellos cuentan con diversas razones para haberse desplazado, entre ellas las económicas previamente mencionadas, es de mencionar que esta migración es motivada al parecer por razones diferentes a la migración que realizan tradicionalmente los mexicanos hacia los Estados Unidos. Es decir, mientras los mexicanos  migran al país del norte buscando un trabajo que les permita una fuente de ingresos mayor a la que tenían en su localidad, los norteamericanos lo hacen para mejorar lo que podemos denominar su “calidad de vida”; no buscan, -al menos no principalmente- un mejor trabajo, sino una mayor comodidad y bienestar (Balslev Clausen 2008).

En este sentido, la emigración a México podría ser explicada entonces como una especie de acto contra cultural; cuando el resto de la sociedad norteamericana ve con preocupación el aumento de migración mexicana hacia su país, la situación de violencia por el narcotráfico y los secuestros que suceden en México este grupo decide hacer el viaje en dirección contraria.

Otra dimensión de esta elección de emigrar está relacionada a la tradición norteamericana que podríamos denominar la “conquista del lejano Oeste”. Uno de los referentes culturales del pueblo norteamericano fue el “espíritu explorador” de muchos de sus habitantes que se decidieron a emigrar a zonas poco exploradas. En este sentido, al haber sido ya explorado todo el territorio actual de los Estados Unidos, el imaginario de la conquista del oeste puede desplazarse a nuevos escenarios. Es posible considerar que esta zona de México reúne, frente a este imaginario norteamericano, algunas de las características míticas de esa vieja exploración. México es considerado como un lugar salvaje primitivo, fuera de la ley. Esta búsqueda del viejo Oeste por supuesto, ya no puede ser nombrada así, porque este lugar ya pertenece a alguien más. Ahora lo llaman la búsqueda de “lo mexicano auténtico” que es una idea compuesta de las características: comodidad, paisajes, arquitectura colonial, tranquilidad, amabilidad de los mexicanos y seguridad. En este grupo la experiencia migratoria está íntimamente vinculada con un estereotipo creado alrededor de lo que significa lo mexicano.

 

Bienes culturales adquiridos

Al preguntar a los miembros de la comunidad sus motivos de migrar, resultó reiterativa la idea de que habían decidido cambiar su residencia buscando realizar lo que ellos mismos denominaban como su sueño de “lo mexicano auténtico”. Esto estaba vinculado a preferencias sobre bienes culturales adquiridos sobre lo que significa un escenario ideal para vivir: el pueblo está ubicado al pie de montañas fértiles, con un clima agradable la mayor parte del año y alejado de toda zona urbana grande. El centro del pueblo, (la zona donde vive la comunidad norteamericana), tiene calles de terracería, bordeadas por árboles y palmeras. Las casas, como dijimos, fueron restauradas conservando un estilo colonial con patios internos, albercas y fuentes de agua. Los cuartos tienen pisos de azuelo y paredes blancas. Los muebles al “estilo mexicano” son de maderas finas y obscuras, que contrastan con bordados de colores fuertes.  Las casas otorgan una sensación de privacidad y exclusividad.

Estos bienes culturales representados por las casas y los muebles, como Bourdieu explica, no son retomados por los agentes sociales como una reproducción completa de moldes fijos, como sería en este caso la idea de “lo mexicano auténtico”. Así, aunque las casas fueron reconstruidas buscaban respetar las fachadas originales, existen innovaciones, sobre todo en la parte interna de la edificación. Es posible reconocer en el estilo de la mayoría de las casas un toque francés combinado con lo construido por los moros en España.

Entonces, la idea de “lo mexicano auténtico” se concretiza en un conjunto de bienes culturales adquiridos, que tienen como finalidad una mejora significativa en su calidad de vida. Como se ve expresado en esa cita:

“It [the village] has magic, nature and fabulous people (…) I felt that this specific place could offer me an alternative…” (1)

 

Por su parte la mayoría de los inmigrantes norteamericanos dicen que tienen un interés por la comunidad mexicana y sostienen que:

”…it’s like old Mexico (…) yet the place [pueblo] can lay claim to its own special qualities, which we hope to impart” (Entrevista 1).

Y,

“Mexicans are extraordinarily courteous and patient with gringos. They’ll quietly correct your Spanish (…) and return money you didn’t know you’d dropped at the market” (Entrevista 35).

Las entrevistas muestran que los inmigrantes norteamericanos se sienten bien recibidos en el pueblo y no perciben hostilidad hacia ellos en su interacción con los mexicanos (a pesar de que casi no hablan el idioma). Sin embargo también ponen énfasis en la honestidad como si fuera algo que no esperaban, encontrar entre los mexicanos y que no corresponda con su idea sobre ellos (entrevista 35). Es importante notar que esta idea sobre lo mexicano fue construida en Estados Unidos, pero no podía ser realizada allí sino únicamente en ciertos lugares de México. Por ejemplo, el sitio donde ahora se ubican una de las comunidades de migrantes norteamericanos más grandes, San Miguel Allende en el Estado de Guanajuato (Balslev Clausen 2008).

 

La construcción de pueblo como capital cultural

Como Bourdieu explicó, los bienes culturales son las preferencias por adquirir determinados bienes; no sólo aquellos necesarios para vivir (como el tipo de comida) sino los que se usan para el adorno. Cuando esta decisión sobre capitales se aplica en la construcción de un pueblo, esto se relaciona al tipo de imagen (edificios, plazas, avenidas) que se construirán. Como ya analizamos, la preferencia de la comunidad norteamericana está relacionada a la idea de “lo mexicano auténtico”, lo que incluía vivir en una forma idealizada de una comunidad pequeña.

Esto significó, para los migrantes norteamericanos, conservar la imagen del pueblo que daba sentido a su idea de lo mexicano auténtico evitando su “invasión” por parte de las grandes tiendas transnacionales norteamericanas como “Seven-Eleven” o “Wal-Mart”. Es necesario mencionar que esto no quiere decir que este grupo busque mantener a esta comunidad una situación de atraso económico, por el contrario, desde su llegada han buscado mejorar la situación económica, mejorar la infraestructura urbana y elevar el nivel cultural de los habitantes. Lo que su oposición a la construcción de grandes tiendas significa, es su negativa a romper la a la imagen del pueblo;  esa imagen que los estadounidenses intentan reconstruir En esta perspectiva, tiene sentido su oposición a la apertura de un Mac-Donald.

        

Bienes institucionales

 

Como ya dijimos, los bienes institucionales son los conocimientos o practicas que son sancionadas por organizaciones con estatus y reconocimiento. En el caso de la preparación académica, existe una diferencia considerable entre la comunidad norteamericana y la mexicana del pueblo de Álamos. Una parte considerable de la primera cuentan con estudios equivalentes a la licenciatura. Por su parte, la comunidad mexicana que habita la ciudad, tiene un promedio de educación por debajo de la formación primaria (Balslev Clausen 2007).

Aunque esta diferencia en formación ya constituye un dato notable. Una de las prácticas que han tomado estos bienes culturales merece ser mencionada, en este caso la organización de eventos culturales y artísticos. La instalación de la comunidad norteamericana generó con el tiempo el festival cultural más importante no sólo del pueblo, sino de todo el estado de Sonora y posiblemente de la región noreste de México: el “Festival Ortiz Tirado”.

Un importante sector de los norteamericanos que vivían en Álamos tenía predilección por actividades culturales tales como la música clásica o la opera. Dado su medio social de procedencia y sus profesiones algunos tenían contacto con personas de los medios artísticos “cultos” de los Estados Unidos. Año con año la comunidad norteamericana organizó un evento artístico donde invitaban a diferentes músicos o cantantes de ópera a realizar una actuación en el pueblo. La belleza del lugar, la comodidad de las mansiones y la amistad, entre otras razones, fueron motivos suficientes para atraer a un selecto grupo de artistas.

Con el paso del tiempo, el festival fue creciendo tanto en el número de artistas invitados como en el de los que estaban interesados en escucharlo. Dadas las magnitudes del evento, las autoridades municipales decidieron participa. Esto a pesar de que era la comunidad de migrantes los que tenían los contactos necesarios para invitar a músicos de música “culta” famosos en su país.

En años recientes el festival es organizado conjuntamente por las autoridades de cultura del estado de Sonora, el municipio del pueblo y la comunidad norteamericana. El evento ahora recibe una importante cobertura no sólo dentro del estado sino en estados vecinos incluyendo la zona de Arizona en  los Estados Unidos.

La institucionalización de las prácticas culturales de la comunidad norteamericana del pueblo, mediante un “objeto” como el festival, es un claro ejemplo de influencia  que tiene esta comunidad en el desarrollo de la región.

La organización del festival también constituye un importante símbolo de status para la comunidad norteamericana, no solo frente a los mexicanos sin frente a las otras comunidades de norteamericanos que viven en México, pero también hacia las mismas comunidades que permanecen en los Estados Unidos.

La organización del festival les otorga una importante legitimidad, en el sentido de que les permite demostrar frente a los otros, que continúan reproduciendo las pautas culturales del grupo al que pertenecen (las clases educadas de los Estados Unidos), además de que los ubica como una de las más activas, culturalmente hablando.

 

El Capital social 

En el modelo de Bourdieu los individuos no son entes aislados, sino integrantes de conexiones familiares, personales y de clase que les proporcionan acceso a ciertos tipos de capital económico, social y simbólico. Es decir, este tipo de capital proporciona bienes sociales como recomendaciones para puestos de trabajo, la asistencia a eventos que no son públicos, pero también un familiar dispuesto a cuidar a los hijos, que proporcione apoyo en caso de algún accidente o una mala situación económica. Una característica importante de este tipo de recursos es que no están homogéneamente distribuidos entre la población. La posición de los individuos dentro del espacio social y de clases  determinará su acceso a ellos.

Un primer punto a considerar sobre el capital social de la comunidad norteamericana, es que este grupo, como el resto, reproduce prácticas historias de sus antecesores. En este caso, esto resulta significativo debido a que las clases medias y altas de norteamericana tienen una tradición importante respecto al asociacionismo (Putnam, 1999). Desde su fundación como nación la población de Estados Unidos mostró una tendencia general a crear organizaciones dedicadas a distintos asuntos. Esto quedó plasmado en trabajos como el de Tocqueville La democracia en América. Este estudio, fue uno de los primeros en resaltar las funciones sociales que cumple para la democracia y el crecimiento económico estas formas de cooperación colectiva. Pero este autor también demostró que el asociacionismo tenía un efecto positivo en la creación de redes de solidaridad y el orden social (Tocqueville (1835), 1996).

  El trabajo de Tocqueville enfatizó principalmente la importancia que tienen los contactos más visibles entre los miembros de las redes. Sin embargo, trabajos posteriores como el de Granovetter (1973), demostraron la importancia que tienen las relaciones menos visibles (“ligas débiles”) como las relaciones de parentesco, los amigos y las relaciones de barrio en la circulación de bienes sociales, información, y en la disminución de los llamados “costos de transacción”.

En este sentido, la comunidad de norteamericanos que viene en Álamos ha desarrollado importantes formas de capital social, tanto en forma de organizaciones civiles, como dentro de las llamadas ligas débiles, las últimas son, sin duda, la base para la creación y funcionamiento de las primeras. 

Es de mencionar que este grupo no ha construido sus redes a partir de lazos de parentesco, religiosos, o ideológicos. Es decir, el capital social construido no se explica por la coincidencia de sus miembros en creencias sino en coincidencia en las prácticas comunes relacionadas a su país de origen y su concomitancia en valores generales relacionados a “ser norteamericano”. Eso resulta significativo, porque una de las explicaciones teóricas generales del porqué la gente participa en redes o grupos, es la coincidencia en valores. El papel central que tienen la identidad norteamericana para la conformación de este grupo, lo analizaremos más adelante.  

Dado que la posesión de capital social no es posible objetivarla en bienes como el dinero o la posesión de una casa. Es necesario tratar de observarla de otra forma. En este caso resulta más ilustrativo mostrar estas redes mientras operan. Es por ello que en los párrafos siguientes analizaremos este “bien” de la comunidad norteamericana (el capital social) mediante las prácticas que lo construyen y mantienen.

Como dijimos, la identificación básica entre los miembros de esta comunidad se basa en su identidad de norteamericanos. La integración de nuevos miembros se produce a partir de este primer criterio de diferenciación (con esto no queremos decir que se trate de una comunidad especialmente excluyente, todo lo contrario. Sin embargo su interés por integrar no es generalizado. Por ejemplo, los mexicanos que regresan al pueblo después de haber pasado años trabajando en los Estados Unidos no son contactados para formar parte de estas redes y tampoco han sido  incluidos australianos que ha llegado a vivir al pueblo para trabajar en la mina (Balslev Clausen, 2008).

Analicemos como ejemplo el caso de un nuevo residente. Dado que son miembros del mismo grupo los que operan las agencias de bienes raíces de la zona donde habitan, la comunidad está en posibilidades de saber cuándo llegará un nuevo morador norteamericano. Una vez que este se instala, la comunidad organiza un “comité de recepción” que acude a su casa para obsequiarle una canasta con presentes (esta práctica de la bienvenida, no es una innovación de este grupo, sino una costumbre dentro de las clases medias y altas norteamericanas).

Además de productos comestibles, la canasta de recibimiento incluye una agenda que contiene no sólo los números “básicos” de los servicios municipales (emergencias, municipio, luz, agua etcétera) sino también, todos los teléfonos de los miembros de la comunidad norteamericana. Es decir, el nuevo miembro es invitado a entrar en contacto con todos.

La integración del nuevo miembro no sólo se produce mediante una agenda, la bienvenida incluye la organización de una fiesta (Thank God it is Friday). Esta le permite a los recién llegados conocer personalmente a todos los residentes norteamericanos. El nuevo morador, tiene la posibilidad de integrarse a las redes débiles desde su mismo arribo.

Pasado el momento inicial de la llegada, el contacto entre los miembros de la comunidad norteamericana guarda una constate y regular cotidianeidad. Las redes sociales, que no son bienes que se puedan almacenar, dependen de su uso regular y su continuación afirmación. En el caso de este grupo, este se produce por medio de constantes visitas entre sí, llamadas por teléfonos, (correos para ayudar o conseguir asistencia en cosas diarias), y otras formas de cortesía social. Algunos de los lugares más importantes para el constante contacto entre los miembros son los restaurantes, cafés y galerías que existen dentro de su barrio. Este contacto constante es en parte posible gracias a la condición de jubilados de muchos de sus miembros, que al no tener que cubrir horarios de trabajo pueden ocupar su tiempo en otro tipo de actividades. Así aunque muchas de estas personas se dedican a realizar actividades relacionadas al retiro (pintar, leer, deportes, fotografías) dedican una parte significativa de su cotidianeidad al contacto con otros (Balslev Clausen, 2008).

Este continuo trato no sólo se produce por medio de canales tradicionales de comunicación como el acercamiento cara a cara o el teléfono sino utilizando las nuevas tecnologías como el Internet. De hecho, este medio se ha convertido en un medio muy funcional y simbólico. Lo primero, por construir un canal que permite una simultánea comunicación y el segundo porque crea un sentimiento de pertenencia (Castell 1996; Calhoun 1998).

Incluso, podemos decir que la “objetivación” más clara sobre el capital social con el que cuentan los norteamericanos, es el de red virtual denominada “noticias del grupo” (newsgroup). Dentro de este sistema de comunicación se informa a sus miembros sobre eventos realizados en el pueblo (conciertos, fiestas, colectas, excursiones, reuniones). Pero no sólo ello, este sitio de Internet funciona como un canal de ayuda mutua: por ejemplo, si uno de los miembros de la comunidad informa sobre su intención de viajar a Estados Unidos en una fecha determinada, los otros integrantes pueden aprovechar este viaje para solicitar la compra de ciertas mercancías, recoger cartas u otro tipo de recados. Pero no sólo ello, en el caso de que algún miembro de la comunidad requiera de ayuda, un favor o consejo sobre cosas concretos como quién en el pueblo puede repara ventanas, los otros miembros lo asesorarán. De esta forma, existe un ahorro altamente significativo en costos de transacción para los miembros de la comunidad en su contacto con los servicios que requieren, pero incluso en sus contactos con las autoridades mexicanas y la población en general.

Finalmente, es necesario mencionar que este grupo de Internet no es un lugar abierto, su uso sólo está disponible a los miembros de la comunidad de (norteamericanos) en Álamos: cada uno de ellos (así como cada nuevo miembro) recibe una clave que le permite ingresar. No obstante, esta comunidad virtual no excluye a otras formas de asociacionismo norteamericano a las que pertenecen los mismos miembros de la comunidad.

Sin embargo, es necesario mencionar que los códigos de ayuda no sólo son aplicados hacia el interior de la comunidad. La mayoría de ellos están interesados en realizar esfuerzos que permitan mejorar la situación de la comunidad mexicana. Para ellos, los norteamericanos han fundado distintas organizaciones dedicadas específicamente a la asistencia de grupos vulnerables como niños de pocos recursos y mujeres embarazadas de escasos recursos. Como dijimos, analizaremos estos grupos en otra parte de este documento.

 

 

El Capital simbólico 

Como ya mencionamos, el capital simbólico fue definido por Bourdieu como los rituales y formas de comportamiento que una comunidad practica y le permite distinguir entre comportamientos “honorables” o reprobables. Pero también entre aquellos que tienen “educación” para comportarse en situaciones cotidianas (uso de determinados cubiertos o vinos para determinadas comidas) de los que no. Es decir, son conductas que delimitan el honor, el buen proceder, la moral pero también las jerarquías o posiciones sociales.

Al igual que sucedía con el capital económico, podemos decir que el capital simbólico puede tener manifestaciones visibles fácilmente reconocibles. En este caso estas son las condiciones generales del barrio donde viven los norteamericanos y donde vive el resto de la población. Esto es así, porque las reglas sobre “buenos modales” se concretizan en comportamientos sobre el mantenimiento que se le da a las casas y calles. Es decir, más allá de la preferencia por determinadas estéticas (que también es un habitus para Bourdieu) el capital simbólico existe en las prácticas cotidianas sobre convivencia en las zonas urbanas.

En este sentido, el grupo norteamericano ha buscado distinguirse por la forma en que conservan o mantienen sus espacios. En la zona habitada por este grupo existe un cuidado notable por la limpieza y la buena apariencia de las casas. En las calles de esta zona, es difícil encontrar basura tirada o visible, las fachadas son pintadas o reparadas regularmente y los árboles y demás plantas han sido regados y podados frecuentemente. Esto contrasta notablemente con lo que encontramos en las colinas habitadas por los mexicanos. Dejando de lado las diferencias estéticas y de capital económico el poco interés por la limpieza del espacio público es notable en la zona mexicana. Incluso las personas que llegan a realizar algún tipo de aseo lo hacen estrictamente en las la zona que consideran su “pedazo de calle”.

Así entonces, en la zona mexicana el arroyo vehicular está lleno de botellas, envolturas o montones de basura al lado de las alcantarillas. En frente de muchas de las casas son visibles grandes manchas negras de aceite o carros descompuestos. Las fachadas de las casas y las puertas presentan una perspectiva similar. Algunas, pocas, han sido pintadas recientemente. La mayoría, parece tener mucho tiempo de haber sido arregladas. Esto en parte se explica porque varias casas están en proceso de construcción, por lo que varillas, montones de escombro o de arena son  visibles desde afuera o están bloqueando las banquetas. Pocos árboles se encuentran en la calle, ninguno de ellos parece recibir ningún tipo de corte o poda.

Otro código de comportamiento normalmente resaltado por la comunidad norteamericana es el que ellos describen como la tranquilidad. Esto hace referencia a que en estas calles es difícil percibir ruidos altisonantes provenientes de las casas; si existe una televisión o un radio encendido no es perceptible desde la calle. De nuevo el contraste es notable, en la zona de los mexicanos las tiendas normalmente tienen radios o televisores encendidos a todo volumen sobre todo por las tardes. Los fines de semanas, son frecuentes los carros o las fiestas donde se escucha música estruendosamente. No son pocas las veces que en la zona mexicana los carros atraviesan con sus estéreos

         La tranquilidad también es relacionada al tamaño del pueblo, incluso es mencionada como uno de los motivos que lo convierten en una zona atractiva para vivir. Esto último cuando los mismos norteamericanos comparan Álamos con otras comunidades de norteamericanos en México como la de Cuernavaca (la más vieja) en el Estado de Morelos, o una de que más ha crecido recientemente, la de San Miguel Allende en el Estado de Guanajuato. La respuesta de la gran mayoría de ellos concuerda en ello:

 “I could realize some of my dreams here (…) this place has a certain magic …”

y,

What I like about [the village] is that people know you its not like a big city but more as a small city (...) it’s a good thing and it’s a bad thing [about the village being a small city] because they also know your business ...” (18).

        

Entonces, a ninguno de estos norteamericanos les interesa vivir dentro de las grandes comunidades de compatriotas que se han establecido en otras zonas de México. Para ellos, estas grandes congregaciones no son el lugar ideal para cumplir su sueño de “lo mexicano”;  el valor simbólico de conocer personalmente a todos los miembros de la comunidad les resulta altamente significativo. Sin duda, esto está relacionado con códigos morales; el vivir en un pueblo donde todos te conocen y saludas, está relacionado con reglas de comportamiento (Balslev Clausen, 2008).

En el análisis del capital simbólico resulta revelador que la comunidad norteamericana mencione como un valor importante el tamaño de la localidad. Primero, como ya lo mencionamos, esto está relacionándolo al contacto directo con los demás. Pero también relacionado a lo anterior es el vivir dentro de límites simbólicos manejables. En este caso,  los norteamericanos mencionaron que les gustaba habitar un lugar donde todo es accesible a píe. Sin embargo, eso no significa que los norteamericanos caminan a todas partes, al contrario siempre van al centro, a los cafés, a las ganchas de tenis, o a visitar a los demás en sus camionetas. Pero el sólo hecho de tener la posibilidad de caminar tiene mucha importancia aunque no corresponde a las actuaciones de ellos en la realidad; como apunta Barth (1969) no siempre hay correspondencia entre lo dicho y las actuaciones. El pueblo se considera más tranquilo tanto por el sólo hecho de ser pueblo que por el tamaño de la comunidad norteamericana, en contraste a las demás comunidades expatriadas. Esto está relacionado a un rechazo hacia la vida moderna y rápida en los Estados Unidos, donde, la vista de estas personas, se ha perdido la oportunidad de disfrutarla y divertirse.

En este sentido, los pueblos pequeños son relacionados con una serie de valores. Uno de ellos son los niveles de seguridad. Esto, que es cierto en el caso de Álamos (la tranquilidad y poca incidencia delictiva), contrasta con la percepción de la comunidad norteamericana de lo que sucede en sus ciudades de origen; en Estados Unidos la gente ya no se siente segura ni en su casa. Otros valores relacionados a las comunidades es el espíritu de comunidad de los habitantes; la gente de un pueblo está más dispuesta a ayudar a otros. En el caso de la comunidad norteamericana, como hemos visto ya en el capital social, esto se convierte en una profecía auto-cumplida.

         Finalmente, otro valor relaciona las comunidades son los principios bajo los que las personas entran en contacto con los demás, en este caso la “amabilidad”. Para los norteamericanos que habitan aquí, la percepción de que existe este comportamiento en la mayoría de la población es un factor primordial en sueño de lo México auténtico (Balslev Clausen 2008). En general los migrantes consideran que:

 “Here [the village] the respect for women and elder people still exists…” (23)

           

Conclusiones

La migración de los norteamericanos al pueblo mexicano sucede con una serie de capitales a su favor: capital cultural: 1) es una corriente migratoria que no ha sido sancionada como negativa en su país y en la sociedad receptora); 2) los motivos generales para esta migración son socialmente reconocidos como validos no sólo en términos generales sino por ser realizados dentro de las vías institucionales (todos buscan mejorar su bienestar pero una cosa es hacerlo robando que migrando a otro país); capital social: 1) las redes familiares y de relaciones de amistad que apoyan esta migración no son clandestinas y confieren a los nuevos miembros una serie de conocimientos que diminuyen el costo de aprender a vivir en una nueva sociedad incluso eliminan la diferencia del lenguaje como un problema por que los miembros de la comunidad que habla español siempre están dispuestos a servir como interpretes en caso de que alguien necesite hablar con una autoridad o persona nativa de la comunidad mexicana; capital simbólico; 1) en el caso que analizamos las organizaciones civiles son precisamente los códigos de conducta que los diferencian de la otra comunidad.

Uno de los habitus que crea más claramente un espacio social entre la comunidad norteamericana y la mexicana es la migración. Aunque se trata en términos generales de la misma práctica humana, el cambiar de lugar de domicilio para vivir en otro, los motivos y las prácticas están claramente diferenciadas. En primer lugar, la migración de los norteamericanos no es en búsqueda de trabajo o una mejora de la situación económica. La motivación está en la calidad de vida, por encima de la que podrían obtener como miembros de la clase media norteamericana. En términos de Bourdieu no se busca una mejora en el capital económico, sino en el simbólico y social. Segundo, aunque en su desarrollo ambas migraciones buscan desarrollarse por redes que aseguren la llegada, estas redes y el medio que rodea ambos fenómenos (la migración de norteamericanos a México y la de estos a los Estados Unidos) son radicalmente distintas. La diferencia en gran parte inicia en las condiciones legales que tiene cada tipo de migración, mientras la que realizan los mexicanos hacia Estados Unidos enfrenta leyes cada vez más restrictivas y que crea nuevas restricciones para impedirla (incentivando entre otras cosas la migración sin registro oficial), la que realizan los norteamericanos a México prácticamente no enfrenta ningún tipo de restricción o control legal. Esto permite, que aunque ambas migraciones aprovechan el Capital Social de los que migran (las redes de familiares o amigos) la norteamericana ha podido instituciones legalmente constituidas (empresas que ofrecen información legal sobre adquirir casas en México, guías para nuevos residentes, páginas de Internet entre otras) de facilitar la migración.

La creación de organizaciones que tienen como finalidad ayudar a la gente pobre está dentro de las prácticas del pueblo norteamericano. Sin embargo, esto no significa que todas las comunidades fuera de su territorio lo hayan hecho. Por el contrario, resulta un caso significativo que merece ser mencionado. Los objetivos de estos grupos están claramente relacionados al desarrollo de la comunidad, sin embargo, no se han resultado estudios que demuestren cuál ha sido su impacto en términos de desarrollo.

Bibliografía

 

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Balslev Clausen, Helene. 2008. Juntos pero no revueltos. Un estudio de caso sobre los migrantes norteamericanos en un pueblo mexicano. Transnacionalismo y asimilación. Copenhagen: Copenhagen Business School, Center for the Study of the Americas, Department of International Culture and Communication Studies.

Barth Fredrik. 1969. Ethnic Groups and Boundaries. The Social Organization of Culture Difference. Boston: Little Brown and Company.

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Ficha bibliográfica:
BALSLEV CLAUSEN, H. y VELÁZQUEZ GARCÍA, M. La posición social y espacial en una ciudad turística. Las luchas simbólicas de Álamos, Sonora. Topofilia. Revista de Arquitectónica, Urbanismo y Ciencias Sociales. Hermosillo: Centro de Estudios de América del Norte, El Colegio de Sonora, 1 de septiembre de 2008, vol. I, núm. 1 <http://topofilia.net/velazquez.html>.
 



[1] Profesora –investigadora del Department of International Culture and Communication Studies, en el Copenhagen Business School. Correo electrónico:  hbc.ikk@cbs.dk.

[2] Profesor-investigador del Centro de Estudios de América del Norte, El Colegio de Sonora. Correo electrónico: mvelazquez@colson.edu.mx. Tel. (662) 2595300, Fax: (662) 212-5021.

[3] Independientemente de que hayan sido aprendidas dentro de la escuela, la familia o el entorno social en general.

[4] Estas organizaciones que analizamos son equivalente a las asociaciones que se denominan Home Town Associations, en el sentido de que su propósito es desarrollar o ayudar a una comunidad, en este caso el pueblo. Al contrario, de los estudios sobre los latinos las HTAs siempre buscan desarrollar a la comunidad de origen, sino en nuestro caso de estudio se trata la comunidad de destino.

[5] Es importante establecer el tamaño de ese fenómeno en México que se da en esta comunidad de norteamericanos en el pueblo particular. Aunque no es el propósito de esta investigación vale mencionar que mi material empírico revela que existe varios lugares en México con las características de este tipo de inmigrantes norteamericanos. Por ejemplo en San Miguel Allende, Cuernavaca y Guadalajara.

[6] Recientemente surgió una nueva organización de caridad, la Casa Hogar. Este grupo inició su actividad en el 2005 y fue creada por una mexicana del pueblo, quien se basó en los principios de las organizaciones de los inmigrantes norteamericanos.

[7] Según el sistema de haciendo en los Estados Unidos se puede reducir sus impuestos por haber donado a organizaciones voluntarias y no-lucrativas.

[8] Aunque Nieto perdió su trabajo como jefe de la biblioteca, logró conseguir apoyo por parte del gobierno local y de la comunidad inmigrante norteamericana para fundar un Museo Costumbrista en el pueblo.

[9] Esas personas sólo se consulta para conseguir datos sobre las familias necesitadas y para datos sobre los alumnos ya becados si cumplen con los requisitos de AE para seguir becados.

[10] Las guías siempre son voluntarias, trabajan sin sueldo y son escogidas entre la comunidad norteamericana.

[11] En muchas ciudades de México la ropa y los zapatos de segunda mano provenientes de Estados Unidos son vendidos dentro de mercados.

[12] La dueña de Tesoros, es canadiense y lleva 32 años viviendo en el pueblo. El hotel Tesoros siempre ha sido el punto de reunión para la comunidad norteamericana. La primera ola de inmigrantes usaba el bar del hotel para convivir en las tardes y noches. Ahora todavía los pocos de aquel entonces usa el bar, sin embargo, también en los últimos años los inmigrantes de la segunda ola lo están frecuentando y usándolo como punto de reunión sino no en la escala de cada día como anteriormente. The History Club siempre se reúne en ese hotel.

[13] Las opciones de respuesta en esta categoría en la encuesta era: por economía, por apoyar con dinero a los familiares en los Estados Unidos, por salir de la vida estresada en los Estados Unidos, o simplemente por querer vivir en otro país.


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