|
Topofilia:
Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales
Numero Especial Primer Coloquio Internacional: Ciudades del Turismo
Morfogénesis e imaginarios: Aproximaciones teóricas al
estudio de las
transformaciones urbanas y arquitectónicas de un centro
turístico
Glenda Yanes Ordiales
Resumen:
El Mar
de Cortés destaca a nivel mundial por
sus peculiaridades como sistema natural, así como por una
ubicación geográfica
cercana a los Estados Unidos. Sobre todo a partir de 1993, con el
Tratado de
Libre Comercio y las políticas de desarrollo regional como
pivote, la zona
litoral se ha convertido en un punto estratégico para asentar
desarrollos y
empresas turísticas. La consecuencia ha sido un crecimiento
poblacional y de
ocupación del suelo sin precedentes, que ha su vez han acarreado
interrogantes
sobre la manera en que debe “hacerse” la ciudad.
En
este trabajo se presenta una aproximación
teórica y metodológica para el estudio de las
transformaciones urbanas y
arquitectónicas de Puerto Peñasco, México, a
partir de dos enfoques: los
imaginarios sociales y el análisis de imágenes. Se
someten a discusión
distintas definiciones del concepto imaginario, así como los
aciertos de
aplicar esta metodología a un estudio que daría luz sobre
el origen de las
formas y patrones urbanos y arquitectónicos de un centro
turístico en formación
que no fue concebido como un Centro Integralmente Planeado.
El
imaginario hace las veces de marco de
referencia para que las personas interpretemos nuestras experiencias y
relaciones. Subyace a las creencias y valoraciones acerca de un objeto,
de
otras personas o de periodos de tiempo determinados, se alimenta de los
recuerdos y la memoria, a la vez que nos genera expectativas y deseos.
Su
materialización puede apreciarse en objetos, obras
plásticas, urbanas y
arquitectónicas, en mitos y leyendas urbanas, que a su vez se
convierten en
vehículo modelador de otros imaginarios sociales.
Imágenes –publicidad,
recorridos visuales, muros urbanos- y construcciones mantienen,
entonces, una
estrecha relación con los imaginarios sociales vinculados al
turismo en Puerto
Peñasco, México.
Palabras clave:
Puerto Peñasco,
imaginarios sociales, imágenes, morfogénesis, turismo.
En
este trabajo se discute una propuesta teórica para abordar el
estudio de las
transformaciones urbanas de Puerto Peñasco, México,
pueblo de pescadores que
alrededor de la década de los noventa incursiona en la oferta de
espacios
lúdicos de sol y playa. El enfoque a desarrollar es el de los
imaginarios
sociales y del análisis de imágenes urbanas y
publicitarias, siendo la
intención aproximarnos al estudio del origen de unas formas
urbanas y
arquitectónicas que nada tienen que ver con las condiciones
culturales y
naturales del sitio. Antes bien, se sospecha que los patrones
urbano-arquitectónicos de estos desarrollos turísticos
–hoteles, torres de
condominios y residencias de segunda casa- pretenden condensar,
mediante la
simulación y la escenificación (¿teatralización?),
aquellas experiencias
que los turistas –en su mayoría estadounidenses- pudieran sentir
como reales o
adecuadas para un destino de playa mexicano. La estrategia que subyace,
entonces, pareciera emanar de la manipulación de los imaginarios
sociales de
turistas, promotores y residentes. Mientras que, por otro lado, se
mantiene
tras bambalinas la zona precaria y segregada que comprende el
núcleo urbano de
servicios.
Como se expondrá en este documento,
imágenes e imaginarios forman parte de un sistema al cual nos
adherimos. La
imagen puede apreciarse como representación evocativa del
objeto, pero también
puede trastocase en los significados atribuidos a éste.
Entonces, lo que
percibimos a través del edificio que alberga el hotel o del
malecón, no son
sólo los muros o los andadores, sino la representación
–la materialización- de
los valores que les atribuimos a ellos: estilo mexicano,
exótico, seguro,
descanso, etc. (Vitta 2003). Estos significados se asientan en la
memoria,
la experiencia y el conocimiento previo, es decir, forman parte de
nuestro
imaginario social. Pero además, entre imagen e imaginario se
establece una
relación bidireccional, pues tienden a afectarse mutuamente. De
ahí la intención
de utilizarles como embalaje teórico y metodológico para
dar luz al origen de
las formas, la morfogénesis, urbana y arquitectónica del
centro turístico de
Puerto Peñasco.
El
Mar de Cortés se destaca a nivel mundial por
sus cualidades como sistema natural, así
como por una ubicación
geográfica, cercana a la frontera con Estados Unidos, que lo
convierten en un
punto estratégico para asentar desarrollos y empresas de
carácter turístico. La
reciente inversión de capital, local, nacional e internacional,
aunada a
políticas de desarrollo regional como el proyecto de la escala
náutica ha
desencadenado un crecimiento poblacional -sobre todo por
inmigración- y de
ocupación del suelo sin precedentes.
A
esta situación no escapa Puerto Peñasco, México.
Ubicado en el extremo noroeste
del estado de Sonora, con 110 km de litoral en el desierto de Altar, y
a 100
kilómetros de la frontera con Estados Unidos, esta localidad se
reconoce como
un centro turístico en formación. La ocupación del
sitio se remonta a miles de
años atrás por grupos como los “gente malpais” o los
amargosa. Cuando los
primeros españoles llegaron al lugar encontraron a los
antepasados de los
actuales hia´ced y lo tohono o´dham. Sin embargo, es hasta
1928 cuando inicia
el proceso poblacional de lo que entonces, y hasta 1936, se
conocía como el campo
pesquero Rocky Point (Munro 2007).
Entre
1950 y 1980, Puerto Peñasco fue un pueblo eminentemente
pesquero, pero en la
década de los 80 el cambio de las embarcaciones pesqueras
privadas a las
cooperativas y la cancelación de créditos para
avíos, condujeron a una dura
crisis económica. Sumado a lo anterior, los cambios
climáticos alejaron algunas
especies como la sardina (Ibíd. 93, 99). Los residentes relatan
que en esta
década el puerto era mejor conocido como “Muerto Peñasco”.
Durante
los 90, el tratado de libre comercio impulsó el acceso a capital
extranjero
deseoso de aprovechar las particulares condiciones turísticas
que imprimen el
desierto de Altar conjugado al mar. La historia, a partir de ese
momento, toma
un rumbo distinto para el puerto cuya población alcanza casi los
45,000
habitantes (INEGI 2005) y se espera que ascienda a 250,000 para el
año 2025, de
los cuales casi la mitad se constituiría por población
inmigrante.
Las
expectativas de desarrollo para este puerto pesquero-turístico
se esbozan por
demás positivas. Prueba de ello son
la
creciente inversión inmobiliaria, el aumento de la
plusvalía de los terrenos en
la localidad
y el crecimiento
poblacional, así como las recientes transformaciones del paisaje
litoral.
De
este modo, con un aumento del 953 por ciento del precio del suelo entre
1999 y
2006, pareciera que “Construir sobre la arena de esta zona es como
tener oro
molido en las manos”, se señala en el sitio web de la
Cámara Mexicana de la Industria
de la Construcción (2006).
La
costosa apuesta que se ha hecho sobre Puerto Peñasco ha
planteado un escenario
futuro con retos claros sobre la manera en que debe hacerse la ciudad.
Méndez
(2007) señala la emergencia de cuatro factores que deben
condicionar y conducir
la solución de estos retos: 1. el desplazamiento de la comunidad
de residentes
pescadores; 2. la configuración urbana que perfila una clara
segregación entre
la zona hotelera y el núcleo urbano de servicios, así
como entre la ciudad nueva
y la ciudad vieja, en cuya confluencia pueden observarse el encierro
residencial y la privatización del litoral; 3. una franja de
asentamientos
precarios en la periferia municipal, residencia de población
mayoritariamente
inmigrante; y 4. la proliferación de desarrollos inmobiliarios
desvinculados de
los tipos arquitectónicos locales, así como de las
condiciones de
sustentabilidad requeridas (la escasez de agua potable o la
ocupación de las
zonas de esteros, por ejemplo). A lo anterior, debemos agregar el
aumento de
población, sobre todo, inmigrantes jóvenes
atraídos por la oferta de empleo o
por el deseo de cruzar la frontera.
En
este contexto, una de las acciones obligadas sería cuestionarse
quiénes son los
actores involucrados en “hacer ciudad” y cuál es el proceso que
siguen las
transformaciones socio-espaciales y arquitectónicas de los
centros turísticos
en formación. La discusión que se sigue en los
próximos párrafos tendría como
fin sustentar una futura investigación que de luz al origen de
las formas
urbanas y arquitectónicas que en las últimas
décadas parecieran dominar en este
centro turístico, partiendo del supuesto de que existe una
relación entre estos
cambios y los imaginarios vinculados al turismo.
Imaginario
y turismo
El imaginario hace las veces de marco o trasfondo
para
que las personas interpretemos nuestra vida cotidiana. Éste
subyace a las
creencias, valoraciones, imágenes, normas y expectativas en
relación a una
persona, un lugar, un suceso o una época específica. Su
materialización puede
apreciarse en objetos como las obras gráficas, urbanas y
arquitectónicas, así
como en el discurso de mitos y leyendas.
Se
construye a partir de subjetividades y abstracciones de las vivencias
cotidianas, de lo que escuchamos, observamos e interpretamos para
definir y
visualizar nuestra realidad. Es decir, el imaginario evoca en las
personas
imágenes mentales: representaciones que el pensamiento hace de
los objetos y
que se constituyen en nuestro medio cognoscitivo. Estas
imágenes, construidas
mediante las sensaciones y apreciaciones de experiencias previas,
constituyen
junto con las palabras, los recuerdos visuales y auditivos que
conforman la
memoria y los recuerdos (Vitta 2003, 33).
Se
trata así, de un proceso multidimensional en construcción
constante, en el cual,
de manera simultánea, cada persona aporta de manera individual,
retoma del
imaginario colectivo y viceversa. En otras palabras, el imaginario
colectivo o
social se convierte en la realidad –ciudad,
migrantes, turistas, residentes, empleo, etc.- interpretada
por las personas, en lo que siguiendo a Colombo (1993)
y a Castoriadis (1993), se denomina el imaginario efectivo.
Este
conjunto de realidad interpretada y sus efectos –los imaginarios
efectivos-
tienen como origen el imaginario radical, es decir, la
conjunción de
imagen articulada a un significado en un sistema simbólico, que
de otra manera,
no podría existir ni ser aprehendido por las personas. Esta
interiorización no
puede ser directa ni instantánea, antes bien, parte de ella se
encuentra en
construcción continua, mediante la selección e
interpretación de experiencias e
imágenes (Colombo 1993).
Esta
idea de una construcción incesante de los imaginarios es
compartida por Marc
Augé (2003, 71), quien identifica tres polos del imaginario que
se
interrelacionan e irrigan simultáneamente para poder existir.
Esta triada se
integra por: 1. el imaginario individual –los sueños-, 2. el
imaginario
colectivo –los mitos y las creencias-, y 3. el imaginario de
creación –las obras-;
donde este último comprendería la articulación
entre el imaginario efectivo
–objeto- y el imaginario radical –significado.
Por
otro lado, lo imaginario evoca lo irreal, aquello que ha ido más
lejos de la
presunta representación del “objeto real”. Implica entretejer
significados de
experiencias e imágenes para recrear una nueva realidad y nuevos
objetos: una
visión. Aunque éstas no son lo real-verdadero, comenta
Rojas Mix (2006), sí
deben ser verosímiles o creíbles, pues representan lo
“posible real” y se
acercan a lo deseable, utilizando formas de un discurso icónico
que pueden ser
interpretadas y comprendidas por las otras personas. De este modo, las
visiones, orientan la búsqueda de lo real-verdadero y nos
muestran la
percepción que se tiene de lo diverso. En ocasiones, estas
visiones pueden
dominar la comprensión de realidades ajenas a la nuestra y
formular
“pre-vistos”, prejuicios o estereotipos, como las expectativas del
turista
hacia el lugar que visita, o la “figuración” de que un lugar es
inseguro aún
sin conocerlo.
Vitta
(2003) sugiere que es este “exceso de imaginación” al leer las
representaciones
de nuestra memoria lo que producirá nuevos imaginarios o nuevos
puntos de
vista. De este modo, podemos entender que la demanda de un modelo o
arquetipo
hotelero o turístico específico puede estar orientada por
mitos, deseos,
expectativas, valoraciones o convicciones que moldean la conciencia
colectiva o
individual. Dicho, de otro modo, estos componentes del imaginario
orientan el
comportamiento de las personas y configuran representaciones. En
nuestro caso,
diremos que nos predisponen a un tipo de consumo de los espacios
lúdicos y que
generan imágenes mentales –símiles de la realidad-
dotadas de significación
cultural. Finalmente, estas imágenes mentales pueden plasmarse
en imágenes
visuales como los anuncios publicitarios espectaculares, el edificio
que
alberga al hotel, la traza de vialidades, pinturas en los muros
urbanos, entre
otras tantas

Figura 1a-d. Imaginarios
visuales, imaginarios de creación. 1a. Arriba a
la izquierda: Pintura infantil sobre muro en Puerto Peñasco,
donde se aprecian
el mar, el sol, la luna y las estrellas, un barco pesquero, el Cerro de
la
Ballena, así como algunas “palmeras plataneras”. 1b. Centro a la
izquierda: Uno
de los tipos de diseño hotelero más socorrido es
aquél en cuyo centro se ubican
las áreas de alberca franqueadas por las torres de condominios.
1c. Abajo a la
izquierda: Anuncio espectacular publicitario que nos muestra dos
imágenes
superpuestas del desierto y de una joven sobre la arena. Para Marc
Augé (2002, 108),
estos cuerpos esbeltos, más que deseables, son cuerpos
expresivos que denotan
estados del alma, actitudes y miradas insinuantes. 1d.Arriba a la
derecha: La
“imagen más representativa” de Puerto Peñasco dibujada
por un joven de 20 años,
residente de Puerto Peñasco. 1d. Cartel publicitario “Mi destino
Sonora”, cuya
imagen muestra de manera predominante el desierto y Sandy Beach,
emplazamiento
de la mayoría de los hoteles en Puerto Peñasco.
El
turismo es una forma particular de uso del tiempo libre que implica
realizar una
actividad des-rutinizadora. El origen etimológico de la palabra
se desprende
del galicismo del término francés tour, que
quiere decir “viaje
circular”, o “de vuelta al punto de partida”, utilizado por primera vez
en
1670. Aunque también se sugiere la palabra tour o tur
del hebreo
antiguo, que significaba “viaje de reconocimiento” o
“exploración” (Acerenza
2006, 25,26).
Las
definiciones contemporáneas para “turismo”, son tan diversas
como disciplinas
existen para su estudio, de tal suerte que su significado se extiende a
las
relaciones y fenómenos derivados de los desplazamientos y
permanencias de las
personas que realizan actividades lúdicas fuera de su lugar de
residencia. Sergio
Molina (2006) reconoce tres tipos de turismo que pueden desarrollarse
de manera
simultánea en una época, o bien, que pueden funcionar
como evolución del
fenómeno en una zona o centro turístico. El primer tipo
es el preturismo o el grand
tour, desarrollado en Europa entre los siglos XVII y XVIII, en el
cual los
hijos de comerciantes ricos y de la nobleza realizaban viajes de hasta
dos
años, acompañados por un tutor, a ciudades como Roma,
Paris, Madrid y Londres
para educarse y establecer contactos. El preturismo
contemporáneo puede
ejemplificarse con empresas que no promocionan su oferta, con bajo uso
de
tecnologías y que carecen de sistemas administrativos, como la
renta de “palapas”
en la playa.
El
segundo tipo es el turismo industrial, que tiene su origen con la
fundación de
la primera agencia de viajes en 1863, en Breslau, Alemania, por
Stangen; o
bien, con Thomas Cook, quien a partir de 1845 se dedica a organizar
“viajes
todo incluido”. Es durante la segunda mitad del siglo XX cuando los
centros
turísticos de sol y playa se convierten en la oferta
estandarizada. Mientras
que a partir de los 80, este tipo evoluciona a su tercera fase, la
post-industrial,
que se caracteriza por una relativa personalización de los
viajes y la
diferenciación de los productos y servicios. Todas las formas
del preturismo y
del turismo industrial, dependen de los ciclos estacionales.
Por
último, el mismo autor sugiere la existencia de un tercer tipo:
el posturismo.
Se trata de un cambio que emerge en la cultura del consumo y
está estrechamente
ligado a las tecnologías informáticas. Se entiende que el
turista tiene de
antemano información muy completa sobre el sitio que
visitará, y por lo tanto,
los destinos turísticos atienden sus necesidades subjetivas y se
concentran en
ofrecer no sólo un espectáculo sino una experiencia. En
este mismo sentido, ya
desde principios de los setenta, Dean MacCanell (1973) vincula al
turismo con
algunas de las funciones modernas de la religión, entre ellas,
la búsqueda de
autenticidad en las experiencias. MacCanell se apoya en los trabajos
previos de
Irving Goffman acerca de la dicotomía frente y atrás que
las personas
establecemos en nuestras relaciones con los demás. Mientras que
este último
autor utiliza la analogía del escenario en el teatro y las
máscaras para
explicar los distintos roles o “actuaciones” que las personas
desempeñamos en
distintos grupos sociales, MacCanell define seis niveles
escénicos para
espacios físicos turísticos y el tipo de relaciones que
en ellos se
desenvuelven. El primer nivel, la región frontal, se define como
el espacio
social que los turistas pretenden traspasar. En el segundo nivel se
ubican las
regiones frontales que fueron decoradas o arregladas simulando una
región
posterior: un yate decorado con motivos piratas, un restaurante de
marisco con
redes y conchas marinas en las paredes. El siguiente nivel lo conforman
regiones frontales perfectamente organizadas para parecer una
región posterior:
el caso descrito por Jeffrey Cass (2006)
para el “museo” del hotel Luxor en Las Vegas, en el cual se exhiben
tanto
objetos pertenecientes a antiguas dinastías egipcias, como
réplicas o
similares. El nivel 4 es una región posterior abierta a la
mirada del turista.
El quinto nivel es aquella región posterior que ha sido
modificada para que
ocasionalmente el turista pueda observar: la cocina de un hotel que de
vez en
cuando permite la entrada a huéspedes que se interesan en el
arte culinario
local. El último nivel alberga la más pura región
posterior: el espacio social
del otro, el que los turistas reconocen como exótico y que les
motiva, en
principio, a desarrollar una actividad lúdica en un lugar
culturalmente
distinto al suyo. Se trata, en términos de Daniel Hiernaux
(2002), de una
de las explicaciones del acto turístico: el descubrimiento del
otro.
La
propuesta de MacCanell para realizar una lectura espacial de los
centros
turísticos puede retomarse para un análisis de los
recorridos visuales que
realiza el turista. En este caso particular desde su ingreso por
Sonoyta en la frontera
norte del país hasta su llegada al hotel. Del mismo modo, puede
ser útil como
herramienta para describir el funcionamiento del diseño hotelero.
Por
último, podemos decir que el posturismo aventaja a los
modelos
anteriores porque no depende del clima ni de las características
naturales del
sitio, sino que estos destinos son diseñados como un sistema
cerrado, que no
requieren vincularse con las poblaciones locales. Como ejemplos de
centros
posturísticos se tienen los parques temáticos o las
villas residenciales de
playa con acceso controlado, donde pareciera que el vínculo
pobreza-violencia
lleva a los turistas a buscar seguridad física y emocional en
sus estancias. La
consecuencia sobre el territorio de estos centros suele traducirse en
la
fragmentación socioespacial, el amurallamiento y la
desvinculación con
el medio cultural y físico –construido y natural. En el caso de
Puerto Peñasco
parecieran coexistir al menos el turismo industrial y el posturismo.
De
acuerdo con Acerenza (2006), las primeras definiciones y estudios del
turismo
se realizaron desde la perspectiva económica en 1911 con la obra
Turismo y
economía nacional, de Schullern zu Schattenhofen.
Después de la Segunda
Guerra Mundial se desarrollaron trabajos desde la geografía que
trataban de
explicar la relación entre espacio y actividad turística;
así como desde la
sociología, interesada en explicar las interacciones
turista-anfitrión y el
impacto turismo-sociedad, por lo regular mediante estudios de caso. Por
último,
durante la década de los 80, la psicología interviene en
los estudios del
turismo para conocer y predecir los comportamientos, motivaciones y
decisiones
del turista. Es la mayoría de las veces desde la
psicología social que se
explica por qué viaja la gente.
Con
el fin de responder interrogantes sobre las valoraciones acerca de las
experiencias y las percepciones de los turistas y de los residentes de
centros
turísticos, en la última década diversos autores
se han ocupado de los estudios
del turismo a partir de la etnología y la fenomenología.
De este modo, autores
contemporáneos, como Marc Augé, señalan que el
turismo forma parte de las
ideologías del presente, vinculadas al esparcimiento, a la
cultura y al
exotismo (2002, 82). El turismo, entonces, representa las ambivalencias
de una
“sobremodernidad” efecto de la “aceleración de la historia”
(velocidad en la
transmisión de conocimiento e información), la
retracción del espacio (debido a
la circulación de imágenes y a los medios de transporte),
así como a una
individualización de los destinos (nuevas formas de consumo).
Por
otra parte, el imaginario ha sido utilizado como referente conceptual
por
algunos investigadores como Daniel Hiernaux (2002, 12), quien centra su
estudio
en la explicación del acto turístico identificando cuatro
idearios centrales en
la construcción del imaginario turístico occidental; a
saber, 1. la conquista
de la felicidad, 2. el deseo de evasión, 3.
el descubrimiento del otro, y 4. el regreso a la
naturaleza.
Mientras
que una revisión al trabajo de Marc Augé (1998; 2003) nos
permite en primer
término, vincular distintos tipos de viaje a los tres polos del
imaginario
mencionados al inicio de este artículo. Así, el autor
reconoce dos tipos de
ideales que sustentan el deseo por viajar: el descubrimiento del otro y
la construcción
de la identidad propia. Augé ejemplifica estos ideales mediante
los viajes de
descubrimiento-conquista, en los cuales, los sueños individuales
(de los
grandes viajeros) alimentan la búsqueda de mitos colectivos
(como el exotismo o
la colonización). El segundo ejemplo alude al Grand Tour que,
como veremos,
bien podría compararse a aquellos viajes que involucran un
ritual de
transformación para el viajero, como el viaje de 15 años
o de término de
educación media superior que se acostumbra en las clases medias
de nuestra
sociedad. En este caso, el conocimiento del otro conduce al viajero
hacia
conocimiento y construcción de sí mismo: a su regreso, el
viajero siente que no
es la misma persona (Augé 2003, 75)
Un
tercer tipo de viaje es aquél que se realiza a través de
las narraciones y las
imágenes. Cuando un par de siglos atrás los
jóvenes acaudalados realizaban grand
tour, acostumbraban a escribir un diario que en ocasiones se
convertía en
novela. Algo muy parecido ocurre hoy día con las miles de
páginas web
personales en las que gran cantidad de personas relatan sus
experiencias
turísticas. En este caso, el relato se convierte en un viaje
–compuesto,
creado- en el cual se verifica un recorrido. Su escritura obliga al
autor a
tratar de encontrarse y construirse a sí mismo mediante
recuerdos, testimonios,
imaginerías y expectativas en relación a lo diverso y a
los otros. Pero también
para el lector, la lectura se convierte en un viaje y en un encuentro
con lo
desconocido: genera expectativas, valoraciones y deseos. De ahí
que para muchos
turistas la estancia del viaje sea, sobre todo, una comprobación
de lo leído,
escuchado y visto en imágenes y videos: la realidad es
más real entre más se
parezca a la imagen.
Mientras
que las imágenes son perseguidas tanto por el turista como por
el escritor de
un blog, la narración abstrae el pasado que evoca,
construyendo un
presente ficticio, de múltiples posibilidades (lecturas).
En
segundo término, la revisión al trabajo de Augé
permite conocer varios ejemplos
de la trascendencia de las imágenes y la ideología del
turismo –el imaginario
turístico, corregiría Hiernaux- sobre los espacios
arquitectónicos destinados a
esta actividad: la fábrica L’Oreal en Aulnay-sous-Bois,
DisneyWorld, Las
Vegas... Desde la perspectiva de este autor, las imágenes
sustituyen a los
mitos y a las obras, dicho de otro modo, las imágenes se
superponen a los
imaginarios: “la imagen no cesa de confirmar la imagen” (2002, 109).
Se
trata de creaciones “hechas” por grandes consorcios e inversionistas
que
recrean el imaginario de los consumidores –los turistas- ofertando un
espacio
de imágenes artificiosas, adulteradas, temporales y destinadas a
satisfacer uno
o varios de los idearios mencionados arriba. Pero también
encontramos ejemplos
como en el caso del turismo rural español en el cual “cada vez
más en los
alrededores de las casas [de huéspedes] se procura decorar con
motivos de la
vida del campo, antigüedades, flores o pequeños jardines”
(Cánoves y Villarino,
2000). En este ejemplo son las propias mujeres que atienden las casas
quienes
expresan que los turistas valoran este tipo de espacios en torno a las
viviendas, así como la decoración interior que debe estar
acorde a lo
tradicional (mantas de lino, tejidos portugueses). En otras palabras,
estas
personas configuran un imaginario del consumidor de turismo rural y
tratan de
ofertarle el objeto más genuino, la
imagen más parecida de lo que estos turistas se figuraron
sería el paisaje
rural. En este caso, resaltan dos de las ambivalencias que el turismo
representa y reproduce en nuestro tiempo: la conjugación de lo
local y lo
global, y la ambivalencia de lo real y de su copia, donde lo real es
traspasado
por la ficción (Augé 2002, 63-71).
Estos
ejemplos muestran en distintas escalas cómo el imaginario
influye sobre la
creación de paisajes y de morfologías
arquitectónicas de localidades
turísticas. De tal suerte que, el residente local participa en
la creación del
imaginario y oferta al visitante lo genuino
(su comida, su música, sus construcciones), mientras que el
promotor e
inversionista de gran envergadura convertirán lo genuino local
en un escenario
y objeto de consumo global. Ante esta pugna por conservar y exaltar lo
local
dentro de lo global los residentes y los gobiernos de las ciudades que
inician
su conversión en enclaves turísticos expresan distintas
soluciones. En Puerto
Peñasco, a setenta años de su fundación, se
aproxima la fecha de construcción
del Museo Histórico, ya que “es de suma importancia iniciar
cuanto antes con la
edificación pues turistas y habitantes de nuestro puerto deben
conocer lo
referente a la historia, apreciar un sinfín de piezas
históricas alusivas a la
región y todo lo referente a los inicios de nuestra interesante
población”.
El museo, promovido hace algunos años por residentes del pueblo,
ocupaba un
edificio en una de las principales avenidas. Sin embargo, cuando en
septiembre
de 2007 se llevó a cabo la inauguración de la Plaza
Gobernadores –antes Plaza
del Malecón Fundadores- con motivo de la visita de los 10
gobernadores de los
estados fronterizos de México y Estados (XXV Reunión
Fronteriza), el museo fue
reubicado e integrado al proyecto de remodelación del
malecón. La antigua plaza
fue despojada de iconos locales como la estatua del pescador de
camarones,
ambos reubicados en la misma plaza, para dar lugar a una escultura que
representa a dos águilas entrelazadas: la real y la calva;
así como a un grupo
de 10 columnas: diez estados fronterizos. El cambio de nombre de la
plaza, que
remitía a la memoria local, a los fundadores del pueblo, no fue
consultado en
cabildo, ni difundido a la población local. El nuevo proyecto
redunda en
mensajes que van desde el nombre hasta la reubicación de
íconos locales (el
museo y las estatuas), así como la implantación de nuevas
imágenes (las águilas
/ naciones entrelazadas), en uno de los pocos sitios con acceso, si no
peatonal, al menos visual, del litoral peñasquense.

Figura 2.
Remodelación de la antigua plaza del Malecón Fundadores,
ahora
Plaza Gobernadores. Arriba a la izquierda: Malecón Fundadores y
Plaza
Gobernadores. Arriba derecha: Estatua del Pescador reubicada en la
misma
plaza-mirador. Abajo: Plaza-mirador, al fondo, las 10 columnas que
representan
a los 10 estados fronterizos; al centro, la escultura de las dos
águilas naciones
entrelazadas.
Esta
situación, en la que pareciera que los promotores, en este caso
agentes
gubernamentales, recrean imágenes encaminadas a figurar un
centro turístico,
nos lleva a comentar la similitud entre Puerto Peñasco y lo que
Judd (1999) identifica
como ciudades sin pasado histórico comerciable (marketable
history past), pero que a pesar de ello son destinos
turísticos, en ocasiones de gran importancia. En un primer tipo,
el autor incluye
a las localidades que ofertan principalmente instalaciones deportivas o
centros
de convenciones. En Puerto Peñasco, exceptuado quizás los
campos de golf, la
infraestructura deportiva no es aún trascendente. Los deportes
promocionados de
manera internacional (Arizona y California) son la pesca y los
circuitos de
carreras del desierto y en dunas. Sin embargo, se espera el resultado
del
dictamen de factibilidad para la construcción del primer centro
de
convenciones. El segundo tipo son las ciudades resort (resort
cities) con ambientes temáticos que para el puerto
mencionado se ejemplifica a través de los hoteles o los
corredores turísticos maquillados
con escenografías tipo “colonial mexicano” o “étnico
mesoamericano”. ¿Será
acaso que residentes, turistas y promotores inmobiliarios consideran
que la
experiencia turística y lúdica más
auténtica se desarrolla en espacios de este
tipo?, ¿es por esta razón que la ciudad de Puerto
Peñasco parece diseñada como
un gran escenario, donde el espectáculo no es sólo el
atractivo del mar, sino
los corredores comerciales y malecones que sépticamente
condensan en postales, curios
o souveniers la cultura mexicana “más genuina”? Y, sin
embargo,
paradójicamente, también pareciera que ante la
imposibilidad de escenificar y
“limpiar” toda la ciudad, se recurre a la estrategia de segregar y
esconder lo
no confiable o lo no agradable a la vista. Como ejemplo de ello se
tienen los
accesos a los más lujosos desarrollos hoteleros: caminos
alternos, que no
requieren contacto alguno con el centro urbano de servicios, mucho
menos con el
anillo periférico que asienta en condiciones precarias a
población
mayoritariamente migrante.
Para
el caso de Puerto Peñasco, los grandes desarrollos, como el
Mayan Palace han
sido diseñados como resorts con todos los equipamientos
incluidos, desde
su cercanía al nuevo aeropuerto internacional y la propuesta de
una carretera
casi directa al paso fronterizo, evitando al pueblo, hasta la
integración de un
complejo de habitaciones de hotel, torres condominales y vivienda
unifamiliar,
albercas, áreas comunes, restaurantes, gimnasio, salones de
eventos, tiendas de souveniers, spa, acceso a la playa y al
estero. Todo
ello con un sello
ecléctico de lo Mexicano: un acceso doblemente controlado, el
del hotel a
través de una cámara poco iluminada, con una gran
columna/fuente recargada de
inscripciones “tipo” mayas. La música de flautines y tambores
complementan la
atmósfera y evocan el misterio del que habla MacCannell (1973).
Una vez traspasada
la cámara oscura, vigilada por guardias con vestimenta que
recuerda a la imagen
cineasta de los exploradores/arqueólogos egipcios del siglo XIX,
nos encontramos con un amplio
vestíbulo
decorado con artesanías y objetos de distintos grupos
mesoamericanos y de
culturas de suroeste estadounidense. Si no se es huésped, este
el lugar y momento
para ser registrado como visitante y recibir las indicaciones
correspondientes:
no se permiten fotografías. La administración
aprovechará para identificarle
mediante una pulsera de llamativo color. Tras los amplios cristales se
aprecia
el mar. El visitante debe cruzar los ventanales para encontrarse sobre
una
terraza, una mirador con vista directa al área de albercas y
restaurante, al
fondo, una gran zona de estero que conforma el principal objetivo
visual del
diseño.
Analogía
intencional o no, las zonas de acceso, vestíbulo, albercas y
restaurante se
distribuyen sobre tres plataformas, sin que ello resulte en una
redundancia tal
que pudiera tildarse de símil caricaturesco de la arquitectura
maya. Serán más
bien los objetos, en su mayoría artesanías, distribuidos
a modo de exhibición,
la música y la vestimenta de los guardias, así como un
diseño panóptico (las
terrazas) y hasta las pulseras fluorescentes para los no
huéspedes, los que
imprimirán el “ambiente”, y dotarán a la experiencia
lúdica de una mezcla
paradójica de misticismo, predictibilidad, septicidad y
seguridad. Es aquí,
donde la imagen (artesanías, sombreros de explorador
decimonónico, música,
grabados, pulseras identificadoras) adquiere validez para una
nueva
imagen (seguridad, predictibilidad, experiencia lúdica).
Sabemos
que la imagen es signo, pero aquí, las funciones denotativas
(primaria) y
connotativas (secundaria) del signo se vuelven confusas y extensivas.
El
guardia que nos recuerda a los arqueólogos de las
películas, excavando en pirámides
si no mayas, al menos egipcias, cubre dos funciones primarias
aparentes:
control/escudriño y escenografía; pero luego, la imagen
adquiere un nuevo
significado, evoca una función secundaria que se interpreta
individualmente a
través de la experiencia y el conocimiento previo:
¿maya?, ¿seguridad?,
¿escenario esperado?/¿predictibilidad?; y sucesivamente,
la imagen podría
desprender un tercer orden de significados: ¿adquisición
de cultura?,
¿exclusividad?, ¿distinción?

Figura 3. Imágenes
del Mayan Palace. Arriba izquierda y derecha: el
vestíbulo decorado con diversos “motivos” mesoamericanos,
tapetes y figuras que
evocan a las tribus del suroeste estadounidense; Abajo derecha: Vista
panorámica de los lagos decorativos. El volumen
cilíndrico del fondo
corresponde al vestíbulo y a su terraza. El resto de las
imágenes muestran el
continuo visual predominantemente acuático desde la terraza, el
área de
albercas al centro del conjunto de edificios, y el uso ecléctico
(temático) de
la vegetación.
Las imágenes son producto de
la percepción que actúa sobre nuestro pensamiento. En
términos de Vitta (2003),
son “dúplices” porque albergan la representación del
objeto y del imaginario
vinculado a éste. Es decir, la imagen no es sólo visual
(percibida), sino mental
(pensada), y por lo tanto, valorada y cargada de atributos. De manera
que “su
presencia se justifica con una ausencia: la distancia entre lo que
percibimos y
lo que a partir de ella puede ser imaginado resulta incalculable.”
(2003, 29).
Esto se relaciona con lo que Hegel denominó la dicotomía
de la imagen: 1. La
imagen representa al modelo/objeto y 2. la imagen representa una
metáfora, un
atributo del modelo.
Así, en la imagen se
reconoce, en primer lugar, una estructura física
(dimensionalidad, color, textura,
composición, proporción, escala), en segundo lugar, un
poder de asociación que
la conecta a otras imágenes, y por último, una
función representativa que evoca
en nuestra mente imágenes visuales que le confieren significado
al objeto. Pero
este desprendimiento de significados puede resultar infinito, pues una
nueva
imagen mental arrastrará nuevos significados expandiendo los
atributos del
objeto. Así, en una sociedad
fuertemente arraigada al consumo como la nuestra, la imagen tiende, con
mayor
énfasis, a remitir no a su función denotativa o primaria,
sino a valores
colectivos que se les atribuyen. De este modo, “La imagen […] se
dilata, crece
sobre sí misma creando un movimiento en espiral que la arrastra
alejándola cada
vez más de su sentido originario, al tiempo que la mantiene
firmemente prendida
a él.” (Vitto 2003, 274). Bastará arrancar unos destellos
de nuestro imaginario
para que la imagen se convierta en representación de algo
más, para que
visualicemos una situación distinta
Bibliografía
Acerenza, Miguel
Ángel. 2006. Conceptualización, origen y
evolución
del turismo. México: Trillas.
Augé,
Marc. 2003. El tiempo en ruinas.
Barcelona: Gedisa.
----------.
2002. El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro.
Barcelona:
Gedisa.
Cámara
Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC). 2006. Es
Puerto Peñasco
paraíso inmobiliario.
http://www.cmic.org/cmic/sejecutiva/cdetalle.cfm?seleccion=3331
(22 de mayo de 2007).
Cánoves,
Gema y Villarino, Montserrat. 2000. Turismo en espacio rural en
España:
Actrices e imaginario colectivo. En Documents d'analisi geografica,
(37):
51-77. http://ddd.uab.es/pub/dag/02121573n37p51.pd
(27 de abril de 2007).
Cass,
Jeffrey. 2006. Egipto en esteroides. En Arquitectura y turismo.
Percepción,
representación y lugar, editado
por D. Medina Lasansky y Brian McLaren, 275-299. Barcelona:
Gustavo
Gili.
Colombo,
Eduardo. 1993. El imaginario social. Montevideo: Altamira /
Nordan
comunidad.
Dondis,
Donis. 2006. La sintaxis de la imagen. Introducción
al alfabeto visual. Barcelona: Gustavo Gili.
Gobierno Municipal
de Puerto Peñasco, Sonora. Un Peñasco
con futuro. http://www.puertopenasco.gob.mx
(19 de mayo de 2007).
Hiernaux-Nicolas, Daniel. 1999.
Cancun Bliss. En The
tourist city, editado por Susan Fainstein
& Dennis
Judd, 124-139. Morrisville, N. C.,
USA:
Yale
University
Press/ New Haven
and London.
-----
2002. Turismo e imaginarios. En Imaginarios
sociales y turismo sostenible. Cuaderno de Ciencias Sociales 123.
En Daniel
Hiernaux, Allen Cordero y Luisa van Duynen, 7-36. San José de
Costa Rica:
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. http://www.programa-area.org/img/documentos/16-imaginarios-sociales-y-turismo-sostenible-pdf.pdf
(5 de mayo de 2007).
INEGI.
2005. Conteo de Población y Vivienda 2005.
Principales resultados por localidad ITER.
http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/sistemas/conteo2005/localidad/iter/default.asp
(16 de mayo de 2007).
Judd, Dennis Jr. 1999. Constructing the tourist
bubble. En The tourist city, editado
por Susan Fainstein y Dennis Judd, 35-53. Morrisville, N. C., USA: Yale University
Press/ New Haven
and London.
MacCannell, Dean. 1973. Staged authenticity:
Arrangements of social space in tourist settings. En The American
Journal of
Sociology 79 (3): 589-603.
Méndez,
Eloy. 2007. Ciudad y turismo. Estudios de
las transformaciones urbanas recientes en Puerto Peñasco, Sonora
(1980-2008).
Anteproyecto de investigación. Hermosillo, México: El
Colegio de Sonora.
Molina, Sergio. 2006. El posturismo. turismo y
posmodernidad. México: Trillas.
Merlau-Pointy,
Maurice. 2001. Fenomenología de la percepción.
Barcelona: Península.
Rojas Mix,
Miguel. 2006. El imaginario: Civilización y cultura del
siglo XXI.
Buenos Aires: Prometeo, Universidad de Guadalajara, Centro
Extremeño de
Estudios y Cooperación con Iberoamérica.
Silva,
Armando, Mónica Lacarrieu y Verónica Pallini. 2007. Buenos
Aires imaginada.
Buenos Aires: Secretaría de Cultura de la Presidencia de la
Nación.
Taylor, Charles. 2006. Imaginarios
sociales modernos.
Barcelona: Paidós.
Vitto,
Maurizio. 2003. El sistema de las imágenes. Estética
de las representaciones
cotidianas. Barcelona: Paidós Arte y Educación.
Ficha bibliográfica:
YANES ORDIALES, G. Morfogénesis e imaginarios: aproximaciones
teóricas al
estudio de las transformaciones urbanas y arquitectónicas de un
centro
turístico. Topofilia.
Revista de Arquitectónica, Urbanismo y Ciencias Sociales.
Hermosillo: Centro de Estudios de América del Norte, El Colegio
de Sonora, 1 de
septiembre de 2008, vol. I, núm. 1 <http://topofilia.net/yanes.html>.
En base con datos publicados
por la Cámara
Mexicana de la Industria de la Construcción de Puerto
Peñasco (2006) contaba en
julio de 2006 con 32 proyectos de condominios de lujo (2,615 unidades
entregadas y 3,600 en construcción. Asimismo,
informaba que en 7 años la
plusvalía de la tierra había aumentado 953 por ciento,
con expectativas de
seguir en aumento: “Construir sobre la arena de esta zona es como tener
oro
molido en las manos”.
|